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lunes, 8 de junio de 2020

De las redes sociales a las tertulias de café


El caso de Facebook puede ser paradigmático de la sobreabundancia de información a la que se enfrenta el usuario medio de las redes sociales. El elevado número de seguidores, más del que podemos gestionar, produce un exceso de contenido que con frecuencia se nos antoja irrelevante. Si a ello le sumamos la creciente preocupación social hacia temas relacionados con la privacidad y la seguridad de nuestra información, no es de extrañar que se registre una tendencia al alza a trasladar nuestras relaciones digitales a los entornos privados, entre los que destacan servicios como Facebook Messenger, WhatsApp e Instagram Messaging. Estas apps tienen más de servicio de mensajería que de red social al uso, y permiten gestionar eficientemente grupos reducidos de personas, sin tener que compartir la información personal con todo el orbe.

En el fondo, lo que nos está diciendo esta tendencia es que nos hemos propuesto llevar el tipo de relación presencial física de toda la vida al plano digital: la del vecindario, la panda de amigos, los tertulianos de café o las reuniones familiares. Precisamente, todo lo contrario de lo que ha ocurrido en la primera era de las redes sociales, en la que nos hemos abierto y exhibido sin pudor ante ingentes cantidades de desconocidos, en un afán por sentirnos especiales y reconocidos.

Aunque los responsables de las grandes redes sociales siempre han jurado que sus servicios están modelados en base a lo que sería el ágora o la plaza pública, la verdad es que estas plataformas no se asemejan a ninguna forma de comunicación del mundo físico. Como afirma la escritora Annalee Newitz: “en los medios sociales, la `plaza´ es más bien como millones de salas de karaoke funcionando en paralelo, donde grupos de personas cantan letras que no se pueden escuchar desde las otras. Y muchos miembros del `público´ son realmente seres artificiales controlados por individuos u organizaciones ocultos.”

No obstante, los reyes del social media se están percatando de esta huida hacia la privacidad de sus usuarios. El propio Mark Zuckerberg a principios de 2019 anunció una visión de futuro para Facebook enfocada en la privacidad. En su discurso en la conferencia F8, titulado The Future is Private, reconoce que cada vez más la gente quiere conectarse al equivalente digital del cuarto de estar, y que las plataformas basadas en la privacidad llegarán a ser más importantes que las abiertas. En sus propias palabras: “la privacidad le da a la gente la libertad para ser ella misma y relacionarse de forma más natural, que es por lo que construimos redes sociales”.

Probablemente, las redes sociales que conoceremos en la década que entra distarán mucho de aquellas abiertas y participativas de 2010, donde la mayor parte del contenido procedía de las interacciones de los usuarios individuales. Todo indica que se convertirán en espacios mucho más comerciales, como soportes a la publicidad y la venta (la publicidad dirigida ya es una constante presente en casi todos los medios sociales), y que primarán los espacios privados y acotados.

lunes, 29 de octubre de 2018

Retrato de las redes sociales en España

Las redes sociales ya forman parte de nuestras vidas. Poco a poco han ido acoplándose a nuestra rutina cotidiana, tanto como medio de comunicación con los demás, como una fuente de información y de entretenimiento. Después de casi una década desde que alcanzaron un público masivo, tras una etapa de competencia entre ellas y crecimiento desmesurado los medios sociales supervivientes parecen haberse estabilizado en volumen de usuarios. El Estudio Anual de Redes Sociales 2018 (novena edición) de IABSpain y patrocinado por Adglow dibuja una panorámica del estado de este fenómeno en nuestro país.

Una de las principales conclusiones del estudio es la alta penetración de las redes sociales en España: el 85% de la población que utiliza Internet tiene un perfil en algún medio social. Ahora bien, la evolución interanual del número de usuarios presenta un estancamiento en los últimos años, después del periodo de crecimiento acelerado de 2009 a 2014. Se trata de una tendencia de estabilidad que denota una saturación de este mercado específico.

Un dato curioso que ofrece el trabajo es el perfil del español que no utiliza redes sociales, que es mayormente un varón mayor de 46 años con estudios universitarios.

Entrando ya en el terreno de las marcas, Facebook y Twitter son las redes más populares seguidas de Instagram, si bien la plataforma del pájaro azul cae en notoriedad respecto al año anterior. Si atendemos al número de usuarios, Facebook vuelve a encabezar la lista (aunque ha perdido usuarios), seguida de WhatsApp, YouTube, Instagram y finalmente Twitter. Pero si hablamos del grado de satisfacción que proporcionan, WhatsApp se lleva la palma y también son positivamente valoradas YouTube, Instagram y Spotify, mientras que Facebook y Twitter quedan por debajo del promedio, muy a la cola. Finalmente, WhatsApp es la red a la que más horas le dedican los usuarios seguida de Spotify.

En el capítulo relativo a los usos que le damos a las redes sociales, la comunicación con otros es el más importante, además de ver vídeos o escuchar música. Menor importancia tiene el formarnos y aprender cosas allí y el aportar nosotros mismos contenidos. Si atendemos a cómo nos comentamos, queda claro que la tableta es el medio menos utilizado (48% de los encuestados) frente al ordenador (91%) y el móvil (95%). El ordenador es el dispositivo preferido para acceder a Facebook y YouTube, mientras que el smartphone se utiliza más para WhatsApp, Instagram y Twitter.

Si atendemos a las relaciones del usuario de redes sociales con las marcas, comprobamos que estas son estrechas, pues 8 de cada 10 sigue a marcas en las redes. Sin embargo, no llega al 30% el número de usuarios que piensa que las marcas que tienen presencia en redes sociales son más fiables que las que no. Más de la tercera parte de los navegantes acepta de buen grado la publicidad en redes sociales siempre que esta sea acorde con sus intereses. Por otro lado, el 57% se informa en medios sociales antes de realizar una compra online.

El 70% de los usuarios sigue a algún influencer y consideran a este colectivo como sincero, creíble y poco relacionado con la publicidad.

