lunes, 29 de agosto de 2011

La guerra de los medios sociales


Interesante post en el blog de Nova Spivack sobre escenarios futuros en el panorama de los medios sociales. A diferencia de los que pensamos que se avecinan grandes batallas como las de la Tierra Media, con orcos, elfos, enanos, hombres y árboles que andan, de forma que solamente sobrevivan una o dos de las redes sociales más fuertes en la actualidad, Spivack defiende con buenos argumentos un panorama más conservador (y más pacífico) en el que una serie de ellas conviven en un entorno más o menos estable. Su tesis se basa en que Google+, Facebook, Twitter y LinkedIn, que serían las supervivientes, son servicios distintos entre sí con funciones específicas en cada caso que no se solapan.

En sus palabras: “el paisaje de los medios sociales se va a dividir en varios territorios”. La distribución quedaría entonces de la siguiente manera:

Facebook para las relaciones sociales.  Contactos más personales y actividades de grupos, juegos y aplicaciones relacionadas con el ocio. De acuerdo con Spivack, ni Twitter ni Google + rivalizan en sus funciones con Facebook en este campo.

LinkedIn para las relaciones profesionales: búsqueda de empleo, contrataciones, socios, clientes, proveedores… Es quizá el caso más claro y mejor definido, en lo que a su utilidad se refiere, y ninguna de las otras tres por ahora apunta a prestar estos servicios.

Google+ para compartir conocimiento. Según el autor, Google+ está pensada para compartir conocimiento pero no para las relaciones sociales como Facebook. Su defensa de este argumento es que la mayor fortaleza de Google ha sido y es el constituir la mayor fuente de información en tiempo real. Google+ puede aprovechar la capacidad de los motores de búsqueda y analítica para gestionar volúmenes masivos de información, no solamente artículos, fotos y vídeos, sino también las conversaciones que se generan en torno a los objetos.

Twitter para notificaciones.  Para Spivack Twitter ha sustituido al RSS; constituye una infraestructura de avisos y notificaciones que incluso podría surtir a Google+ y Facebook, si surgiesen entre estos reinos políticas de colaboración. El error estratégico en la actualidad es intentar que Twitter se convierta en una red social tipo Facebook.  A juicio del autor, esto le está alejando de su verdadera fortaleza.

Si Spivack tiene finalmente razón y llegamos a ese estado estacionario tendríamos un servicio para cada cosa y utilidad. Pero yo no estoy tan seguro de que los CEOs de las distintas empresas lo tengan tan claro y sigo augurando grandes choques en el campo de batalla.

jueves, 25 de agosto de 2011

Los árboles de la deuda y el bosque del desempleo

Es curioso, como apuntan economistas de la talla de Krugman o más en nuestro terruño Vicenç Navarro, como el debate político actual desvía la atención del verdadero problema que nos aqueja, el desempleo a consecuencia de la baja actividad productiva, hacia lo que se puede considerar una consecuencia de ello, como es el endeudamiento de los Estados. No quiero quitarle importancia a los efectos negativos que el exceso de deuda y su alto coste de financiación tienen sobre la capacidad de crecimiento de las economías, pero me preocupa comprobar como se intenta de reducirla con medidas que a todas luces van a perpetuar el estancamiento y a obstaculizar el crecimiento económico, como por ejemplo, la futura reforma de la Constitución Española para fijar por ley un techo al gasto público.

La razón es muy simple: estamos inmersos en el conocido ciclo baja demanda/baja producción/nula creación de empleo, y la única forma de salir de él es estimulando la demanda interna para que las empresas produzcan más y por ende necesiten contratar mano de obra. Sin embargo, de los distintos componentes de la demanda solamente el sector exterior mantiene el tipo con una evolución muy positiva (ya traté este tema en otro post), si bien no es síntoma de que el tejido empresarial español haya adquirido de la noche a la mañana una vocación exportadora, sino que se trata de un reducido grupo de compañías muy competitivas que han desarrollado en las últimas décadas mercados en el exterior. No son representativas del conjunto. El resto de los componentes de la demanda se encuentra en dique seco, tanto el consumo privado como la inversión productiva, así que solamente nos queda el gasto público como herramienta para dotar de poder adquisitivo al ciudadano, tanto a través de inversiones directas en infraestructuras y servicios como por medio de transferencias a las familias.

