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lunes, 3 de junio de 2019

La edad de oro de la televisión



En menos de treinta años nuestro país ha pasado de tener una oferta televisiva basada en exclusiva en dos canales públicos, a gozar de un complejo y variado ecosistema audiovisual poblado de numerosos agentes y de no menos soportes distintos para hacer llegar contenidos hasta el espectador.

Los cambios en el mercado y la rápida evolución tecnológica que ha conocido el sector han tenido consecuencias sociológicas importantes, de forma que, frente al televisor del siglo XX que aglutinaba a toda la familia en la sala de estar de la casa para ver la programación lineal generalista, el consumo televisivo actual ha sido erradicado del dispositivo que le daba nombre y tiene lugar en cualquier aparato digital de los que nos rodean, ya sea el ordenador, la tableta, la consola de videojuegos o el teléfono inteligente.

Además, ver la televisión o -en términos más genéricos- consumir contenidos audiovisuales, se ha convertido en una actividad ubicua, dado que la podemos llevar a cabo en cualquier lugar y en cualquier momento, siempre que dispongamos de acceso a las redes de telecomunicaciones.

El espectador español ha visto cómo en los últimos años se multiplicaba y enriquecía la disponibilidad de contenidos a los que podía acceder y la cantidad de plataformas que los suministran. Casi se puede hablar de una edad de oro de la televisión, en la que las transformaciones se suceden a una velocidad vertiginosa.

Los grupos de televisión tradicionales han tenido que hacer hueco en el sector a nuevos participantes, en principio con modelos de negocio completamente ajenos, como las operadoras de telecomunicaciones -Telefónica, Vodafone y Orange- o las empresas de internet, como Netflix o Amazon.

A pesar de que el mercado de la televisión español no es tan maduro como el de países como Estados Unidos, muchas de las tendencias expuestas anteriormente ya están presentes en nuestro país. Y, sin duda, la principal es el crecimiento espectacular de los abonados a la televisión de pago.

A finales del año pasado había en España más de seis millones y medio de abonados a la televisión de pago en sus distintas modalidades, según los datos publicados por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), lo que supone un crecimiento de casi el 40% desde 2010. De hecho, los ingresos de la televisión de pago en España crecieron un 14% en 2017

De esos seis millones y medio, casi cuatro millones están abonados a televisión por internet. En mayo, una nota de prensa de la CNMC anunciaba que tres de cada diez hogares con internet ya consumen contenidos audiovisuales online de pago. El cambio de cultura que consiste en sustituir la televisión lineal en abierto por contenido de pago bajo demanda parece imparable.

En 2016 la oferta televisiva en nuestro país aumentó y se diversificó con la llegada de las plataformas extranjeras, primero Netflix y un poco después HBO. Les siguieron Amazon Prime Video y, en septiembre de 2017, Sky. Todas ellas entraron en competencia directa con las plataformas locales como Movistar+, Filmin y Wuaki (rebautizada como Rakuten TV).

Y, sin embargo, la feroz competencia que parecía venir ha dado paso a una serie de alianzas que, en cierta medida, han calmado las aguas del mercado. Telefónica llegó el año pasado a un acuerdo con Netflix para incorporar sus contenidos en las plataformas de vídeo y TV de la compañía en España y Latinoamérica, de forma que las tres grandes operadoras disponen ya de dicha oferta, pues Vodafone y Orange la tenían incorporada. 

En agosto 2018 saltó la noticia de que Telefónica también está en tratos con Amazon Prime para añadir Prime Video a sus paquetes convergentes (fijo, móvil y televisión), negociación que también estaría llevando a cabo Vodafone, que además de Netflix ya tiene también la oferta de las series de éxito de HBO. 

En suma, lo que inicialmente parecía una estrategia comercial de competir con el contenido propio de calidad parece haber evolucionado hacia el deseo de crear una oferta global que incorpore todas las series más sobresaliente del mercado, vengan de donde vengan. 

El modelo de negocio audiovisual a través de internet es simple y económico, pues evita tener que invertir en costosas licencias y permite centrarse en desarrollar un contenido audiovisual atractivo, como explica Mitch Lowe de Netflix: 

“La era de la televisión abierta durará quizá unas décadas más: el vídeo por Internet continuará expandiéndose y terminará por absorberla. Competir por una licencia televisiva es prohibitivo para la mayoría, pero para entrar en la red sólo tienes que tener un buen contenido y hacerlo accesible.” 

Quizá estemos entrando en una edad de oro de la televisión, en la que el espectador cada podrá acceder a un mayor número de contenidos de calidad, de una forma cada vez más personalizada y adaptada a sus necesidades y preferencias.

martes, 22 de mayo de 2018

El ecosistema Fintech español

El sector financiero ha sido tradicionalmente uno de los primeros en asumir la innovación tecnológica, primero, con la informatización, más tarde, ofreciendo servicios a través de Internet, y ahora, adaptándose a las necesidades de la sociedad digital. La revolución viene de la mano de empresas tecnológicas, las denominadas Fintech, cuyas soluciones financieras han hecho reaccionar a la banca tradicional, que se ha puesto a generar innovación al servicio del cliente.

