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martes, 25 de febrero de 2020

La tecnología blockchain al rescate del periodismo independiente


Una de las bazas con las que cuenta la industria de la comunicación para salir del abismo de incertidumbre en el que ha sido sumergido por culpa de la innovación disruptiva es, precisamente, reinventarse utilizando la tecnología más vanguardista. De esta forma, ya aparecen iniciativas relacionadas con la realidad aumentada y extendida, con el uso de inteligencia artificial para la redacción de noticias o con la hiperpersonalización de la oferta informativa, en función de los gustos y preferencias del usuario, por poner unos pocos ejemplos. Una de estas tendencias muy de moda en los últimos años es blockchain, la cadena de bloques, que para muchos constituye el eje de la próxima revolución tecnológica. Este “libro de cuentas” distribuido está siendo objeto de iniciativas en el campo del periodismo, especialmente relacionadas con el control de la fiabilidad y la calidad de la información, y con la propiedad intelectual y la retribución del redactor o del medio.

A grandes rasgos, una blockchain es una base de datos digital distribuida, aparentemente inmutable, que puede registrar transacciones en tiempo real. Cada nueva transacción en el sistema se encadena cronológicamente a las precedentes –de ahí el nombre- y requiere ser aprobada por consenso por todos los miembros de la red. Esto implica que no existe una autoridad central que apruebe y regule las transacciones, y que existe un control férreo que impide la manipulación de los registros, garantizando la calidad de los datos allí incluidos. De hecho, los bloques de información de la cadena son criptográficamente sellados y no pueden ser editados borrados o copiados.

Entre otras aplicaciones, esta tecnología puede impulsar los llamados contratos inteligentes, que no son otra cosa que programas informáticos que ejecutan automáticamente la gestión de derechos digitales, para, por ejemplo, realizar pagos a los creadores o los titulares de los derechos de autor de una determinada obra.

La tecnología de la cadena de bloques puede tener sus aplicaciones dentro del periodismo digital. A grandes rasgos, se pueden plantear los siguientes casos posibles:

Micropagos para apoyar pequeñas publicaciones. La gran cantidad de medios de comunicación de todo tipo que compiten ofreciendo información y contenidos en internet hacen que la inversión publicitaria este muy dispersa y fragmentada. Para un medio modesto, financiarse y sobrevivir a base de anuncios resulta muy difícil. Una alternativa de ingresos sería establecer micropagos por la lectura de artículos y a través de blockchain se podrían gestionar de forma eficaz y en tiempo real el flujo de estas pequeñas cantidades de dinero.

Criptomonedas para financiar proyectos periodísticos y el trabajo de los periodistas. Alrededor del mundo existen miles de personas que estarían dispuestas a pagar por leer periodismo libre e independiente de calidad. Ya existen proyectos de crowdfunding basados en criptomonedas para financiar iniciativas específicas de periodistas que trabajan por contar una buena historia, sin tener que depender de patrocinios o ingresos publicitarios.

Plataformas de noticias sobre blockchain. Su misión es distribuir noticias utilizando la cadena de bloques, garantizando la veracidad, la transparencia y la libertad de expresión de los redactores que en ella participan. Un ejemplo de esto es DNN (Decentralized News Network).

Una hemeroteca perdurable. El cierre a veces repentino y abrupto de medios online puede llevar a que los contenidos se pierdan para siempre, tanto para el público como para los propios autores de los mismos. Dado que blockchain es un registro descentralizado y permanente, los periodistas pueden encontrar en esta tecnología una forma de conservar su trabajo –y en consecuencia su carrera profesional- sin riesgo de pérdida o desaparición.

Ya podemos encontrar experiencias en marcha de plataformas de blockchain periodísticas. Civil, lanzado por The Civil Media Company, se autodefine como un protocolo descentralizado de comunicaciones para periodistas y ciudadanos. La idea es dar apoyo a la redacción independiente para producir periodismo de investigación de calidad, tanto local como internacional. La visión de los responsables es conseguir crear un vasto ecosistema de periodistas, ciudadanos y desarrolladores para ofrecer productos y servicios que cimienten una actividad periodística sostenible. La actividad de la plataforma reposa sobre la blockchain Ethereum, donde una comunidad de lectores, creadores de contenidos, verificadores de datos y editores, deciden la línea editorial y el tipo de contenido a publicar.

El trabajo de los periodistas implicados es financiado a través de las aportaciones de los lectores, para que puedan escribir libremente y de forma independiente. De hecho, Civil ha creado su propia criptomoneda para realizar transacciones, CVL Token, aunque también se aceptan divisas convencionales.

Por otra parte, Publiq es otra plataforma de publicación de contenidos que persigue conectar a los productores con los editores para encontrar nuevos modelos de medios de comunicación, tanto en relación a la propiedad de los mismos, su gobernanza y su gestión. Comenzó a funcionar en su versión real a finales de 2018 y está basada en blockchain, inteligencia artificial y analítica. La idea es luchar contra el mal periodismo y potenciar el de calidad, y para ello establece un sistema mediante el cual los lectores califican a los autores, impulsando su reputación y la remuneración que reciben.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Recordar la sensación de la lluvia

Ya hablamos de que estamos viviendo una revolución digital equiparable a las revoluciones industriales del pasado. También tenemos muy presente que nuestra vida cotidiana se digitaliza, o lo que es lo mismo, que cada vez le dedicamos más tiempo a los mundos virtuales paralelos que nos ofrecen las pantallas. Desde la comunicación casi permanente con otros a través de las redes sociales o las aplicaciones de mensajería, hasta las formas de ocio portables, ya sean nativas digitales, como los videojuegos, o inmigrantes, como el cine, la música y la televisión, que ahora consumimos en red desde cualquier dispositivo; toda esta actividad nos aleja del mundo analógico y nos hace habitar cada vez más en el ciberespacio.