La llamada Generación Z (entre 16 y 23 años) es la que hace uso de un mayor número de redes la vez y sus medios preferidos son WhatsApp, Instagram y YouTube.


martes, 17 de abril de 2018

Los ecos de 2001 (II): humanos automáticos y máquinas demasiado humanas

Para celebrar los 50 años de la película de Stanley Kubrick 2001: una odisea del espacio me gustaría analizar a través de una serie de artículos algunos conceptos y elementos del film y su vigencia o relación con este mundo de la primera mitad del siglo XXI. En concreto, temas como las visiones de entonces del futuro tecnológico, el desarrollo de la inteligencia artificial y su relación con el ser humano, el transhumanismo o la búsqueda de vida extraterrestre.

Uno de los personajes 2001 con mayor número de frases en el guion – aunque hay solamente cuarenta minutos de diálogos de un total de dos horas y diecinueve minutos de metraje- no es humano. Se trata del superordenador HAL 9000, que se encarga de llevar la nave espacial Discovery hasta más allá de Júpiter con una tripulación de varios astronautas en estado de animación suspendida y dos despiertos de guardia, Dave Bowman y Frank Poole. La misión va en busca de un misterioso monolito supuestamente creado por una civilización de origen extraterrestre.

HAL, cuyo nombre es el resultado de la contraer las palabras heurístico y algorítmico, los dos principales sistemas de enseñanza (y no las letras que preceden en el abecedario a las siglas IBM, como dijo algún crítico de la época), es la visión que tuvieron el director Stanley Kubrick y el coautor del guion Arthur C. Clarke de lo que podría llegar a ser la inteligencia artificial en el entonces futuro, el comienzo del siglo XXI. La película anticipó elementos como el aprendizaje automático o las redes neuronales, algo en lo que se basa la inteligencia artificial más avanzada que estamos desarrollando hoy en día.

Uno de los rasgos más notables de HAL es su personificación, es decir, cómo ha sido diseñado para emular el modo de relacionarse de una persona con otros interlocutores humanos, simulando incluso empatía por los demás. Por ejemplo, en una escena de la película le llega a decir al astronauta Bowman: “puedo deducir por el tono de tu voz que estás disgustado, Dave.  ¿Por qué no te tomas una píldora relajante y descansas un poco?” Exactamente como una persona se preocupa por otra.

Su voz igualmente intenta reproducir el tono cálido del habla humana. En uno de los borradores primitivos del guion HAL tenía una voz femenina y en vez de HAL se llamaba Athena, pero finalmente Kubrick y Clarke desestimaron la idea porque de esa manera la relación de la máquina con los astronautas podría adquirir matices eróticos no deseados.

Un fenómeno curioso en la relación entre hombre y máquina es lo que el crítico de cine Alexander Walker denominó inversión de los roles, que hace alusión a que los astronautas Poole y Bowman se comportan de manera mecánica en el film —siguen los protocolos establecidos y aplican el entrenamiento recibido de forma fría y desapasionada—, mientras que HAL se muestra demasiado humano, al desarrollar algo parecido a emociones y una especie de soberbia, que le lleva en última instancia a acabar con casi toda la tripulación de la nave.

De alguna forma supone una metáfora de cómo nos enfrentamos a la tecnología hoy en día. Por un lado, desarrollamos algoritmos de inteligencia artificial intentando en muchos casos que se parezcan lo más posible a un ser humano en sus diálogos y reacciones. Un buen ejemplo de ello son los modernos robots conversacionales, que poco a poco se introducen entre las relaciones de las empresas con sus clientes, o los asistentes personales, como Siri de Apple, Google Assistant, Cortana de Microsoft o Alexa y Echo de Amazon. El objeto de estos programas es que aprendan cómo somos de sus relaciones con nosotros e intenten parecerse cada vez más a un ser humano.

Y en el extremo opuesto, en muchos aspectos el uso de la tecnología deshumaniza a las personas. A pesar de que las redes sociales tienden a amplificar la vida social, algo que destaca la reciente publicación Sociedad Digital en España 2017, también consiguen aislarnos detrás de las pantallas y sustituir en gran medida las relaciones físicas personales por otras digitales.

Este fenómeno también lleva a que se produzcan linchamientos públicos en redes sociales como Twitter, en donde las masas de cibernautas iracundos sin rastro de empatía atacan con fiereza a personajes públicos -y a otros que no lo son tanto-, sin intentar comprender sus motivaciones o informarse adecuadamente de la naturaleza de los hechos por los que se les juzga. ¿Y qué decir de la costumbre de grabar con el teléfono móvil en situaciones de accidentes, atentados o catástrofes naturales? ¿Acaso no se muestran poco humanos aquellos que registran el dolor y el sufrimiento ajenos, en vez de intentar ayudar o sencillamente paralizarse de horror? Ha ocurrido en numerosos atentados de los sufridos en los últimos tiempos, aunque el caso más reciente es un accidente, el del telesilla desbocado de una estación de esquí Georgia, en el que algunos testigos se dedicaban a grabar en vídeo cómo la estructura lanzaba con violencia a los esquiadores, en vez de intentar socorrerlos.

¿Estaremos transmitiendo nuestra naturaleza humana a las máquinas que construimos?

lunes, 5 de marzo de 2018

¿Por qué no despega la realidad virtual?


A pesar de que la realidad virtual es la eterna candidata a producir el próximo salto tecnológico que transforme el modo en que hacemos muchas cosas cotidianas, lo cierto es que no acaba de despegar. De hecho, lleva un par de años desplazada en los medios y foros techies por otros fenómenos punteros como blockchain o la inteligencia artificial.


Mark Zuckerberg compró la plataforma de realidad virtual Oculus en 2014 con el fin de introducir esta tecnología en Facebook, pero el año pasado tuvo que reconocer que integrarla es mucho más complejo de lo que parecía inicialmente y que quizá tenga que invertir más dinero para alcanzar los objetivos que se había fijado.