Como he dicho antes, no quiero minimizar el problema de la deuda ni el riesgo que supone una caída de la credibilidad de España en los mercados financieros internacionales (aunque habría mucho que escribir sobre por qué el bienestar de tantos millones de personas está en manos de agencias privadas de dudosa ética y transparencia). Lo que digo es que el Estado es el único que puede gastar en el momento actual y que no sólo no hay que reducir el gasto público sino aumentarlo. Evidentemente, ese gasto debe ser financiado de alguna forma y el endeudamiento no es el camino adecuado. Por lo tanto, nos quedan los impuestos como única fuente de ingresos. El Estado debe aumentar la presión fiscal y la progresividad  del sistema tributario (de forma que en proporción paguen más los que más tienen) para financiar un gasto público que resulta crucial para salir de la crisis.

Cuando una mentira se repite una y otra vez se la acaba creyendo todo el mundo. Es el caso de afirmaciones del tipo “ya pagamos muchos impuestos” o “el Estado es demasiado grande y tiene demasiada presencia en la economía”. No es verdad. A modo de ejemplo y de acuerdo con Eurostat (datos de 2009), el porcentaje de ingresos estatales por impuestos y contribuciones sociales sobre el PNB es inferior en el caso de España que la media de UE-27, que es el 39,6% frente al 31,3% patrio. En este sentido, estamos por detrás de países como Dinamarca (49%) o Suecia (47,4%), pero también de otras naciones menos “sociales” como Reino Unido (36, 7%) o más periféricas, como Portugal (33,9%). Luego la proporción de impuestos recaudados en España es notablemente inferior a la de la mayoría de los vecinos. Por otro lado, tomando el indicador impuestos sobre el trabajador medio (OCDE 2008), expresado como un porcentaje sobre coste laboral, podemos comprobar que la cifra para España es del 37,8%, muy por debajo de Suecia (44, 6%), Francia (49,3%) o incluso Italia (46,5%), por no hablar de nuestra idolatrada Alemania, cuyos trabajadores soportan un 52%. Siguiendo con información de la OCDE, los impuestos sobre la renta y los beneficios suponen un 10% del PNB español, mientras que en países muy liberales como EE.UU. y Reino Unido esta cifra es del 12% y el 14%, respectivamente. Si nos vamos a Escandinavia puede alcanzar el 29,3% de Dinamarca. Por lo tanto no experimentamos una presión fiscal excesiva, por lo menos en términos relativos.

Si nos vamos al otro lado de la tapia y examinamos el gasto estatal en protección social (Eurostat 2008), medido en euros por habitante, podemos apreciar que en comparación el Estado español no tiene una presencia en la economía y una cobertura social tan inmensa como algunos (ya sabemos quienes) nos quieren hacer creer. Nuestro modesto gasto en cobertura social de 5.424 euros por habitante no alcanza la media de la UE-27 (6.603) y queda francamente atrás de vecinos como Alemania (8.388), Bélgica (9.112)  o Francia (9.338). De los del norte de Europa ni hablamos. Tenemos pues un Estado del Bienestar de segunda división, lo que justifica el aumentarlo, máxime en esta situación,  no reducirlo mediante recortes y privatizaciones.

En conclusión, veo una insensatez ponerle techo al gasto público en un momento en que hay que aumentarlo, y veo que existe margen suficiente para aumentar la tributación sobre la renta y el beneficio (en este momento sobre el consumo no),  especialmente aumentando la progresividad del sistema para que pague más el que más tenga (en el diario de ayer aparecía la noticia de que los ricos de Francia han propuesto pagar más impuestos).

