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lunes, 18 de junio de 2018

La revolución digital y el trabajo en España

50 estrategias para 2050. El trabajo y la revolución digital en España es una nueva publicación de Fundación Telefónica realizada en colaboración con Prospektiker en el marco del Proyecto Millennium. El objetivo de esta iniciativa es analizar los efectos que pueden tener los cambios tecnológicos asociados a la revolución digital en España, prestando especial atención a los que afectan al mercado laboral. El estudio está centrado en cinco campos: Educación y aprendizaje, Ciencia y tecnología, Empresas y trabajo, Sociedad y cultura y Gobierno y políticas públicas.

La educación se convierte en el ámbito prioritario de actuación en España para tender al escenario más positivo en el horizonte de 2050. La educación en España afronta el desafío de reinventarse y cambiar adaptarse a los valores cambiantes de la sociedad, al uso de tecnologías en el aprendizaje, a la formación para profesiones hoy todavía desconocidas, los nuevos paradigmas educativos, y en general, a un mundo más complejo y global. Los centros escolares incrementarán su función como redes donde el alumnado pueda interactuar con el profesorado de forma que se produzca un aprendizaje colaborativo. Las tendencias señalan que las competencias específicas serán cada vez más necesarias en las diversas disciplinas académicas

El informe propone una serie de estrategias relacionadas con la educación, entre las que destacan temas como:

  • Generalizar la educación digital e integrar las TIC en la docencia.
  • Incorporar sistemas de inteligencia del mercado de trabajo a las políticas educativas y de empleo.
  • Asegurar la flexibilidad del sistema educativo.
  • Reorientación del sistema de educación de un enfoque colectivo a uno individual.
  • Dinamizar el sistema universitario para promover la modernización de sus estructuras y el reciclaje de su profesorado.

En el ámbito de la Ciencia y tecnología, la mejora de la eficiencia en los procesos, en las decisiones y estrategias se está convirtiendo en un elemento central de la ventaja competitiva, en la medida en que el big data, impulsará nuestra economía en las próximas décadas. Las ciudades se convertirán en espacios en los que la tecnología digital embebida, centrada en aplicaciones basadas en Internet y móviles con múltiples funciones, generará un volumen ingente de datos, y el análisis en tiempo real de los diferentes sistemas facilitará la toma de decisiones.

El Internet de las cosas (IoT) permitirá una gestión más sostenible y un abaratamiento de los costes, que tendrán un impacto beneficioso en la movilidad, el transporte autónomo, o en ámbitos como el de la vivienda, la salud, el trabajo, la energía y la producción de alimentos. El mundo asistirá a un incremento de la robótica, la fabricación avanzada y la impresión 3D, que transformarán las cadenas de suministro de todas las industrias.

Muchos de los trabajos que se desarrollan actualmente en Europa están relativamente poco cualificados y son de carácter repetitivo, por lo que el mayor avance tecnológico implica el riesgo no solo de que se pierdan estos puestos de trabajo, sino de que también se deteriore la calidad del empleo en la economía digital. El uso de tecnologías online para crear mercados de trabajo puede provocar una carrera descendente en salarios y condiciones laborales, transfiriendo el riesgo y la responsabilidad de los empleadores a los trabajadores.

El informe plantea una batería de estrategias en este ámbito de las que podemos extraer las siguientes:

  • Desarrollar una estrategia de implantación nacional en ciencia y tecnología.
  • Promover las redes de realidad extendida y potenciar una cultura de red y de interconexión para la inteligencia artificial.
  • Apuesta por la ciberseguridad.
  • Potenciar la red Internet of beings (Internet del ser humano).
  • Puesta en marcha de fondos de capital riesgo que apoyen la inversión en I+D+i.

En el apartado de Empresas y trabajo, se destaca que el envejecimiento poblacional constituye el principal cambio sociodemográfico en los países desarrollados, en los que se estima que en 2050 vivirá el 80% de la población mayor de 60 años, y Europa será la región más envejecida. Para el año 2060, se prevé que en la UE solo habrá 2 trabajadores por cada persona de 65 años o más. Junto con estos cambios sociodemográficos, otros hechos disruptivos podrían modificar de forma inesperada el funcionamiento del mercado laboral: las transformaciones en los entornos laborales, los valores cambiantes de las personas empleado o la convergencia de tecnologías. Muchos de los trabajos y habilidades buscadas hoy no existían hace una década. Del mismo modo, nuevos puestos de trabajo y habilidades surgirán en el futuro.