De acuerdo con Digi-capital, el mercado mundial de realidad virtual en 2016 alcanzó tan solo una cifra de 2.700 millones, frente a unas previsiones iniciales de 3.800 millones.  Otra fuente, SuperData, reduce incluso dicha cifra situándola en 1.800 millones. ¿Qué puede estar retrasando la llegada de los mundos virtuales?

El principal problema al que se enfrenta esta tecnología es que carece por el momento de una masa crítica de usuarios que tire del desarrollo del sector. Sin embargo, el caso Pokémon Go en el verano 2016 demostró la capacidad que puede tener una aplicación de realidad aumentada para mover a millones de personas en todo el mundo y generar ingresos, en este caso, 600 millones de dólares en noventa días.

El Libro blanco del desarrollo español de videojuegos 2017 destaca como un obstáculo para el despegue de la realidad virtual el elevado precio que tienen los equipos en la actualidad. Los autores abogan por el smartphone como el terminal idóneo para los videojuegos en VR. A fin de cuentas, todo el mundo dispone de uno y tienen ciclos cortos de reemplazo.

Un estudio realizado por Ericsson apunta otra batería de factores limitadores de su desarrollo. Desde el punto de vista técnico, los cascos actuales de realidad virtual son voluminosos e incomodos de utilizar. Además, no permiten ver por dónde vas y tienen una batería muy limitada, por lo que solamente se pueden utilizar en el hogar.

Por otro lado, un porcentaje de los usuarios de aplicaciones relacionadas con mundos virtuales sufre náuseas y mareos, lo que convierte la experiencia en una pesadilla. El sector debe estudiar formas de acostumbrar al cuerpo humano a asimilar esta nueva percepción digital.

Finalmente, se apunta la elevada latencia de las redes de comunicaciones actuales –el retardo que se produce en la transmisión de información- como un freno al óptimo funcionamiento de los dispositivos. En este sentido, hay una creencia generalizada de que las redes móviles de siguiente generación, el 5G, impulsarán decididamente el uso de realidad virtual y aumentada, pues aportará redes estables y de gran ancho de banda para mejorar la experiencia en los mundos virtuales.

Puede que sea más tarde de lo que pensamos, pero la llegada de la realidad virtual llegará para cambiar nuestras vidas. Bienvenidos a los universos digitales paralelos.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Recordar la sensación de la lluvia

Ya hablamos de que estamos viviendo una revolución digital equiparable a las revoluciones industriales del pasado. También tenemos muy presente que nuestra vida cotidiana se digitaliza, o lo que es lo mismo, que cada vez le dedicamos más tiempo a los mundos virtuales paralelos que nos ofrecen las pantallas. Desde la comunicación casi permanente con otros a través de las redes sociales o las aplicaciones de mensajería, hasta las formas de ocio portables, ya sean nativas digitales, como los videojuegos, o inmigrantes, como el cine, la música y la televisión, que ahora consumimos en red desde cualquier dispositivo; toda esta actividad nos aleja del mundo analógico y nos hace habitar cada vez más en el ciberespacio.

Cuando hablamos de la necesidad de que el ciudadano o el trabajador adquiera o amplíe sus competencias digitales, implicitamente estamos condenando la dimensión analógica de las personas. Entre líneas criticamos que tal o cual persona o colectivo no es lo suficientemente digital para habitar este nuevo mundo que nace. Y sin embargo, nuestra vida analógica, la real, la que no está reconstruida a base de unos y ceros, sigue siendo la que nos hace humanos.

Resulta paradójico que una parte importante de los hijos de los empleados de las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley estudie en colegios sin ordenadores ni dispositivos electrónicos, y en cambio, lo haga con papel, tiza, lápices y materiales básicos como únicas herramientas. Por contra, los sistemas educativos públicos de todo el mundo llevan décadas introduciendo aparatos en las aulas. ¿Qué lleva a que las personas que diseñan algoritmos y aplicaciones para Google, eBay o Apple no quieran que la educación de sus vástagos incluya la informática hasta los trece años? Principalmente, la creencia de que el uso de ordenadores inhibe el pensamiento creativo, el movimiento, la interacción humana y la capacidad de atención.

La defensa de lo analógico fue un tema que surgió en el debate que tuvo lugar entre la socióloga Belén Barreiro y José Mª Lassalle, actual secretario de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital, el pasado noviembre en el Espacio Fundación Telefónica dentro del ciclo de conferencias Tech & Society.

Barreiro explicó en dicha ocasión que los estudios demuestran que las personas más digitales son, curiosamente, las que más se refugian en actividades analógicas, como puede ser el componer puzzles, escribir, tocar instrumentos o hacer calceta. A su juicio, los avances de la digitalización y la robotización no alteran el hecho de que la relación que tenemos con la tecnología es una relación que establecemos desde nuestra posición como seres humanos, de forma que siempre manifestaremos características humanas, como la inteligencia, la creatividad, la empatía o la confianza en el otro. Es por ello, que los sistemas educativos se deben centrar en educar, algo que no consiste en enseñar a programar ordenadores, sino en aprender a entender, analizar, contrastar y debatir la información y, en suma, en aprender a razonar.

José Mª Lassalle, por su parte, considera que las identidades virtuales y las ideas tecnológicas nos están atrapando en las pantallas y haciendo que nos relacionemos con el entorno estrictamente a través de una humanidad que es puramente virtual. Desde su punto de vista, lo analógico no es nada malo, sino todo lo contrario: es lo que nos conecta con la antropología, con la cultura y con la poesía. Defiende incluso que el conjunto de los derechos digitales de los ciudadanos debería incluir el derecho a seguir siendo analógicos, es decir, la opción de poder seguir vertebrando nuestra ciudadanía como seres desconectados del mundo digital.

