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lunes, 27 de abril de 2020

Llega la era de las plataformas digitales de televisión


Ya se alzan voces que profetizan que el mundo en el que viviremos tras la pandemia ya no será el mismo. No obstante, en muchos casos la crisis provocada por el COVID-19 no ha hecho más que acelerar grandes tendencias que ya estaban en marcha. Uno de los casos más representativos de esto es el de la emergencia de un nuevo modelo de ocio televisivo y el auge de las plataformas audiovisuales.

A lo largo de la década que ahora cerramos hemos visto como la llegada de nuevos agentes al mercado televisivo español han transformado ya no solo el panorama del tejido empresarial, sino también las reglas del juego. Internet ha acabado por afianzarse como el medio protagonista a donde se ha trasladado la competencia, y, frente a los modelos de ingresos basados en la publicidad y en la lucha por la audiencia, han emergido otros diferentes basados en la suscripción.

El año 2020 comenzó con un tablero en el que los grupos grandes nativos del sector de la televisión –Atresmedia, Medisaset y RTVE- se enfrentan a una competencia llegada de otros sectores, como Movistar+ (telecomunicaciones), Netflix (alquiler de vídeo), HBO (televisión por cable) y Amazon (comercio electrónico). En marzo se sumó Disney+, con una oferta centrada en su propia producción, así como en los exitosos catálogos de Marvel y Star Wars. En esto llegó la emergencia sanitaria y nos vimos obligados a quedarnos en casa, prácticamente de un día para otro. Desde entonces, el consumo de audiovisual a través de plataformas digitales se ha disparado, subrayando que esta forma de ofertar –con sus distintos modelos de negocio- y consumir contenidos va a ser la norma en el futuro cercano.

Netflix es sin duda el paradigma del nuevo modelo televisivo. La plataforma de Reed Hastings ha ganado casi 16 millones de nuevos clientes en el primer trimestre del año en todo el mundo. La suscripción esta en la base de sus ingresos dado que su oferta carece de publicidad. En España, prácticamente todas las cadenas por streaming han incrementado su tráfico de forma espectacular durante las semanas en las que se ha impuesto el confinamiento. El caso más notable es el de HBO, cuyo tráfico creció un 244% entre el 15 de marzo y el 9 de abril, seguida de cerca por la web española para cinéfilos Filmin, que lo hizo en un 235%. En el mismo periodo, el de Movistar + aumentó en un 209%, mientras que los de Netflix y Amazon Prime en un 186% y un 176%, respectivamente. Por su parte, la recién llegada Disney+ lleva contabilizadas en un mes en torno a un millón de descargas de su aplicación en nuestro país.

Resulta lógico pensar que, al haber encerrado nuestras posibilidades de ocio entre cuatro paredes, nos volquemos sobre el consumo de series y películas para matar el exceso de tiempo en el hogar. Pero una vez que acabe el confinamiento podremos comprobar que la posición de las plataformas digitales se habrá consolidado entre los hábitos de consumo de nuestro país, lejos de constituir algo anecdótico. Hemos entrado en la era de la televisión digital por internet.

lunes, 11 de noviembre de 2019

La nueva televisión que viene


La televisión ya no es lo que fue en el siglo pasado. Ahora nos encontramos con un sector en ebullición, con un elevado grado de competencia, en el que confluyen distintos actores de muy diversos orígenes: desde los agentes tradicionales del sector –los grandes grupos mediáticos propietarios de las cadenas de televisión lineal-, hasta nuevos players procedentes de actividades tan distantes como pueden ser las telecomunicaciones, como es el caso de Telefónica, Vodafone y Orange.

Mención aparte merecen las OTT (over the top), que son plataformas de contenidos digitales que, basadas en internet, despliegan estrategias de alcance mundial. Es el caso de marcas como HBO, Amazon Prime Video y, por supuesto, el paradigma de todo esto, Netflix. También en el las de las OTT podemos hablar de una gran heterogeneidad de origen. De los tres ejemplos citados, HBO fue es su día una empresa de televisión por cable y por satélite, Amazon Prime Video pertenece al megaportal de comercio electrónico del mismo nombre y Netflix, aunque comenzó alquilando DVDs por correo, es en esencia una compañía tecnológica.

