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lunes, 15 de octubre de 2018

¿Qué trabajadores son más vulnerables ante la revolución digital?

El Observatorio de BBVA Research publicó en marzo el trabajo Cuán vulnerable es el empleo en España a la revolución digital?, que, firmado por Rafael Doménech, Juan Ramón García, Miriam Montañez y Alejandro Neut, pretende identificar qué tipos de trabajadores ven más amenazados sus empleos por el cambio tecnológico en nuestro país.

Dentro del análisis actual en el marco internacional existen dos visiones radicalmente distintas. La más negativa defiende que la revolución digital que experimentamos en la actualidad es mucho más profunda que las revoluciones industriales del pasado y que va a acabar con un volumen importante de puestos de trabajo, sin crear otros nuevos y condenando a las masas de desempleados a la marginación y a la exclusión social. Pero también están los que pregonan que los efectos de la transformación crearán más empleos en nuevos sectores de actividad de los que destruyen, generando crecimiento económico y bienestar.

Evidentemente, nuestro país no se queda al margen del proceso de transformación digital y el informe de BBVA Research ha querido conocer qué tipo de trabajadores españoles se verán más afectados por la irrupción de la tecnología. Aunque la primera tarea consiste en evaluar el volumen de riesgo, es decir, qué porcentaje del empleo se encuentra en la actualidad en riesgo elevado de automatización.

Para determinar la cifra, los autores han utilizado el estudio ya clásico de Carl Benedikt Frey y Michael Osborne The Future of Employment: How susceptible are jobs to computerisation? junto con microdatos de la muestra anual de la Encuesta de Población Activa (EPA) entre 2011 y 2016. El resultado es que más de la tercera parte de los trabajadores actuales presentan una alta probabilidad de ser sustituidos por una máquina, en concreto, el 36%. ¿Esto es mucho o poco? Aunque es una cifra bastante inferior a la de Alemania, en donde casi el 60% de los puestos de trabajo son automatizables, no deja de ser preocupante.

El siguiente paso del estudio consiste en determinar las características de los ocupados más en riesgo. Para ello, se han tenido en cuenta numerosas variables, desde la edad y el sexo hasta el nivel de formación o el sector de actividad. De esta forma surge el siguiente retrato.

Atendiendo a la edad, el riesgo de automatización es comparativamente mayor para jóvenes que para los mayores de 33 años. En cambio, no se aprecian diferencias entre ambos sexos.

El nivel formativo del trabajador es también un condicionante de la vulnerabilidad laboral, estando más expuestos aquellos con menor nivel educativo, dado que cuanto más formados más capacidad tienen los ocupados de realizar tareas que las máquinas no pueden hacer.

Por otra parte, los trabajadores asalariados presentan más riesgo que aquellos que trabajan por cuenta propia. Dentro de los asalariados, los del sector privado son bastante más vulnerables al cambio tecnológico que los del público.

Atendiendo al tipo de ocupación, tienen más posibilidades de ser sustituidos por la tecnología los que desempeñan tareas de instalación y mantenimiento, de administración, del sector primario, y de los servicios, en general. En el extremo opuesto, se muestran difícilmente sustituibles aquellos que trabajan en temas de educación, legislación, arte y servicios audiovisuales, así como los de actividades sanitarias, financieras y científicas y de investigación.

Analizando los sectores de actividad económica, el empleo del sector primario, la hostelería, la industria manufacturera y las actividades del hogar es el más fácil de ser desplazado, mientras que el de la educación, las actividades profesionales, científicas y técnicas y las del sector de las tecnologías de la información y las comunicaciones se percibe como más sólido.

La posición jerárquica en la empresa u organización también presenta distintos niveles de riesgo de automatización, siendo este muy bajo para directores de grandes y medianas empresas y muy elevado para empleados sin trabajadores a cargo.

La capacidad de adaptación a nuevas formas de trabajar parece condicionar la supervivencia del trabajador, pues se ven más amenazados aquellos que no teletrabajan y mucho menos los que lo hacen más de la mitad de los días.

Finalmente, los trabajadores de las comunidades autónomas con más probabilidad de ser reemplazados por tecnología son los de Murcia, Canarias y Baleares, mientras que los de la Comunidad Autónoma de Madrid son los que menos.

Basándonos en estos resultados, podemos enumerar los principales factores que determinan la probabilidad de automatización:
  1. La posición jerárquica en la empresa: a más responsabilidad, menos riesgo.
  2. El nivel formativo: los más forzados son más difíciles de sustituir por tecnología.
  3. El sector de actividad: los más seguros son la sanidad, la educación y los servicios sociales.
  4. La adopción de nuevas formas de trabajo, como el teletrabajo, contribuye a reducir la vulnerabilidad a la automatización.

El resto de las variables contempladas, como la edad o el tiempo de permanencia en la empresa, no tienen tanto peso específico como determinantes.

El estudio finaliza con tres propuestas para atenuar las repercusiones negativas del progreso tecnológico sobre el empleo presente y futuro:
  • Invertir más y mejor en capital humano para que la población adquiera conocimientos –fundamentalmente, en áreas STEM– y habilidades cognitivas y no cognitivas complementarios al progreso tecnológico.
  • Reformar el mercado de trabajo quitando barreras a la inversión empresarial y la contratación e introduciendo medidas que optimicen su funcionamiento.
  • Diseñar mecanismos que compensen a los damnificados por la revolución digital, es decir, aplicar medidas redistributivas que eviten la exclusión social de amplios sectores de población.

lunes, 18 de junio de 2018

La revolución digital y el trabajo en España

50 estrategias para 2050. El trabajo y la revolución digital en España es una nueva publicación de Fundación Telefónica realizada en colaboración con Prospektiker en el marco del Proyecto Millennium. El objetivo de esta iniciativa es analizar los efectos que pueden tener los cambios tecnológicos asociados a la revolución digital en España, prestando especial atención a los que afectan al mercado laboral. El estudio está centrado en cinco campos: Educación y aprendizaje, Ciencia y tecnología, Empresas y trabajo, Sociedad y cultura y Gobierno y políticas públicas.

La educación se convierte en el ámbito prioritario de actuación en España para tender al escenario más positivo en el horizonte de 2050. La educación en España afronta el desafío de reinventarse y cambiar adaptarse a los valores cambiantes de la sociedad, al uso de tecnologías en el aprendizaje, a la formación para profesiones hoy todavía desconocidas, los nuevos paradigmas educativos, y en general, a un mundo más complejo y global. Los centros escolares incrementarán su función como redes donde el alumnado pueda interactuar con el profesorado de forma que se produzca un aprendizaje colaborativo. Las tendencias señalan que las competencias específicas serán cada vez más necesarias en las diversas disciplinas académicas

El informe propone una serie de estrategias relacionadas con la educación, entre las que destacan temas como:

  • Generalizar la educación digital e integrar las TIC en la docencia.
  • Incorporar sistemas de inteligencia del mercado de trabajo a las políticas educativas y de empleo.
  • Asegurar la flexibilidad del sistema educativo.
  • Reorientación del sistema de educación de un enfoque colectivo a uno individual.
  • Dinamizar el sistema universitario para promover la modernización de sus estructuras y el reciclaje de su profesorado.