martes, 9 de agosto de 2011

Trovadores, juglares, derechos de autor y propiedad intelectual

Estaba cantado: con todo el crossover de temas que trato en los distintos posts, no es de extrañar que los personajes de mis otros blogs acaben apareciendo aquí, en “Aturdido y confuso”. En este caso se trata de los juglares, cuya figura he tratado recientemente en mi blog de música “Soledad tengo de ti” y que ahora vienen al caso en este medio de contenido más tecnológico para demostrar que no hay nada nuevo bajo el sol. El tema de rabiosa actualidad de la propiedad intelectual en el entorno digital, el debate entre los que defienden que todo contenido divulgado por la red debe ser libre y gratuito y los que abanderan el pago por el uso y disfrute de la creación artística o intelectual, tiene arcaicos precedentes el el mundo medieval, en la figuras de los trovadores (creadores) y juglares (divulgadores). Eso por lo menos me ha dado a entender la lectura de “Poesía juglaresca y juglares. Aspectos de la historia literaria y cultural de España” (Espasa-Calpe, 1962) de Ramón Menéndez Pidal, un apasionante volumen del que no paro de sacar temas para entradas en los blogs (¡ojalá existiesen en la actualidad contenidos en papel o en red con un décima parte de interés!).

A nadie que no esté entontecido con basura televisiva del tipo “Sálvame” se le escapa que la llegada de Internet y el avance brutal de las tecnologías de la información en la última década han traído consigo la eliminación de barreras para la transmisión y apropiación de cualquier obra en formato digital, ya sean documentos de texto, música o películas. A pesar de los intentos de las autoridades y de organismos como la SGAE en España para obligar a pagar por los contenidos sometidos a derechos de autor, resulta técnicamente imposible frenar el libre tráfico de los mismos por las redes, especialmente los que se mueven a través de tecnologías P2P, en las que cada usuario, cada ordenador personal, se relaciona con otros sin intermediarios. Obviando el abismo de los siglos, algo parecido sucedía en la España de la Edad Media (y supongo que en el resto de Europa).  Entonces no existían los derechos de autor, sin embargo, la obra poética era celosamente custodiada por su creador, ya fuese un trovador o un juglar compositor. Refiere Menéndez Pidal que los juglares que servían a un señor (trovador-compositor) necesitaban permiso de éste para enseñar a otros juglares las canciones nuevas de su repertorio (luego sí había un control sobre la difusión del contenido) y el juglar que no era poeta pagaba dinero, caballos o alhajas para que le enseñasen de memoria una obra o le cediesen un manuscrito. Recordemos que los juglares eran una suerte de músicos ambulantes (a veces fijos en determinadas cortes según su valía), que aunque en ocasiones componían sus propios poemas, por lo general se encargaban de difundir las de otros. Eran una suerte de “Internet físico”, difundiendo información por toda la Europa medieval.

Pero al igual que ocurre en la actualidad, existían limitaciones a la hora de garantizar las licencias y el cobro por los derechos de autor. Por un lado, era común el robo de las obras para su explotación pública. Ramón Menéndez Pidal pone como ejemplos que el exordio del poema “Doon de Nanteuil” advierte que la obra fue arrebatada al autor que no la quería vender a ningún precio, y también que el rey Alfonso X denuncia como Pero da Ponte se había enriquecido robando los cantares de Alfonso Eáñez, entre otros muchos. Saltando varios siglos y cambiando de país, es bien sabido que Shakespeare nunca le daba a los actores de su compañía el texto completo de sus obras para los ensayos; solamente recibían la parte de su personaje que tenían que aprenderse, dado que suponía un grave riesgo de plagio el que la obra circulase en una versión completa. A pesar de todo, las compañías rivales tenían escribas en los estrenos que transcribían el texto al papel según iba siendo interpretada en escena, tal y como hacen los chinos hoy en día al grabar las películas en los cines para abastecer la oferta del “top manta”.

Por otra parte, el problema que existe ahora de la transformación de una obra original sin el consentimiento del autor, amparada por la facilidad de uso de los programas de edición digital, en el medievo tenía su equivalente en la refundición de textos. En palabras de Menéndez Pidal: “Otras veces, sin duda las más, tratándose de géneros de poesía muy populares, donde el manifiesto del autor es escaso o nulo, el juglar se apropiaba de una obra refundiéndola, corrigiéndola a su modo para que resultase superior, y así transformada la presentaba al público como única redacción auténtica”. No era, no obstante, algo tan negativo, dado que a menudo el “refundidor” conseguía adaptar obras pasadas de moda al gusto del público del momento, prolongando de esta manera la vida del texto.