La digitalización está reduciendo la demanda de tareas rutinarias y manuales, al tiempo que aumenta la de tareas de baja y alta cualificación y de habilidades interpersonales y para resolver problemas.
De las estrategias propuestas por el estudio destacamos:

  • Extender los sistemas de apoyo al autoempleo y el emprendimiento, y fomentar los ecosistemas conectados.
  • Replantear los modelos de protección social en esquemas de “flexi-seguridad”.
  • Impulsar la gestión del conocimiento a través de la innovación abierta en las empresas.
  • Repensar la responsabilidad social y el impacto que las empresas generan en la sociedad y en sus empleados.
  • Impulso a programas integrales de reinserción laboral.

El campo de la Sociedad y la cultura viene caracterizado por la pérdida de protagonismo de la familia clásica madre-padre-hijo a favor de otras estructuras familiares menos tradicionales (familias monoparentales, homoparentales, multiculturales, etc.). Las sociedades serán principalmente urbanas. Las ciudades podrán llegar a concentrar cerca del 70% de la población mundial en 2050. Estas ciudades serían a su vez fiel reflejo de la creciente desigualdad y del incremento de la brecha entre ricos y pobres, que podría agravarse en las próximas décadas. Entre los riesgos probables, encontramos una expansión no igualitaria, que podría dividir al mundo entre quienes tienen acceso a la tecnología digital y quienes no, y que agrandaría la brecha con las generaciones que no cuentan con habilidades o soltura suficientes para adoptar la economía colaborativa en un ecosistema online.

De las estrategias propuestas en este terreno destacan:

  • Redefinir los valores éticos de las organizaciones y las personas.
  • Gestión de una sociedad más multicultural.
  • Desarrollar competencias digitales a nivel general y competencias analíticas clave.
  • Protagonismo del smart citizen.
  • Potenciar las industrias creativas en el marco de la cultura digital.

El último epígrafe tratado por el informe es Gobierno y políticas públicas. Se perfila un mundo más global y más local, donde se plantean cuestiones como la sostenibilidad de los actuales sistemas de bienestar, la reducción de la fuerza laboral, la necesidad de reformas estructurales para asignación de inversiones y ahorros, y la vulnerabilidad de la economía europea dentro del mercado global.

La gobernanza nacional cada vez es más dependiente de las decisiones que se toman en el exterior. Un mundo global interdependiente con diversos actores que tienen intereses transnacionales e intersectoriales, así como el surgimiento de una conciencia global y un nuevo contrato social para la ciudadanía, están cambiando el proceso de toma de decisiones y aumentando la necesidad de una cultura anticipadora de elaboración de políticas.

Entre las estrategias sugeridas en este apartado se pueden destacar:
  • Convertir la estrategia nacional sobre tecnología en una política de Estado, al margen del debate partidista.
  •  Potenciar el rol público para el impulso del avance tecnológico.
  • Nuevos mecanismos de participación ciudadana que impulsen la implicación progresiva en los procesos de toma de decisiones, más allá del voto.
  • Gobernanza basada en el gobierno abierto, la transparencia y la rendición de cuentas.

martes, 22 de mayo de 2018

El ecosistema Fintech español

El sector financiero ha sido tradicionalmente uno de los primeros en asumir la innovación tecnológica, primero, con la informatización, más tarde, ofreciendo servicios a través de Internet, y ahora, adaptándose a las necesidades de la sociedad digital. La revolución viene de la mano de empresas tecnológicas, las denominadas Fintech, cuyas soluciones financieras han hecho reaccionar a la banca tradicional, que se ha puesto a generar innovación al servicio del cliente.

El denominado ecosistema Fintech español es el objeto de estudio del informe Fintech, innovación al servicio del cliente elaborado por el Observatorio de la Digitalización Financiera Funcas-KPMG. La meta, según sus autores, es ofrecer a la sociedad una visión de las transformaciones que se están produciendo en el sector financiero de nuestro país desde la perspectiva de la oferta y de la demanda.