En una línea de pensamiento similar, el filósofo norcoreano Byung-Chul Han, que recientemente ha impartido una conferencia en el CCCB de Barcelona, arremete con virulencia contra la comunicación digital, pues considera que reemplaza las relaciones humanas por conexiones y que reduce nuestro abanico de sentidos a uno solo, la vista. Para él, el mundo digital es la abolición de la realidad, dado que lo digital -a diferencia de lo “real”- “no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está”. Hemos sido privados de los colores, los olores, las texturas y las sensaciones.

Esperemos que el darle progresivamente la espalda a la realidad física no haga cumplirse la terrible profecía de Jim Morrison, poeta y cantante de la banda The Doors, cuando escribió: “Puede que llegue el día en que acudiremos a teatros meteorológicos para recordar la sensación de la lluvia”.

jueves, 16 de abril de 2015

La revolución de los MOOC en la educación superior

¿Quién no ha soñado con poder estudiar en la Universidad de Harvard o en el Massachusetts Institute of Technology? Pues ahora es posible hacerlo de forma gratuita y sin tener que volar hasta Boston gracias a los MOOC.

Sin duda una de las grandes revoluciones de los últimos tiempos en el terreno de la educación superior es el fenómeno de los MOOC (Masive Open Online Courses). Probablemente esta modalidad de formación a través de redes esté poniendo la primera piedra de lo que debe ser la esencia del proceso de aprendizaje online que hasta ahora ha sido, en mayor o menor medida, una imitación y adaptación digital de los métodos de enseñanza presenciales de toda la vida.

Pero vamos a aclarar conceptos, se denomina MOOC a un tipo de curso que se imparte a través de Internet, por prestigiosas instituciones educativas, y que puede llegar simultáneamente a ingentes cantidades de alumnos, que pueden sumar hasta varios miles. Adicionalmente, se supone que los MOOC hacen un uso intensivo de los medios sociales, en las comunicaciones docente-alumno y entre estos últimos, y que explotan al máximo los formatos multimedia, especialmente el vídeo y el podcast.

Precisamente es el Instituto Tecnológico de Massachusetts el organismo pionero en poner en marcha en 2001 lo que denominó MIT OpenCourseWare (MITOCW) que en su día definió de la siguiente forma:
«OpenCourseWare combina dos cosas: la tradicional apertura, compromiso e influencia democratizadora de la educación americana y la posibilidad que ofrece la Web para poner una vasta cantidad de información disponible de forma inmediata».
Un año después, el MIT publicó la primera prueba del nuevo modelo educativo,  consistente en una página web que albergaba 50 cursos. En el año 2011 la institución celebró los diez años de la iniciativa con más de 2.000 cursos, la incorporación de 33 disciplinas académicas y más de 100 millones de alumnos.

Sin embargo, no es hasta 2008, año en que Stephen Downes y George Siemens, ambos docentes de la Universidad de Manitoba (Canadá), imparten el curso Connectivism and Connected Knowledge (CCK08), en que se considera que comienza la era de los MOOC. Este curso tuvo un alumnado presencial de pago de 25 personas y otro virtual gratuito de 2.300. El alumnado remoto podía interactuar con el aula a través de una plataforma educativa Moodle y de distintas herramientas 2.0, como los blogs y Second Life.

Un reciente estudio, Los MOOC en la educación del futuro: la digitalización de la formación (febrero, 2015), publicado en la colección Fundación Telefónica/Ariel, ahonda en las características de esta tendencia y en sus posibilidades de cara a popularizar y extender la formación superior de calidad.

Los expertos que intervinieron en la realización del trabajo identificaron varias necesidades que presenta el sistema actual de educación superior o terciaria y que en parte pueden satisfacer los formatos tipo MOOC:

La optimización de recursos -  Las universidades alrededor del mundo cada vez acogen mayores volúmenes de alumnos (actualmente hay 200 millones de universitarios y se espera que en doce años se produzca un crecimiento del 25%,  hasta los 250 millones) y las necesidades de financiación de los centros educativos para poder ofrecer una formación de calidad crecen exponencialmente.

Formación continua – Un concepto que se maneja desde hace tiempo, pero que cobra una relevancia especial en un mundo en rápido cambio como el actual. La necesidad de aprender durante toda la vida y no sólo en el periodo de educación de la persona se hace cada vez más patente.

Formación flexible – Unido a lo anterior, el proceso de aprendizaje debe poder ser compatible con otras actividades, como por ejemplo las laborables, por lo que debería ser modulable y escalable para adaptarse a la disponibilidad temporal del alumno.

Los MOOC suponen una optimización de los recursos disponibles puesto que un mismo equipo docente puede atender a miles de alumnos, utilizando los mismos contenidos educativos. Además, es un sistema flexible dado que se adapta a las necesidades del alumno y es idóneo para ofrecer una oferta de formación continua, renovando cursos y contenidos en función de las necesidades sociales y económicas de cada momento.

El cambio de paradigma educativo ha venido de la mano de la tecnología. No obstante, urge que la formación online encuentre su propio espacio metodológico ajeno a la enseñanza presencial y que no dependa de la adaptación y adopción de las formas de ésta.

En este sentido, los MOOC participan y se nutren de las principales corrientes actuales en materia de tecnologías de la información y las comunicaciones. Hablamos en concreto de:

Utilización del social media -  Tanto las redes sociales más generalistas, como Facebook o Twitter, como otras más específicas, como LinkedIn, así como los servicios de mensajería del tipo de WhatsApp o Line, son poderosas herramientas de comunicación para establecer comunidades virtuales en torno a las iniciativas de formación.

Existen también redes sociales privadas de los propios centros, pero el enfoque es el mismo: impulsar y facilitar la comunicación entre la institución, los estudiantes y el equipo docente.

El poder de los macrodatos – A diario todos nosotros dejamos centenares de datos en la red; cada cosa que hacemos en redes sociales o en webs es información que debidamente procesada y analizada dice mucho de nosotros. El Big Data, -en español “macrodatos”-, puede ayudar a los gestores de un determinado proceso formativo a comprender al alumno, a conocerle mejor, y de esta manera poder optimizar su proceso de aprendizaje. Junto al Big data, cobra importancia el concepto de Learning Analytics, basado en aplicar las técnicas de analítica web al campo de la enseñanza online, y que es definido por el experto Erik Duval como: “recoger huellas que los estudiantes van dejando y utilizar esas huellas para mejorar el aprendizaje”.