Lo que queda claro es que la tecnología puede haber acentuado el problema del pirateo pero que éste siempre ha estado allí. ¿Quién no ha tenido decenas de discos en cintas de cassette grabadas?

martes, 26 de julio de 2011

África digital: ¿un modelo de desarrollo?


Me deja estupefacto un artículo de “Time” del número del 11 de julio, en el que Alex Perry describe y ensalza el vertiginoso crecimiento del uso de TIC en África, especialmente en Kenia y Tanzania. Lo malo que tiene esta conocida publicación es que parece sometida a un trastorno bipolar: pasan de los artículos más negros y agoreros a otros que irradian optimismo, como el que nos ocupa. El caso es que describe la fuerte penetración que ha experimentado la comunicación vía móvil en el continente – habla de una penetración de alrededor del 50% de la población de los países en su conjunto y de un 92% en el caso de Kenia-, y como este factor se está convirtiendo en un motor de desarrollo económico.

El autor (o autora porque podría llamarse Alexandra) aporta cifras sobre el uso de teléfonos móviles: de prácticamente ninguno hace una década a medio millardo en la actualidad, prácticamente uno por cada dos africanos. De acuerdo con el Banco Mundial, cada 10 móviles adicionales por cada 100 habitantes, el PIB aumenta del 0,6 al 1,2%.  De disponer de un solo cable submarino que conectaba África con otros continentes en 2007, en 2011 ya dispone de 7, y se prevé que en 2013 sean 12.  El uso de Internet por parte de la población africana también crece exponencialmente. En 2010 África ya superaba a Europa Occidental en número de clics en anuncios de Google, por poner un ejemplo.

Pero lo realmente interesante es que el continente negro no es un mero consumidor pasivo de servicios digitales. En países como Kenia, empresas locales como Safaricom han sido pioneras en desarrollar un sistema de banca para móviles destinado a mercados masivos (M-Pesa – Pesa quiere decir dinero en swahili), que ha sido copiado en otras partes del mundo. La plataforma Ushahidi (“testimonio” en swahili) para geolocalizar desastres nació en Nairobi, tras las violentas luchas políticas que tuvieron lugar en 2007, y ahora es la principal herramienta en todo el mundo para informar de crisis, levantamientos o desastres naturales (utilizada 14.000 veces en 128 países). Esto ha llevado a etiquetar a la región como “Silicon Savanna”, como un guiño al Silicon Valley californiano.

A lo mejor mis estudios de desarrollo económico quedaron desfasados con el cambio de siglo, pero no entiendo cómo se puede hablar de iniciar la senda del desarrollo en un continente que carece de infraestructuras físicas, donde la agricultura de subsistencia sigue ocupando a gran parte de la población, donde la gran mayoría de los ciudadanos de los países vive en la extrema pobreza y en el analfabetismo, donde el desarrollo urbano es escaso y caótico, y finalmente, donde los gobiernos son corruptos hasta extremos inconcebibles, por citar solamente unas pocas características del panorama africano. No niego que no sea positivo el surgimiento de una industria TIC pero creo que es a todas luces insuficiente para incorporar a las naciones de África al club de los países emergentes (aunque habría que estudiar si el despegue digital de potencias como India está beneficiando realmente a toda la sociedad y a la economía local, o si por el contrario supone una burbuja de aceite dentro del sistema productivo que beneficia solamente a una minoría). A mi modo de ver no se puede apostar por un modelo de crecimiento basado en tantos desequilibrios.

jueves, 21 de julio de 2011

Divertimentos filosóficos estivales

Comentando con Zeque en la oficina el artículo de Muñoz Molina en la edición de “El País” del domingo pasado, que versaba sobre Nietzsche y Thomas Mann, le he empezado a recitar todos los libros del filósofo teutón que he leído, a saber: “Más allá del bien y del mal”, “Así habló Zaratustra”, “Aurora”, “El Anticristo”, “El nacimiento de la tragedia” (mi favorito) y  “Ecce Homo”, aparte de la biografía que de su vida y pensamiento escribió su adorada Lou Andreas Salome (¡qué gran mujer!). A grandes rasgos, Muñoz Molina defiende que Nietzsche hubiese sido un gran tuitero y bloguero en la actualidad por lo que llama “su capacidad para escribir al instante”. Estoy de acuerdo y creo que lo que me ha atraído siempre hacia su prosa es la inmediatez de su mensaje, a pesar de estar revestida de metáfora, su afición por el aforismo, y su capacidad para soltar sentencias lapidarias, algo muy ejercitado por los pedantes aprendices de gurú o chamán que pueblan Twitter, cuyas fuentes de información se limitan a Wikiquotes o a la revista “Muy interesante”, dado que dudo que hayan leído a todos los autores que citan.