Cuando hablamos de la necesidad de que el ciudadano o el trabajador adquiera o amplíe sus competencias digitales, implicitamente estamos condenando la dimensión analógica de las personas. Entre líneas criticamos que tal o cual persona o colectivo no es lo suficientemente digital para habitar este nuevo mundo que nace. Y sin embargo, nuestra vida analógica, la real, la que no está reconstruida a base de unos y ceros, sigue siendo la que nos hace humanos.

Resulta paradójico que una parte importante de los hijos de los empleados de las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley estudie en colegios sin ordenadores ni dispositivos electrónicos, y en cambio, lo haga con papel, tiza, lápices y materiales básicos como únicas herramientas. Por contra, los sistemas educativos públicos de todo el mundo llevan décadas introduciendo aparatos en las aulas. ¿Qué lleva a que las personas que diseñan algoritmos y aplicaciones para Google, eBay o Apple no quieran que la educación de sus vástagos incluya la informática hasta los trece años? Principalmente, la creencia de que el uso de ordenadores inhibe el pensamiento creativo, el movimiento, la interacción humana y la capacidad de atención.

La defensa de lo analógico fue un tema que surgió en el debate que tuvo lugar entre la socióloga Belén Barreiro y José Mª Lassalle, actual secretario de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital, el pasado noviembre en el Espacio Fundación Telefónica dentro del ciclo de conferencias Tech & Society.

Barreiro explicó en dicha ocasión que los estudios demuestran que las personas más digitales son, curiosamente, las que más se refugian en actividades analógicas, como puede ser el componer puzzles, escribir, tocar instrumentos o hacer calceta. A su juicio, los avances de la digitalización y la robotización no alteran el hecho de que la relación que tenemos con la tecnología es una relación que establecemos desde nuestra posición como seres humanos, de forma que siempre manifestaremos características humanas, como la inteligencia, la creatividad, la empatía o la confianza en el otro. Es por ello, que los sistemas educativos se deben centrar en educar, algo que no consiste en enseñar a programar ordenadores, sino en aprender a entender, analizar, contrastar y debatir la información y, en suma, en aprender a razonar.

José Mª Lassalle, por su parte, considera que las identidades virtuales y las ideas tecnológicas nos están atrapando en las pantallas y haciendo que nos relacionemos con el entorno estrictamente a través de una humanidad que es puramente virtual. Desde su punto de vista, lo analógico no es nada malo, sino todo lo contrario: es lo que nos conecta con la antropología, con la cultura y con la poesía. Defiende incluso que el conjunto de los derechos digitales de los ciudadanos debería incluir el derecho a seguir siendo analógicos, es decir, la opción de poder seguir vertebrando nuestra ciudadanía como seres desconectados del mundo digital.

En una línea de pensamiento similar, el filósofo norcoreano Byung-Chul Han, que recientemente ha impartido una conferencia en el CCCB de Barcelona, arremete con virulencia contra la comunicación digital, pues considera que reemplaza las relaciones humanas por conexiones y que reduce nuestro abanico de sentidos a uno solo, la vista. Para él, el mundo digital es la abolición de la realidad, dado que lo digital -a diferencia de lo “real”- “no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está”. Hemos sido privados de los colores, los olores, las texturas y las sensaciones.

Esperemos que el darle progresivamente la espalda a la realidad física no haga cumplirse la terrible profecía de Jim Morrison, poeta y cantante de la banda The Doors, cuando escribió: “Puede que llegue el día en que acudiremos a teatros meteorológicos para recordar la sensación de la lluvia”.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Siria: otra vez lo peor de nosotros mismos

En marzo de 2011 publiqué aquí el texto que sigue cuando los EE.UU., con la complicidad de los pelotas de siempre, comenzó a bombardear Libia. Ahora que están (estamos) a punto de derramar fuego sobre Siria recupero lo que escribí entonces. Sustitúyase Libia por Siria y Gadafi por El Asad y vale igual. "When we will ever learn?", que cantaba Pete Seeger...

 Hoy le he vuelto a echar mucho de menos cuando he bajado a comprar el periódico y me he enfrentado al titular que anunciaba que los aliados han bombardeado Libia. Estoy completamente de acuerdo en que hay que parar a la bestia esa que es Gadafi, pero no puedo dejar de tener la sensación de que como en otras guerras “necesarias” –aquel octubre en que empezaron a caer las bombas sobre Afganistán o cuando los misiles surcaban como bengalas el cielo nocturno de Bagdad-, hemos vuelto a fallar moralmente, hemos liberado de nuevo la barbarie, en suma, ha aflorado una vez más lo peor de nosotros mismos. 

Me siento orgulloso cuando militares españoles se traen a nuestro país a un niño afgano para operarle de una enfermedad que en su país le condenaría necesariamente a la muerte, pero me produce malestar y desasosiego leer que un F-18 “de los nuestros” ha destruido una columna de blindados libios. Lo siento, pero creo que otro mundo es posible.

Él también lo creía así y se esforzaba por proclamarlo a los cuatro vientos aprovechando su fama, a través de mensajes directos y sencillos: dadle una oportunidad a la paz. Reconocía que a muchos les podía parecer una postura soñadora, pero también que él no era el único que pensaba así, que hay muchos otros que creen que hay otra forma de hacer las cosas y de vivir en la tierra que no impliquen la destrucción y la violencia.

The Beatles fue quizá el primer fenómeno global que demostró que a los habitantes de este planeta perdido en la periferia de la galaxia hay más cosas que nos unen de las que nos separan. Independientemente de que vivamos en Bogotá, San Francisco, Osaka, Nairobi o Salmeroncillos, todos sentimos una euforia espontánea y una sensación de bienestar al escuchar los acordes de “She Loves You”, aunque no entendamos la letra, que por otra parte es intrascendente. A todos nos une un mismo sentimiento a través de esa música.

