viernes, 2 de mayo de 2014

China y Latinoamérica: un eje hegemónico de ciencia y tecnología


Es evidente el interés geoeconómico que presenta América Latina en el planteamiento estratégico del gigante chino. Las cifras macroeconómicas internacionales hablan por sí solas sobre la importancia de los flujos de capitales, bienes y servicios que circulan de orilla a orilla del océano Pacífico.

A modo de ejemplo, según datos de CEPAL la tasa de crecimiento del volumen de las exportaciones de América Latina a China entre 2000 y 2010 fue casi del 18% y en sentido contrario, es decir de China a Latinoamérica, la cifra fue de más del 26%.

En palabras del Asian Development Bank:
“China se ha convertido rápidamente en una fuerza económica global, creciente en el mundo y en la región latinoamericana, doblando su participación en la producción mundial de manufacturas, generando un boom en el mercado de commodities, acumulando importantes reservas de divisa extranjera y siendo la industria el principal motor de esta expansión.”
Lo que no es tan conocido es el interés que tienen las autoridades del dragón asiático por crear un modelo de colaboración económico con la región americana basado en la ciencia y en la innovación científica, algo que destaca el informe de CEPAL China en transición a la sociedad del conocimiento: implicaciones para América Latina de Pamela Aróstica Fernández.

China es consciente de la falta de sostenibilidad a largo plazo del modelo económico basado en la exportación de commodities low-cost que ha sido responsable de su espectacular crecimiento en las últimas décadas. Productos de escasa calidad fabricados por mano de obra procedente del medio rural en condiciones de semiesclavitud, destinados a la exportación a todos y cada uno de los rincones del mundo.

Ahora, la apuesta cambia y se orienta hacia una economía basada intensivamente en la ciencia y la tecnología, cuyo pilar sea una educación de alta calidad. Entre otros objetivos, el XII Plan Quinquenal (2011-2015) pretende alcanzar el 2,2% del gasto en I+D sobre el PIB. Para hacernos una idea, la media europea en este indicador se sitúa en 2012 en 2,06%, según Eurostat, y en nuestra triste España sin ventura la cifra no pasa del 1,30%.

Pero lo más relevante de este esfuerzo innovador chino es que incluye en sus planes a sus socios latinoamericanos, como lo demuestra el Libro Blanco sobre América Latina y el Caribe del año 2008, que estableció los siguientes objetivos en el campo de la ciencia, la tecnología y la educación:

  1. China manifiesta el interés de promover la cooperación científica, tecnológica y educativa con los países latinoamericanos. Señala como herramienta las “Comisiones mixtas de cooperación científico-técnica” y también la coordinación bilateral de alto nivel.
  2. Propone intensificar las áreas de interés común, priorizando entre otras, la tecnología aeronáutica y aeroespacial, el biocombustible, el medio ambiente y recurso marítimos.
  3. Plantea divulgar y aplicar tecnología de punta probada por ambas partes, como: tecnología y técnica de ahorro energético, medicina digital y minicentrales hidroeléctricas.
  4. También ofrece desarrollar capacitación técnica, servicios y modelos tecnológicos.
  5. Sugiere aprovechar los mecanismos bilaterales y multilaterales de cooperación para potenciar los intercambios educacionales chino-latinoamericanos.
  6. Señala la necesidad de esforzarse por implementar la firma de acuerdos para el reconocimiento recíproco de los títulos académicos.
  7. También propone elevar el número de becas para estudiantes latinoamericanos.
En suma, todo un interesante marco de colaboración para convertir el eje chino-sudamericano en una potencia tecnológica hegemónica en el nuevo orden global.

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