lunes, 13 de diciembre de 2010

Restaurando un sueño

El número de noviembre de la revista TIME incluye un interesante artículo sobre cómo está afectando la crisis a la sociedad estadounidense y las implicaciones a largo plazo del fenómeno. Se trata de “How to Restore the American Dream” de Fareed Zakaria. Y digo que es interesante (hay que explicarlo porque en sitios como Twitter TODO se etiqueta de “interesante”) porque aporta claves y sugerencias que podrían definir un panorama mucho más trascendental que el de una mera crisis cíclica de las que modelizó Kondratiev.

A juicio de Zakaria, EE.UU. podría estar ante un cambio estructural en su economía producido por el desarrollo tecnológico y la globalización (“the fear that we are in the misdt of not a cyclical downturn but a structural shift, one that poses huge new challenges to the average American job”). Por un lado, la última década la tecnología ha generado un impacto sobre la eficiencia de las empresas pero con un coste elevado de destrucción de empleo. Por otra parte, las empresas norteamericanas se han hecho globales (aquellas que conforman el S&P 500 generan el 46 por ciento de sus beneficios fuera del país), generando empleo en terceros países (Muhtar Kent, CEO de Coca-Cola: “somos una compañía global que coincide que tiene su cuartel general en Atlanta”).  La tecnología y la globalización configuran una nueva realidad según el autor del artículo.

De acuerdo con David Autor, economista del MIT, en EE.UU. se está produciendo una “polarización del empleo”. Distingue por un lado las ocupaciones de gestión, profesionales y técnicas, que son llevadas a cabo por trabajadores muy cualificados que se encuentran a gusto dentro de la economía global. En esta rama el empleo ha venido creciendo. En el otro extremo sitúa los trabajos de servicios, que implican ayudar y/o asistir a otros, como pueden ser los de la hostelería o los relacionados con la seguridad privada, por poner dos ejemplos. Este segmento también ha contribuido en la década pasada a crear empleo.

Entre estos dos polos se encuentran los trabajadores manuales especializados,  los dedicados a las ventas y a los trabajos de oficina, que tradicionalmente han supuesto el grueso de la clase media estadounidense, han gozado de buenos sueldos (“el sueño americano”) y que, tímidamente sugiere Autor, son los más machacados por el avance tecnológico y la globalización.

El artículo sugiere que estaríamos entrando en un nuevo modo de acumulación capitalista (perdón por la terminología marxista: es un deje que traigo de la facultad) con reglas nuevas y cambios decisivos en el entorno geopolítico internacional y en la estructura de las sociedades.

El último gran periodo de acumulación o ciclo largo de crecimiento fue el de postguerra, de 1945 a 1970. ¿Se darían ahora las circunstancias para iniciar una expansión de varias décadas? Veamos los principales factores que determinaron el crecimiento entonces.

  • Fue una época de gran desarrollo tecnológico por el transvase de la tecnología desarrollada en los sectores militar y aeroespacial a la industria civil. En este sentido, nuestros días también están conociendo un impulso tecnológico fuerte: TIC, biotecnología, tecnología de materiales, transporte, etc. Pero la tecnología no basta…
  • Existía un contrato social implícito entre el trabajador y la empresa, el denominado Fordismo, que no solamente consistía en mecanizar las cadenas de producción sino que asociaba la evolución de los salarios con los beneficios de la empresa. Si ésta iba bien, los salarios crecían y si no, no, y esto era aceptado por los sindicatos. En el momento actual dudo mucho que ningún país occidental pueda garantizar un consenso de ese calibre entre patronal y sindicatos.
  • Después de los acuerdos de Breton Woods en 1944 se sentaron las bases para crear un marco estable para el comercio internacional (GATT) y para las finanzas (FMI), además de cierta estabilidad en los tipos de cambio, asociando las transferencias de divisas al dólar. Ahora, el comercio internacional es un campo de batalla entre grandes zonas, las divisas fuertes occidentales como el dólar o el euro pugnan con el yuan y con otras de países emergentes que se irán reforzando, y la movilidad de capital escapa a toda regla y control, como ha demostrado esta crisis.
  • Finalmente, la guerra fría proporcionaba al mundo un equilibrio político, inestable si se quiere, necesario para cualquier periodo de crecimiento económico. En cualquier caso, los conflictos que se produjeron en la época estaban mucho más encuadrados dentro del mapa geopolítico de los bloques. Ahora el mundo está plagado de focos de conflicto, algunos potenciales otros ya no, y la sensación de caos e inseguridad es cada vez mayor, dado que el terrorismo ha trasladado el frente de guerra al  seno de las ciudades de occidente.

Ante este panorama sólo cabe decir que la nueva estructura económica mundial puede tener una cara muy distinta a lo que hemos conocido hasta ahora. Quizá el paradigma del nuevo orden sea Internet: una filosofía operativa basada en un caos desregulado, pero que funciona después de todo.

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