El denominado ecosistema Fintech español es el objeto de estudio del informe Fintech, innovación al servicio del cliente elaborado por el Observatorio de la Digitalización Financiera Funcas-KPMG. La meta, según sus autores, es ofrecer a la sociedad una visión de las transformaciones que se están produciendo en el sector financiero de nuestro país desde la perspectiva de la oferta y de la demanda.

Un primer paso de este trabajo es definir claramente qué es una empresa Fintech, que es aquella que ofrece servicios financieros con las tecnologías más modernas. Este tipo de compañías presenta seis rasgos distintivos:

  1. Su oferta de productos financieros es totalmente online
  2. Utilizan tecnologías disruptivas, tienen estructuras flexibles y metodologías de trabajo ágiles.
  3. Se basan en una filosofía centrada en el cliente
  4. Suelen basarse en un modelo monoproducto
  5. Favorecen la inclusión financiera y la transparencia
  6. Reducen los costes de los servicios actuales
Existen unas 15.000 empresas Fintech en todo el mundo y en nuestro país hay más de 300, que emplean a más de 3.500 trabajadores y que facturan más de 100 millones de euros. España es el 6º país del mundo en número de Fintechs y el 5º en cuanto al uso que hacen las personas de este tipo de servicios.

Las empresas tecnológicas centradas en aplicaciones financieras han actuado como catalizador de la digitalización de las entidades financieras y de la sociedad, favoreciendo la inclusión financiera y la democratización de los servicios, mediante unas políticas de innovación centrada en el cliente.

Aunque en un principio se produce una fuerte competencia entre las start-ups tecnológicas y la banca tradicional, actualmente ambas partes consideran más positivo y más rentable el aliarse y colaborar.
Curiosamente, tras producirse el tándem de cooperación entre la banca y las tecnológicas, aparecen en el horizonte del sector financiero nuevos agentes externos que pueden convertirse en competencia a medio plazo: las GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) y las BAT (Baiudu, Alibaba, Tencent).

Para comprender la estructura del sector, la Asociación Española de Fintech e Insurtech clasifica las empresas en doce verticales:

  • Asesoramiento y gestión patrimonial.
  • Finanzas personales. Comparar productos financieros y optimización de finanzas personales.
  • Financiación alternativa. Préstamos sin garantía, Crowdlending y Crowdfunding.
  • Crowdfunding/lending sobre activos o bienes tangibles.
  • Servicios transaccionales/divisas. Se trata evitar los costes de la intermediación bancaria.
  • Medios de pago. Entidades que prestan medios de pago electrónicos.
  • Infraestructura financiera. Entidades dedicadas a la mejora de la tecnología existente para la prestación de servicios financieros.
  • Criptocurrencies y blockchain.
  • InsurTech. Tecnología aplicada al sector seguros.
  • Identificación online de clientes.
  • Big data. Generar servicios aprovechando los datos.
  • Neobanks y Challenger Banks. Bancos 100% digitales que utilizan el smartphone o las redes sociales para relacionarse con sus clientes.

Las empresas fintech españolas de acuerdo con el informe basan principalmente su modelo de negocio en los servicios de pago (76% del total) y en menor medida en servicios gratuitos (21%), teniendo poco peso por ahora los servicios freemium (3%).

Los ingresos vienen principalmente de las comisiones por la prestación de servicios financieros (45%), por el pago por uso (25%) y por las comisiones de transacciones (25%).

Finalmente, de todas las empresas Fintech encuestadas para este estudio, el 75% contempla a los bancos tradicionales como colaboradores y solamente una cuarta parte los concibe como competidores.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Economía de los Datos: la riqueza de la era digital

Los datos se han convertido en un factor de producción de cualquier proceso económico actual. Aunque en estado bruto, el dato carece a priori de valor, a través de su tratamiento, procesamiento y análisis científico se puede convertir en conocimiento útil y original. Nunca antes se pudieron interpretar los datos como podemos hacerlo hoy gracias a las innovaciones en big data y en Ciencia de los Datos.

Economía de los Datos. Riqueza 4.0 es una nueva publicación de Fundación Telefónica dirigida por Emilio Ontiveros y coordinada por Verónica López Sabater (Analistas Financieros Internacionales) que persigue exponer la capacidad de innovación que se le presenta a las personas, las empresas y las Administraciones públicas, a partir de la explotación inteligente del dato.

