sábado, 8 de enero de 2011

Desde la atalaya

Así rezan los primeros versos de la archiconocida canción de Dylan, “All Along the Watchtower”, que da título a esta entrada:

There must be some way out of here, said the Joker to the Thief
There´s too much confusion, I can´t get no relief.”

Sin ánimo de establecer comparaciones ofensivas, la letra parece estar aludiendo a los gobiernos (Joker) pidiendo desesperadamente consejo al sistema financiero (the Thief), que a fin de cuentas es quien nos ha metido en este embrollo, aunque la crisis mundial pueda tener componentes cíclicos estructurales que los economistas sólo acertemos a identificar dentro de veinte años. La verdad es que no les arriendo las ganancias, como se dice popularmente, pues desde la perspectiva de la política económica no se aprecian soluciones, por lo menos de efecto inmediato.

Y por si no tuviésemos bastantes problemas con el estancamiento de la producción y la demanda y la destrucción de empleo en España, el martes pasado recibimos la noticia de que un viejo amigo ha vuelto a la ciudad, la inflación, que a finales de 2010 rozó el 3 por ciento. Nos vuelve a invadir la sensación de dejà vu de haber vivido esto mismo en otras crisis, la de los 70 sin ir más lejos, en la que el desempleo y los precios crecían amigablemente al unísono al ritmo de una melodía titulada estanflación. De nuevo la coyuntura económica se vuelve a cachondear de modelos como la Curva de Phillips, que relacionaba inversamente la evolución del desempleo y de los salarios junto con su influencia sobre el nivel de precios. En plata: que si había desempleo no podía haber inflación. No comulgo con el dogma monetarista de Milton Friedman, pero hay que reconocer que la historia le ha dado la razón cuando decía ya en 1969: “A largo plazo no hay compromiso entre inflación y el desempleo” (“The Role of Monetary Policy”, American Economic Review).

Un artículo publicado recientemente en el diario El País, “Transferencias de poder adquisitivo”, los autores, Antoni Espasa y Emiliano Carluccio de la Universidad Carlos III de Madrid, intentaban explicar este rebrote inflacionista en un momento en que la demanda de bienes y servicios está estancada. A su juicio tiene dos componentes: por una parte, la necesidad de recaudación del Estado que ha provocado recientes subidas del IVA y de los impuestos indirectos (especialmente sobre el tabaco), y de los precios regulados (electricidad, gas, transporte…); el segundo componente, que califican como exógeno, se basa en la subida de precios internacional de las materias primas energéticas, minerales y alimenticias (el que siga los periódicos estos días puede constatar lo grave de este último elemento y las consecuencias fatales que podría tener para los países en vías de desarrollo). Resumiendo, que nos hayamos ante una inflación de costes que encarece los productos aunque éstos no tengan una demanda efectiva, apoyada por una transmisión de poder adquisitivo del ciudadano a un Estado excesivamente endeudado a través de la imposición indirecta.

¿Y cómo se sale de ésta? No tengo la menor idea, a pesar que estoy mareándome al ver como suben y bajan las curvas representadas en las páginas del clásico manual de macroeconomía Dornbusch-Fischer. Pero la situación es:

  • Un círculo vicioso clásico de destrucción de empleo-caída de la demanda (excepto en las exportaciones del sector agroalimentario –¡gracias a Dios!) – y más destrucción de empleo, hasta la quinta parte de la población activa.
  • Un Estado manco desde el punto de vista de la política económica, pues solamente puede intervenir a través de la política fiscal; la mano o prótesis monetaria está en poder del Banco Central Europeo.
  • Un Estado que está llevando a cabo una política procíclica, en vez de anticíclica; es decir, que en vez de estimular la demanda de bienes y servicios poniendo capacidad adquisitiva en manos del ciudadano, se dedica a recortar salarios públicos y a frenar las grandes obras públicas (si Keynes levantara la cabeza…), amen de aumentar la imposición indirecta, es decir, la que incide sobre el consumo.
  • Un Estado endeudado hasta la médula en los mercados financieros internacionales (caray, si generas una deuda que no van a poder pagar ni nuestros bisnietos, por lo menos pon el dinero en manos de la gente para que consuma y tire hacia arriba de la economía).
  • Un Banco Central Europeo que tiene el gatillo fácil a la hora de subir los tipos de interés, es decir, el precio del dinero, y que por desgracia mira más por la locomotora de la UE, Alemania, que está previsto que crezca el año que viene en torno al 4 por ciento, que por nosotros, pobre periferia. Una subida de los tipos ante el posible “recalentamiento” de la economía alemana nos pondría en una situación peligrosa tanto a empresas como a familias en España.
  • Y de la competitividad y la capacidad de innovación del tejido empresarial español ni hablamos…

Volviendo a Dylan, el sector financiero parece que ha pasado de verdugo a asumir la posición de víctima, pobrecito. Me imagino que la respuesta a la desesperación expresada por los gobiernos no diferirá mucho de la segunda estrofa de “All Along the Watchtower”:

“No reason to get excited, the Thief he kindly spoke,
There are many here among us who feel that life is but a joke
But you and I, we´ve been through that, and this is not our fate
So let us not talk falsely now, the hour is getting late”

Efectivamente, éste no es su destino, el de millones de personas que ahora mismo están pasando calamidades.

Hoy no he querido hablar de Social Media porque con la que está cayendo me parece frívolo preocuparme sobre la última pijada de Android, las i-dioteces de Steve Jobs o las redes sociales en las que están mis amigüitos. Otro día será.

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