domingo, 16 de diciembre de 2012

Si los poetas fuesen gestores de empresas

Siempre que se habla de las cualidades que tiene que tener un directivo o un gestor se mencionan la capacidad de liderazgo, la gestión de equipos humanos o la visión de negocio, entre otras. Sin embargo, hay quien piensa que los cuadros de mando de las empresas deberían estar ocupados por poetas, como es el caso de John Coleman, autor del artículo The Benefits of Poetry for Professionals publicado en el blog de Harvard Business Review.

Coleman pone el ejemplo de Wallace Stevens, considerado uno de los grandes poetas norteamericanos contemporáneos, al que le fue ofrecido un prestigioso puesto docente en la Universidad de Harvard, y que no aceptó para no tener que abandonar su cargo de vicepresidente de la empresa Hartford Accident and Indemnity Company. Un ejemplo que rompe el cliché habitual que dibuja al poeta como un bohemio sin oficio ni beneficio.

En un mundo cada vez más complejo y cuya evolución se sucede cada vez más rápido cobran importancia los profesionales capaces de desenvolverse en distintas disciplinas aparentemente sin relación entre sí, que además sean capaces de trasladar los conocimientos de un campo a otro diferente.

John Coleman establece cuatro argumentos que justifican su tesis en defensa del poeta-directivo:

1. Los poetas son capaces de enfrentar la complejidad y de simplificarla. Sydney Harman fundador de Harman Industries afirmó en una ocasión:

“Solía decirle a mis altos cargos que me consiguiesen a poetas como gestores. Los poetas son nuestros pensadores de sistemas originales. Escrutan los entornos más complejos y los reducen a algo que comienzan a comprender.”

Los hombres de negocios viven en un entorno complejo y cambiante, y su tarea consiste en extraer de allí un significado. El escribir poesía ayuda a adquirir la habilidad para conceptualizar el mundo y contárselo a los demás.

2. La poesía nos ayuda a desarrollar el sentido de la empatía. Distintos estudios destacan la capacidad del poeta para intentar entender a los demás. El directivo igualmente debe ser capaz de acercarse a los sentimientos de su entorno inmediato (otros cuadros de mando, subordinados, superiores…), así como a los de los proveedores, clientes, grupos de interés de la empresa, etc.

3. Leer y escribir poesía estimula la creatividad. Y esta creatividad es la que necesita el ejecutivo para idear soluciones nuevas e imaginativas a los problemas que surgen en un entorno cada vez más disruptivo.

4. La poesía nos enseña a inyectarle belleza y sentido a la vida. Traducido al mundo empresarial, el sentimiento poético puede ayudar a mantener en el directivo la ilusión por la misión de la empresa en general o de los proyectos específicos. Puede hacer que éste conserve con el paso del tiempo el significado que dio origen a la iniciativa de negocio y evitar que caiga en la abulia de la rutina.

Así que ya sabéis, los premios literarios ya no hay que buscarlos en los cafés bohemios sino en los despachos de las corporaciones.

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