Las redes sociales son otro factor de globalización de principios de este milenio. Las redes han permitido que las personas se conecten entre sí y que se comuniquen; han estrechado el mundo salvando distancias geográficas. A pesar de los hackers, piratas, pederastas, y estafadores diversos que los pueblan, los medios sociales son un paso positivo para la humanidad, pues se basan en los principios implícitos y no impuestos de Conversar, Compartir y Colaborar, que a su vez se pueden declinar en Empatizar, Ayudar y Construir. Nos permiten acercarnos a otras realidades y llegar a comprender a los demás, por lejos que vivan de nosotros. Y otra vez ponen en evidencia que no somos tan distintos, que todos compartimos los mismos sueños y aspiraciones, los mismos sentimientos.

A veces pienso que en muchos casos las redes sociales sacan lo mejor de nosotros quizá por su filosofía social (válgame la redundancia) que nos relaciona con otras personas. Por eso no entiendo cómo podemos estar construyendo dentro del mundo virtual y destruyendo fuera de él, si somos los mismos dentro que fuera. ¿A qué se deberá esa dicotomía tan Jekyll y Hyde?

Mi primera experiencia proto-2.0 tuvo lugar a finales de la década de los 90 cuando me inscribí en una lista de distribución, Raindogs, en torno a la figura y la obra del músico Tom Waits. Para el que no se acuerde, las listas de distribución eran sistemas de comunicación asíncrona en los que los usuarios que mandaban correos electrónicos que eran distribuidos automáticamente al resto de los miembros. Raindogs estaba integrada por mucha gente de EE.UU. y no poca de distintos países de Europa. También había japoneses y hasta un taxista australiano que nos divertía y enternecía a la par con sus anécdotas sobre sus noches “apatrullando” Melbourne. En mi caso, mi motivación principal para darme de alta era estar informado sobre lanzamientos discográficos y anécdotas de mi idolatrado Waits. Sin embargo, poco a poco la música fue quedando de lado y lo que primaba eran las conversaciones sobre las vidas de los miembros, nuestras vidas, y ¡oh sorpresa!, resulta que aparte de la música todos compartíamos innumerables cosas; nuestras existencias no eran tan distintas a pesar de lo distante (perdón por la aliteración).

Después de los atentados de las Torres Gemelas, a través de la lista, los que vivíamos fuera de Estados Unidos pudimos conocer de primera mano detalles de lo que estaba ocurriendo en el país, anécdotas que no aparecían en periódicos ni noticiarios, y lo que es más importante, pudimos compartir con nuestros amigos americanos su profundo dolor y desolación. Por desgracia los madrileños lo experimentamos en nuestras propias carnes unos años más tarde.

Hoy él de seguir vivo hubiera manifestado el mismo malestar que siento yo ante el nuevo triunfo de la barbarie. Probablemente hubiera aparecido en los medios de comunicación explicando que no nos tenemos que resignar ante la violencia, que no debemos aceptarla como un mal menor, que podemos construir un mundo distinto en el que haya sitio para todos. Una vez dijo, no recuerdo dónde, “por alguna razón que no comprendo la gente hace lo que yo digo. Bueno pues yo digo: PAZ”. Se puede decir más alto pero no más claro.

Joder, Lennon, no sabes cómo te echo hoy de menos.

jueves, 21 de julio de 2011

Divertimentos filosóficos estivales

Comentando con Zeque en la oficina el artículo de Muñoz Molina en la edición de “El País” del domingo pasado, que versaba sobre Nietzsche y Thomas Mann, le he empezado a recitar todos los libros del filósofo teutón que he leído, a saber: “Más allá del bien y del mal”, “Así habló Zaratustra”, “Aurora”, “El Anticristo”, “El nacimiento de la tragedia” (mi favorito) y  “Ecce Homo”, aparte de la biografía que de su vida y pensamiento escribió su adorada Lou Andreas Salome (¡qué gran mujer!). A grandes rasgos, Muñoz Molina defiende que Nietzsche hubiese sido un gran tuitero y bloguero en la actualidad por lo que llama “su capacidad para escribir al instante”. Estoy de acuerdo y creo que lo que me ha atraído siempre hacia su prosa es la inmediatez de su mensaje, a pesar de estar revestida de metáfora, su afición por el aforismo, y su capacidad para soltar sentencias lapidarias, algo muy ejercitado por los pedantes aprendices de gurú o chamán que pueblan Twitter, cuyas fuentes de información se limitan a Wikiquotes o a la revista “Muy interesante”, dado que dudo que hayan leído a todos los autores que citan.

Y lo cierto es que la filosofía puede ser divertida. Como decía Borges (no recuerdo dónde ni me apetece ponerme a buscarlo), a las creencias religiosas y a  las ideas filosóficas hay que juzgarlas no tanto por su valor dogmático sino por lo que tienen de mágico y maravilloso, y yo añadiría, y de estético. Existen sistemas de pensamiento que son más atractivos que otros, más sugerentes y bonitos, independientemente que nos los creamos o no.

Dentro de la filosofía griega presocrática, siempre me ha gustado más la idea del devenir de todas las cosas del jonio Heráclito (“no te meterás dos veces en el mismo río”), que la inmutabilidad del cosmos que pregonó Parménides y amplificó la Escuela de Elea, sobre todo el cansino de Zenón, que organizaba carreras absurdas entre semidioses y tortugas. Bien es verdad que a Heráclito sus vecinos de Efeso le apodaban “El Oscuro” porque nadie se enteraba de lo que quería decir con tanta imagen sobre ríos, caminos, guerra y fuego, y que acabó sus días enterrado en mierda para curarse una enfermedad. Una mala tarde la tiene cualquiera.

Siempre he sido fan de Platón, a pesar de mi convicción empirista, y en cambio me ha caído gordo Aristóteles. Los diálogos de Platón son entretenidos (y algunos acaban en orgía, como “El banquete”) y existen cosas en su entramado intelectual que me atraen, como por ejemplo la teoría del alma que expone en el “Fedro”. Representa el alma humana como un carro con dos caballos, uno negro y otro blanco. El áuriga es la parte racional e inmortal que domina y guía al caballo negro, la parte concupiscible o relativa a las pasiones o apetitos terrenales, y al blanco, que representa a los sentimientos, tanto buenos como malos. Yo a menudo siento como se me desbocan los caballos… De Aristóteles he leído la “Metafísica”, la “Poética” y la “Ética a Nicómaco”, pero no me llega. No me extraña que a su discípulo Alejandro le diese por conquistar Asia de puro aburrimiento.