Un primer paso de este trabajo es definir claramente qué es una empresa Fintech, que es aquella que ofrece servicios financieros con las tecnologías más modernas. Este tipo de compañías presenta seis rasgos distintivos:

  1. Su oferta de productos financieros es totalmente online
  2. Utilizan tecnologías disruptivas, tienen estructuras flexibles y metodologías de trabajo ágiles.
  3. Se basan en una filosofía centrada en el cliente
  4. Suelen basarse en un modelo monoproducto
  5. Favorecen la inclusión financiera y la transparencia
  6. Reducen los costes de los servicios actuales
Existen unas 15.000 empresas Fintech en todo el mundo y en nuestro país hay más de 300, que emplean a más de 3.500 trabajadores y que facturan más de 100 millones de euros. España es el 6º país del mundo en número de Fintechs y el 5º en cuanto al uso que hacen las personas de este tipo de servicios.

Las empresas tecnológicas centradas en aplicaciones financieras han actuado como catalizador de la digitalización de las entidades financieras y de la sociedad, favoreciendo la inclusión financiera y la democratización de los servicios, mediante unas políticas de innovación centrada en el cliente.

Aunque en un principio se produce una fuerte competencia entre las start-ups tecnológicas y la banca tradicional, actualmente ambas partes consideran más positivo y más rentable el aliarse y colaborar.
Curiosamente, tras producirse el tándem de cooperación entre la banca y las tecnológicas, aparecen en el horizonte del sector financiero nuevos agentes externos que pueden convertirse en competencia a medio plazo: las GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) y las BAT (Baiudu, Alibaba, Tencent).

Para comprender la estructura del sector, la Asociación Española de Fintech e Insurtech clasifica las empresas en doce verticales:

  • Asesoramiento y gestión patrimonial.
  • Finanzas personales. Comparar productos financieros y optimización de finanzas personales.
  • Financiación alternativa. Préstamos sin garantía, Crowdlending y Crowdfunding.
  • Crowdfunding/lending sobre activos o bienes tangibles.
  • Servicios transaccionales/divisas. Se trata evitar los costes de la intermediación bancaria.
  • Medios de pago. Entidades que prestan medios de pago electrónicos.
  • Infraestructura financiera. Entidades dedicadas a la mejora de la tecnología existente para la prestación de servicios financieros.
  • Criptocurrencies y blockchain.
  • InsurTech. Tecnología aplicada al sector seguros.
  • Identificación online de clientes.
  • Big data. Generar servicios aprovechando los datos.
  • Neobanks y Challenger Banks. Bancos 100% digitales que utilizan el smartphone o las redes sociales para relacionarse con sus clientes.

Las empresas fintech españolas de acuerdo con el informe basan principalmente su modelo de negocio en los servicios de pago (76% del total) y en menor medida en servicios gratuitos (21%), teniendo poco peso por ahora los servicios freemium (3%).

Los ingresos vienen principalmente de las comisiones por la prestación de servicios financieros (45%), por el pago por uso (25%) y por las comisiones de transacciones (25%).

Finalmente, de todas las empresas Fintech encuestadas para este estudio, el 75% contempla a los bancos tradicionales como colaboradores y solamente una cuarta parte los concibe como competidores.

lunes, 26 de febrero de 2018

Ocho escenarios para el futuro del trabajo

La capacidad de la revolución digital para destruir empleo y automatizar tareas que antes realizaban los seres humanos es una de las grandes preocupaciones de los últimos tiempos. Los cambios se están sucediendo de forma tan acelerada que no disponemos de perspectiva para poder anticipar el futuro que se nos viene encima. No faltan distopías apocalípticas que hablan de un mundo controlado por robots y de legiones de trabajadores desplazados y empobrecidos, ni grandes figuras de la ciencia y la tecnología, como Stephen Hawking o Elon Musk de Tesla, que alertan sobre la amenaza que supone para la humanidad la proliferación de la inteligencia artificial. 

No obstante, también están surgiendo intentos serios de estudiar de forma analítica y objetiva el posible efecto en el futuro inmediato del cambio tecnológico sobre el mercado de trabajo. Uno de los más recientes ha sido llevado a cabo por el World Economic Forum, en colaboración con The Boston Consulting Group, y predice ocho posibles escenarios a los que nos enfrentamos, cuya probabilidad de materializarse depende de la velocidad de evolución de tres variables.