En el ámbito de la Ciencia y tecnología, la mejora de la eficiencia en los procesos, en las decisiones y estrategias se está convirtiendo en un elemento central de la ventaja competitiva, en la medida en que el big data, impulsará nuestra economía en las próximas décadas. Las ciudades se convertirán en espacios en los que la tecnología digital embebida, centrada en aplicaciones basadas en Internet y móviles con múltiples funciones, generará un volumen ingente de datos, y el análisis en tiempo real de los diferentes sistemas facilitará la toma de decisiones.

El Internet de las cosas (IoT) permitirá una gestión más sostenible y un abaratamiento de los costes, que tendrán un impacto beneficioso en la movilidad, el transporte autónomo, o en ámbitos como el de la vivienda, la salud, el trabajo, la energía y la producción de alimentos. El mundo asistirá a un incremento de la robótica, la fabricación avanzada y la impresión 3D, que transformarán las cadenas de suministro de todas las industrias.

Muchos de los trabajos que se desarrollan actualmente en Europa están relativamente poco cualificados y son de carácter repetitivo, por lo que el mayor avance tecnológico implica el riesgo no solo de que se pierdan estos puestos de trabajo, sino de que también se deteriore la calidad del empleo en la economía digital. El uso de tecnologías online para crear mercados de trabajo puede provocar una carrera descendente en salarios y condiciones laborales, transfiriendo el riesgo y la responsabilidad de los empleadores a los trabajadores.

El informe plantea una batería de estrategias en este ámbito de las que podemos extraer las siguientes:

  • Desarrollar una estrategia de implantación nacional en ciencia y tecnología.
  • Promover las redes de realidad extendida y potenciar una cultura de red y de interconexión para la inteligencia artificial.
  • Apuesta por la ciberseguridad.
  • Potenciar la red Internet of beings (Internet del ser humano).
  • Puesta en marcha de fondos de capital riesgo que apoyen la inversión en I+D+i.

En el apartado de Empresas y trabajo, se destaca que el envejecimiento poblacional constituye el principal cambio sociodemográfico en los países desarrollados, en los que se estima que en 2050 vivirá el 80% de la población mayor de 60 años, y Europa será la región más envejecida. Para el año 2060, se prevé que en la UE solo habrá 2 trabajadores por cada persona de 65 años o más. Junto con estos cambios sociodemográficos, otros hechos disruptivos podrían modificar de forma inesperada el funcionamiento del mercado laboral: las transformaciones en los entornos laborales, los valores cambiantes de las personas empleado o la convergencia de tecnologías. Muchos de los trabajos y habilidades buscadas hoy no existían hace una década. Del mismo modo, nuevos puestos de trabajo y habilidades surgirán en el futuro.

La digitalización está reduciendo la demanda de tareas rutinarias y manuales, al tiempo que aumenta la de tareas de baja y alta cualificación y de habilidades interpersonales y para resolver problemas.
De las estrategias propuestas por el estudio destacamos:

  • Extender los sistemas de apoyo al autoempleo y el emprendimiento, y fomentar los ecosistemas conectados.
  • Replantear los modelos de protección social en esquemas de “flexi-seguridad”.
  • Impulsar la gestión del conocimiento a través de la innovación abierta en las empresas.
  • Repensar la responsabilidad social y el impacto que las empresas generan en la sociedad y en sus empleados.
  • Impulso a programas integrales de reinserción laboral.

El campo de la Sociedad y la cultura viene caracterizado por la pérdida de protagonismo de la familia clásica madre-padre-hijo a favor de otras estructuras familiares menos tradicionales (familias monoparentales, homoparentales, multiculturales, etc.). Las sociedades serán principalmente urbanas. Las ciudades podrán llegar a concentrar cerca del 70% de la población mundial en 2050. Estas ciudades serían a su vez fiel reflejo de la creciente desigualdad y del incremento de la brecha entre ricos y pobres, que podría agravarse en las próximas décadas. Entre los riesgos probables, encontramos una expansión no igualitaria, que podría dividir al mundo entre quienes tienen acceso a la tecnología digital y quienes no, y que agrandaría la brecha con las generaciones que no cuentan con habilidades o soltura suficientes para adoptar la economía colaborativa en un ecosistema online.

De las estrategias propuestas en este terreno destacan:

  • Redefinir los valores éticos de las organizaciones y las personas.
  • Gestión de una sociedad más multicultural.
  • Desarrollar competencias digitales a nivel general y competencias analíticas clave.
  • Protagonismo del smart citizen.
  • Potenciar las industrias creativas en el marco de la cultura digital.

El último epígrafe tratado por el informe es Gobierno y políticas públicas. Se perfila un mundo más global y más local, donde se plantean cuestiones como la sostenibilidad de los actuales sistemas de bienestar, la reducción de la fuerza laboral, la necesidad de reformas estructurales para asignación de inversiones y ahorros, y la vulnerabilidad de la economía europea dentro del mercado global.

La gobernanza nacional cada vez es más dependiente de las decisiones que se toman en el exterior. Un mundo global interdependiente con diversos actores que tienen intereses transnacionales e intersectoriales, así como el surgimiento de una conciencia global y un nuevo contrato social para la ciudadanía, están cambiando el proceso de toma de decisiones y aumentando la necesidad de una cultura anticipadora de elaboración de políticas.

Entre las estrategias sugeridas en este apartado se pueden destacar:
  • Convertir la estrategia nacional sobre tecnología en una política de Estado, al margen del debate partidista.
  •  Potenciar el rol público para el impulso del avance tecnológico.
  • Nuevos mecanismos de participación ciudadana que impulsen la implicación progresiva en los procesos de toma de decisiones, más allá del voto.
  • Gobernanza basada en el gobierno abierto, la transparencia y la rendición de cuentas.

lunes, 26 de febrero de 2018

Ocho escenarios para el futuro del trabajo

La capacidad de la revolución digital para destruir empleo y automatizar tareas que antes realizaban los seres humanos es una de las grandes preocupaciones de los últimos tiempos. Los cambios se están sucediendo de forma tan acelerada que no disponemos de perspectiva para poder anticipar el futuro que se nos viene encima. No faltan distopías apocalípticas que hablan de un mundo controlado por robots y de legiones de trabajadores desplazados y empobrecidos, ni grandes figuras de la ciencia y la tecnología, como Stephen Hawking o Elon Musk de Tesla, que alertan sobre la amenaza que supone para la humanidad la proliferación de la inteligencia artificial. 

No obstante, también están surgiendo intentos serios de estudiar de forma analítica y objetiva el posible efecto en el futuro inmediato del cambio tecnológico sobre el mercado de trabajo. Uno de los más recientes ha sido llevado a cabo por el World Economic Forum, en colaboración con The Boston Consulting Group, y predice ocho posibles escenarios a los que nos enfrentamos, cuya probabilidad de materializarse depende de la velocidad de evolución de tres variables.