Me leí “Los sucesivos” de Guillermo de Occam buscando el principio de la navaja, según el cual, de dos teorías con las mismas consecuencias tiende a ser válida la más simple. Es un principio aplicable a la vida cotidiana. Pero no viene en ese libro, y lo que es peor, algunos dicen que se le atribuye pero que no es suya. Me podían haber avisado antes de empezarlo, leñe. A Santo Tomás, que no me interesa, le debo el haber aprobado la selectividad (aunque luego me bajo la nota un determinante cabrón que no supe resolver satisfactoriamente, pero esa es otra historia), y le respeto por la iniciativa que tuvo de intentar racionalizar la fe (algo contradictorio en sí mismo). Por la misma razón me inicié en la Cábala judía, no en la que habla de fabricar un golem o de conjurar a demonios de los círculos exteriores, sino en la que surge en el siglo XIII como respuesta a la escolástica cristiana con el fin de crear una filosofía religiosa, aunque los hebreos se empeñen en que surgió en la época del Antiguo Testamento (no se lo creen ni ellos). Mi amigo Paco el @gasolinero de Tomelloso también es cabalista.

De Descartes me gusta su metodología de dudar de todo hasta que llegues a algo de lo que no puedes dudar (difícil en la actualidad, me temo), para volver a reconstruir el sistema de creencias. Y de Leibniz me leí hace poco su “Monadología”, pero no me enteré muy bien qué es una mónada y si puede encontrar un hueco confortable en la física actual, entre el Principio de Incertidumbre de Heisenberg y el minino de Schördinger, ése que se moría y no se moría al mismo tiempo (habrá post sobre esto, lo juro).

Debo reconocer que los empiristas británicos me fascinan, les veo como protopunks filosóficos, que niegan todo y ponen en cuestión hasta lo más evidente. George Berkeley afirmaba que solamente existen las cosas mientras las percibimos, una idea maravillosa porque sitúa al perceptor como eje y justificación del universo. ¿Qué sentido tendría una hermosa laguna en el planeta Marte si nunca la va a ver nadie? ¿Existe si no existe para nadie? David Hume fue más lejos y negó al perceptor: solamente somos una sucesión continua de percepciones que generan una ilusión de yo. También negó el principio de causa y efecto: es tan ridículo creer en él como un gallo que pensase que el sol sale por las mañanas porque él canta.

La dialéctica de Hegel, de la que luego se apropió su alumno aventajado Karl Marx para postular el materialismo histórico, la suelo aplicar a la vida corriente. Por ejemplo, yo de joven era heavy (ya sabéis, camisetas negras estampadas con monstruos y diablos), esa es la tesis; luego me empezó a gustar el punk y la New Wave y pasé a renegar de mis antecedentes metalúrgicos, fase de antítesis; y finalmente, ahora puedo escuchar “The Number of the Beast” de Iron Maiden y seguidamente el disco en inglés de Carla Bruni (no quiero oír risitas, que es francamente bueno), lo que nos daría la etapa de síntesis.

Finalmente, y sin intención de extenderme (más), quiero destacar también a los existencialistas franceses, sobre todo a Sartre y Camus, tan distintos y tan distantes de la histeria de sus predecesores de inclinación cristiana como Kierkegaard. El caso de Sartre es el de un sistema filosófico profundamente humanista, que invita a pensar en y a cuidar de los demás. El propio Sartre es el mejor divulgador de su pensamiento por lo bien que expone su complejidad (cuando quiere) para que la entienda todo el mundo, como en la conferencia “El existencialismo es un humanismo” o en “Existencialismo y emociones humanas” de 1957. De Camus me fascinó la idea que expone en “El mito de Sísifo” de que, al disponer de conciencia, somos extraños en nuestro propio mundo, es decir, que la inteligencia y el raciocinio nos erradica de él, a diferencia de plantas y animales que son parte de un todo. De Heidegger intenté leer “El ser y el tiempo” y a la altura de la página 60 me di cuenta de que no me había enterado de absolutamente nada y lo dejé. Todo coco tiene su límite, supongo, y el mío ya echaba humo.

En fin, siento esta ida de olla estival pero es que las tardes de verano son muy largas.

domingo, 29 de mayo de 2011

Efeméride

En el día de hoy, este humilde blog ha alcanzado la cifra de 20.000 páginas vistas, resultado sin duda modesto para muchos blogueros importantes, pero relevante para mí. Quiero aprovechar esta entrada para daros las gracias a todos los que leéis estos textos, ya sea de forma regular o esporádica, a los que los habéis comentado o recomendado tanto en Facebook como en Twitter, y a los que me habéis reconocido en persona que os gusta Aturdido y confuso.

Y a modo de celebración, quiero compartir el ranking de las cinco entradas más vistas de acuerdo con las estadísticas de la plataforma Blogger.

La década prodigiosa de América Latina (diciembre de 2010) es sin duda el post más leído y con diferencia. El texto surgió de las ideas que compartió César Manrique, máximo responsable de Microsoft en América Latina, con aquellos que asistimos a un desayuno de trabajo organizado por la consultora EcoNet. A juicio de Manrique, los buenos resultados macroeconómicos que ha presentado la región durante la década pasada permiten augurar la emergencia de nuevas potencias económicas mundiales como Brasil, México, Colombia o Perú.

Community Manager: retrato de un ángel caído (diciembre 2010) le sigue en importancia. Esta es una entrada del tipo “tonterías las justas” que trata de desmitificar la figura del Community Manager, un perfil profesional mal definido y en cualquier caso sobrevalorado dentro del mundillo 2.0.

Cómo perder la Guerra del Rif en las redes sociales (noviembre 2010) ocupa el tercer puesto y fue originalmente publicado en el blog de Fundación Telefónica. Se trata de una humorada en la que la experiencia del ejército español en el norte de África a principios del siglo XX da pie para extraer conclusiones aplicables al campo de la comunicación digital.