La Economía de los Datos puede definirse como el conjunto de iniciativas, actividades y/o proyectos cuyo modelo de negocio se basa en la exploración y explotación de las estructuras de bases de datos existentes (tradicionales y procedentes de nuevas fuen-tes) para identificar oportunidades de generación de productos y servicios.

En términos de generación de valor, el big data puede desarrollar un mayor conocimiento sobre el perfil del cliente, una reducción en los costes mediante la detección y la resolución de ineficiencias y la creación de nuevos productos y servicios de informa¬ción o la implantación de nuevos negocios.

La data science, que engloba métodos computacionales, matemáticos y estadísticos, nos permite responder a preguntas dentro del marco empresarial aplicando el método científico, pasando de la teoría a la práctica, describiendo, anticipando y prediciendo sucesos y prescribiendo acciones.

Según la Comisión Europea, se estima que la Economía de los Datos en la Unión Europea ascendía a un valor de 272.000 millones de euros en 2015. McKinsey estima que el PIB de la economía europea podría incrementarse en 2,5 billones en 2025 si alcanzara un mayor potencial, especialmente en las empresas más retrasadas en términos de digitalización. En el caso de Estados Unidos, McKinsey estima que el Internet de las Cosas, la analítica de datos y las plataformas de talento online podrían añadir 2,2 billones de dólares al PIB de la economía americana en 2025.

El 70% de las empresas financieras del mundo declara que ya han hecho proyectos big data, enfocados, principalmente, en el conocimiento profundo de los clientes, la mejora de sus modelos de propensión a la adopción de sus productos, el análisis de riesgos o la detección de fraude de diferentes tipos, como en transacciones con tarjetas de pago o peticiones de préstamos.

En el caso del sector telecomunicaciones, aproximadamente el 60% de las organizaciones está realizando proyectos big data para analizar la movilidad de sus usuarios, entender cómo están conectados, mejorar sus campañas de marketing o realizar comunicaciones personalizadas gracias a la información geográfica que tienen.

En los medios de comunicación el principal uso del big data está relacionado con la recomendación personalizada de contenidos y la creación de nuevos productos basados en datos, y un 73% de estas empresas declara estar inmerso en este tipo de proyectos.

En España, el 84,8% de las compañías está realizando proyectos big data o tiene planes inminentes para hacerlo.

En América Latina, los países donde más se está apostando por el desarrollo de esta tecnología son Brasil, México y Argentina, donde más de un 75% de las empresas declara que es estratégico para ellas, está realizando proyectos o tiene planes para llevarlos a cabo en los dos próximos años.

Finalmente, es importante destacar que la Economía de los Datos puede convertirse en una fuente de creación de empleo, especialmente a través de la demanda que realiza de nuevos perfiles profesionales.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Vaticinando el futuro tecnológico de la empresa


El estudio sobre la manera en que el cambio tecnológico afecta en la actualidad, y en el futuro inmediato, a la empresa es un ejercicio común realizado por think tanks y empresas de consultoría.

En este caso es Gartner la que nos ofrece una predicción a través de su modelo 2014 Hype Cycle for Emerging Technologies Maps, un esquema de trabajo que permite prever qué tecnologías emergentes irán impactando en los modelos de negocio empresariales en el corto, medio y largo plazo.

La curva que aparece en la figura siguiente establece el ciclo de evolución de cada tecnología emergente desde que nace producto de la innovación hasta que contribuye definitivamente a mejorar la productividad.


En función de este modelo Gartner define un recorrido que siguen las empresas de cara a convertirse en negocios digitales. Son seis etapas o fases:

  1. Analógica
  2. Web
  3. Comercio electrónico
  4. Marketing digital
  5. Negocio digital
  6. Autónomo
El esquema del hiperciclo solamente afecta a los tres últimos estadios:

Marketing digital: es un estado producto de la conjunción de una serie de fuerzas: comunicaciones móviles, medios sociales, la nube y la información. La empresa despliega medios más sofisticados para llegar hasta un consumidor que se involucra en las campañas de marketing como una forma de adquirir notoriedad social, o un valor añadido de producto o servicio.

Esta fase implica a tecnologías relacionadas con: hybrid cloud computing, neurobusiness, gamification, realidad virtual, realidad aumentada, big data…

Negocio digital: una fase que se centra en la convergencia entre personas y cosas. El Internet de las Cosas hace que se diluya la separación entre el mundo real y el virtual. Los activos físicos se digitalizan y forman parte de la cadena de valor junto con elementos virtuales como programas y apps. La impresión en 3D supone un factor disruptivo en la cadena productiva y en la fabricación.

Esta fase implica entre otras a las siguientes tecnologías: impresión y bioimpresión en 3D, Internet de las Cosas, wearables, hogar conectado…

Autónomo: fase final en la que la empresa aplica tecnología para crear capacidades humanas. Por ejemplo, vehículos autónomos que mueven objetos a transportan personas, sistemas cognitivos para redactar textos o programas inteligentes para responder a preguntas de los clientes.