Se trata del informe Eight Futures of Work  y los tres aspectos que contempla son el cambio tecnológico, la evolución del aprendizaje y la movilidad del talento. En el primer caso, se tiene en cuenta a qué velocidad penetrarán en nuestras sociedades la robótica, la inteligencia artificial o la analítica de datos (puede ser un cambio estable o acelerado); el siguiente elemento hace referencia al ritmo al que la fuerza de trabajo adquiere las competencias que demanda la economía digital (puede ser lento o rápido); finalmente, el modelo evalúa el grado de movilidad de la fuerza de trabajo, entre regiones y entre países (baja o alta).

Este planteamiento aparentemente tan sencillo puede dar lugar a ocho escenarios futuros para el mercado de trabajo, a juicio de los autores:

Autarquías de la fuerza de trabajo (cambio tecnológico estable, lenta evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

Como el cambio tecnológico se produce despacio la automatización de los puestos de trabajo solamente afecta a las tareas manuales de baja cualificación. Al ser también bajo el ritmo de adquisición de competencias tecnológicas, mucha mano de obra poco cualificada compite por pocos puestos de trabajo. Existen puestos de mayor cualificación sin cubrir en las empresas, pero los gobiernos limitan la entrada de trabajadores cualificados extranjeros en los mercados de trabajo locales para proteger a la fuerza de trabajo de escasa cualificación.

Movimiento de masas (cambio tecnológico estable, lenta evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Como en el caso anterior, la disrupción que trae la tecnología solamente afecta a los trabajos manuales más rutinarios y los trabajos de cualificación media no se ven afectados. El aprendizaje de las nuevas competencias requeridas es lento, pero al no existir barreras al movimiento de la mano de obra entre países, los trabajadores de alta cualificación de todas partes confluyen en los lugares que ofrecen puestos más atractivos. Mientras, los trabajadores poco cualificados desplazados por la automatización emigran a países emergentes compitiendo con la mano de obra local por puestos a su medida. En este escenario la cohesión social es más difícil de mantener.

Reemplazo robótico (cambio tecnológico acelerado, lenta evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

El elevado ritmo de cambio tecnológico ha automatizado las tareas manuales y muchas tareas no manuales más cualificadas. La demanda de trabajadores humanos con nuevos perfiles para gestionar y complementar el trabajo de las máquinas no es satisfecha porque el ritmo de aprendizaje profesional es reducido y, en consecuencia, las empresas optan por automatizar más y más tareas y “pierden la fe en el talento humano”. Para paliar la crisis social, los gobiernos optan por llevar a cabo políticas proteccionistas, cerrando la entrada al mercado de trabajo a mano de obra extranjera altamente cualificada, y, en última instancia, llevando a cabo nacionalizaciones de empresas tecnológicas y generando monopolios.

Mundo polarizado (cambio tecnológico acelerado, lenta evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Los robots y la inteligencia artificial asumen tareas rutinarias y no rutinarias, pero las empresas no encuentran mano de obra suficientemente formada para trabajar en la nueva economía digital. En este caso, no hay barreras al movimiento internacional de la mano de obra, así que trabajadores muy cualificados de países emergentes acuden a las economías desarrolladas a buscar mejores oportunidades, mientras que la mano de obra poco cualificada de estas queda desplazada del mercado. Las fronteras nacionales se van diluyendo y el mundo se polariza en clusters de supereconomías muy avanzadas que se relacionan entre sí y el resto de naciones que han quedado atrás. Las sociedades se polarizan igualmente entre el pequeño estamento de los privilegiados y grandes masas de mano de obra sin cualificar que se dedica a prestar servicios a los primeros.

Empresarios empoderados (cambio tecnológico estable, rápida evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

En este caso, el cambio tecnológico avanza de forma moderada y solamente afecta a las tareas manuales y rutinarias, pero no al resto. No obstante, las sociedades han tomado conciencia de la importancia de formar a la población para afrontar el nuevo paradigma productivo y han reformado los sistemas educativos, adecuándolos a los nuevos conocimientos y habilidades requeridos, mientras que las empresas invierten mucho en reciclar a sus plantillas. Los países cuentan, por tanto, con tejidos empresariales dinámicos y con una población acostumbrada al aprendizaje permanente que se adapta a los cambios con éxito, de forma que los gobiernos limitan la emigración para no perder su valiosa mano de obra.

Flujos cualificados (cambio tecnológico estable, rápida evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Este escenario es una variante del anterior en el que igualmente el lento cambio tecnológico y el rápido aprendizaje hace que las economías encuentren la mano de obra cualificada que necesitan para el nuevo modelo productivo. En este caso, la emigración no ha sido limitada y la movilidad de trabajadores muy cualificados entre países y zonas es elevadísima. Los mercados de trabajo locales con mejor acceso a la tecnología han sabido extraer mayor valor añadido con menos, a diferencia de otros, produciéndose una dicotomía que se va ampliando.

Mercados locales productivos (cambio tecnológico acelerado, rápida evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

La rápida automatización de tareas y profesiones manuales y no manuales genera una demanda de mano de obra muy cualificada para gestionar y complementar a las máquinas que, gracias a la concienciación y previsión colectiva, existe en las sociedades,  derivada del elevado ritmo de aprendizaje de nuevas habilidades de los trabajadores. Las economías que han invertido fuerte en formación del talento no quieren perderlo y cierran sus fronteras a la movilidad laboral. Sin embargo, el elevado ritmo de innovación genera una demanda constante de mano de obra supercualificada que las economías no pueden satisfacer de forma local.

Adaptadores ágiles (cambio tecnológico acelerado, rápida evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Con las tres variables mostrando valores elevados, el resultado es la creación de una gran fuerza de trabajo en el mundo, intensamente cualificada y dedicada al aprendizaje permanente, que se mueve constantemente buscando nuevas oportunidades laborales en los numerosos focos geográficos de innovación y dinamismo económico que existen. La transferencia de tecnología y de ideas entre las distintas áreas de desarrollo es constante gracias al continuo movimiento de profesionales. La única “pega” que puede presentar este escenario tan utópico es la falta de arraigo que puede aquejar a este trabajador sin fronteras.

domingo, 20 de septiembre de 2015

La incertidumbre de China: bienvenidos al capitalismo



La transición en las últimas décadas de la economía china desde el intervencionismo absoluto del modelo maoísta hasta una economía abierta de mercado ha sido espectacular. En paralelo, el Producto Interior Bruto del país se ha multiplicado por 20 desde 1978 y hoy representa un 15% del valor de la producción mundial.

Este proceso ha llevado a China a ocupar una posición hegemónica entre los actores que presiden la vida económica del planeta. Para el mundo desarrollado como un competidor imbatible en precios en los mercados internacionales de productos industriales; para las naciones emergentes como un importador masivo de materias primas y un socio inversor. De esta forma, el nuevo siglo amanecía con una nueva partida en la que una pieza ponía en jaque al tradicional papel de occidente como productor de manufacturas e inyectaba savia en los procesos de desarrollo de las naciones emergentes, no sólo de sus compañeras del acróstico BRIC -Brasil, Rusia e India-, sino de muchos otros países de América Latina y África.  

Pero esas tasas de crecimiento anual de dos dígitos que han acompañado la muda a la piel capitalista del dragón se han ralentizado. Las alarmas han saltado al considerar la posibilidad de que el gigante asiático puede entrar en estancamiento o recesión, que estás caídas de los mercados de valores y las devaluaciones de moneda recientemente sufridas, no sean turbulencias pasajeras sino el síntoma de que el modelo de crecimiento está agotado.

