lunes, 7 de mayo de 2012

Evidencias algo molestas de la tecnología educativa

Los que hemos trabajado en temas relacionados con la tecnología educativa sabemos que es muy fácil, y muy común, aceptar como dogmas una serie de principios sobre la introducción de las TIC en la enseñanza que el tiempo acaba demostrando que son falsos, o cuando menos, relativos. El error consiste en repetir como mantras o letanías proposiciones que o bien no tienen el respaldo de la experiencia empírica, o bien no han tenido el tiempo suficiente para demostrar su validez.

Algún día contaré mi experiencia personal al respecto pero hoy quiero referirme a un artículo de Michael Trucano, en el blog Edutech del Banco Mundial, en donde el autor matiza y pone en cuestión muchas de las cuestiones en las que se basa la tecnopedagogía actual. Resumo a continuación sus principales aportaciones.

Las aulas informáticas no son una buena idea. La creación de aulas especiales con ordenadores a las que los alumnos asisten una o varias veces por semana a aprender el manejo de los dispositivos es una práctica muy extendida en todos los países. Pero si realmente queremos que la tecnología se filtre en la enseñanza tradicional, debemos llevarla al aula, que es donde tienen lugar el proceso general de aprendizaje. No tiene mucho sentido erradicarla y aislarla en entornos especiales.

Las clases de informática no son una buena idea. Unido a lo anterior, la informática se ha convertido en una asignatura más en los sistemas educativos de los países desarrollados. En esta disciplina el alumno aprende los rudimentos del ordenador y el manejo de los programas más conocidos. Sin embargo, resultaría más valioso que el alumno adquiriese su alfabetización tecnológica como el producto de usar las TIC en las otras asignaturas; ayudarles a aplicar la informática en el aprendizaje de las materias del currículo.

No hay que esperar que mejoren los resultados en las pruebas de conocimiento. Todos esperamos que las TIC produzcan el milagro y que, tras un periodo de aplicación en la enseñanza, mejoren significativamente los resultados de las pruebas de nivel que aplican los gobiernos u organismos internacionales. También decimos que los alumnos deben adquirir los conocimientos y habilidades necesarios para manejarse en el siglo XXI. Pero a la hora de medir los resultados seguimos aplicando criterios del siglo pasado basados en la enseñanza tradicional. Como no estamos evaluando con el sistema correcto no deben mejorar necesariamente los resultados.

Lo que hacen los estudiantes fuera de clase es más importante que lo que hacen dentro de ella. La premisa que afirma que la tecnología lo está revolucionando todo menos la educación nos puede llevar a establecer una correlación entre un alto uso de TIC fuera del aula y mejores resultados académicos. Pero como afirma el autor, una correlación no establece por sí misma un principio de causalidad. No sabemos realmente si el uso habitual de tecnología en el hogar apoya positivamente los procesos formales de aprendizaje llevados a cabo en el centro escolar.

La ciudadanía digital y la seguridad en las redes se convertirán en materias de enseñanza de los colegios. El uso de TIC en el colegio se hace de forma protegida, limitando con aplicaciones el acceso del alumno a contenidos peligrosos y formándole sobre la manera correcta de navegar. En el hogar mucho padres hacen lo propio. El problema es que gracias a los dispositivos móviles el menor puede conectarse a las redes desde cualquier terminal “no controlado” por adultos, como tablets, móviles, consolas... Por lo tanto, más allá de los filtros y controles informáticos, lo verdaderamente importante es que el alumno sepa hacer un uso responsable de la navegación,   conozca los riesgos de Internet y cómo evitarlos.

La mayoría de los alumnos no son nativos digitales. El haber nacido dentro de la era de Internet aporta a los niños de una familiaridad con la tecnología que no tienen las generaciones precedentes. Es por ello que se les denomina “nativos digitales” y se les supone una capacidad especial para aprender utilizando dispositivos electrónicos. Sin embargo, una cosa es conocer intuitivamente el funcionamiento de un determinado programa informático o mostrar habilidad para manejarse por las redes, y otra muy distinta demostrar un criterio para analizar y contrastar la información obtenida, y aplicarla en la ejecución de una tarea que tenemos entre manos o en la resolución de un problema. Esto último no aflora espontáneamente en los llamados nativos digitales y es verdaderamente la clave para vivir en un mundo digital.

Las políticas educativas nunca alcanzarán el ritmo de evolución de la tecnología. Por dos razones: porque el sector educativo es altamente conservador y porque el ritmo de cambio en las TIC es vertiginoso. Pero no hay que deprimirse por ello. Es cuestión de trabajar mirando el horizonte y tratar de seguir lo más de cerca la evolución tecnológica.

La copia y el plagio crecerán inevitablemente. Por mucho que instemos a los alumnos a consultar fuentes de información en red pero no copiar directamente y trabajar ellos mismos sus tareas, es inevitable que realicen “corta y pega” de contenidos. Es demasiado fácil.

Los teléfonos inteligentes y otros dispositivos móviles nos invaden. De hecho ya están aquí, no podemos ignorarlos y deberían ser tenidos en cuenta a la hora de pensar en la introducción de la tecnología en el aula.

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