Las tecnologías asociadas a esta etapa son entre otras: asistentes personales virtuales, computación cuántica, vehículos autónomos, robots inteligentes, biochips…

martes, 18 de febrero de 2014

Empresas digitales para los nuevos mercados


Otra vez me ha salido un post que lleva la palabra digital, o una de sus variantes, en el título. A riesgo de parecer más repetitivo que la cebolla, lo cierto es que todo indica que las economías emergerán de la crisis en un entorno más relacionado con los unos y los ceros que con la tradición analógica anterior.

Esta vez el análisis se lo debemos a Accenture y a su informe Remaking Costumer Markets, un trabajo que analiza cómo serán los mercados de las empresas cuando salgamos de la crisis. Y la verdad es que el panorama impresiona, aunque se enfoque como un reto o desafío.

El estudio parte de una encuesta a 500 empresas de 10 países acerca de qué factores consideran que van a determinar su estrategia en los próximos cinco años.

El escenario al que se enfrentan las compañías está marcado por dos factores: la incertidumbre en las condiciones macroeconómicas y la innovación disruptiva, ese viejo conocido del que hablábamos en el post anterior. La tecnología va a rediseñar las normas de funcionamiento de los sectores económicos y a difuminar sus fronteras, de forma que las compañías de un área económica pueden llegar a competir con otras de sectores que aparentemente son ajenos.

Resulta significativo que alrededor del 80% de las empresas consultadas planean su crecimiento en torno a nuevos modelos de negocio. En muchos casos se prevé operar en nuevas áreas de negocio estableciendo alianzas flexibles con socios estratégicos, pero no se contemplan tanto los modelos tradicionales de fusión o absorción.

Las tecnologías digitales rompen las fronteras que separan las actividades económicas, fomentando el “intrusismo” de agentes distintos de los tradicionales, y en concreto el informe identifica seis áreas donde esto es más acentuado:

  • Salud
  • Pagos
  • Compras
  • Educación
  • Producción
  • Transporte

Para poder sobrevivir y triunfar en este nuevo entorno las empresas deben ser capaces de desarrollar tres tipos de habilidades:

  1. Conocer los mercados; poder anticiparse a las necesidades de los consumidores y prever las tendencias.
  2. Realineamiento organizativo; la habilidad para reorientar la empresa con agilidad para enfrentar nuevos retos y oportunidades.
  3. Orquestar el ecosistema;  capacidad para organizar a un elevado número de proveedores y colaboradores, y optimizar el funcionamiento de esas redes en beneficio del negocio.

En un modelo inédito de funcionamiento no existen todavía reglas o modos cerrados de funcionar, pero las tendencias actuales defienden aspectos como el desarrollo de las habilidades de la mano de obra mediante la tecnología (aumento de la eficiencia) o la creación de una cultura corporativa colaborativa, mediante el uso de redes sociales o fórmulas como el crowdsourcing.

miércoles, 22 de enero de 2014

Cómo digitalizar tu negocio en nueve pasos


Con ese sentido práctico y directo que caracteriza al mundo anglosajón, George Westerman y Andrew McAfee del MIT, junto con Didier Bonnet de Capgemini, nos proponen nueve pasos o elementos que debe asumir una empresa para convertirse en un negocio digital.

Este informe, The Nine Elements of Digital Transformation, está basado en las entrevistas realizadas a 157 ejecutivos de 50 grandes empresas de 15 países distintos. Se supone que las compañías seleccionadas van en vanguardia en términos de digitalización del negocio y son líderes en el proceso de convertir la tecnología en cambio. 

No obstante, los autores reconocen que ninguna de las organizaciones consultadas cumple las nueve condiciones del modelo; más bien juegan con los distintos aspectos en función de sus intereses y objetivos.

Este esquema está dividido en tres apartados: transformar la experiencia del cliente, transformar el proceso operativo y transformar el modelo de negocio.

Transformar la experiencia del cliente

Este epígrafe incluye los siguientes aspectos:

Comprender al cliente. Las empresas utilizan los medios sociales digitales para entender el comportamiento del cliente: qué le gusta y qué le disgusta. La analítica se perfila como esencial en este entorno para poder extraer información útil sobre los mercados de una avalancha de datos.

Primera línea. Se trata de impulsar la actividad comercial de la compañía mediante la tecnología, establecer una comunicación más directa, acercarse al cliente y ofrecerle un trato personalizado. Recopilar datos del cliente permite adaptar la oferta a sus necesidades y crear una experiencia en torno a la venta.

Interacción con el cliente. Los medios sociales ofrecen canales más directos que los de antaño para mantener una relación con el cliente más directa. Por ejemplo, numerosas compañías han habilitado perfiles de Twitter o Facebook como ventanillas de atención al cliente; otras realizan ofertas y promociones a través de las redes sociales.