Plataformas de aprendizaje adaptativo – Básicamente se trata de una conjunción de distintas tecnologías para obtener entornos de trabajo, no sólo personalizados, sino que además se adaptan a las necesidades de cada estudiante.

Open content – En este caso, más que una corriente tecnológica es una demanda social: la que exige herramientas y contenidos digitales de uso libre y gratuito, desprovistos de las ataduras de la propiedad intelectual. El terreno de la educación incluye diversas vertientes de este concepto, open content (contenido que se puede usar libre de la propiedad intelectual), open courseware (recursos abiertos educacionales que son presentados en formato de curso), open educational resources (contenidos de carácter abierto desarrollados por educadores y que están disponibles para el uso, reproducción y modificación) y open education (desarrollo de comunidades y redes educativas basadas en contenidos abiertos).

Tecnologías inmersivas – Se trata de aquellas que permiten replicar situaciones reales de interés para la formación de los estudiantes. Estamos hablando de gafas de realidad aumentada y realidad virtual, de sistemas de reconocimiento de gestos o de imágenes holográficas en la comunicación entre usuarios, entre otras muchas técnicas innovadoras.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Tecnología en el aprendizaje: el futuro ya es presente

La Dirección General de Educación y Cultura de la Comisión Europea lleva a cabo un proceso de vigilancia del grado de aplicación de la tecnología en la educación a través del programa HORIZON. Recientemente ha lanzado la edición 2014 del informe relativo a la educación primaria y secundaría (el dedicado a la educación superior ya lo comentamos en otro post).

La publicación Horizon Report Europe 2014 Schools Edition divide las conclusiones del estudio sobre el grado de penetración de las TIC en tres grandes epígrafes: tendencias, obstáculos y grado de desarrollo de la adopción de tecnología.

Desde el punto de vista de las tendencias presenta una subclasificación temporal, atendiendo a cuándo se espera que alcancen efectivamente a las escuelas:

Tendencias rápidas: las que llegarán a los colegios europeos en dos años.

  • Creciente ubicuidad de los medios sociales: con cerca de 300 millones de usuarios en Europa, los medios sociales son utilizados por un 40% de la población del continente. Los profesores y alumnos no son ajenos a la tendencia y cada vez los incorporan en mayor medida como canales de comunicación académicos. 
  • Repensar el papel del docente: implica analizar cómo las herramientas informáticas y los medios sociales afectan a su perfil profesional, para que los educadores puedan asumir el papel que se espera de ellos en una sociedad digital.
Tendencias a medio plazo: las que probablemente tengan lugar dentro de entre tres y cinco años.

  • Creciente interés en los recursos educativos abiertos: cada vez cobran más importancia dentro de los sistemas educativos aquellos recursos que no sólo son gratuitos, sino que pueden ser libremente modificados, copiados y distribuidos.
  • Uso creciente de diseños híbridos de aprendizaje: se trata de modelos educativos que combinan la clase presencial con el uso de plataformas online de aprendizaje, tanto individual como en grupo.
 Tendencias a largo plazo: las que no se esperan antes de cinco años.

  • Evolución del aprendizaje online: las necesidades pedagógicas de los alumnos y profesionales de los docentes darán forma a las versiones futuras del aprendizaje online.
  • Auge del aprendizaje y el asesoramiento basado en los datos: la aplicación de la analítica web a la personalización del proceso de aprendizaje del alumno, de forma que se aprovechan todos los datos que genera online para conocerle mejor y potenciar su proceso formativo, todavía está dando sus primeros pasos, aunque se espera que cobre fuerza a largo plazo.
 Los obstáculos a los que se enfrenta la modernización de la enseñanza también son objeto de una subclasificación, en función de si son salvables, difíciles o “endiablados”.

Se concibe como obstáculos salvables aquellos que comprendemos y que sabemos resolver, como:
  • Integrar las TIC en la formación del docente: a pesar de que una parte de los centros escolares europeos ya están dotados de tecnología, todavía hay una falta de formación tecnológica entre los docentes que les permita aprovechar al máximo esos recursos.
  • Las bajas competencias digitales de los estudiantes: a pesar de que pasan mucho tiempo en las redes, los jóvenes carecen de una verdadera cultura digital, que les permita navegar seguros,  discriminar las fuentes de información y utilizar eficientemente la avalancha de datos de la que están rodeados.
 Otra categoría es la de los obstáculos difíciles, que no son otros que los que comprendemos aunque la solución se nos escapa.
  • Combinar el aprendizaje formal e informal: se admite que una parte importante del aprendizaje se produce fuera del aula y del entorno educativo, se trata del aprendizaje informal. Dada la importancia de éste, el reto consiste en combinarlo efectivamente con el aprendizaje formal para obtener los mejores resultados.
  • Crear oportunidades para el aprendizaje auténtico: es otro de los retos: llevar el aprendizaje de la vida, de la calle, de situaciones reales, al aula, algo que presenta un gran potencial pedagógico y una ocasión para enganchar el interés del alumno.
Por último, el informe nos presenta los retos “endiablados”, que son los que ya son tan difíciles de plantear como para encontrarles una solución:
  • Pensamiento complejo y comunicación: se trata de formar al alumno en formas complejas de pensamiento asociadas a la sociedad digital: diferenciar la inteligencia humana de la artificial, abstracción, deconstrucción de tareas complejas, deconstrucción de problemas complejos…
  • Estudiantes como codiseñadores del aprendizaje: es quizá el objetivo último de la pedagogía actual, el convertir al alumno en el arquitecto o diseñador de su propio proceso educativo, en colaboración con sus profesores y compañeros de clase.
La última parte del informe está dedicada a las tecnologías específicas y su prospección de adopción en términos temporales. De esta manera:

