jueves, 20 de mayo de 2010

Punto sin retorno

Siempre que husmeaba en los cajones de oferta de vinilo de tiendas como Discoplay, Madrid Rock e incluso Alcampo en sus buenos tiempos, a menudo me encontraba con la portada de este disco de Kansas, que siempre me ha fascinado. Nunca ha sido un grupo de discografía especialmente memorable, lo que no quiere decir que fueran malos, pero dieron en el clavo con el hit "Dust in the Wind", cuyo arpegio ha sido banda sonora de no pocas noches en las que acababamos tumbados en tugurios de mala muerte, entre cojines poblados de comunidades activas de ácaros, con más alcohol en el cuerpo de Nicolas Cage en "Leaving Las Vegas" y más tristeza en el cuerpo que Bill Murray en "Lost in Translation" (bueno, a lo mejor otros no han vivido esa experiencia y dedicaron su juventud a intentar batir records olímpicos y a coronar ochomiles, hay gente para todo).

En fin, que aquí no hemos venido a hablar de música sino de medio sociales (¡otra vez!), y tanto el título como la portada del disco me parecen perfectos para ilustrar lo que percibo en este momento en el ámbito del tan manido término 2.0 aplicado al entorno corporativo.

Por una parte, el título del disco "Point of Know Return" (un juego de palabras con la expresión  punto sin retorno), define el estado actual de la situación de los medios sociales, a saber, que se han convertido en un elemento esencial en nuestras vidas y que el tema va creciendo, independientemente de la forma que puedan adquirir en el futuro. Solamente un dato: Facebook se está preparando para celebrar sus 500 millones de usuarios en todo el mundo, lo que implica que todo esto no es una moda de geeks de gafas de pasta. Y aunque lenta y torpemente, las organizaciones ya están haciendo uso de los medios sociales para todo tipo de objetivos, ya sea comunicación, marketing o relaciones públicas. Por lo tanto parece que no hay vuelta atrás.

Y por otro lado, la portada del disco nos muestra un barco llegando al fin del mundo (plano donde los haya) y cayendo al vacío. Otra metáfora, a mi juicio, del ansia que tenemos todos de sacarle los misterios de la viralidad a las redes y comunidades, que nos lleva a un punto a partir del cual, en este momento, no se puede llegar más allá. Me explico. Los que nos pasamos el día leyendo documentos sobre el microcosmos 2.0 nos damos cuenta de que al final todos cuentan lo mismo y que, sin despreciar su valor, nos aportan pocas fórmulas magistrales o recetas que puedan garantizar el éxito de una empresa en Internet. Dan consejos, teorías, pócimas, pero todo se percibe como ambiguo e indefinido.

El problema es que todo ha ido demasiado deprisa, las redes, herramientas, tendencias y palabros 2.0, y no nos da tiempo a sentarnos a estudiar cómo sacarle provecho a lo que tenemos. Tenemos tanta avidez de innovación y cambio que hemos llegado hasta el borde del mar, donde acaba el mundo y donde no hay nada más allá.

Parece que el ritmo de crecimiento de la tecnología y las aplicaciones se ha allanado en los últimos meses, porque en este mundo no se puede hablar de años, y a lo mejor eso nos permite centrarnos un poco en sacarle rendimiento a los recursos actuales y poder ampliar un poco el horizonte de navegación del barco de la portada.

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