Transformar los procesos operativos

Un tema en el que hay que considerar estos tres factores:

Digitalización de los procesos. La automatización de los procesos más elementales y repetitivos permite a la empresa concentrarse en actividades de mayor creatividad y valor añadido.

Habilitar al trabajador. La tecnología de comunicación habilita al trabajador para realizar sus tareas de forma virtual, desde cualquier lugar, sin necesidad de estar presente en un lugar o sede concretos. Esta flexibilidad y ubicuidad mejora e impulsa la comunicación entre los miembros de la empresa y entre éstos y el cliente.

Mejoras en la gestión. La afluencia de información del mundo global digital permite a los gestores de las empresas conocer mejor los productos, las regiones y a los clientes. La transformación digital cambia de hecho el propio proceso de toma de decisiones.

Transformar los modelos de negocio

Desde una triple perspectiva:

Negocios modificados digitalmente. La idea básica no es aplicar la tecnología a modelo de negocios existentes sino transformarlos gracias a la tecnología.

Nuevos negocios digitales. Al negocio tradicional de la empresa ahora se le suman nuevos negocios paralelos basados en la tecnología, por ejemplo, a través de la oferta de información especializada o servicios de geolocalización.

Globalización digital. La tecnología permite que las empresas trabajen en mercados locales pero beneficiándose de las sinergias de la globalización. Las redes ofrecen gran número de servicios para empresas muy competitivos que ya no tienen que prestarse localmente.

jueves, 21 de noviembre de 2013

¿Cómo sacar dinero de los contenidos digitales, si se pudiera o pudiese?

Uno de los grandes problemas con que nos estamos enfrentando dentro de esta revolución digital en la que estamos inmersos está relacionado con el hecho de que los antiguos modelos de negocios de las industrias de contenidos han dejado de funcionar en el nuevo escenario, mientras que no aparecen soluciones sólidas para rentabilizar los productos de las industrias culturales y de ocio en el mundo digital.

Es por ello que hablamos de crisis en distintos sectores cuyos productos se distribuyen gratuitamente en la red gracias a las tecnologías de la era digital (reproducción, copia y distribución), a menudo de forma ilegal, sin que sus dueños puedan cobrar por su utilización.

Rodar una película, grabar un disco, realizar una compleja investigación periodística, son actividades cuya rentabilidad está en entredicho, dado que sus productos finales pueden ser reproducidos y explotados sin el consentimiento de los autores o de los dueños de los derechos, lo que ha destruido una demanda de pago suficiente que suponga una masa crítica de consumidores dispuestos a abonar el precio que garantice el cubrir los costes de producción y el obtener un mínimo margen de beneficio.

En el campo de la prensa escrita, Jeff Bezos, fundador del portal Amazon.com y actual dueño del prestigioso diario The Washington Post expone el problema de esta manera:

“El [Washington] Post es famoso por su periodismo de investigación. Inyecta energía e inversión, sudor y dólares en desvelar historias importantes. Y entonces un puñado de webs resumen todo ese trabajo en cuatro minutos y los lectores pueden acceder a esas noticias de forma gratuita. La pregunta es: ¿cómo te puedes ganar la vida en ese tipo de entorno?”

Este tema lo trata un reciente post del blog de Harvard Business Review, When Selling Digital Content, Let the Customer Set the Price, firmado por Marco Bertini and Richard Reisman.

Su pregunta esencial es ¿cómo monetizar los contenidos digitales? Muchos intentos de cobrar por cosas que hay en Internet han fracasado. Los modelos que combinan lo gratis con el pago (freemium) no acaban de demostrar su eficacia.

Bertini y Reisman proponen una nueva aproximación al tema, o como lo llaman ellos, una nueva arquitectura basada en tres factores: empoderamiento, dialogo y reputación.

Hablando de empoderamiento, los autores consideran que igual que actualmente en ocasiones se delega en el consumidor factores de desarrollo de producto e incluso de la publicidad, ¿por qué no implicarle en la fijación del precio del producto o servicio?

La tecnología de comunicaciones actual habilita múltiples canales para que la empresa pueda establecer un diálogo con el consumidor, una conversación que puede incluir la fijación de los precios.

La reputación de la empresa está relacionada con la fidelidad del cliente. Los autores del artículo plantean relacionar la reputación de la empresa con la capacidad del consumidor de establecer el precio a los productos.

De alguna forma supone una forma de ofrecer al consumidor potencial la oportunidad de tasar los precios de los productos y servicios de la empresa, y en cierta manera, de evaluar su credibilidad. Sin embargo, no parece una propuesta lo suficientemente sólida como para sacar a la industria de contenidos de la sima en la que se ve inmersa. Por lo menos, por ahora…

martes, 3 de septiembre de 2013

La innovación en el ADN de tu empresa

Algo está cambiando en el concepto que los directivos de las empresas tienen de la innovación. De ser tradicionalmente concebida como un concepto chic de lujo que nos hace parecer modernos, ahora se ve como una necesidad inseparable de la actividad cotidiana de la compañía.