Los estornudos de la economía china tienen en vilo a medio mundo. Rusia confiaba en su vecina para paliar las necesidades financieras derivadas de  la caída de los precios del petróleo y de las sanciones comerciales impuestas por las naciones occidentales. Otros como Venezuela, Nigeria y Ucrania contaban con las inversiones y préstamos chinos y Brasil ha visto seriamente reducidas sus exportaciones de minerales y soja en grano al frenarse la demanda del país asiático. Parece a todas luces una reacción en cadena.

¿Cuál es el problema que afecta a la economía china, un motor de crecimiento que hace unos años parecía imparable? En un acertado artículo, Ángel Ubide del Peterson Institute for International Economics (China en su laberinto) afirma que es precisamente ése: lo anormal de haber gozado de un desarrollo tan colosal en las últimas décadas. Y podríamos añadir, y tan sostenido, sin los vaivenes que experimentan normalmente las economías de mercado.

En los apenas cuatro decenios que han pasado desde la muerte de Mao, China ha evolucionado de ser un país básicamente rural a uno mucho más urbanizado, ha introducido el mercado en una economía estatalmente intervenida y se ha abierto de par en par al comercio exterior. Un tiempo récord para tanto esfuerzo.

La especialización en la producción de manufacturas destinadas a la exportación ha basado su competitividad internacional en los bajos salarios del obrero industrial, gracias al excedente de mano de obra rural. Pero ese excedente, dado el vertiginoso nivel de urbanización, se acaba, y los salarios presionan al alza destruyendo la ventaja competitiva china en el exterior.

Por otro lado, desde la tribuna de Harvard Business Review, David Simchi-Levi (You Can´t Understand China´s Slowdown Without Understanding Supply Chains) añade como problema el cambio de tendencia que aparentemente se aprecia en el mundo, en el que las cadenas de producción industrial, que hace veinticinco años se trasladaron de los países industrializados a los países en desarrollo, están volviendo a los primeros. El primer mundo se está reindustrializando, dentro del fenómeno que se  ha denominado “near-shoring” o lo que es lo mismo, la práctica de producir cerca del consumidor. ¿Se acabarán los tiempos de los productos con el rótulo “Made in China” o "Made in taiwan”?

En palabras del articulista “el mundo está en plena transformación, con empresas que se mueven de una estrategia industrial global, cuyo foco está en los países de bajos costes, hacia una estrategia más regional, en la que China es para China, los Estados Unidos (o México y Latinoamérica) son para las Américas, y Europa del este es para los mercados europeos” [“the world is in the middle of a transformation, with companies moving from a global manufacturing strategy, whose focus is on low-cost countries, to a more regional strategy, where China is for China, the United States (or Mexico and Latin America) is for the Americas, and Eastern Europe is for European markets.”].

Varias son las razones que justifican este cambio de estrategia industrial que implica repatriar las unidades de producción:

Los precios del petróleo. La deslocalización de la producción de los años 90 tuvo lugar en un periodo de precios bajos del combustible, pero éstos se han triplicado en la última década encareciendo los costes logísticos. Ahora vuelven a estar bajos, pero la producción de gas barato en EE.UU mediante fracking puede hacer más rentable el producir en ese país que hacerlo en China y traerlo de allá.

Costes laborales. En los últimos años los costes laborales en China se han incrementado en un 20%, frente al 3% de EE.UU. y el 5% de México.

Automatización. La revolución tecnológica conlleva la automatización de las plantas productivas incidiendo muy positivamente en la productividad. La industria de este siglo ya no necesita grandes cantidades de mano de obra barata sin cualificar, sino una cantidad reducida de trabajadores técnicamente  muy cualificados.

Riesgo. Una cadena de producción desperdigada por el mundo y presente en países social o políticamente inseguros, o sin legislación en torno a la seguridad o la protección medioambiental,  expone demasiado a la empresa y supone un factor de vulnerabilidad. El reciente desastre ocurrido en el almacén de Tianjin es un buen ejemplo de ello.

Retornando al primer artículo citado, Ángel Ubide plantea como retos para el buen funcionamiento de la economía china una serie de transformaciones de fondo del país:

  • Transición de la industria a una economía de servicios
  • De una política de inversión a una de estímulo del consumo
  • De la dependencia de la demanda exterior a fortalecer la demanda doméstica
  • De un tejido empresarial mayormente estatal a uno basado en capital privado
  • Reducir el elevado endeudamiento
  • Gestionar el exceso de capacidad del mercado inmobiliario
  • Reorganizar el caos fiscal en las regiones

Se trata de medidas quizá algo obvias para el economista occidental, pero que parten de un análisis que no tiene tan claro el Gobierno chino por su falta de experiencia en la economía de mercado. La gloriosa transición se acabó: bienvenidos al capitalismo con sus problemas.

domingo, 11 de enero de 2015

La economía digital y los ciudadanos de valor económico cero


Cada vez se alzan más voces avisando del daño irreversible que la economía digital está infligiendo en el empleo. Ya nos hemos hecho eco en este medio sobre esta amenaza, que se resume llanamente en que el modelo económico intensivo en tecnología que emerge no necesita tanta mano de obra como el precedente. Hablando en plata: sobra un porcentaje importante del volumen actual de trabajadores.

El pasado 6 de enero el diario El País nos traía como regalo de Reyes un acertado artículo firmado por el catedrático de la Universidad de Valencia Gregorio Martín en el que se nos anuncia que las máquinas inteligentes están haciendo desaparecer modelos de negocio completos y numerosos perfiles profesionales (Digitalización y desempleo: el nuevo orden).

El texto subraya que la pérdida de empleos provocada por la revolución tecnológica no encuentra su contrapeso en la creación de otros nuevos. Las tan cacareadas start up funcionan con un nivel de recursos humanos mínimo, incluso las que han desarrollado productos o servicios de éxito global, como Instagram o WhatsApp, así que tampoco pueden ser la solución a este problema. De hecho, la mayor parte tienen menos de cinco empleados.

Por desgracia, se nos engaña hablándonos de las ventajas de ser emprendedor, de lanzar tu propio negocio, pero no deja de ser un remiendo para una situación sin solución. ¿Cuántos empresarios innovadores realmente llegan a generar un modelo de negocio mínimamente rentable? ¿Es lógico y deseable que cada desempleado se convierta en empresario? Personalmente no creo que el mercado tenga cabida para tantas “grandes ideas” de lucro.

Pero aparte de los políticos, que no ven más allá del horizonte de su legislatura, y de los iluminados, que rezan todas las noches antes de acostarse un mantra sacado de la biografía de Steve Jobs, cualquiera puede ver que el vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial está cambiando las necesidades de recursos del sistema económico. Lo escalofriante es que, a diferencia de cataclismos anteriores, la salida de la crisis puede no traer consigo la creación masiva de empleo.

Estaríamos hablando de una situación de crecimiento productivo y bonanza en las finanzas que deja de lado a un porcentaje de la fuerza de trabajo, que además ha visto recortado drásticamente su nivel de protección social por la fe profunda en el presupuesto equilibrado de las políticas liberales aplicadas durante la crisis.

