lunes, 25 de mayo de 2020

La videollamada está aquí para quedarse


Ahora que España ha iniciado la desescalada hacia la denominada “nueva normalidad”, las relaciones sociales presenciales irán recuperándose tímidamente, tras dos meses largos de confinamiento. Durante esta situación anómala –más propia de una distopía que de la vida que solíamos llevar- la videoconferencia se ha convertido en la protagonista absoluta de nuestros días inacabables, permitiéndonos seguir en contacto con el mundo exterior desde el encierro.

A pesar de que las cifras de crecimiento del uso de videollamadas evolucionaban a buen ritmo en los últimos años, la reclusión doméstica a la que se ha visto sometida una buena parte de la población del mundo le ha dado el empujón definitivo a esta tecnología. Todo aquel que ha podido seguir trabajando desde casa ha utilizado este medio para sustituir las reuniones y encuentros presenciales, y a ello hay que sumarle el uso doméstico, que se ha disparado, ante la imposibilidad de reunirnos en persona con familiares y amigos.

Para hacernos una idea de lo significativo del incremento, solamente en el Reino Unido las videollamadas han crecido un 62% en el primer trimestre de 2020, de acuerdo con Kantar Media. La consultora App Annie registró en la semana del 14 al 21 de marzo un pico mundial de descargas de aplicaciones –tanto de iOS como de Google Play- de 62 millones, un 45% más que la semana precedente, y un 90% más de la media semanal de descargas de apps de negocios en 2019.

Dentro de los distintos productos que nos permiten realizar llamadas con imagen, ha destacado durante el confinamiento Zoom Cloud Meetings, que ha registrado récords de descargas en febrero y marzo. La semana del 15 al 21 de marzo fue descargada en Estados Unidos catorce veces más que una semana media del último trimestre de 2019, mientras que el aumento fue de veinte veces más en Reino Unido, veintidós en Francia, diecisiete en Alemania, veintisiete en España, y cincuenta y cinco veces más en Italia. En nuestro país es ahora mismo de las más populares, a pesar que la versión gratuita solamente permite realizar videollamadas de 40 minutos de duración, y que han sido detectado importantes fallos de seguridad en su programación, que pueden poner en peligro los datos personales del usuario.

Parece más que evidente que la videoconferencia está aquí para quedarse. Aparte de su uso en entornos corporativos –el incremento de la población en régimen de teletrabajo es otra tendencia que con seguridad se queda tras la crisis-, la necesidad de relacionarse de las personas con sus allegados durante el confinamiento, la necesidad de “verse”, más allá de la conversación telefónica o texto de WhatsApp, ha popularizado esta tecnología creando una masa crítica de usuarios considerable.

Aunque a partir de ahora podamos ya salir más y juntarnos –de forma prudente- con los demás, es más que probable que mantengamos la costumbre de comunicarnos a distancia utilizando la imagen y no solo la voz. Las videollamadas ya son mainstream: las realiza toda la sociedad y no solo aquellos individuos más techies.



Foto de Anna Shvets en Pexels

lunes, 18 de mayo de 2020

La mejor ciberdefensa es la formación y la información


Hablando con sinceridad, los ciudadanos de a pie andamos todos muy escasos de conocimientos de seguridad. Las conexiones que tenemos en casa suelen tener un nivel de protección insuficiente, y a menudo incluso no dotamos el acceso a la red wifi domestico con contraseñas robustas para evitar que puedan entrar intrusos en ella. Por otro lado, todos los dispositivos familiares que conectamos a dichas redes –portátiles, teléfonos, tabletas, consolas- tampoco suelen tener actualizadas las últimas versiones del software, lo que genera huecos de seguridad notables. Si a ello le sumamos que carecemos, en términos generales, de las nociones básicas de ciberseguridad, podemos comprender que esta situación de confinamiento expone a las ciberamenazas, no sólo a las familias, sino a las empresas, cuyos sistemas pueden verse atacados a través de las brechas de seguridad que presenta el entorno doméstico del teletrabajador.

Las cifras de ciberataques se han disparado en las últimas semanas. La media diaria es de 2 600 ataques, pero el día 28 de marzo llegaron a registrarse hasta 5 000. Con todo, los expertos avisan de que el pico de actividad maliciosa probablemente no se ha alcanzado todavía. Las acciones detectadas son de todo tipo: desde intentos de robo de contraseñas y datos, hasta ataques directos contra organizaciones, e incluso, hospitales. También se ha producido una escalada del volumen de bulos y noticias falsas en circulación relacionadas con la pandemia, cuyo fin es crear pánico entre la población y desestabilizar las instituciones.