Y lo cierto es que la filosofía puede ser divertida. Como decía Borges (no recuerdo dónde ni me apetece ponerme a buscarlo), a las creencias religiosas y a  las ideas filosóficas hay que juzgarlas no tanto por su valor dogmático sino por lo que tienen de mágico y maravilloso, y yo añadiría, y de estético. Existen sistemas de pensamiento que son más atractivos que otros, más sugerentes y bonitos, independientemente que nos los creamos o no.

Dentro de la filosofía griega presocrática, siempre me ha gustado más la idea del devenir de todas las cosas del jonio Heráclito (“no te meterás dos veces en el mismo río”), que la inmutabilidad del cosmos que pregonó Parménides y amplificó la Escuela de Elea, sobre todo el cansino de Zenón, que organizaba carreras absurdas entre semidioses y tortugas. Bien es verdad que a Heráclito sus vecinos de Efeso le apodaban “El Oscuro” porque nadie se enteraba de lo que quería decir con tanta imagen sobre ríos, caminos, guerra y fuego, y que acabó sus días enterrado en mierda para curarse una enfermedad. Una mala tarde la tiene cualquiera.

Siempre he sido fan de Platón, a pesar de mi convicción empirista, y en cambio me ha caído gordo Aristóteles. Los diálogos de Platón son entretenidos (y algunos acaban en orgía, como “El banquete”) y existen cosas en su entramado intelectual que me atraen, como por ejemplo la teoría del alma que expone en el “Fedro”. Representa el alma humana como un carro con dos caballos, uno negro y otro blanco. El áuriga es la parte racional e inmortal que domina y guía al caballo negro, la parte concupiscible o relativa a las pasiones o apetitos terrenales, y al blanco, que representa a los sentimientos, tanto buenos como malos. Yo a menudo siento como se me desbocan los caballos… De Aristóteles he leído la “Metafísica”, la “Poética” y la “Ética a Nicómaco”, pero no me llega. No me extraña que a su discípulo Alejandro le diese por conquistar Asia de puro aburrimiento.

Me leí “Los sucesivos” de Guillermo de Occam buscando el principio de la navaja, según el cual, de dos teorías con las mismas consecuencias tiende a ser válida la más simple. Es un principio aplicable a la vida cotidiana. Pero no viene en ese libro, y lo que es peor, algunos dicen que se le atribuye pero que no es suya. Me podían haber avisado antes de empezarlo, leñe. A Santo Tomás, que no me interesa, le debo el haber aprobado la selectividad (aunque luego me bajo la nota un determinante cabrón que no supe resolver satisfactoriamente, pero esa es otra historia), y le respeto por la iniciativa que tuvo de intentar racionalizar la fe (algo contradictorio en sí mismo). Por la misma razón me inicié en la Cábala judía, no en la que habla de fabricar un golem o de conjurar a demonios de los círculos exteriores, sino en la que surge en el siglo XIII como respuesta a la escolástica cristiana con el fin de crear una filosofía religiosa, aunque los hebreos se empeñen en que surgió en la época del Antiguo Testamento (no se lo creen ni ellos). Mi amigo Paco el @gasolinero de Tomelloso también es cabalista.

De Descartes me gusta su metodología de dudar de todo hasta que llegues a algo de lo que no puedes dudar (difícil en la actualidad, me temo), para volver a reconstruir el sistema de creencias. Y de Leibniz me leí hace poco su “Monadología”, pero no me enteré muy bien qué es una mónada y si puede encontrar un hueco confortable en la física actual, entre el Principio de Incertidumbre de Heisenberg y el minino de Schördinger, ése que se moría y no se moría al mismo tiempo (habrá post sobre esto, lo juro).