Ya no tiene sentido hablar de televisión, sino, más bien, de un hipersector o ecosistema de entretenimiento. Todo está cambiando a marchas forzadas y el modelo tradicional de televisión lineal en abierto va perdiendo terreno ante propuestas más innovadoras. De acuerdo con la consultora Barlovento, en 2018 tuvo lugar un descenso en España del consumo lineal, 234 minutos por persona y día sobre un “universo de consumo” de 44,6 millones de ciudadanos, que supone un descenso de seis minutos en relación con la cifra de 2017. Barlovento subraya que este particular lleva disminuyendo desde 2012.

Frente a la situación que vive la televisión en abierto, la de pago sigue creciendo año tras año, de forma que en 2018 ya acapara, en sus distintas modalidades, la cuarta parte del consumo total. En cifras, estamos hablando de casi siete millones de hogares, de acuerdo con los datos de la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia.

En general, existen en la actualidad tres grandes modelos de negocio en relación con la televisión de pago. Se trata de la monetización por suscripción, por publicidad y por pago por contenidos. Cada uno tiene sus correspondientes siglas en inglés:

Suscripción de vídeo bajo demanda (Subscription Video on Demand – SVOD). El usuario paga una tarifa plana y tiene acceso a todos los contenidos de la plataforma, como ocurre en Netflix.

Publicidad en el vídeo bajo demanda (Advertising Video on Demand – AVOD). El visionado de contenido es gratuito, pero este contiene publicidad. Los ingresos en este modelo proceden del anunciante. El portal YouTube sigue este esquema.

Transactional Video on Demand (TVOD). En este caso el acceso a la plataforma es gratuito, pero se paga por ver contenidos específicos. Es un esquema que se ha utilizado en las retransmisiones de lucha libre y boxeo, y también es el que sigue el portal iTunes de Apple.

La llegada de las OTT, el auge de la televisión por internet y el agotamiento del modelo lineal, están haciendo reaccionar a los agentes tradicionales, que han acabado por comprender que la única forma de competir con empresas nativas digitales, como Netflix o Amazon Prime Video, es establecer una cabeza de playa en internet. La cadena de valor tradicional del sector audiovisual está rota y las empresas se ven obligadas a adaptarse al nuevo ecosistema multipantalla y multicanal, para encontrar modelos de ingresos a medio y largo plazo, en un paisaje en rápido cambio constante.

De esta forma, en Europa están proliferando las alianzas entre los agentes tradicionales del sector para poder establecer en internet una oferta de contenidos, siguiendo la senda marcada por las OTT. En Francia, las cadenas France Televisions, TF1 y M6 han creado la plataforma de SVOD Salto y en el Reino Unido, BBC, ITV y Channel 4, quieren hacer lo propio con Freeview, hasta ahora un canal en abierto, pero que pretenden transformar en un servicio bajo suscripción a través de internet. Alemania, por su parte, también tiene un proyecto de vídeo bajo demanda, todavía sin bautizar, que reúne a ProSiebenSat.1 y a Discovery Communication’s Eurosport.

Nuestro país no se mantiene al margen de esta tendencia y, a finales de 2018, saltaba el anuncio de la creación de Loves TV, que surge de un acuerdo entre Mediaset, Atresmedia y RTVE. El objetivo es convertirla en una plataforma de streaming y, mediante una app, llevar la oferta de contenidos a tabletas y teléfonos móviles, aproximándose al formato utilizado por las OTT.

lunes, 3 de junio de 2019

La edad de oro de la televisión



En menos de treinta años nuestro país ha pasado de tener una oferta televisiva basada en exclusiva en dos canales públicos, a gozar de un complejo y variado ecosistema audiovisual poblado de numerosos agentes y de no menos soportes distintos para hacer llegar contenidos hasta el espectador.