Se trata del informe Eight Futures of Work  y los tres aspectos que contempla son el cambio tecnológico, la evolución del aprendizaje y la movilidad del talento. En el primer caso, se tiene en cuenta a qué velocidad penetrarán en nuestras sociedades la robótica, la inteligencia artificial o la analítica de datos (puede ser un cambio estable o acelerado); el siguiente elemento hace referencia al ritmo al que la fuerza de trabajo adquiere las competencias que demanda la economía digital (puede ser lento o rápido); finalmente, el modelo evalúa el grado de movilidad de la fuerza de trabajo, entre regiones y entre países (baja o alta).

Este planteamiento aparentemente tan sencillo puede dar lugar a ocho escenarios futuros para el mercado de trabajo, a juicio de los autores:

Autarquías de la fuerza de trabajo (cambio tecnológico estable, lenta evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

Como el cambio tecnológico se produce despacio la automatización de los puestos de trabajo solamente afecta a las tareas manuales de baja cualificación. Al ser también bajo el ritmo de adquisición de competencias tecnológicas, mucha mano de obra poco cualificada compite por pocos puestos de trabajo. Existen puestos de mayor cualificación sin cubrir en las empresas, pero los gobiernos limitan la entrada de trabajadores cualificados extranjeros en los mercados de trabajo locales para proteger a la fuerza de trabajo de escasa cualificación.

Movimiento de masas (cambio tecnológico estable, lenta evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Como en el caso anterior, la disrupción que trae la tecnología solamente afecta a los trabajos manuales más rutinarios y los trabajos de cualificación media no se ven afectados. El aprendizaje de las nuevas competencias requeridas es lento, pero al no existir barreras al movimiento de la mano de obra entre países, los trabajadores de alta cualificación de todas partes confluyen en los lugares que ofrecen puestos más atractivos. Mientras, los trabajadores poco cualificados desplazados por la automatización emigran a países emergentes compitiendo con la mano de obra local por puestos a su medida. En este escenario la cohesión social es más difícil de mantener.

Reemplazo robótico (cambio tecnológico acelerado, lenta evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

El elevado ritmo de cambio tecnológico ha automatizado las tareas manuales y muchas tareas no manuales más cualificadas. La demanda de trabajadores humanos con nuevos perfiles para gestionar y complementar el trabajo de las máquinas no es satisfecha porque el ritmo de aprendizaje profesional es reducido y, en consecuencia, las empresas optan por automatizar más y más tareas y “pierden la fe en el talento humano”. Para paliar la crisis social, los gobiernos optan por llevar a cabo políticas proteccionistas, cerrando la entrada al mercado de trabajo a mano de obra extranjera altamente cualificada, y, en última instancia, llevando a cabo nacionalizaciones de empresas tecnológicas y generando monopolios.

Mundo polarizado (cambio tecnológico acelerado, lenta evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Los robots y la inteligencia artificial asumen tareas rutinarias y no rutinarias, pero las empresas no encuentran mano de obra suficientemente formada para trabajar en la nueva economía digital. En este caso, no hay barreras al movimiento internacional de la mano de obra, así que trabajadores muy cualificados de países emergentes acuden a las economías desarrolladas a buscar mejores oportunidades, mientras que la mano de obra poco cualificada de estas queda desplazada del mercado. Las fronteras nacionales se van diluyendo y el mundo se polariza en clusters de supereconomías muy avanzadas que se relacionan entre sí y el resto de naciones que han quedado atrás. Las sociedades se polarizan igualmente entre el pequeño estamento de los privilegiados y grandes masas de mano de obra sin cualificar que se dedica a prestar servicios a los primeros.

Empresarios empoderados (cambio tecnológico estable, rápida evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

En este caso, el cambio tecnológico avanza de forma moderada y solamente afecta a las tareas manuales y rutinarias, pero no al resto. No obstante, las sociedades han tomado conciencia de la importancia de formar a la población para afrontar el nuevo paradigma productivo y han reformado los sistemas educativos, adecuándolos a los nuevos conocimientos y habilidades requeridos, mientras que las empresas invierten mucho en reciclar a sus plantillas. Los países cuentan, por tanto, con tejidos empresariales dinámicos y con una población acostumbrada al aprendizaje permanente que se adapta a los cambios con éxito, de forma que los gobiernos limitan la emigración para no perder su valiosa mano de obra.