No más optimistas que el profesor Martín resultan William H. Davidow y Michael S. Malone, que desde la tribuna de Harvard Business Review nos hablan de que dentro de poco habrá “hordas de ciudadanos de cero valor económico”.

El razonamiento que exponen en su artículo (What Happens to Society When Robots Replace Workers?) es muy similar: el capital productivo está sustituyendo personas por máquinas a pasos agigantados, y se pone de ejemplo el caso de la empresa gigante manufacturera china Foxconn que en 2011 daba empleo a un millón de trabajadores, pero que está incorporando a razón de 30.000 robots al año. Una sencilla operación aritmética nos permitiría saber cuándo quedarán en paro la mayor parte de ese millón de empleados.

Davidow y Malone utilizan el término de “Segunda Economía” para referirse a la parte de la economía en la que las máquinas solamente se relacionan comercialmente con otras máquinas.  El término fue acuñado por el economista Brian Arthur, que vaticina que si esta segunda economía sigue creciendo al ritmo actual, para 2025 tendrá el volumen de la economía “original” en 1995 y habrá desplazado a 100 millones de trabajadores. Solamente en los EE.UU. predice que quedarán alrededor de 40 millones de trabajadores “sin valor económico”.

Los expertos coinciden en que las alternativas de los poderes públicos para enfrentar este problema son limitadas. Se aboga por mejorar la educación y la formación, algo que de por sí siempre será positivo, pero es una respuesta insuficiente y que llega demasiado tarde. Como indica Gregorio Martín, “la solución educativa ocupa al menos el tiempo de una generación para dar resultados: no resuelve el nuevo orden entre digitalización y empleo”.

Cualquier solución que se ponga en marcha tendrá que partir de las premisas y características del nuevo orden que surge y no intentar aplicar principios del antiguo mundo industrial heredado del siglo XX.

Ya en 1989 el conocido Informe Delors (Libro Blanco “Crecimiento, Competitividad y Empleo. Retos y pistas en el siglo XXI) reconocía "Si hemos cambiado, el mundo ha cambiado todavía más deprisa que nosotros". Entonces no sabían hasta qué punto.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Los caídos de la economía digital: trabajadores pobres de un mundo rico

Toda revolución tecnológica tiene un fuerte carácter disruptivo. Recordemos que la Revolución Industrial, en sus fases sucesivas, nos legó avances como el ferrocarril o la iluminación eléctrica de las calles, entre otras muchas aportaciones a la calidad de vida, pero no olvidemos que también supuso la explotación de la mano de obra en las fábricas y talleres, su hacinamiento en condiciones de vida insalubres, y en suma, el traslado de la división social estamental rural tradicional del Antiguo Régimen al medio urbano, bajo la égida del incipiente capitalismo. El maquinismo supuso entonces el desplazamiento del trabajador manual y su condena al desempleo o al subempleo.

Tras generaciones y generaciones de trabajadores industriales viviendo en situación de pobreza extrema, a mediados del siglo XX las naciones europeas y EE.UU. comienzan a poner en práctica políticas basadas en la distribución de la renta, principalmente garantizando el acceso de toda la población a la educación y la sanidad y estableciendo una cobertura ante el desempleo, que realmente implican una mejora sustancial en las condiciones de vida de los estratos más vulnerables de la sociedad.

Es cierto que entonces se produjo un paso adelante sin precedentes en la historia de la humanidad, pero también hay que reconocer que el sacrificio humano y el dolor que generó no puede obviarse. En la actualidad parece ocurrir algo parecido: una revolución digital que nos ha dejado la interconexión del mundo a través de redes, que nos ha metido en el bolsillo los teléfonos móviles, pero cuyo nuevo paradigma socioeconómico está implicando abandonar en la cuneta a una proporción importante de la mano de obra, generando altas tasas de desempleados.

Muy gráficamente, la revista The Economist (que ha dedicado uno de sus números de octubre al análisis de este tema) define el fenómeno como “riqueza sin trabajadores, trabajadores sin riqueza” (“wealth without workers, workers without wealth”). No se trata de un mero juego de palabras; estamos ante un modelo económico emergente intensivamente tecnológico que requiere de muchísima menos mano de obra para generar valor añadido.

Este esquema beneficia a aquellos muy formados que tienen trabajos muy especializados en profesiones relacionadas con la alta tecnología y deja de lado a todos aquellos trabajadores de baja formación y trabajos poco especializados, cuyos perfiles laborales pueden ser sustituidos –total o parcialmente- por máquinas. Como consecuencia, excepto en profesiones especializadas de los sectores tecnológicos, los salarios medios reales están estancados desde 2000 en la mitad de los países de la OCDE, y precisamente en aquellos países en los que se registra un crecimiento del empleo, como Reino Unido y Alemania, es donde más se han ajustado.

De acuerdo con The Economist, en los próximos años este proceso disruptivo se extenderá más si cabe, principalmente por tres razones:

  • Los progresos en el campo de la inteligencia artificial amenazarán los puestos de trabajo de cada vez más trabajadores. Los efectos subirán como la ola de un tsunami hacia arriba en la escala de la especialización, afectando a trabajadores cada vez más formados, cuyas competencias podrán ser desempeñadas por ordenadores.
  • Además, la creación de riqueza en la era digital requiere de poca fuerza de trabajo. Ejemplo de ello son los gigantes de la economía mundial Facebook y Google, que cuentan con menos de 50.000 trabajadores cada uno. Cualquiera puede ahora lanzar un negocio provechoso con pocos recursos.
  • Y para colmo estas tendencias están trasladándose a los países emergentes que antaño cimentaban su posicionamiento global sobre el uso intensivo de mano de obra, pero que a medida que están experimentando el encarecimiento de los costes laborales tienden a sustituir trabajadores humanos por máquinas. La manufacturera china Foxconn es buen ejemplo de ello.
El nuevo mundo en el que nos adentramos trae consigo un aumento de la desigualdad y  divisiones sociales importantes: entre las rentas del capital y las del trabajo, cuya distribución se inclina desproporcionadamente hacia el primero, y entre los trabajadores altamente cualificados y los que no lo están.

Ciertamente, la promesa de que la tecnología mejorará nuestras condiciones de vida no se está cumpliendo por ahora, aunque eso sí, nos da la oportunidad de tuitear las mayores sandeces que se nos ocurran a todo el orbe.
  
  

martes, 17 de diciembre de 2013

Si al despertar de la pesadilla sigue aquí el monstruo de la crisis


Aquellos que nos criamos en las décadas de los 70 y 80 estábamos acostumbrados  a los ciclos cortos económicos: etapas de  entre 3 y 5 años de crecimiento seguidos de una crisis que abarcaba unos 2 o 3 años. Este patrón se cumplió más o menos entre 1973 y 2000. Después creímos entrar en un ciclo económico largo de bienestar, como el que conoció el mundo entre 1945 y 1970, pero en 2008 nuestro gozo cayó, no en un pozo, sino en una sima oceánica.