Los cambios en el mercado y la rápida evolución tecnológica que ha conocido el sector han tenido consecuencias sociológicas importantes, de forma que, frente al televisor del siglo XX que aglutinaba a toda la familia en la sala de estar de la casa para ver la programación lineal generalista, el consumo televisivo actual ha sido erradicado del dispositivo que le daba nombre y tiene lugar en cualquier aparato digital de los que nos rodean, ya sea el ordenador, la tableta, la consola de videojuegos o el teléfono inteligente.

Además, ver la televisión o -en términos más genéricos- consumir contenidos audiovisuales, se ha convertido en una actividad ubicua, dado que la podemos llevar a cabo en cualquier lugar y en cualquier momento, siempre que dispongamos de acceso a las redes de telecomunicaciones.

El espectador español ha visto cómo en los últimos años se multiplicaba y enriquecía la disponibilidad de contenidos a los que podía acceder y la cantidad de plataformas que los suministran. Casi se puede hablar de una edad de oro de la televisión, en la que las transformaciones se suceden a una velocidad vertiginosa.

Los grupos de televisión tradicionales han tenido que hacer hueco en el sector a nuevos participantes, en principio con modelos de negocio completamente ajenos, como las operadoras de telecomunicaciones -Telefónica, Vodafone y Orange- o las empresas de internet, como Netflix o Amazon.

A pesar de que el mercado de la televisión español no es tan maduro como el de países como Estados Unidos, muchas de las tendencias expuestas anteriormente ya están presentes en nuestro país. Y, sin duda, la principal es el crecimiento espectacular de los abonados a la televisión de pago.

A finales del año pasado había en España más de seis millones y medio de abonados a la televisión de pago en sus distintas modalidades, según los datos publicados por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), lo que supone un crecimiento de casi el 40% desde 2010. De hecho, los ingresos de la televisión de pago en España crecieron un 14% en 2017

De esos seis millones y medio, casi cuatro millones están abonados a televisión por internet. En mayo, una nota de prensa de la CNMC anunciaba que tres de cada diez hogares con internet ya consumen contenidos audiovisuales online de pago. El cambio de cultura que consiste en sustituir la televisión lineal en abierto por contenido de pago bajo demanda parece imparable.

En 2016 la oferta televisiva en nuestro país aumentó y se diversificó con la llegada de las plataformas extranjeras, primero Netflix y un poco después HBO. Les siguieron Amazon Prime Video y, en septiembre de 2017, Sky. Todas ellas entraron en competencia directa con las plataformas locales como Movistar+, Filmin y Wuaki (rebautizada como Rakuten TV).

Y, sin embargo, la feroz competencia que parecía venir ha dado paso a una serie de alianzas que, en cierta medida, han calmado las aguas del mercado. Telefónica llegó el año pasado a un acuerdo con Netflix para incorporar sus contenidos en las plataformas de vídeo y TV de la compañía en España y Latinoamérica, de forma que las tres grandes operadoras disponen ya de dicha oferta, pues Vodafone y Orange la tenían incorporada. 

En agosto 2018 saltó la noticia de que Telefónica también está en tratos con Amazon Prime para añadir Prime Video a sus paquetes convergentes (fijo, móvil y televisión), negociación que también estaría llevando a cabo Vodafone, que además de Netflix ya tiene también la oferta de las series de éxito de HBO. 

En suma, lo que inicialmente parecía una estrategia comercial de competir con el contenido propio de calidad parece haber evolucionado hacia el deseo de crear una oferta global que incorpore todas las series más sobresaliente del mercado, vengan de donde vengan. 

El modelo de negocio audiovisual a través de internet es simple y económico, pues evita tener que invertir en costosas licencias y permite centrarse en desarrollar un contenido audiovisual atractivo, como explica Mitch Lowe de Netflix: 

“La era de la televisión abierta durará quizá unas décadas más: el vídeo por Internet continuará expandiéndose y terminará por absorberla. Competir por una licencia televisiva es prohibitivo para la mayoría, pero para entrar en la red sólo tienes que tener un buen contenido y hacerlo accesible.” 

Quizá estemos entrando en una edad de oro de la televisión, en la que el espectador cada podrá acceder a un mayor número de contenidos de calidad, de una forma cada vez más personalizada y adaptada a sus necesidades y preferencias.
 
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