El decálogo de marca de Andy Stalman (febrero 2011) resume una conferencia de Andy Stalman, experto en posicionamiento de marca, en el IE Business School. La popularidad y el carisma de Andy justifican la elevada posición que ocupa este post en el ranking.

Finalmente ¡Cuán equivocados estáis! (septiembre 2010) pretendía demostrar la confusión que existe en las empresas sobre las funciones de un Community Manager y sobre las estrategias de marketing 2.0 en general.

Os agradezco de nuevo vuestra fidelidad a este blog y espero que sigamos juntos mucho más tiempo.

jueves, 7 de abril de 2011

Superávit cognitivo


El 25 de abril vuelve a Madrid el profesor Clay Shirky para hablar de su nuevo libro “Cognitive Surplus” (Superávit cognitivo), una obra que sigue la estela de las anteriores que ha publicado en el análisis de los efectos de las redes en las vidas de las personas y en la forma de operar de las organizaciones.

Shirky, que estuvo ya en Fundación Telefónica en diciembre de 2009 (su conferencia completa se puede ver aquí) para hablar de su publicación anterior “Here Comes Everybody”, es profesor adjunto en la Universidad de Nueva York en el programa de Telecomunicaciones Interactivas y colaborador habitual de   conocidos medios como Wired o The New York Times.

En este caso, Clay Shirky ha centrado su tesis sobre lo que el denomina “superávit cognitivo”, según la cual en la actualidad gran parte del tiempo que dedicaban los estadounidenses a formas de ocio pasivo, como ver la televisión, están siendo redirigidas hacia el desarrollo de actividades creativas en Internet, como participar en  Facebook y Twitter, escribir en blogs o editar y subir fotografías y vídeos a sitios como Flickr y YouTube. La paradoja del fenómeno es que este tipo de acciones no persiguen ningún fin lucrativo, que no deja de ser una motivación esencial del ser humano, sino que se llevan a cabo porque sí, por el puro placer de realizarlas.

El modelo de sociedad altamente tecnificado que emergió tras la Segunda Guerra Mundial en EE.UU. y que posteriormente fue extendiéndose al resto de países industrializados dotó al trabajador de una cantidad de tiempo libre muy superior a la de cualquier época anterior. El auge de la televisión en las décadas de los años cincuenta y sesenta estableció una forma de ocio pasiva que, a juicio de Shirky, llevó a malgastar ese superávit de tiempo que recibieron las personas. Sin embargo, algo está cambiando: cada vez en mayor medida la gente va dejando de lado la televisión para dedicarse a Internet, volcando el “superávit cognitivo” tanto en actividades más o menos frívolas, como en compartir y crear conocimiento o en participar en causas relacionadas con el activismo político y/o social. El autor expone el siguiente ejemplo cuantitativo: todos los artículos, comentarios y labores de edición que conlleva en la actualidad la Wikipedia han supuesto alrededor de 100 millones de horas de trabajo humano, que aunque parece mucho no lo es tanto si se compara con el número de horas que pasan anualmente los estadounidenses frente a la televisión, 200 billones de horas.

Y lo mejor de todo este fenómeno es que la gente hace cosas en la red porque son interesantes, sin buscar en general una contraprestación monetaria, por lo menos inmediata, y porque implican relacionarse con otras personas, muchísimas más de las que un ser humano normal puede gestionar de forma física pero que son fácilmente manejables en el entorno digital.

Los grados de participación en la red los expuso Josh Bernoff, autor del libro “Groundswell”, en la ponencia que este mismo año ofreció en Fundación Telefónica (que también se puede ver completa aquí), que el ordena en los siguientes perfiles:

- Joiners
  • Mantienen perfiles en redes sociales
  • Visitan páginas en redes sociales

- Collectors
  • Utilizan agregadores RSS
  • Añaden etiquetas (tags) a sitios web y fotos
  • Votan on line por webs

- Critics
  • Postean valoraciones de bienes y servicios
  • Comentan en los blogs ajenos
  • Participan en foros
  • Aportan o editan artículos en wikis

- Conversationalists
  • Postean regularmente en Twitter
  • Mantienen actualizadas sus páginas en redes sociales

- Creators
  • Tienen su propio blog
  • Publican en sus propias páginas web
  • Suben vídeos creados por ellos
  • Suben música/audio creado por ellos
  • Escriben artículos o historias y las postean


domingo, 20 de marzo de 2011

Lo peor de nosotros mismos


Hoy le he vuelto a echar mucho de menos cuando he bajado a comprar el periódico y me he enfrentado al titular que anunciaba que los aliados han bombardeado Libia. Estoy completamente de acuerdo en que hay que parar a la bestia esa que es Gadafi, pero no puedo dejar de tener la sensación de que como en otras guerras “necesarias” –aquel octubre en que empezaron a caer las bombas sobre Afganistán o cuando los misiles surcaban como bengalas el cielo nocturno de Bagdad-, hemos vuelto a fallar moralmente, hemos liberado de nuevo la barbarie, en suma, ha aflorado una vez más lo peor de nosotros mismos. Me siento orgulloso cuando militares españoles se traen a nuestro país a un niño afgano para operarle de una enfermedad que en su país le condenaría necesariamente a la muerte, pero me produce malestar y desasosiego leer que un F-18 “de los nuestros” ha destruido una columna de blindados libios. Lo siento, pero creo que otro mundo es posible.

Él también lo creía así y se esforzaba por proclamarlo a los cuatro vientos aprovechando su fama, a través de mensajes directos y sencillos: dadle una oportunidad a la paz. Reconocía que a muchos les podía parecer una postura soñadora, pero también que él no era el único que pensaba así, que hay muchos otros que creen que hay otra forma de hacer las cosas y de vivir en la tierra que no impliquen la destrucción y la violencia.