Siguiendo un esquema, digamos, como el de la crisis de principios de los 90, en que el hundimiento se produce en 1992 y el despegue de la economía regresa hacia 1995, tendríamos que haber salido del agujero, a grandes rasgos, en 2011, pero no fue así.

Ahora, finales del año 2013 nos anuncian los iluminados de la estadística y la econometría de siempre que ya se ve luz al final del túnel, que lo peor ha pasado y que a partir de ahora solamente podemos ir a mejor.

Pero hay una corriente de pensamiento que piensa que el estado de estancamiento económico podría ser la norma a partir de ahora, que la baja demanda y los altos índices de desempleo seguirán durante décadas. En suma, ¿y si el monstruo de la crisis sigue allí tras despertar de la pesadilla?

El origen de este temor procede de nuestro agorero habitual, el Nobel Paul Krugman, a través de su artículo ¿Una depresión permanente?, en el que básicamente plantea la distopía de que nuestro futuro será lo que estamos viviendo ahora mismo, sin un mayor nivel de prosperidad, cito:
“Pero ¿y si el mundo en el que vivimos desde hace cinco años fuese la nueva normalidad? ¿Y si las condiciones de cuasi depresión van camino de mantenerse, no uno o dos años más, sino décadas?”
Según esta tesis, estaríamos en una situación en la que la depresión económica es la norma con periodos esporádicos de pleno empleo separados entre sí.

La perspectiva keynesiana que avala las tesis de Krugman, y que asocia los ciclos económicos al comportamiento de la demanda, parte del hecho de que antes de 2007, a pesar de la gran burbuja inmobiliaria, no existían indicios de expansión económica que generasen una presión inflacionista. Es decir, que ni en los mejores momentos de la edad dorada la economía funcionaba a toda máquina.

Lo lógico en un periodo de bonanza económica es que la excesiva demanda de bienes y servicios supere a la oferta creando una tendencia generalizada hacia la subida de precios. Pero no…

Las razones aducidas por Krugman para justificar esta situación son el estancamiento demográfico y el endeudamiento de las familias. En general, cualquier factor que contraiga el gasto y fomente el ahorro, algo que en este momento resulta nefasto.

Joaquín Estefanía aporta en el artículo Después de la crisis, ¿qué? su particular explicación a este fenómeno de la raquítica demanda para el caso de España: desde 2006 los sucesivos gobiernos del PP y del PSOE han llevado a cabo unas políticas que han implicado un proceso de regresión en la distribución de la renta de nuestro país. De esta forma, hoy en día la riqueza se concentra en menos manos que hace veinte años.

La pérdida de poder adquisitivo de las familias españolas unida al terror a perder el empleo y las fuentes de ingresos, parecen asegurar que la demanda no crecerá en los próximos años, corroborando la tesis de estancamiento permanente de Krugman.

Nos queda para rato, creo yo. Y por mucho que los políticos enciendan la mecha de la pirotecnia triunfalista, como bien dice Estefanía:
“Los síntomas de que España está “ante el inicio de un ciclo de crecimiento”, recupera la confianza internacional y resalta “la cantidad de inversores que se dirigen a nuestro país”, como declaró el pasado viernes un representante del primer banco del país, no son compartidos por la ciudadanía, simplemente porque no los ven.”

miércoles, 9 de octubre de 2013

De tener miedo de los chinos a temer por ellos

La frase del título la atribuye The Economist al Nobel de economía Paul Krugman en el artículo A bubble in pessimism. Expresa el temor de que un frenazo de la economía china pueda agravar la crisis de la economía mundial, estancando el crecimiento de las economías emergentes y de los sectores de nuestra economía que dependen de su bonanza, como las telecomunicaciones, las finanzas o las infraestructuras.

El pesimismo de Krugman no es del todo compartido por el autor del artículo, que observa un cambio de tendencia en el gigante asiático, aunque no necesariamente negativo.

Es cierto que desde hace algún tiempo China ha rebajado su poderosa tasa de crecimiento de dos dígitos de antaño a un “modesto” 7,5%. La tasa de inversión sigue alta, más del 48% del PIB, pero el ratio de endeudamiento de las familias, empresas y de la administración ha subido hasta un 200% del producto interior.

Lo que para unos es una evolución del modelo económico para Krugman es el fin del modelo de crecimiento chino. A su juicio, lo que ha quebrado es lo que Marx denominó el “ejército de reserva”, es decir, un exceso de población rural que fluye hacia las actividades industriales urbanas cuando resulta necesario para mantener los salarios bajos.

Se ha tratado de basar la competitividad en la explotación del trabajador, que el padre del marxismo denunció en el capitalismo de su época, y que sus discípulos chinos actuales aplican para garantizar la expansión económica del país, incurriendo en una más de sus contradicciones ideológicas.

Pero parece ser que este modelo no se sostiene y que cada vez es más difícil llevarse mano de obra del entorno rural sin que se produzcan tensiones salariales al alza allí. El retorno de la inversión de este modelo era alto, con mano de obra ilimitada  a precio de saldo, pero ahora  caerá porque los salarios deberán subir para convencer al trabajador para que acuda a la ciudad. La insuperable competitividad china no será la misma.

El nuevo modelo exige que la inversión se centre en aumentar la productividad del trabajador individual y la rentabilidad de la misma ya no será tan espectacular.

Ahora bien, el sistema político chino se ha beneficiado de los métodos inhumanos del capitalismo salvaje, la explotación extrema del trabajador, pero a la vez se salta las reglas del mercado que son inherentes a éste, y el Gobierno manipula los componentes de la demanda a su antojo.

Es por ello que el estado estimula la variable de la inversión (de forma directa o a través de las empresas intervenidas) cuando otros componentes de la demanda, como el consumo privado, se debilitan. Están tuneando la ecuación de la renta y la demanda (demanda=consumo+inversión+gasto público+exportaciones-importaciones) a su antojo.

Para Krugman es una situación insostenible: a su juicio, China está invirtiendo desmesuradamente en aumentar su capacidad productiva en vez de nutrir la demanda interna y externa para sus productos y servicios. Y ello reventará en algún momento.

Recordemos que parte del mundo que todavía no sufre la crisis, en especial América Latina, depende en gran medida de la evolución de la economía de países como China e India, entre otros. Un cataclismo de estos países de oriente puede producir un efecto  en cadena y sumirnos a todos en una situación aún más desesperada. Por eso dice Krugman que, más que tenerles miedo, ahora debemos temer por ellos (y por nosotros).

martes, 2 de julio de 2013

El trabajador de este siglo es un Knowmad

Debería ser evidente que la crisis que estamos atravesando no es la clásica recesión a la que nos había acostumbrado la economía mundial desde principios de la década de 1970: el típico ciclo corto de Kondratiev de cinco años de crecimiento y esplendor seguido de tres años de estancamiento económico y desempleo.

No, esto es más gordo, ni por suerte ni por desgracia, sencillamente es así. Estamos en pleno cambio de modelo, y por desgracia, en la fase disruptiva, es decir, que abandonamos un terreno conocido y nos encontramos en el caos, hasta que todo se vaya ordenando gradualmente. Las reglas de este mundo nuevo todavía no las conocemos por completo pero algo empieza a intuirse.