Debo reconocer que los empiristas británicos me fascinan, les veo como protopunks filosóficos, que niegan todo y ponen en cuestión hasta lo más evidente. George Berkeley afirmaba que solamente existen las cosas mientras las percibimos, una idea maravillosa porque sitúa al perceptor como eje y justificación del universo. ¿Qué sentido tendría una hermosa laguna en el planeta Marte si nunca la va a ver nadie? ¿Existe si no existe para nadie? David Hume fue más lejos y negó al perceptor: solamente somos una sucesión continua de percepciones que generan una ilusión de yo. También negó el principio de causa y efecto: es tan ridículo creer en él como un gallo que pensase que el sol sale por las mañanas porque él canta.

La dialéctica de Hegel, de la que luego se apropió su alumno aventajado Karl Marx para postular el materialismo histórico, la suelo aplicar a la vida corriente. Por ejemplo, yo de joven era heavy (ya sabéis, camisetas negras estampadas con monstruos y diablos), esa es la tesis; luego me empezó a gustar el punk y la New Wave y pasé a renegar de mis antecedentes metalúrgicos, fase de antítesis; y finalmente, ahora puedo escuchar “The Number of the Beast” de Iron Maiden y seguidamente el disco en inglés de Carla Bruni (no quiero oír risitas, que es francamente bueno), lo que nos daría la etapa de síntesis.

Finalmente, y sin intención de extenderme (más), quiero destacar también a los existencialistas franceses, sobre todo a Sartre y Camus, tan distintos y tan distantes de la histeria de sus predecesores de inclinación cristiana como Kierkegaard. El caso de Sartre es el de un sistema filosófico profundamente humanista, que invita a pensar en y a cuidar de los demás. El propio Sartre es el mejor divulgador de su pensamiento por lo bien que expone su complejidad (cuando quiere) para que la entienda todo el mundo, como en la conferencia “El existencialismo es un humanismo” o en “Existencialismo y emociones humanas” de 1957. De Camus me fascinó la idea que expone en “El mito de Sísifo” de que, al disponer de conciencia, somos extraños en nuestro propio mundo, es decir, que la inteligencia y el raciocinio nos erradica de él, a diferencia de plantas y animales que son parte de un todo. De Heidegger intenté leer “El ser y el tiempo” y a la altura de la página 60 me di cuenta de que no me había enterado de absolutamente nada y lo dejé. Todo coco tiene su límite, supongo, y el mío ya echaba humo.

En fin, siento esta ida de olla estival pero es que las tardes de verano son muy largas.

martes, 19 de julio de 2011

utopic_US: la creatividad y la innovación como utopías


Fotografía procedente de la web de utopic
La semana pasada tuve el placer de conocer la experiencia utopic_US de la mano de Maijo Mora (@MaijoMora), que a modo de una moderna Beatrice Portinari, me introdujo tanto en el espacio físico del centro como en la filosofía que guía su creciente actividad. El local que hace las veces de sede de utopic, situado en un viejo comercio del centro de Madrid junto a la Plaza Mayor, presenta una estética híbrida entre la tradición y la vanguardia; el visitante nuevo se encuentra en un espacio con puestos de trabajo informatizados entre columnas metálicas estrechas propias de la primera mitad del siglo XX. Nada más entrar y contemplar el espacio de coworking nos asalta la pregunta: ¿qué se  está cociendo aquí?

utopic_US, partiendo de la abstracción para luego bajar a lo concreto, es en palabras de sus responsables, “una Usina de Transformación Creativa, una compañía de creación abierta a profesionales multidisciplinares comprometidos con la realización de sueños. Más que un espacio físico, es un espacio de ideas, de entender el trabajo, las relaciones personales y las organizaciones empresariales.” Parte para ello de la idea de “coworking”, un concepto que se basa en que profesionales de distintos sectores de actividad comparten un espacio físico de trabajo, de forma que colaboran entre sí, se relacionan e intercambian conocimientos y experiencia. A pesar de estar muy escorado hacia actividades relacionadas con las TIC, utopic también alberga a profesionales de sectores en principio ajenos a la tecnología, como por ejemplo, el diseño de moda y de joyería. Aparte de las relaciones cotidianas fruto de compartir a diario “la pradera”, desde la organización se realizan reuniones periódicas de coworkers en las que cada uno cuenta a los demás en qué está trabajando. Se busca sobre todo estimular la colaboración entre profesionales.