Esta es la principal conclusión que se desprende de la encuesta realizada por Pwc a 246 CEOs de todo el mundo y que recoge el informe Unleashing the Power of Innovation, que se puede traducir como “liberando el poder de la innovacion”. A través de una serie de preguntas se indaga sobre lo que opinan los directivos de la innovación y de su papel dentro de la empresa.

El principal hallazgo del trabajo es que la innovación ha ido escalando puestos en el ranking de prioridades de los ejecutivos, desde el año 2009 en que se realizó el estudio por última vez, hasta el punto de que más de la mitad de los encuestados considera que la innovación es una de sus prioridades y que en su organización son buenos a la hora de generar nuevas ideas y enfoques. Por otro lado, casi el 65% equipara en importancia la innovación con la eficiencia operativa de cara a asegurar el éxito del negocio.

Un segundo elemento es que, a diferencia del pasado, le innovación no se concentra en la mejora de productos o en crear otros nuevos, sino que trasciende ese ámbito alcanzando otros aspectos corporativos, como por ejemplo, el modelo de negocio o la experiencia de cliente. La innovación se concibe como algo más amplio que poco a poco alcanza todos los entornos de la empresa. No es algo aislado y acotado al área de I+D: afecta a todos los departamentos, como dice un entrevistado: “The key ingredient is creating an organisational culture that encourages innovation in all areas.”

Al ser preguntados sobre los ingredientes que necesita una empresa para ser innovadora, los CEOs encuestados destacaron, por encima de todo, una cultura corporativa adecuada para amparar y apoyar la innovación. Además, resaltan un fuerte liderazgo visionario, y en tercer lugar, la voluntad de desafiar las normas de la empresa y de asumir riesgos.

Otro tema de discusión son las barreras que encuentra el directivo a la hora de innovar, y dos aparecen como las principales: la falta de recursos financieros y la cultura de la organización. Sin duda la segunda se nos presenta como la más difícil de superar.

Finalmente, los autores del informe plantean a los directivos cinco aspectos clave que determinan, a su modo de ver, el carácter decididamente innovador de una empresa. Son los siguientes:

  1. ¿Tu forma de innovar refleja tu visión y apetito de innovación?
  2. ¿Con qué grado de efectividad estás articulando tu visión y apetito de innovación hacia empleados, inversores y socios?
  3. ¿Tus empleados conciben como una parte crucial de su puesto laboral la promoción y ejecución de nuevas ideas?
  4. ¿Son los procesos de toma de decisiones y de movilización organizativa lo suficientemente rápidos como para poner nuevas ideas en el mercado antes que los competidores?
  5. ¿Con qué efectividad mides el retorno de la inversión y la habilidad para satisfacer nuevas necesidades de los clientes?

sábado, 8 de junio de 2013

Ya, pero… ¿qué es exactamente la innovación?

Hay palabras que, aunque las utilizamos a diario, nos costaría dar de ellas una definición coherente de sernos requerida. La innovación, ese gran término de moda, es una de ellas.

Casualmente me he encontrado en el informe de la Comisión Europea Open Innovation yearbook 2013 un apéndice que contiene un gran número de definiciones de innovación, que he resumido a continuación.

La conclusión es que el concepto de innovación es muy abierto y sujeto a diversas interpretaciones, aunque básicamente todos los autores coinciden en que se trata de una nueva idea que altera (para mejor) un producto o un proceso. Allá van:

Nuevos productos, nuevos métodos de producción, nuevas fuentes de suministros, la explotación de nuevos mercados y nuevas formas de organizar el negocio.
Schumpeter (1934)

Generación, aceptación e implementación de nuevas ideas, procesos, productos y servicios.
Thompson (1965)

Una innovación o más concretamente una gran innovación es un cambio fundamental en un número significativo de tareas.
Wilson (1967)

La primera o de las primeras utilizaciones de una idea por una o por un grupo de organizaciones con metas similares.
Becker and Whistler (1967)

Una innovación es la adopción de un cambio que es novedoso para una organización y para el entorno relevante.
Knight (1967)

La implementación de nuevos procedimientos o ideas, ya sean producto de una invención o descubrimiento, será tachada de “innovación”.
Evan and Black (1967)

Cuando una organización aprende a hacer algo que no hacía antes y procede a hacerlo de forma sostenida ha ocurrido un proceso de innovación.
Shepard (1967)

La exitosa introducción en una situación de medios que son nuevos para esa situación.
Mohr (1969)