La reciente “digitalización extrema” a la que hemos tenido que adaptarnos bruscamente ha jugado abiertamente a favor del hacker, principalmente porque ahora estamos más expuestos tecnológicamente hablando. La sociedad se ha hecho mucho más dependiente de las infraestructuras digitales y la conectividad. Además, nos hemos visto abocados al teletrabajo, sin que gran parte de las empresas y organizaciones hayan podido probar debidamente cómo implantar con éxito esta modalidad. Por otro lado, el consumo electrónico se ha disparado: todo lo que hacemos encerrados tiene un mayor peso digital. Finalmente, existe un amplio porcentaje de población que no está tan familiarizado con el uso cotidiano de tecnología, pero que se ha visto igualmente empujado a incorporarla en su vida diaria. Desde la perspectiva de cazador del ciberdelincuente, la pandemia ha multiplicado el número de presas que se encuentran completamente al descubierto y que son muy fáciles de abatir.

En Europa se detecta una notable falta de información sobre los riesgos del cibercrimen. Únicamente el 46% de los ciudadanos europeos se considera bien informado, de acuerdo con los datos del Eurobarómetro. Y este porcentaje disminuye al 35% en el caso de los españoles. Atendiendo a la aplicación de medidas de seguridad, tan solo el 45% de los europeos ha optado por instalar un antivirus o modificar el que ya poseía. En nuestro país, la instalación de antivirus es la medida de seguridad más utilizada, aunque solo alcanza al 35% de los internautas. Por otro lado, somos uno de los Estados miembros de la UE, junto a Rumanía y Portugal, en el que más porcentaje de internautas (22%) declara no adoptar ninguna medida de seguridad cuando utilizan internet. Sin embargo, la mejor ciberdefensa es la formación digital y la información. Solamente una población que se mueva con soltura por el medio digital, y que conozca sus riesgos y cómo evitarlos, podrá frenar en gran medida los riesgos que acechan en internet.

lunes, 4 de mayo de 2020

No es la educación del siglo XXI (todavía)


La realidad que va a emerger tras la pandemia no va a ser la misma que existía antes, no hace falta ser una lumbrera para darse cuenta. En el campo de la educación, esto va a suponer con seguridad que una gran parte de las prácticas digitales improvisadas para salvar la situación generada por el confinamiento se van a convertir en habituales, no solo a lo largo de las fases de la desescalada, sino en el horizonte de la denominada “nueva normalidad”, donde el trabajo y el estudio en remoto van a cobrar un protagonismo sin precedentes en el mundo pre-COVID-19.

Las redes y los medios digitales han resultado cruciales en un momento de emergencia como el que vivimos, permitiendo que los docentes mantengan el contacto con su alumnado, y, en la medida en que ha sido posible, avancen en la enseñanza de los contenidos académicos del curso, un curso que en la mayor parte de los niveles educativos finalizará sin la reapertura de los centros. En este escenario, puede haber quien piense que esta crisis sanitaria está proporcionando a la educación el empujón final que necesitaba para innovar sus procesos y dar el alto a la era digital. Pero es una versión en exceso simplista de la cuestión.

El error de partida es que frecuentemente se asocia la innovación con el mero traslado sin más de los formatos físicos al medio digital: las clases presenciales se transforman en videoconferencias, los libros se presentan en versión web, y las tutorías se convierten en vídeos de YouTube. Y, con todo lo que implica de avance, no es esto: la educación de la era digital necesita desarrollar sus propios formatos, metodologías y procesos.

En principio, la tecnología por sí sola no puede cambiar los procesos de enseñanza y de aprendizaje. Independientemente del dispositivo utilizado o de la herramienta informática seleccionada para enseñar, se trata de elementos que deberán articularse adecuadamente con los propósitos educativos en los que son desplegados, y con la modalidad de enseñanza.

La pedagogía que emerja en un mundo digital no puede ser una copia de la enseñanza de toda la vida. El nuevo paradigma o ecosistema educativo debe poder desafiar las fronteras del espacio y del tiempo escolar incorporando espacios virtuales de intercambio de contenidos, que, de alguna forma rompan la unidad de espacial y temporal de la clase tradicional. Además, estos espacios digitales deben ser capaces de construir nuevos vínculos entre los agentes de la comunidad educativa: centros, docentes, el alumnado y las familias.

Dentro de este esquema, el maestro será ahora autor y curador de sus propios materiales didácticos, aportando valor con ellos al contexto de aprendizaje al que van destinados, y a la vez resulta empoderado en su rol de docente. Asimismo, se convierte en un aprendiz permanente e incluso desarrolla estrategias de narración de su propio proceso de construcción didáctica, compartiéndolo e intercambiándolo con otros docentes. Por último, la docencia del siglo XXI tendrá que incorporar nuevos lenguajes acordes con el medio digital, y desafiar a los estudiantes para que desarrollen formas de lectura en un contexto de literacidad electrónica, entendiendo por literacidad el conjunto de competencias que hacen hábil a una persona para recibir y analizar información en determinado contexto por medio de la lectura, y poder transformarla en conocimiento posteriormente para ser consignado gracias a la escritura.
 
Google Analytics Alternative