martes, 15 de marzo de 2011

Estoicismo Ramone

A veces resulta inútil enfrentarse a un entorno que no es capaz de albergar nuestras metas y aspiraciones más altas, y es más acertado adaptarse a él e intentar sacar el mayor provecho de los escenarios reales, en vez de soñar quimeras.

The Ramones fueron un grupo mítico de la escena punk neoyorquina cuya influencia aún se deja sentir en bandas actuales de todo el mundo. Comenzaron a tocar juntos a mediados de la década de los setenta y pronto fueron reconocidos como referencia por sus colegas británicos, como Sex Pistols, The Clash o Buzzocks, y por parte del incipiente panorama new wave de ambos lados del Atlántico. En una entrevista realizada a Johnny Ramone, el malencarado guitarrista de la formación, incluida en el vídeo “End of the Century” probablemente el mejor documental realizado sobre la banda, éste  cuenta una anécdota que siempre me ha resultado muy sugerente como postura de enfrentar la vida.

En 1980, cuatro años después de aquel grito Hey ho, let´s go! que abría el primer LP homónimo del grupo, los Ramones tenían legiones de fans por todo el mundo y se pasaban el año de giras. Pero no vendían discos. Los volúmenes de ventas de sus álbumes no estaban en proporción con la inmensa popularidad del conjunto y decidieron contratar a uno de los mejores productores de la historia del rock, Phil Spector, para convertir su siguiente obra en un superventas.

La grabación de “End of the Century”, el título del disco en cuestión, fue un verdadero infierno; Spector es un hombre con un carácter muy difícil, déspota y violento, y chocó de frente con Johnny, que tampoco era lo que se dice una persona amigable. Las discusiones y peleas se sucedieron a lo largo de todo el proceso de grabación, hasta el punto de que, según dicen las malas lenguas, en una ocasión Phil Spector llegó hasta el punto de encañonar a Johnny con un arma de fuego.

El producto fue efectivamente un disco mucho más comercial que los anteriores, con un sonido mucho más depurado, menos áspero (hasta el punto de que la versión que incluye del “Baby I love you” de las Ronettes lleva arreglos de cuerda ¡en una canción de los Ramones!), contenía un tema firme candidato a hit (“Do you remember r´n´r radio?”) y presentaba en la portada a la banda con un nuevo look más cercano al de la banda infantil Parchís que a las poses desgarbadas y macarras a las que nos tenían acostumbrados.

Sin embargo, después de esta gran apuesta, después de todo este sacrificio, después de todo este sufrimiento, “End of the Century” tampoco vendió. Entonces en la entrevista Johnny hace una reflexión filosófica: si lo habíamos intentado todo y seguíamos sin vender, a lo mejor es que no era nuestro destino el vender discos, el éxito masivo, así que decidimos seguir tocando en directo todo lo que pudiésemos y contentar a nuestros fans.

Y ahora la pregunta de siempre, ¿qué tiene que ver todo este rollo que nos has metido con una estrategia 2.0? Pues que a menudo, y sobre todo los que estábamos en esto desde sus principios, nos fijamos metas casi imposibles de conseguir y no nos centramos en aprovechar lo que tenemos. Siempre queremos buscar esa gran acción viral que sea reproducida de post en post de los blogs, de tapia en tapia de Facebook o Tuenti, que sea retuiteada hasta dejar afónico al pájaro azul, y cuando vemos que no sale nos da el bajón.

Pero debemos ser conscientes de que el trabajo en Social Media es una labor constante, de trabajar día a día ampliando y fortaleciendo las relaciones de la empresa u organización con sus públicos, ganándose su confianza y adhesión a la marca. No todos los contenidos ni todas las marcas son aptas para pegar un pelotazo viral que llegue al público masivo y las compañías deben centrarse en crear sus propias comunidades virtuales a las que mimar. Es mejor tener 500 prescriptores activos de tu marca que 5.000 “me gusta” de Facebook.

Las empresas siguen sin entender los medios sociales; siguen pensando que las reglas de la publicidad convencional se aplican allí de la misma forma. No comprenden que no se trata de crear perfiles en Facebook y Twitter para lanzar mensajes comerciales como una ametralladora sino que hay que conversar con la gente, de forma que se produzca un acercamiento del público a la marca: ellos nos escucharán en la medida en que nosotros escuchemos lo que ellos nos tienen que decir; aquí ya no vale la comunicación unilateral del mensaje publicitario, el bombardeo.

Así que es mejor que sigamos los consejos de Johnny Ramone y  dediquemos nuestros esfuerzos a contentar a nuestros fans, que a fin de cuentas es lo único que tenemos.

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