Flujos cualificados (cambio tecnológico estable, rápida evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Este escenario es una variante del anterior en el que igualmente el lento cambio tecnológico y el rápido aprendizaje hace que las economías encuentren la mano de obra cualificada que necesitan para el nuevo modelo productivo. En este caso, la emigración no ha sido limitada y la movilidad de trabajadores muy cualificados entre países y zonas es elevadísima. Los mercados de trabajo locales con mejor acceso a la tecnología han sabido extraer mayor valor añadido con menos, a diferencia de otros, produciéndose una dicotomía que se va ampliando.

Mercados locales productivos (cambio tecnológico acelerado, rápida evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

La rápida automatización de tareas y profesiones manuales y no manuales genera una demanda de mano de obra muy cualificada para gestionar y complementar a las máquinas que, gracias a la concienciación y previsión colectiva, existe en las sociedades,  derivada del elevado ritmo de aprendizaje de nuevas habilidades de los trabajadores. Las economías que han invertido fuerte en formación del talento no quieren perderlo y cierran sus fronteras a la movilidad laboral. Sin embargo, el elevado ritmo de innovación genera una demanda constante de mano de obra supercualificada que las economías no pueden satisfacer de forma local.

Adaptadores ágiles (cambio tecnológico acelerado, rápida evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Con las tres variables mostrando valores elevados, el resultado es la creación de una gran fuerza de trabajo en el mundo, intensamente cualificada y dedicada al aprendizaje permanente, que se mueve constantemente buscando nuevas oportunidades laborales en los numerosos focos geográficos de innovación y dinamismo económico que existen. La transferencia de tecnología y de ideas entre las distintas áreas de desarrollo es constante gracias al continuo movimiento de profesionales. La única “pega” que puede presentar este escenario tan utópico es la falta de arraigo que puede aquejar a este trabajador sin fronteras.

lunes, 12 de octubre de 2015

Las clases medias latinoamericanas en peligro

Abríamos el año en este blog preguntándonos si la desaceleración económica que están sufriendo los países de América Latina son turbulencias coyunturales pasajeras o la brusca interrupción de un proceso de desarrollo sin precedentes en la región. Lo cierto es que a medida que ha ido avanzando 2015 la situación se ha ido volviendo aún más confusa y no menos preocupante, especialmente a medida que se confirma el frenazo de la economía china, que es un actor relevante en el éxito macroeconómico de Latinoamérica. Con éste ya son cinco años en que la tasa de crecimiento del conjunto del subcontinente es menor que la del precedente.

Como nos recordaba hace poco Moisés Naím (América Latina: del prodigio al peligro. El País, 4 de octubre de 2015), aunque en el pasado todos los periodos de bonanza económica han mejorado algo la situación de la población latinoamericana más desfavorecida, el que se extiende desde principios de la década de 2000 hasta aproximadamente 2011 ha traído consigo una reducción importante en la desigualdad en la renta y la aparición en no pocos países de una nueva clase media, un porcentaje de población que abandona la pobreza, bisagra necesaria para superar la tradicional dicotomía entre las élites minoritarias y la mayoría viviendo de la economía de subsistencia.

Pero este “milagro social” no ha sido fortuito: responde a una voluntad institucional de los gobiernos por crear sociedades más justas. De acuerdo con los datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre 2005 y 2012 la tasa de crecimiento del gasto social superó con creces a la del económico, pasando a ser del 5% del PIB al 19%. Como consecuencia, el porcentaje de población pobre cayó del 34% al 21%.

No obstante la prolongada crisis que afecta especialmente a occidente y los problemas a los que se enfrenta el modelo de crecimiento de China (gran importador de las materias primas de la región e importante socio financiero), han supuesto el fin de esta era de crecimiento. Y lo que es peor, un fuerte retroceso económico podría revertir la positiva evolución social devolviendo a la incipiente clase media a su pobreza de origen.