Una innovación es una idea, práctica u objeto percibida como novedosa por un individuo. Importa poco, en lo que atañe al comportamiento humano, si la idea es o no objetivamente nueva considerando el espacio de tiempo desde sus primeros usos o desde su descubrimiento…si la idea le parece nueva y diferente al individuo, es innovación.
Rogers and Shoemaker (1971)

La exitosa utilización de procesos, programas o productos que son nuevos para una organización y que son introducidos como resultado de decisiones tomadas dentro de la organización.
Rowe and Boise (1973)

Nueva idea, práctica o artefacto material que es percibido como nuevo por la principal unidad que lo adopta.
Zaltman et al. (1973)

Un término para definir un amplio espectro de variados procesos mediante los cuales las tecnologías del hombre evolucionan a través del tiempo.
Nelson and Winter (1977)

La innovación incluye cualquier idea, práctica o artefacto material puntual que es introducido por primera vez…y que es aparentemente discontinuo con la pasada práctica. El término innovación tecnológica además hace referencia a aquellas innovaciones que consisten en (1) un artefacto material (2) un sistema informático o (3) una idea analítica que se presta a la simbolización cuantitativa.
Yin et al. (1977)

Una innovación en la gestión es cualquier programa, producto o técnica que representa un alejamiento significativo del estado del arte de la gestión existente la primera vez que irrumpe y que afecta a la naturaleza, la localización, la cantidad o la calidad de la información disponible en el proceso de toma de decisiones.
Kimberly (1981)

La innovación industrial incluye el diseño técnico, las actividades comerciales, las de fabricación y las de gestión, implicadas en la puesta en el mercado de un nuevo (o mejorado) proceso o equipo.
Freeman  (1982)

La comercialización de un invento.
Rickards (1985)

La innovación no implica necesariamente la comercialización sólo de un gran avance en el estado del arte de la tecnología (innovación radical), sino que incluye también la utilización de cambios constantes a pequeña escala en el know-how tecnológico (innovación incremental).
Rothwell and Gardiner (1985)

La innovación es la herramienta específica para los emprendedores, el medio mediante el cual explotan el cambio como una oportunidad para un negocio o servicio diferente. Es susceptible de ser presentada como una disciplina, susceptible de ser aprendida, susceptible de ser practicada.
Drucker (1985)

El proceso de desarrollo e implementación de ideas nuevas por personas que a lo largo del tiempo se involucran con otras en transacciones dentro de un contexto institucional.
Van de Ven (1986)

El proceso mediante el cual una unidad elige una alternativa relevante que se percibe como superior y/o diferente a determinada práctica corriente o producto con el fin, o bien de corregir una deficiencia en la práctica o en el producto, o bien con el objeto de que uno o los dos puedan ser mejorados.
Rahmanseresht (1988)

La innovación incluye la apertura de mercados, la conquista de nuevas fuentes de abastecimiento de materiales, nuevas formas de organización de un sector, incluyendo la creación o destrucción de posiciones monopolísticas, así como innovaciones de procesos y productos.
Davies (1988)

La generación de una idea al innovar incorpora tanto invención como explotación.
Roberts (1988)

Un esfuerzo deliberado y concentrado para desarrollar e implementar una idea nueva de sustancial incertidumbre en términos técnicos, organizativos y de mercado, que implica un esfuerzo colectivo de duración considerable, y que requiere mayores recursos que los disponibles por las personas que están llevando a cabo dicho esfuerzo.
Angle and Van de Van (1989)

La innovación es un producto de la interacción entre necesidad y casualidad, orden y desorden, continuidad y discontinuidad.
Nonaka (1990)

Toda renovación diseñada y realizada, que fortalece la competitividad de la organización.
Vrakking (1990)

Las empresas consiguen la ventaja competitiva mediante acciones de innovación. Enfocan la innovación en sentido amplio, incluyendo tanto nuevas tecnologías como nuevas formas de hacer las cosas.
Porter (1990)

La creación del futuro-el proceso de empezar a utilizar nuevas ideas (productos, procesos, know-how, sistemas presupuestarios, técnicas de gestión, etc).
Nystrom (1990)

La capacidad innovadora es una combinación de dimensiones tecnológicas, empresariales, de mercado y otras del entorno, mediante las cuales la PYME industrial desarrolla y adopta nuevas ideas, no sólo técnicas, para uso industrial o para el mercado, antes que otras empresas.
Hyvärinen (1990)

La combinación de materiales de una forma nueva para producir otras cosas o las mismas por un método diferente.
Elam (1992)

El proceso de emparejar medios y necesidades organizativas y del entorno.
Zain (1993)

Exitosa explotación de ideas nuevas.
DTI UK (1994)

Las actividades combinadas que llevan a nuevos productos y servicios comerciales y/o a nuevos sistemas de producción y distribución.
Burgelman et al. (1996)

La innovación es la creación y la adopción de algo nuevo que crea valor para la entidad (individuo, organización, ecosistema, sociedad) que lo adopta. Esta definición postula que la innovación ocurre en el nexo entre la novedad, la adopción y el valor.
Baldwin and Curley (2007)

miércoles, 15 de mayo de 2013

¿Las exportaciones nos sacarán de ésta?

