martes, 5 de abril de 2011

Nunca tantos debieron tanto a tan pocos


Este título es la famosa frase que Winston Churchill dedicó a los pilotos de la RAF tras la Batalla de Inglaterra, sólo que en este caso no se refiere a algo positivo –como la salvaguarda de la nación de la invasión alemana-, sino todo lo contrario: en la crisis actual, nunca tantas personas debieron tanto dolor y sufrimiento a la irresponsabilidad y la corrupción de tan pocos. Y lo peor es que las medidas tomadas para salvar la situación parecen castigar más al ciudadano, como si fuese el culpable, mientras se intenta ayudar desesperadamente a los distintos agentes del sector financiero.

Hoy quiero hablar de la mentira, la desvergüenza y la sensatez a través de tres artículos publicados en el diario “El País” del domingo pasado. Los dos primeros demuestran que los poderes públicos toman al ciudadano por idiota; el tercero abre una vía de esperanza presentando a un país que ha actuado con lógica en momentos como estos.

El primer texto, “Crisis y reformas en España” del exministro de economía Miguel Boyer, rebate con bastante eficacia la leyenda negra tan en boga acerca de la falta de competitividad y de rigor presupuestario de las economías periféricas de la UE. Nos están contando mentiras sobre la economía española atribuyéndonos gran parte de la culpa de lo que ha pasado, sin embargo, tanto el BCE, mediante políticas continuas en el tiempo de mantenimiento de los tipos de interés bajos, como la banca privada de distintos países, financiando el auge inmobiliario sin considerar los riesgos, tienen una parte importante de responsabilidad sobre la llegada y profundidad de la crisis.

En resumen: Boyer establece la siguiente defensa de la política económica de España frente a sus detractores, Francia, Alemania y las autoridades comunitarias:

  • España entró en la Unión Monetaria cumpliendo los cuatro criterios de convergencia, a diferencia de Francia y Alemania.
  • España tuvo déficits públicos inferiores al 1 por ciento hasta 2005 en que entra en una etapa de superávit que dura hasta 2007. Durante este periodo los países de la Eurozona experimentaron déficits entre el 3 y el 1 por ciento.
  • La deuda soberana española es en porcentaje del PIB la menor del grupo de grandes países europeos, un 64 por ciento, y el coste de los intereses es igualmente inferior, 2 por ciento frente al 2,4 de Alemania, el 2,6 de Francia y el 4,6 de Italia.
  • Otra idea errónea es la baja productividad del trabajador español pues este indicador fue superior a la media europea entre 1981 y 1990, y entre 2001 y 2010.

No veo por tanto que nuestra economía haya mostrado un comportamiento tan penoso como se nos quiere vender, ni que la política económica aplicada en las últimas década hay sido diseñada y aplicada de forma irresponsable.

Lo que en cambio sí parece irresponsable es la forma de combatir la crisis que están aplicando los gobiernos de los países desarrollados siguiendo la estela de EE.UU., como describe el premio Nobel Paul Krugman en su artículo “La doctrina de Mellon”. Resulta patético y desvergonzado que se acepte y se siga en todo el mundo la doctrina de la ”austeridad expansiva”, que emana del Partido Republicano, y que básicamente pregona que la forma de recuperar el crecimiento económico consiste en reducir el poder adquisitivo de los ciudadanos, mediante el recorte de los salarios y la reducción del gasto público. No hace falta haber estudiado en el London Business School para visualizar lo contradictorio de la frase anterior.

Como indica Krugman, un recorte salarial en una empresa puede mejorar su competitividad, llevarla a producir más y por ende a contratar más fuerza de trabajo. Pero este supuesto no se produce si se bajan al mismo tiempo los salarios en todas partes, y lo único que conseguimos es empobrecer más aún a los trabajadores, limitar su poder adquisitivo y frenar un posible crecimiento de la demanda.

La otra idea brillante, el recorte del gasto público, parte de la hipótesis de que esta acción “estimulará el gasto privado al aumentar la confianza de los consumidores y las empresas, lo cual conduce a la expansión económica”. Pues parece ser que el Reino Unido ha aplicado obedientemente esta herramienta en fechas recientes obteniendo como resultado una economía estancada y un nivel más bajo de confianza empresarial que el de hace dos años. De nuevo parece un insulto a la lógica el pensar que limitando las inversiones directas del Estado, que generan empleos directos e indirectos, y las transferencias directas al ciudadano, que pretenden mantener su poder adquisitivo, puede crecer la demanda de bienes y servicios que saque a la economía de la crisis. Más bien ocurrirá lo contrario, digo yo.

Me parece de una caradura inaceptable que después del daño causado, y todo el mundo sabe quién lo ha hecho, se pretenda engañar a la gente y seguir machacándola para beneficiar a los verdugos.

Al principio he hablado de un artículo que da pie a la esperanza. En efecto, “Islandia enjaula a sus banqueros”, cuanta como esa pequeña isla del vecindario del Polo Norte ha dado una lección de sensatez al mundo, en primer lugar, al dejar caer a sus bancos sin apoyarlos desde el sector público, y en segundo lugar, al perseguir penalmente a todos aquellos banqueros, políticos y empresarios, que bien por corrupción, bien por irresponsabilidad, han llevado al país a la bancarrota. Deberíamos aprender todos de ellos.

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