La transformación en marcha cambia el esquema de fuerzas geoeconómicas. La vieja Europa se hunde, Asia emerge con vigor, América Latina entra en el camino de convertirse en la gran revelación de esta mitad del siglo y Estados Unidos y Japón… ni sienten, ni padecen.

El modelo de estado de bienestar que emerge tras 1945 ha entrado en crisis, no tanto por su aparente “falta de sostenibilidad”, sino por el espectro conservador (y liberal en términos de política económica) que recorre el mundo actualmente, que ha conseguido que ha conseguido convertir los dogmas de fe ideológicos de derechas en premisas de la ciencia económica. Nadie entiende que la economía es una ciencia de juicios de valor, no una ciencia exacta.

El modelo tradicional de mercado de trabajo ha quebrado. No hay más que ver las cifras de desempleo. Todos abogan por el fin del trabajo fijo y por unas nuevas relaciones de producción entre el trabajador y el empresario o empleador. Surge con fuerza la idea de que todo trabajador debe ser emprendedor (que no quiere decir empresario), y temas como la proyección de la marca personal o las competencias del siglo XXI.

Básicamente se trata de quitarle como sea a la gente la idea de que va a tener un trabajo fijo y una serie de servicios sociales, que antaño suministraba el Estado, y que te conferían una cierta seguridad ante la adversidad. Pero todo eso se acabó: las reglas del mundo han cambiado y cada cual se las apañará como pueda.

Y en este escenario, el norteamericano John Moravec y el español Cristobal Cobo definen al nuevo perfil laboral emergente como Knowmad, apocopando los términos conocimiento (knowledge) y nómada (nomad). En palabras de Moravec, hablamos de:
“Una persona creativa, imaginativa, e innovadora, que puede trabajar prácticamente con todo el mundo, en cualquier momento y en cualquier lugar. La sociedad industrial está dando paso a empleos de conocimiento e innovación”.
En fin, es una forma optimista de enfrentar el desastre que estamos viviendo, aunque es cierto que los valores que asocian a esta nueva figura cada vez están más en alza.

Olvidaos de redactar esos currículums abultados como las páginas amarillas que solamente contienen titulillos y supuestas habilidades avaladas por diplomas. La ventaja competitiva del Knowmad está en sus conocimientos, no en sus títulos, y se ocupa de construir su propio futuro. Con cierto tono lapidario, los autores afirman que “en el pasado solicitábamos empleos. Ahora se nos exige que diseñemos nuestro trabajo”.

Los escenarios cambian y de forma rápida: evolución tecnológica acelerada, globalización creciente e imparable, emergencia de la sociedad de la innovación… En la era industrial el trabajador estaba anclado a un lugar físico, en torno a la fábrica, la oficina, el taller, etc; en cambio el trabajador del conocimiento puede trabajar en un sitio concreto, pero también virtualmente en red, o combinando ambos métodos.

Y os preguntaréis, ¿cuáles son las cualidades que debe cumplir un Knowmad? Pues éstas son, a grandes rasgos:
  1. No están en un rango concreto de edad.
  2. Construyen sus conocimientos personales a través de la búsqueda explícita de información y de las experiencias tácitas, y las utilizan para producir nuevas ideas.
  3. Son capaces de aplicar sus ideas y experiencia contextualmente en diversas configuraciones sociales y organizacionales.
  4. Están muy motivados a colaborar, y son muy relacionales, navegando nuevas organizaciones, sociedades y culturas.
  5. Utilizan las nuevas tecnologías a propósito para ayudarles a resolver problemas y trascender las limitaciones geográficas.
  6. Están abiertos a compartir lo que saben e invitan y apoyan el acceso libre al conocimiento, la información y la experiencia de otros.
  7. Pueden desaprender tan rápido como aprenden, adoptando nuevas ideas y prácticas cuando resulta necesario.
  8. Se mueven en redes y organizaciones no jerárquicas.
  9. Desarrollan hábitos mentales y prácticas para aprender continuamente.
  10. No les asusta el fracaso.

sábado, 25 de mayo de 2013

Hoy paro masivo y en 2020 faltará mano de obra cualificada

Y no lo digo yo sino un estudio reciente de la empresa de recursos humanos Randstad, que lleva por título Into de gap, y que analiza el desajuste cuantitativo y cualitativo del mercado de trabajo y la escasez de talento para satisfacer la demanda.

En concreto, los bullet points de la nota de prensa llevan un tono mucho más catastrofista, como por ejemplo, “en 2050 habrá 35 millones de puestos sin cubrir en la Unión Europea”. ¿Cómo puede ser que este año hayamos superado la cifra de paro del 25% en España y que en apenas siete años hacia el fututo, según Randstad, en nuestro país no se podrán cubrir 1,9 millones de puestos altamente cualificados?

Recordemos que, aparte de los parados procedentes de sectores como la construcción, con bajos nivel de cualificación, el desempleo también afecta de forma directa y sin excepciones a los jóvenes intensamente formados. De hecho, se habla de la generación mejor formada de la historia de este país, cuyos conocimientos se han desperdiciado o regalado al extranjero.

La aritmética que presentan los autores del informe para justificar la situación prevista es harto elocuente: “para 2020 se habrán creado en España cuatro millones de nuevos puestos de trabajo que requerirán una alta cualificación; entrarán en el mercado laboral 2,1 millones de nuevos talentos; y recuperaremos a 500.000 desempleados con talento, pero también perderemos a unos 540.000 que se jubilarán.”

Ahora, que no habrá exceso de demanda en todos los sectores. En algunos, como la industria manufacturera y la construcción, habrá más trabajadores disponibles que puestos de trabajo (753.000 y 286.000 respectivamente), mientras que en otros habrá escasez, como en el comercio y la reparación (-398.000) o los servicios a las empresas (-210.000).

A juicio del informe de Randstad, estos desequilibrios, que caracterizarán el mercado laboral en el futuro, derivan de los ciclos económicos, la creación y destrucción de puestos de trabajo constante en una economía de mercado y las divergencias entre las decisiones educativas de los trabajadores y los cambios en los requisitos de trabajo provocados por los cambios en la tecnología de producción.

Y yo me pregunto, si disponemos de este tipo de predicciones acerca de los desequilibrios futuros en el mercado de trabajo, ¿por qué no hacemos algo ya desde los poderes públicos para suavizar el desfase entre oferta y demanda?

martes, 7 de mayo de 2013

Ahora es América Latina la que importa talento (y nosotros lo perdemos)

Un rasgo más del nuevo orden mundial que se está gestando en la actualidad es la inversión del sentido de los flujos migratorios. Si antaño la mano de obra emigraba de las naciones latinoamericanas a Europa, hoy en día la peregrinación se produce de este a oeste, por lo menos en el caso de Portugal y España.

Este fenómeno es producto del estancamiento de las economías del viejo continente, incapaces de crear empleo, y de la solidez del crecimiento de América Latina, que parece haber enganchado un ciclo largo que definitivamente va a transformar la estructura socioeconómica de gran parte de los países, como es descrito en el artículo The new New World de la edición de The Economist del 26 de abril.