Mucho se ha hablado desde que nos metimos en el charco de la crisis, que resultó ser arenas movedizas, del buen comportamiento de las exportaciones españolas durante este periodo, prácticamente el único componente de la demanda que mantiene algo de vida, ante el coma en el que están sumidos la inversión y el consumo tanto públicos como privados. Ya me hice eco de ello en un post de junio de 2011 cuando todavía apenas empezábamos a vislumbrar la magnitud del desastre.

La pregunta que nos hicimos entonces, que seguimos haciéndonos ahora con más razón, y que ha intentado responder Universia Knowledge Wharton en un interesante artículo, es si el sector exterior realmente puede salvar nuestras economías.

Como vimos en el post de hace dos años, España no tiene una tejido económico de fuerte vocación exportadora; más bien se trata de un grupo bastante reducido de empresas que son líderes mundiales en sus respectivos sectores de actividad. Ante el colapso de la demanda en España y del mercado interior europeo, el grupo de multinacionales españolas mantiene el tipo, con mayor o menor elegancia, gracias al tirón de la demanda en América Latina, y en menor medida, en Asia.

No es casualidad que estas compañías sobrevivan gracias al aliento extracomunitario, es el fruto de varias décadas de llevar a cabo estrategias de internacionalización basadas en la alta competitividad de sus modelos de negocio.

Quiero resumir a continuación las cifras positivas que ofrece el artículo de Wharton sobre el sector exterior español:

  • El déficit comercial español se redujo un 33,6% en 2012.
  • Las exportaciones crecieron un 3,8% hasta alcanzar 222.644 millones de euros, el mejor registro desde 1971.
  • Las importaciones cayeron un 2,8% y la tasa de cobertura (porcentaje de las importaciones que se pagan con las exportaciones) se sitúa en 87,8%, el nivel más alto de la historia.
  • Sin contar con el déficit energético, la balanza se sitúa en un superávit de 17.746 millones de euros en 2012.
  • Por último, las exportaciones a Oceanía han aumentado un 37,6%, las destinadas a África un 30,6% y aquellas dirigidas a Latinoamérica un 13,5%.

Ante este rosario de buenos datos, las preguntas que hay que hacerse es, en primer lugar, si se trata de una mejora real de la balanza de pagos o si es una ilusión producida por la caída de la demanda interna y de las importaciones; y en segundo, la que nos hacíamos arriba, si el sector exterior se basta el solo para sacarnos del agujero en el que nos hemos caído.

La primera cuestión la tienen medianamente clara los expertos en economía consultados por los autores del artículo: no estamos ante ningún espejismo sino ante una mejora efectiva de las relaciones comerciales extracomunitarias, derivada de una mayor competitividad alcanzada por la empresa exportadora española. El mercado internacional avala nuestro buen hacer.

La mala noticia es que la proporción de las empresas exportadoras sobre el total de negocios de España es muy baja, constituyendo una fuerza insuficiente para remolcar la economía. Esto parcialmente responde la segunda pregunta.

¿Qué factores nos pueden ayudar en impulsar la proyección exterior de la economía de España? Pues a grandes rasgos se mencionan tres: especialización sectorial, competitividad y esfuerzo innovador.

Siguiendo las buenas prácticas de las empresas multinacionales españolas, debemos elegir los sectores en los que realmente destacamos en el escenario internacional. Sin mucho esfuerzo imaginativo, podemos destacar las telecomunicaciones, la construcción de infraestructuras y obra pública, la energía… pero hay muchos más.

La competitividad de nuestro tejido empresarial ha mejorado notablemente gracias a los esfuerzos en la reducción de costes de las empresas y a la flexibilización del mercado de trabajo (que a algunos les sigue pareciendo muy rígido: deben querer que la gente trabaje gratis). Por desgracia, las políticas monetarias que podrían ahondar en la competitividad de nuestra economía no están en manos del Banco de España, como las devaluaciones en tiempos de la peseta, sino del BCE, que no tiene la menor intención de llevar a cabo acciones que puedan ayudar a los países más dañados.

Finalmente, la empresa que se bate en el ring global debe de asumir la innovación como uno de sus valores estratégicos, solamente así se puede destacar del montón. Desgraciadamente, la escasez de recursos del sector privado y los recortes públicos actuales en estimular la I+D fruto de la austeridad desmesurada nos alejan de este principio.

Como conclusión cabría decir que convertir un país en una potencia exportadora es una tarea que lleva tiempo y cuyos resultados se ven a largo plazo, pero es importante enfocar desde el principio la estrategia correcta y no abandonar el camino.
 
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