En el plazo de un año o menos se espera que llegue a los colegios europeos:
  • Cloud computing o trabajo en la nube.
  • El trabajo con tabletas, que llegarán a sustituir a los ordenadores.
En el plazo de entre dos y tres años podría llegar al sistema educativo:
  • Videojuegos y técnicas pedagógicas basadas en el juego (gamification).
  • El mobile learning o aprendizaje con dispositivos inalámbricos que llevan el aprender a cualquier lugar.
En un plazo algo más largo de entre cuatro y cinco años podría llegar a las aulas:
  • El aprendizaje personalizado a través de plataformas online, apps y herramientas.
  • Laboratorios remotos y virtuales para potenciar y apoyar el aprendizaje de ciencias.

sábado, 25 de octubre de 2014

Los errores de predicción en la economía digital o problemas en el paraíso de Internet


Los sucesivos bandazos que ha conocido el mundo digital desde que hacia 1995 Internet entró en la vida del ciudadano medio a menudo han tirado abajo los más sólidos vaticinios de los oráculos del sector de los unos y los ceros.

Y es que resulta difícil pronosticar en este mundo actual del cambio vertiginoso en el  que las tendencias irrumpen sin avisar, un mundo que no supo ver llegar la denominada red de redes, pues en 1993 todavía se pintaba un escenario de las telecomunicaciones futuras protagonizado por servicios de datos como videotex, hoy desaparecido en el pozo del olvido.

Uno de los números de octubre de la revista The Economist se encarga, -a través de  Schumpeter, su firma habitual sobre negocios-, de recordarnos una serie de predicciones sobre la economía digital que no se han cumplido y que en ocasiones han dado lugar a una situación completamente opuesta a la esperada.

Predicción #1: Internet acabará con la hegemonía de las grandes empresas, ha llegado el reino de la pequeña empresa tecnológica. Pues bien, hoy vemos que efectivamente la red ofrece la oportunidad de acceder al mercado global a miles de pequeñas empresas pequeñas, pero que a la hora de la verdad todo el valor está en manos de unos pocos actores: Google, Facebook, Amazon…

Predicción #2: Internet se basa en el anonimato del usuario, puedes actuar en el escenario digital manteniendo oculta tu identidad. El debate actual sobre el derecho a la privacidad en las redes y la protección de datos personales hace innecesaria cualquier explicación adicional. Solamente tenemos que hacer una búsqueda más o menos comercial en Google para comprobar hasta qué punto la red nos conoce: a partir de ese momento nos emergen en distintas páginas y servicios anuncios relacionados con el producto o rama de productos que hemos buscado, persiguiéndonos como si de una maldición bíblica se tratara.

Predicción #3: Internet suprime las distancias y las barreras geográficas. Pues ésta que parece la más veraz tampoco lo es a juzgar por los estudios realizados sobre el comportamiento del cibernauta. Cuando vemos cómo a través de los servicios de empresas como eBay o Amazon podemos comprar en cualquier rincón del planeta sentimos un aura de omnipresencia.  Pero lo cierto es que los usuarios de la red tienden a comprar en su propio país o en los países vecinos. Por ejemplo, un estadounidense es más proclive a comprar online de webs de Canadá que de Reino Unido.

En este sentido, el artículo argumenta que el mundo virtual no sustituye en absoluto al mundo real sino que ambos se complementan. Una gran parte de las compras realizadas en la actualidad combinan a los dos, bien porque localizamos productos en Internet pero luego los compramos en una tienda física, o al revés, porque tras comprobar que algo nos gusta o sienta bien en un comercio tradicional, lo encargamos online.

Predicción #4: Internet elimina a los intermediarios. Era lógico pensar que un medio que pone en contacto directo al consumidor final con el productor de un bien o servicio determinado no requiera figuras entre ambos que distorsionen los precios. Más el Internet de la actualidad, con una oferta desbordada de información, convierte en necesarias figuras que ordenen y avalen las distintas fuentes, sean comerciales o no. 

Ya nos ocurre en búsquedas de carácter académico, que tendemos a fiarnos más de webs o portales cuya seriedad conocemos. También existen bloggers conocidos en distintos campos que son capaces de guiar a la opinión pública en temas comerciales y en otros que no lo son tanto. 

Y en el campo estricto de la compra de productos, siempre tendemos a confiar más en Amazon, por ejemplo,  que en una empresa desconocida que nos los ofrece, aunque a menudo esta empresa canaliza su oferta a través de Amazon. Es decir, que si vemos unos zapatos que nos gustan en una web totalmente desconocida para nosotros, desconfiamos, pero si los zapatos de esa empresa los vemos en Amazon, entonces compramos online sin reparos.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Siria: otra vez lo peor de nosotros mismos

En marzo de 2011 publiqué aquí el texto que sigue cuando los EE.UU., con la complicidad de los pelotas de siempre, comenzó a bombardear Libia. Ahora que están (estamos) a punto de derramar fuego sobre Siria recupero lo que escribí entonces. Sustitúyase Libia por Siria y Gadafi por El Asad y vale igual. "When we will ever learn?", que cantaba Pete Seeger...

 Hoy le he vuelto a echar mucho de menos cuando he bajado a comprar el periódico y me he enfrentado al titular que anunciaba que los aliados han bombardeado Libia. Estoy completamente de acuerdo en que hay que parar a la bestia esa que es Gadafi, pero no puedo dejar de tener la sensación de que como en otras guerras “necesarias” –aquel octubre en que empezaron a caer las bombas sobre Afganistán o cuando los misiles surcaban como bengalas el cielo nocturno de Bagdad-, hemos vuelto a fallar moralmente, hemos liberado de nuevo la barbarie, en suma, ha aflorado una vez más lo peor de nosotros mismos. 

Me siento orgulloso cuando militares españoles se traen a nuestro país a un niño afgano para operarle de una enfermedad que en su país le condenaría necesariamente a la muerte, pero me produce malestar y desasosiego leer que un F-18 “de los nuestros” ha destruido una columna de blindados libios. Lo siento, pero creo que otro mundo es posible.