The Beatles fue quizá el primer fenómeno global que demostró que a los habitantes de este planeta perdido en la periferia de la galaxia hay más cosas que nos unen de las que nos separan. Independientemente de que vivamos en Bogotá, San Francisco, Osaka, Nairobi o Salmeroncillos, todos sentimos una euforia espontánea y una sensación de bienestar al escuchar los acordes de “She Loves You”, aunque no entendamos la letra, que por otra parte es intrascendente. A todos nos une un mismo sentimiento a través de esa música.

Las redes sociales son otro factor de globalización de principios de este milenio. Las redes han permitido que las personas se conecten entre sí y que se comuniquen; han estrechado el mundo salvando distancias geográficas. A pesar de los hackers, piratas, pederastas, y estafadores diversos que los pueblan, los medios sociales son un paso positivo para la humanidad, pues se basan en los principios implícitos y no impuestos de Conversar, Compartir y Colaborar, que a su vez se pueden declinar en Empatizar, Ayudar y Construir. Nos permiten acercarnos a otras realidades y llegar a comprender a los demás, por lejos que vivan de nosotros. Y otra vez ponen en evidencia que no somos tan distintos, que todos compartimos los mismos sueños y aspiraciones, los mismos sentimientos.

A veces pienso que en muchos casos las redes sociales sacan lo mejor de nosotros quizá por su filosofía social (válgame la redundancia) que nos relaciona con otras personas. Por eso no entiendo cómo podemos estar construyendo dentro del mundo virtual y destruyendo fuera de él, si somos los mismos dentro que fuera. ¿A qué se deberá esa dicotomía tan Jekyll y Hyde?

Mi primera experiencia proto-2.0 tuvo lugar a finales de la década de los 90 cuando me inscribí en una lista de distribución, Raindogs, sobre el músico Tom Waits. Para el que no se acuerde, las listas de distribución eran sistemas de comunicación asíncrona en los que los usuarios que mandaban correos electrónicos que eran distribuidos automáticamente al resto de los miembros. Raindogs estaba integrada por mucha gente de EE.UU. y no poca de distintos países de Europa. También había japoneses y hasta un taxista australiano que nos divertía y enternecía a la par con sus anécdotas sobre sus noches “apatrullando” Melbourne. En mi caso, mi motivación principal para darme de alta era estar informado sobre lanzamientos discográficos y anécdotas de mi idolatrado Waits. Sin embargo, poco a poco la música fue quedando de lado y lo que primaba eran las conversaciones sobre las vidas de los miembros, nuestras vidas, y ¡oh sorpresa!, resulta que aparte de la música todos compartíamos innumerables cosas; nuestras existencias no eran tan distintas a pesar de lo distante (perdón por la aliteración).

Después de los atentados de las Torres Gemelas, a través de la lista, los que vivíamos fuera de Estados Unidos pudimos conocer de primera mano detalles de lo que estaba ocurriendo en el país, anécdotas que no aparecían en periódicos ni noticiarios, y lo que es más importante, pudimos compartir con nuestros amigos americanos su profundo dolor y desolación. Por desgracia los madrileños lo experimentamos en nuestras propias carnes unos años más tarde.

Hoy él de seguir vivo hubiera manifestado el mismo malestar que siento yo ante el nuevo triunfo de la barbarie. Probablemente hubiera aparecido en los medios de comunicación explicando que no nos tenemos que resignar ante la violencia, que no debemos aceptarla como un mal menor, que podemos construir un mundo distinto en el que haya sitio para todos. Una vez dijo, no recuerdo dónde, “por alguna razón que no comprendo la gente hace lo que yo digo. Bueno pues yo digo: PAZ”. Se puede decir más alto pero no más claro.

Joder, Lennon, no sabes cómo te echo hoy de menos.

martes, 15 de marzo de 2011

Estoicismo Ramone

A veces resulta inútil enfrentarse a un entorno que no es capaz de albergar nuestras metas y aspiraciones más altas, y es más acertado adaptarse a él e intentar sacar el mayor provecho de los escenarios reales, en vez de soñar quimeras.

The Ramones fueron un grupo mítico de la escena punk neoyorquina cuya influencia aún se deja sentir en bandas actuales de todo el mundo. Comenzaron a tocar juntos a mediados de la década de los setenta y pronto fueron reconocidos como referencia por sus colegas británicos, como Sex Pistols, The Clash o Buzzocks, y por parte del incipiente panorama new wave de ambos lados del Atlántico. En una entrevista realizada a Johnny Ramone, el malencarado guitarrista de la formación, incluida en el vídeo “End of the Century” probablemente el mejor documental realizado sobre la banda, éste  cuenta una anécdota que siempre me ha resultado muy sugerente como postura de enfrentar la vida.

En 1980, cuatro años después de aquel grito Hey ho, let´s go! que abría el primer LP homónimo del grupo, los Ramones tenían legiones de fans por todo el mundo y se pasaban el año de giras. Pero no vendían discos. Los volúmenes de ventas de sus álbumes no estaban en proporción con la inmensa popularidad del conjunto y decidieron contratar a uno de los mejores productores de la historia del rock, Phil Spector, para convertir su siguiente obra en un superventas.

La grabación de “End of the Century”, el título del disco en cuestión, fue un verdadero infierno; Spector es un hombre con un carácter muy difícil, déspota y violento, y chocó de frente con Johnny, que tampoco era lo que se dice una persona amigable. Las discusiones y peleas se sucedieron a lo largo de todo el proceso de grabación, hasta el punto de que, según dicen las malas lenguas, en una ocasión Phil Spector llegó hasta el punto de encañonar a Johnny con un arma de fuego.

El producto fue efectivamente un disco mucho más comercial que los anteriores, con un sonido mucho más depurado, menos áspero (hasta el punto de que la versión que incluye del “Baby I love you” de las Ronettes lleva arreglos de cuerda ¡en una canción de los Ramones!), contenía un tema firme candidato a hit (“Do you remember r´n´r radio?”) y presentaba en la portada a la banda con un nuevo look más cercano al de la banda infantil Parchís que a las poses desgarbadas y macarras a las que nos tenían acostumbrados.

