jueves, 3 de octubre de 2013

La carrera de la competitividad en Latinoamérica

La incertidumbre es la constante de este nuevo mundo que nace en este siglo que comienza. Habíamos apostado por una serie de economías emergentes como los nuevos poderes hegemónicos, entre los que se encontraban varios países de Latinoamérica. Pero las cosas no están tan claras después de todo: el cambio de estrategia económica china y la falta de pulso económico en EE.UU. y Europa ponen en duda incluso el escenario recién estrenado. Y una parte de los países de América Latina no parecen haber aprovechado los años de vacas gordas para establecer una posición competitiva en los mercados globales.

Algo de esto sugiere el informe The Global Competitiviness Report 2012-2013 de World Economic Forum, un trabajo que compara el nivel de competitividad de las distintas naciones. Entienden los autores por competitividad como “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país”.

El índice de competitividad que elaboran, y que permite comparar unos países con otros, se basa en doce componentes que resumo a continuación:

  1. Instituciones: entorno legal y administrativo.
  2. Infraestructura: transportes y comunicaciones.
  3. Entorno macroeconómico: grado de estabilidad.
  4. Nivel de desarrollo de la educación primaria y la sanidad.
  5. Educación superior y formación.
  6. Eficiencia del mercado de bienes.
  7. Eficiencia del mercado laboral.
  8. Desarrollo del mercado financiero.
  9. Preparación tecnológica.
  10. Tamaño del mercado/capacidad exportadora.
  11. Grado de sofisticación de las prácticas de negocios.
  12.  Innovación.
En el epígrafe relativo a Latinoamérica, el informe detecta un frenazo en el desempeño económico de la región en términos globales y un estancamiento en el crecimiento de la competitividad.

Centrándonos en países concretos, Chile (34 en el ranking mundial, por encima de España) y Panamá (40) exhiben los mejores valores del subcontinente. En el primer caso se valora especialmente la estabilidad institucional y macroeconómica chilena, el buen funcionamiento del mercado interno y la capacidad para competir en el mercado global. De Panamá se reconoce su esfuerzo por desarrollar sus infraestructuras de transportes y de redes, así como la rápida penetración tecnológica y las mejoras en la calidad del sistema educativo.

Algo más abajo en la lista de la competitividad mundial nos encontramos con Costa Rica (puesto 54), México (55) y Brasil (56). Costa Rica sigue mejorando, en parte por la evolución de la capacidad innovadora, y el informe destaca su sistema educativo y la apertura de los mercados, si bien señala la inseguridad, y el gasto público asociado para combatirla, como una debilidad.
De México se destacan la estabilidad macroeconómica, el sólido sistema financiero, y las posibilidades que ofrece el mercado interno, pero falla especialmente en temas como la corrupción y la inseguridad.

Sorprende que la gran promesa que es Brasil se encuentre tan abajo en el ranking, pero lo cierto es que el trabajo detecta obstáculos a la competitividad carioca relacionadas con el endurecimiento de la financiación, la falta de eficiencia de la Administración, la corrupción y la falta de confianza en la clase política. Además, considera insuficiente el nivel de desarrollo de las infraestructuras, del sistema educativo y de la apertura a la competencia internacional.

Perú se encuentra en el puesto 61 de la lista mundial y se reconocen sus avances en los últimos años, si bien se sugiere que el modelo que ha garantizado estas mejoras en la competitividad puede haberse agotado. Los esfuerzos que debe encarar esta nación de cara a continuar su progreso pasan por mejorar la eficiencia de la Administración, atajar la corrupción, ampliar las infraestructuras y  aumentar la calidad educativa y el nivel de capacitación de la mano de obra.

Colombia y Ecuador presentan las posiciones 69 y 71 respectivamente. La primera muestra unas condiciones macroecónomicas estables y positivas, pero muestra debilidades en términos institucionales y alto grado de corrupción, además el desarrollo de las infraestructuras es insuficiente. Se sugiere que una mejora en el sistema educativo puede contribuir a la diversificación d ela economía.

Ecuador por su parte ha subido 15 puestos desde el último informe, básicamente por sus esfuerzos en el campo de la calidad educativa, de la innovación y en el despliegue de infraestructuras.

En Centroamérica se reconoce la mejora de países como El Salvador (96) y Nicaragua (99), gracias en parte a su relativa capacidad innovadora.

Las grandes caídas del ranking las protagonizan Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela.

Uruguay pierde 11 puestos hasta el 85, principalmente por el deterioro de las condiciones macroeconómicas, la alta inflación y las dificultades para acceder a la financiación exterior entre otras razones.

Argentina por su parte cae del puesto 94 al 104, sobre todo por temas relacionados con la ineficiencia y el favoritismo del Gobierno, así como por el deterioro macroeconómico. Algo parecido pero en mayor escala muestra Venezuela, con una caída hasta el puesto 148, que a juicio de los autores del informe es debido a la profunda crisis institucional y económica que atraviesa.

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