Él también lo creía así y se esforzaba por proclamarlo a los cuatro vientos aprovechando su fama, a través de mensajes directos y sencillos: dadle una oportunidad a la paz. Reconocía que a muchos les podía parecer una postura soñadora, pero también que él no era el único que pensaba así, que hay muchos otros que creen que hay otra forma de hacer las cosas y de vivir en la tierra que no impliquen la destrucción y la violencia.

The Beatles fue quizá el primer fenómeno global que demostró que a los habitantes de este planeta perdido en la periferia de la galaxia hay más cosas que nos unen de las que nos separan. Independientemente de que vivamos en Bogotá, San Francisco, Osaka, Nairobi o Salmeroncillos, todos sentimos una euforia espontánea y una sensación de bienestar al escuchar los acordes de “She Loves You”, aunque no entendamos la letra, que por otra parte es intrascendente. A todos nos une un mismo sentimiento a través de esa música.

Las redes sociales son otro factor de globalización de principios de este milenio. Las redes han permitido que las personas se conecten entre sí y que se comuniquen; han estrechado el mundo salvando distancias geográficas. A pesar de los hackers, piratas, pederastas, y estafadores diversos que los pueblan, los medios sociales son un paso positivo para la humanidad, pues se basan en los principios implícitos y no impuestos de Conversar, Compartir y Colaborar, que a su vez se pueden declinar en Empatizar, Ayudar y Construir. Nos permiten acercarnos a otras realidades y llegar a comprender a los demás, por lejos que vivan de nosotros. Y otra vez ponen en evidencia que no somos tan distintos, que todos compartimos los mismos sueños y aspiraciones, los mismos sentimientos.

A veces pienso que en muchos casos las redes sociales sacan lo mejor de nosotros quizá por su filosofía social (válgame la redundancia) que nos relaciona con otras personas. Por eso no entiendo cómo podemos estar construyendo dentro del mundo virtual y destruyendo fuera de él, si somos los mismos dentro que fuera. ¿A qué se deberá esa dicotomía tan Jekyll y Hyde?

Mi primera experiencia proto-2.0 tuvo lugar a finales de la década de los 90 cuando me inscribí en una lista de distribución, Raindogs, en torno a la figura y la obra del músico Tom Waits. Para el que no se acuerde, las listas de distribución eran sistemas de comunicación asíncrona en los que los usuarios que mandaban correos electrónicos que eran distribuidos automáticamente al resto de los miembros. Raindogs estaba integrada por mucha gente de EE.UU. y no poca de distintos países de Europa. También había japoneses y hasta un taxista australiano que nos divertía y enternecía a la par con sus anécdotas sobre sus noches “apatrullando” Melbourne. En mi caso, mi motivación principal para darme de alta era estar informado sobre lanzamientos discográficos y anécdotas de mi idolatrado Waits. Sin embargo, poco a poco la música fue quedando de lado y lo que primaba eran las conversaciones sobre las vidas de los miembros, nuestras vidas, y ¡oh sorpresa!, resulta que aparte de la música todos compartíamos innumerables cosas; nuestras existencias no eran tan distintas a pesar de lo distante (perdón por la aliteración).

Después de los atentados de las Torres Gemelas, a través de la lista, los que vivíamos fuera de Estados Unidos pudimos conocer de primera mano detalles de lo que estaba ocurriendo en el país, anécdotas que no aparecían en periódicos ni noticiarios, y lo que es más importante, pudimos compartir con nuestros amigos americanos su profundo dolor y desolación. Por desgracia los madrileños lo experimentamos en nuestras propias carnes unos años más tarde.

Hoy él de seguir vivo hubiera manifestado el mismo malestar que siento yo ante el nuevo triunfo de la barbarie. Probablemente hubiera aparecido en los medios de comunicación explicando que no nos tenemos que resignar ante la violencia, que no debemos aceptarla como un mal menor, que podemos construir un mundo distinto en el que haya sitio para todos. Una vez dijo, no recuerdo dónde, “por alguna razón que no comprendo la gente hace lo que yo digo. Bueno pues yo digo: PAZ”. Se puede decir más alto pero no más claro.

Joder, Lennon, no sabes cómo te echo hoy de menos.

martes, 25 de junio de 2013

Recuperar la industria para el nuevo consumidor

La posibilidad de que la industria pueda volver a cobrar su relevancia de antaño dentro del escenario productivo de áreas económicas como EE.UU o Europa es una cuestión recurrente en los últimos tiempos, que se plantea una y otra vez como una medida necesaria para la salida de la crisis.

Hace algún tiempo tratamos aquí la postura de la Comisión Europea al respecto y su recomendación de lanzar una política de reindustrialización de la zona euro, y hoy quiero hacerme eco de un artículo aparecido en el diario El País y firmado por Vicente Moreno, presidente de Accenture, que analiza las posibilidades que tiene la industria de renacer en los países desarrollados.

Tras varias décadas hablando de la terciarización de las economías, actualmente se recupera la figura de la industria como generador de empleo (cada empleo industrial genera varios en el sector servicios) y de crecimiento.

En el caso de España, con una construcción y una banca hundidas, y con pocas expectativas de recuperación a corto plazo, el retomar la producción manufacturera se convierte en un factor estratégico para retomar la senda del crecimiento.

Dada la feroz competencia en este campo, principalmente procedente de países emergentes de Asia y Latinoamérica, el autor identifica tres factores clave para apoyar la hegemonía industrial europea:
  1. La innovación tecnológica.
  2. La eficiencia energética.
  3. Los cambios en los hábitos de consumo.
Pero el horizonte presenta numerosos nubarrones: resulta bastante probable que China supere a Europa en innovación tecnológica en los próximos diez años.

Respecto a la eficiencia energética, también se considera que el sector energético europeo no será rentable dentro de tres años, y a la vez, resulta crucial no depender de las importaciones para suministrar la energía al sector industrial.