Sin embargo, después de esta gran apuesta, después de todo este sacrificio, después de todo este sufrimiento, “End of the Century” tampoco vendió. Entonces en la entrevista Johnny hace una reflexión filosófica: si lo habíamos intentado todo y seguíamos sin vender, a lo mejor es que no era nuestro destino el vender discos, el éxito masivo, así que decidimos seguir tocando en directo todo lo que pudiésemos y contentar a nuestros fans.

Y ahora la pregunta de siempre, ¿qué tiene que ver todo este rollo que nos has metido con una estrategia 2.0? Pues que a menudo, y sobre todo los que estábamos en esto desde sus principios, nos fijamos metas casi imposibles de conseguir y no nos centramos en aprovechar lo que tenemos. Siempre queremos buscar esa gran acción viral que sea reproducida de post en post de los blogs, de tapia en tapia de Facebook o Tuenti, que sea retuiteada hasta dejar afónico al pájaro azul, y cuando vemos que no sale nos da el bajón.

Pero debemos ser conscientes de que el trabajo en Social Media es una labor constante, de trabajar día a día ampliando y fortaleciendo las relaciones de la empresa u organización con sus públicos, ganándose su confianza y adhesión a la marca. No todos los contenidos ni todas las marcas son aptas para pegar un pelotazo viral que llegue al público masivo y las compañías deben centrarse en crear sus propias comunidades virtuales a las que mimar. Es mejor tener 500 prescriptores activos de tu marca que 5.000 “me gusta” de Facebook.

Las empresas siguen sin entender los medios sociales; siguen pensando que las reglas de la publicidad convencional se aplican allí de la misma forma. No comprenden que no se trata de crear perfiles en Facebook y Twitter para lanzar mensajes comerciales como una ametralladora sino que hay que conversar con la gente, de forma que se produzca un acercamiento del público a la marca: ellos nos escucharán en la medida en que nosotros escuchemos lo que ellos nos tienen que decir; aquí ya no vale la comunicación unilateral del mensaje publicitario, el bombardeo.

Así que es mejor que sigamos los consejos de Johnny Ramone y  dediquemos nuestros esfuerzos a contentar a nuestros fans, que a fin de cuentas es lo único que tenemos.

martes, 22 de febrero de 2011

Caso "Cerezo & Morera": cómo enfocar una estrategia en medios sociales


Para que no se diga que me dedico a filosofar en abstracto sobe estrategias de social media, voy a plantear cómo me aproximaría yo a un caso concreto de una empresa real que necesita establecer un posicionamiento en medios sociales.

El sábado estuve tomando el aperitivo con mi amiga María y me planteó la necesidad de empezar a desplegar un posicionamiento en Internet de su empresa, Cerezo & Morera,  que lleva a medias con Nacho, otro amigo, y que se dedica al paisajismo y el mantenimiento de jardines, en Sigüenza, Guadalajara. María me comentaba, entre vermut rojo y vermut de la misma variedad cromática, que tenía la sensación de que había descuidado el aspecto del marketing del negocio y que tenía que aprovechar el poder de las redes para dar a conocer su empresa y aumentar la cartera de clientes.

Como información adicional, baste saber que la empresa está en proceso de desarrollo de una web corporativa que contendrá toda la información relativa al negocio, la oferta de servicios y las formas y condiciones de contratación.

Yo ordenaría la puesta en escena de Cerezo & Morera en los medios sociales planteándome los siguientes aspectos:

  • Objetivos
  • Público
  • Proposición de valor
  • Participación
  • Dinamización
  • Métrica

Una campaña 2.0 no sustituye en forma alguna las acciones emprendidas en medios más tradicionales; en todo caso las complementa, añadiendo un canal adicional de comunicación con la sociedad.  

Objetivos

Cerezo & Morera busca actualmente consolidar su actividad y ampliar la cartera de clientes, en concreto:

- Reforzar la actividad basada en el mantenimiento de jardines.
- Diversificar geográficamente la cartera de clientes, más allá de los límites de su localidad y comarca.
- Impulsar la línea de paisajismo y diseño de jardines que actualmente tiene menor peso que el mantenimiento.

La estrategia en medios sociales tiene que alinearse con estos objetivos y contribuir a proyectar la marca personal de los titulares de la empresa como expertos reconocidos de su sector de actividad.
 
Público   

¿A quién debemos dirigir esta estrategia de marketing 2.0? A los clientes actuales de la empresa, como forma de fidelizarles, y a clientes potenciales, que en principio es todo particular que tenga o quiera tener un jardín, y a cualquier institución que cuente o quiera contar con zonas verdes en sus instalaciones. Es quizá un tipo de servicio con un foco excesivamente amplio y habrá que procurar crear comunidades virtuales en torno a la empresa, bien directamente intentando llamar la atención del público en general, bien estableciendo una presencia en comunidades ya existentes en Internet en torno a la botánica y la jardinería.

Valor

¿Qué proposición de valor podemos ofrecer a nuestro público potencial de las redes? No vamos a meternos en los medios sociales para lanzar indiscriminadamente consignas publicitarias, eso aquí no vale. Hay que centrarse en las Tres Cs: conversar, compartir y colaborar. La empresa debe ocuparse de desarrollar contenidos que puedan resultar de interés para sus públicos, de forma que por una parte les atraiga a nuestro servicio, y por otra, nos genere un aura de experturía dentro del sector.

Cerezo & Morera apuesta por el contenido visual, básicamente a través de la fotografía y el video, de forma que se puede plantear ofrecer en sus espacios, por ejemplo:

- Fotografía de motivos vegetales con fines meramente estéticos.
- Información relativa a la floración de distintas especies.
- Vídeos tutoriales con consejos sobre técnicas de botánica y jardinería.
- Fotografía y vídeo sobre trabajos realizados por la empresa.
- Análisis gráfico de jardines famosos.
- Recreaciones virtuales de jardines, aunque este aspecto puede resultar muy costoso de financiar.

Participación

¿Qué grado de interacción buscamos? Dado que la información institucional de la empresa y de sus productos se aloja en la página web, los espacios 2.0 los dedicamos a relacionarnos con los internautas, a hablar con ellos, en suma.