En el caso de España, los grandes flujos migratorios desde América comenzaron en la década de los noventa, sobre todo con la bonanza económica que sucedió a la crisis de 1992-1994, cuya extensión fue de más de diez años, con algún altibajo entre medias. Sin embargo, entre 2007 y 2011 el número de jóvenes españoles que emigra cada año se ha triplicado. No es de extrañar con una tasa de paro juvenil en torno al 50% como la que tenemos. El caso de los portugueses que emigran a Brasil es similar. 

El nivel formativo de gran parte de los jóvenes que se marchan es muy elevado, se habla incluso de la generación mejor formada de la historia de España. Algunos, no se sabe si por cinismo o estupidez, se enorgullecen de “la exportación de talento”; se ha escuchado a cierta personalidad política afirmar recientemente que "el número creciente de jóvenes españoles que tienen buenos trabajos en el extranjero tendrá un efecto muy positivo", en la economía española, se supone.

Vamos a ver, si analizamos la situación, la mayoría de los jóvenes que se van han estudiado en centros públicos o concertados, y en muchos casos habrán recibido becas, por lo que se puede afirmar que su capacitación la hemos pagado entre todos los españoles (por lo menos, entre los que pagamos impuestos). Si una vez que acaban su formación se tienen que ir a crear valor a otro país con su talento y su trabajo, se puede decir que nos hemos gastado el dinero en mejorar la competitividad de otras naciones.

Evidentemente nadie emigra por gusto, o por lo menos no la mayor parte, y todos sabemos que la situación es excepcionalmente grave. Pero pido a aquellos políticos, -y ya no distingo partidos-, que, bien por su torpeza en el ejercicio del poder, bien por lo canalla e inhumano de la ideología económica que defienden, bien por lo que han robado de las arcas públicas, son los responsables de esta situación, que por lo menos se callen y no nos tomen por más idiotas de lo que hemos demostrado ser cuando les votamos.

jueves, 14 de marzo de 2013

Los economistas serios contra la austeridad

Ha sido un artículo del diario El País que ha conocido una amplia difusión en distintos medios, no obstante me parece interesante reseñarlo aquí. Se trata de Olli Rehn: veredicto culpable de Luis Doncel que fue publicado el pasado 24 de febrero.

Básicamente el texto recoge la opinión de reputados economistas del ámbito internacional acerca de las políticas de austeridad que impone la Comisión Europea (aquí personificadas en la figura de Olli Rehn, el Comisario Europeo de Asuntos Económicos) a los Estados miembros, aun pudiendo comprobar que las medidas aplicadas aumentan el sufrimiento en las economías más dañadas, véase Italia, Grecia, Portugal o España, y las aleja del crecimiento y de la creación de empleo.

Las diez opiniones consultadas, entre las que destaca un Premio Nobel de Economía como Paul Krugman, coinciden en lo erróneo de partida de las medidas comunitarias y en la falta de resultados positivos apreciables. Extraigo del artículo las declaraciones efectuadas al respecto:

Paul de Grauwe, profesor de la London School of Economics:

“Nada de lo que está pasando me sorprende. Todo se podría haber predicho. Las autoridades comunitarias son los responsables de la recesión, ya que han empujado a todos los países al mismo tiempo a políticas de austeridad que refuerzan sus consecuencias negativas. La política macroeconómica de la Eurozona es un desastre”.

James Galbraith, profesor en la Escuela Lyndon B. Johnson de la Universidad de Texas:

“No soy optimista. Parece que el liderazgo de la Comisión funcione en una realidad alternativa, totalmente dependiente de los intereses a corto plazo de los bancos, distante e indiferente de las consecuencias de sus políticas y con unos pronunciamientos públicos propios de análisis de la situación muy torpe”.

Luis Garicano, catedrático en la London School of Economics:

“Bruselas es mucho más dogmática que el FMI. Es incomprensible lo poco que ha cambiado su discurso. En parte se explica porque no se fía de algunos países, que solo reforman bajo presión. Y en parte por motivos políticos: al norte no ha llegado la crisis y no es consciente de que hay países que se están ahogando. La Comisión menosprecia la probabilidad de accidentes serios”.

José Manuel González-Páramo, exconsejero del BCE y profesor del IESE:

“No hay un único responsable de la recesión, y en cierta manera los somos todos: los fundadores del euro, las instituciones financieras, los Gobiernos, los reguladores, los supervisores, etc. La Comisión ha tratado, no siempre con fortuna, de buscar una visión europea; y desde 2011 busca un papel mucho más activo. Sus propuestas para reconstruir los pilares del euro son avanzadas, y dan una visión de largo plazo”.

Paul Krugman, profesor universitario y premio Nobel de Economía:

“¿Cuál es la respuesta de Rehn a las desastrosas noticias que llegan de Europa? ¡Que tenemos que dejar de molestar con estos estudios económicos, porque están minando la confianza en la austeridad! Estos síntomas de desesperación son gratificantes. Por desgracia, esta gente ya ha hecho un daño tremendo y todavía tienen poder para seguir haciéndolo”.

Desmond Lachman, profesor de Georgetown:

“Los datos de crecimiento confirman que la economía europea se contrae más rápido de lo esperado. El panorama en España e Italia es aún más deprimente. La Comisión es responsable por su insistencia en un ajuste fiscal demasiado rápido. Ha sido muy lenta en extraer la conclusión que sí supo ver el FMI: la austeridad excesiva con el euro como camisa de fuerza es contraproducente”.

Jonathan Portes, director del Instituto de Investigación Económica y Social:

“Rehn lleva dos años prediciendo que gracias a las excelentes políticas de la Comisión y del BCE la recuperación es inminente. Ahora tiene una nueva táctica: atacar a los economistas que critican a la Comisión. La conclusión optimista es que admite que las justificaciones de la austeridad se están viniendo abajo. Y que los trabajos que demuestran esto quizás puedan impulsar políticas más sensatas. Esperemos que sea así”.

Dani Rodrik, profesor en Harvard de Política Económica Internacional:

“La Comisión se ha estado engañando a sí misma con la ilusión de que las reformas  estructurales que ha defendido pueden impulsar la economía en medio de una caída en picado de la actividad, que, por supuesto, se ha agravado por las medidas de austeridad que ha forzado. Los últimos datos publicados tan solo confirman esto. Europa necesita urgentemente una estrategia de crecimiento para reactivar la demanda”.

Guntram Wolff, director adjunto de Bruegel (éste es optimista):

“La Comisión ha estado sujeta a muchas restricciones. En Grecia, ha sido demasiado optimista, pero ha hecho un buen trabajo en Portugal. Se ha enfrentado a una situación económica y política muy difícil. Teniendo en cuenta todas las restricciones a las que está sometida, ha adoptado políticas adecuadas en general, tratando de encontrar un equilibrio entre consolidación fiscal y apoyo a la economía”.

Charles Wyplosz, profesor de Economía Internacional en el Graduate Institute de Ginebra

“No entiendo cómo alguien puede sorprenderse de los datos que estamos viendo. La austeridad crea recesión. La Comisión no reconocerá que esta política impide acabar con la depresión. Por eso elaboran previsiones políticamente correctas, sabiendo perfectamente que luego tendrán que sorprenderse cuando no se cumplan. Y en esas estamos”.
 
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