Como comentaba en el post correspondiente, uno de los hallazgos de Steven Johnson tras estudiar durante cinco años a profesionales innovadores es que éstos no acotan su espectro de relaciones a personas de su mismo sector de actividad; por el contrario, muestran un marco de contactos heterogéneo en saberes y disciplinas, lo que les permite importar ideas y soluciones de áreas del pensamiento ajenas a su objeto de trabajo. Creo que por aquí van los esfuerzos de utopic_US.

Pero utopic tiene otras dimensiones adicionales y complementarias. Ofrece formación sobre las temáticas más diversas a precios módicos, en el denominado utopic_school, y dispone de un espacio para celebrar eventos, a disposición de terceros, en el que sin ir más lejos recientemente han tenido lugar INNOSFERA y la presentación del libro “Mundo Twitter”, por poner dos ejemplos.  Por último, el centro cuenta con una sala de exposiciones en el sótano que incrementa el carácter cultural del proyecto.

Utopic_US demuestra que es necesario utilizar la creatividad y la imaginación para adaptarse al nuevo mundo que emerge, ahora que los viejos paradigmas sociales y empresariales están haciendo aguas. Confío sinceramente en que la iniciativa sea un éxito y que alumbre nuevos modos de trabajar colaborativos y eficientes que sean replicados en otros lugares.

(Gracias Maijo por la visita ;-) )

martes, 5 de julio de 2011

La globalización, otro mito que cae

Allá por 1993, cuando me dedicaba a consultoría TIC y al desarrollo regional, siempre hablábamos en nuestros sesudos libros e informes sobre la globalización, sobre un mundo hiperconectado y sin barreras, que implicaba la desaparición de los mercados locales aislados y endogámicos. Los lustros siguientes parecían darle la razón a estas teorías, con la llegada de Internet, las redes sociales y la homogeneización de modas y costumbres a lo ancho y largo del globo. Pues bien, según el profesor de IESE Pankaj Ghemawat, esto no es del todo así: vivimos en un mundo mucho más pueblerino de lo que creemos.

En su último libro “World 3.0” (que no he tenido el gusto de leer), Ghemawat demuestra que nuestro mundo se halla en un estado muy bajo de globalización, lejos de esa visión –que él denomina “Mundo 2.0”-, de un planeta plano con una red global que permite trabajar en tiempo real independientemente de la geografía y la distancia. Este escenario estaría en conflicto con el “Mundo 1.0”, que es el de toda la vida: proteccionista e hiperregulado. Él defiende que nos hallamos en el “Mundo 3.0” que se caracteriza por una situación de semiglobalización.

Su tesis reposa sobre el hecho, que prueba con cifras, de que la mayor parte de la actividad económica no traspasa las fronteras nacionales. Resulta sorprendente, por ejemplo, que el volumen mundial de inversión extranjera (la que realizan las empresas de un país fuera de sus fronteras) no sobrepasaba el 3 por ciento en 2009. Solamente entre el 10 y el 25 por ciento de la actividad económica del mundo es internacional. El 80 por ciento de la inversión de capital de las empresas se realiza en sus propios países. Únicamente el 2 por ciento de los estudiantes lo hacen fuera de su país y menos del 20 por ciento del tráfico de Internet trasciende las fronteras nacionales. Las relaciones entre países son más estrechas cuanto más cerca están geográficamente (fronterizos) o si pertenecen a áreas de interés, común como la UE. La distancia diluye las relaciones.

No dejan de ser alucinantes lo datos que aporta y que ponen en entredicho la “visión oficial” de la actualidad, que ha sido condicionada por el deseo de unos (los que lo ven como una oportunidad para ganar inmensos beneficios) y por el miedo de otros (los que ven amenazada su forma de vida) a que sea así.

Pankaj Ghemawat sostiene que profundizar en el proceso de globalización puede traer grandes beneficios a la economía mundial en su conjunto, tanto la liberalización del comercio entre países creando mercados más libres y con menos barreras, como la libre circulación de trabajadores entre los estados. La integración aumentaría la prosperidad general.
 
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