Los usuarios tienen que sentir que hablan con personas, no con logos ni departamentos corporativos; personas a las que dirigir consultas o con las que conversar sobre los temas objeto de la actividad de la empresa.

Resulta muy positivo que la gente conozca el nombre de la persona o personas que escriben en los espacios de Cerezo & Morera en las distintas redes sociales, pues transmite cercanía e invita a la complicidad.

El tono, la voz en las redes, debe ser directo y amigable, y se debe evitar la frialdad del mensaje publicitario. Siempre debe dar la sensación que está hablando una persona de carne y hueso y no un departamento de comunicación.

Dinamización

Para una microempresa resulta muy trabajoso en tiempo y dedicación el tener que desarrollar una estrategia en medios sociales, dado que no cuenta con presupuesto para contratar a una persona que se dedique a ello o a una agencia especializada. Generalmente, tendrá que dedicarse a interactuar con el público el propio titular o titulares. Dado que además es una empresa ajena, por tipo de actividad, al mundo de las TIC, tampoco se podrá confiar este tipo de tareas a los empleados que no cuentan con un perfil tecnológico.

Es importante planificar con precisión los medios en los que estará presente la empresa para no intentar abarcar demasiado y al final no tener capacidad para gestionar muchos perfiles. Y no hay cosa peor en Internet que tener un espacio corporativo desactualizado o con sensación de abandono.

Por esta razón, yo centraría el despliegue 2.0 de Cerezo & Morera en no excesivos medios:

  • Blog. Dada la escasez de tiempo para dedicarse a publicar y el carácter eminentemente visual de los contenidos, Tumblr parece la plataforma más adecuada. Aunque es más pobre en funcionalidades que WordPress o Blogger, ofrece más agilidad para publicar posts sencillos multimedia, y además tiene más marcado el componente social, es decir, ofrece la posibilidad de rebloguear los contenidos de otros o de marcarlos como favoritos.
  • Facebook. La reina de las redes sociales. Conviene establecer una posición corporativa aquí porque es donde está todo el mundo, independientemente del nivel de conocimientos tecnológicos. Otra ventaja es que tanto Nacho como María, los titulares de la empresa, tienen perfiles personales en FB, lo que implica que conocen bien su mecánica de funcionamiento, a diferencia de otros servicios 2.0, y además cuentan con una pequeña base de contactos con la que comenzar a construir una comunidad virtual en torno a la marca. Resultaría conveniente desarrollar una landing page estéticamente atractiva que diferencie nuestro espacio de monotonía visual que presenta el resto de los muros. En Facebook habría que buscar grupos y páginas relacionadas con la botánica y la jardinería para establecer relaciones con el mayor número de personas afines o potencialmente interesadas con el objeto de la empresa.
  • YouTube. Un canal de Cerezo & Morera en YouTube, además de servir de repositorio de la producción audiovisual de la empresa, ofrece una gran capacidad de visibilidad y viralidad de los contenidos.
  • Flickr. De la misma manera, una página corporativa en esta red ofrece la posibilidad de almacenar las fotografías, ordenadas por álbumes y temas. Al igual que ocurre con YouTube, es un gran esparate para el material gráfico, dado que diariamente millones de personas realizan búsquedas de fotos allí.
  • Foros especializados en botánica y jardinería. Participar en foros nos sirve para contactar a personas interesadas en el tema y para dar a conocer nuestros conocimientos sobre el mismo.
  • Twitter. Trato este medio con cautela por varias razones. Primero porque hay que comprender su filosofía y eso lleva tiempo; no se trata de meterse y empezar a lanzar anuncios de la empresa, eso no funciona. Segundo, porque para hacerlo realmente bien en Twitter hay que dedicarle mucho tiempo, hay que hablar mucho con la gente y darte a conocer. No creo que éste sea un medio ideal para personas que disponen de poco tiempo para las redes sociales, por lo menos en una primera fase de la estrategia.
 Métrica

No basta con acometer acciones 2.0, es necesario que los resultados de las mismas sean medibles de forma cualitativa y cuantitativa, y establecer el retorno para la empresa, si se puede.

Los indicadores cualitativos están relacionados con lo que se dice de la empresa y de sus contenidos: hay que analizar lo que se dice y el tono en que se habla de nosotros o con nosotros, en los comentarios en redes, blogs y foros.

Resulta conveniente también elaborar un cuadro de indicadores cuantitativos que midan cuánto se habla de nosotros en los medios sociales, qué proyección alcanza la marca. En este caso, a modo de ejemplo, se podría medir:

- Nº de veces que nos rebloguean en Tumblr
- Nº de “me gusta” en nuestros posts
- Nº de recomendaciones de nuestros posts en otras redes.
- Nº de amigos en Facebook
- Nº de interacciones (“me gusta”, compartir, comentarios)
- Nº de impactos en FB: publicaciones nuestras x Nº de seguidores que tenemos + interacciones de seguidores x Nº medio general de seguidores
- Nº de visualizaciones de cada vídeo en YouTube
- Nº de seguidores de nuestro perfil en YouTube
- Nº de interacciones (compartir, comentarios, “me gusta”)
- Nº de visualizaciones de cada album en Flickr
- Nº de interacciones en Flickr
- Nº de interacciones en foros
- Nº de seguidores en Twitter
- Nº de impactos en Twitter: tweets lanzados por nosotros x Nº de seguidores nuestros + Nº de retweets x Nº medio general de seguidores en Twitter

Finalmente, la parte más difícil consiste en dilucidar cómo beneficia esta estrategia al negocio; en qué medida hemos cumplido los objetivos que nos fijábamos al principio; qué cantidad de clientes y de proyectos proceden directamente de nuestra actividad en medios sociales. 

No hay que desfallecer si no se consiguen resultados a corto plazo; el posicionamiento en medios sociales es una carrera de fondo, un proceso sostenido a largo plazo, al que hay que dedicar tiempo, inventiva y creatividad.
 
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