Nos queda por tanto el explotar los cambios en los hábitos y en el comportamiento del consumidor. Si conseguimos comprender y anticiparnos a las nuevas demandas de los mercados, tanto en Europa como en países emergentes, podremos convertir la satisfacción de nuevas necesidades en una ventaja competitiva.

Aprender a “escuchar” y a entender a los consumidores a través de medios sociales, aprovechar todo el valor añadido que nos ofrece la tecnología Big Data para el análisis de cantidades inmensas de información, valorar el diálogo y la conversación con el cliente potencial frente al ruido vacío de la publicidad tradicional, optimizar y gestionar la atomización de la demanda y el individualismo del nuevo comprador… Son factores sobre los que hay que empezar a trabajar si queremos retomar una posición dominante en los mercados. 

jueves, 21 de marzo de 2013

No importa el tamaño sino lo que mides

Todos somos conscientes de la importancia de medir los resultados de las acciones que acometemos para comprobar su efectividad, aunque a menudo no lo hagamos o no lo hagamos correctamente. La métrica de be acompañar el lanzamiento de todo programa o proyecto, pues como reza el mantra de la calidad, “lo que no se puede medir no se puede mejorar”. Además, si no medimos resultados nunca sabremos si hemos alcanzado los objetivos que nos propusimos.

Bien, estamos de acuerdo en que hay que medir y que para ello hay que seleccionar indicadores, es decir, una serie de variables que nos ofrezcan una panorámica del grado de éxito de nuestras acciones. Y aquí muchas veces es donde fallamos: en la selección de los indicadores correctos.

Muchas veces las variables que estamos midiendo no están relacionadas con los objetivos que perseguimos. Véase un ejemplo que aparece en un artículo de Harvard Business Review. La organización DoSomething.org colgó un vídeo en la red YouTube en el que rostros conocidos de Internet pedían a los jóvenes la donación de equipamiento deportivo usado para ofrecérselo a chicos desfavorecidos. Los datos de vistas del spot no pudieron ser mejores, un millón y medio, lo que se puede considerar un éxito en términos de viralidad. Pero el número de equipos donados ascendió a ocho comprometidos, y finalmente cero realmente entregados. Eso fue un fracaso absoluto.

Todos los que estamos metidos en comunicación on line tendemos a confundir el fin con los medios, o en otras palabras, a perder de vista el objetivo, como en el ejemplo anterior. El indicador relevante del caso precedente es el número de equipos deportivos donados, las vistas del vídeo no son más que instrumentales. Los que dinamizamos contenidos en redes sociales a menudo nos emocionamos tanto con las grandes cifras que nos olvidamos de lo que realmente estamos persiguiendo, ya sea una venta, una descarga, un impacto en medios de comunicación…

Y lo peor es que con frecuencia no tenemos claro el objetivo perseguido, así que nos cuesta identificar el indicador correcto para medirlo. Volviendo al artículo de HBR, “En el mundo de los negocios, hablamos de la diferencia entre las métricas vanidosas y las métricas significativas. Las métricas vanidosas son como el diente de león-pero para la mayoría de nosotros son hierbajos, utilizando muchos recursos y no aportando nada al valor de tu propiedad. Las métricas vanidosas pueden incluir visitas mensuales a tu web, seguidores en Twitter, fans en Facebook e impresiones en medios. El asunto es: si estos números crecen, pueden impulsar las ventas de tu producto. ¿Pero puedes probarlo? Si es así, genial. Sigue midiendo. Si no, no tienen valor.”

Cuando lo que hay detrás de una acción de comunicación on line no es la venta de un producto o servicio el tema se complica aún más, si cabe. Entonces es cuando nuestros objetivos empiezan a estar difusos y nuestros indicadores pueden medir lo que quieran, que no nos van a servir para nada.

A menudo el problema está en que no sabemos para qué hacemos las cosas (esto es harto frecuente cuando no tenemos una cuenta de resultados respirándonos en la nuca). Proyectos del tipo “crear una red social para generar conocimiento colectivo sobre el tema X” de entrada ya resultan peligrosos por definición. ¿Y cómo mediríamos el éxito? ¿El número de inscritos, aunque nadie aporte nada? ¿El número de comentarios, aunque no digan más que simplezas y majaderías? En estos casos, la principal cuestión es que el proyecto en sí no le sirve a nadie para nada; se ha llevado a cabo por motivos políticos o por una falta de visión.

Pero volviendo a los indicadores, una métrica eficiente debe ser consistente, barata y rápida de recolectar. Si no puedes medir los indicadores elegidos dentro de una misma semana y de forma gratuita, y no puedes asegurar que podrás hacerlo de forma recurrente, es que has elegido unos erróneos. Me viene a la mente (no diré nombres) el caso de una conocida empresa de retransmisiones de eventos vía Internet, cuya respuesta al pedírsele datos de audiencia es siempre “la herramienta de medición es demasiado complicada para sacarlos con frecuencia”. Majos, dedicaos a otra cosa.

En otro artículo de HBR, “Metrics Are Easy, Insight Is Hard”, el autor establece una serie de pasos para extraer conocimiento realmente valioso, para un negocio o una organización, de la analítica:

1. Recolectar. La buena calidad de la información, proceda de donde proceda, es la clave del proceso.
2. Conectar. Algunos datos solamente serán útiles como parte de indicadores agregados mientras que otros cobrarán sentido al ser relacionados a segmentos de mercado, colectivos y/o individuos.
3. Gestionar. Dado el volumen y la rapidez de la interacción social en Internet, la gestión de grandes cantidades de información requiere de técnicas especiales, algoritmos y soluciones de almacenamiento. Además, mientras que algunos datos pueden almacenarse, otros solamente tienen sentido en tiempo real.
4. Analizar y descubrir. Se trata de poner en valor esa información, de extraer resultados que realmente tengan un sentido para el proyecto o la organización.

Aprendamos pues a elegir lo que realmente debemos medir y a hacer un uso útil de la información recibida.
 
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