La onda expansiva en Latinoamérica de las tribulaciones chinas resulta más que evidente. Alejandro Rebossio reunía en su artículo Diez efectos del parón chino (El País, 4 de octubre de 2015) ejemplos concretos del daño que sufren los distintos países:

1. Brasil: caída de las exportaciones a China en un 22,6%.
2. México: China produce la mitad del acero del mundo y está inundando el mercado hundiendo los precios. México es el segundo productor de Latinoamérica y está viendo como se deteriora su industria metalúrgica.
3. Argentina: la soja supone una quinta parte de las exportaciones del país y la caída de la demanda china de este producto esta haciendo que su hundan los precios.
4. Colombia: las ventas a China, especialmente de petróleo y ferroníquel, cayeron un 72% en el primer trimestre de 2015.
5. Venezuela: la bajada de las importaciones chinas de petróleo han causado que el precio baje a menos de la mitad de lo que valía hace un año. El 95% de las divisas de Venezuela proceden de la exportación de combustibles fósiles.
6. Chile: las exportaciones de cobre refinado a China bajaron entre enero y julio de este año un 8,8%.
7. Perú: el capital chino concentra el 36% de la minería peruana y la caída de la bolsa de Shangai ha paralizado en gran medida las inversiones previstas en el sector.
8. México: China se convirtió en un importante inversor de proyectos de infraestructuras en el país: tren de alta velocidad, complejo inmobiliario y red de telecomunicaciones. Los dos primeros han sido cancelados y el último está en hibernación.
9. Brasil: bajada del 7,4% de las ventas de hierro a China.
10.Argentina: las exportaciones de vino a China cayeron del 9% al 5% entre 2013 y 2014, si bien se han recuperado a principios de 2015.

Aparte de la debacle económica impuesta por el comportamiento del gigante asiático, en opinión de Alejandro Werner, economista jefe del FMI para América, la región no supo aprovechar bien el boom de las materias primas (entrevistado por el diario El País, 11 de octubre):

“La región, como un todo, aprovechó mejor que en el pasado el boom de precios de las materias primas. Pero no lo suficiente, no canalizó lo suficiente esos ingresos adicionales a ahorros para poder estar mejor en los malos tiempos. Tampoco para avanzar en temas de infraestructuras o educación, aunque sí en programas de lucha contra la pobreza.”

Resulta sorprendente, y en gran medida triste, que según las encuestas del Latinobarómetro casi la tercera parte de los latinoamericanos que afirman ser de clase media achacan su progreso social al esfuerzo personal y no a la economía de su país, y lo que es peor, el 50% cree que su mejora es permanente e irreversible, como apunta Naím en su artículo. De esta forma, concluye el escritor:

“Tristemente, pronto muchos descubrirán que el aumento de sus ingresos no es tan permanente ni irreversible como creían. Y que su esfuerzo personal no basta para mantener las mejores condiciones de vida que alcanzaron en los años prodigiosos.”

jueves, 27 de agosto de 2015

La recuperación que vino de fuera

El triunfalismo desplegado en los últimos tiempos en torno al supuesto éxito de las políticas de austeridad para salir de la crisis (ese “ves como teníamos razón”) puede no tener una base sólida y no ser más que el fruto de un espejismo.

No son pocos los economistas de renombre que auguran un largo periodo de años de estancamiento, bajo crecimiento, y en el caso de España, cifras de desempleo desorbitadas. Que hallamos entrado en una senda de tímido crecimiento económico es cierto, pero que éste sea sostenible en el tiempo y que vaya reforzándose entra ya en la esfera de la especulación y el vaticinio.

En un reciente artículo (Crecimiento: el porque y el cómo) el ex ministro de Industria y Energía, Joan Majó, explicaba por qué a su juicio no hay que echar al vuelo las campañas en la actual coyuntura económica. Básicamente se trata de que el origen del incipiente crecimiento que estamos experimentando se debe en gran medida a factores externos y no a la política llevada a cabo por el Gobierno de España. De esta forma, el empeoramiento de cualquiera de estas condiciones puede frenar en seco la etapa expansiva.

Cuatro son los elementos externos que están favoreciendo la competitividad de la empresa española:

  • La devaluación del euro respecto al dólar favoreciendo las exportaciones.
  • La caída del precio del petróleo que abarata las importaciones de combustibles.
  • La turbulencia política y violencia existente en diversos países del Mediterráneo que desvían turistas hacia España.
  • Los tipos de interés bajísimos de la zona euro y la abundancia de liquidez que reduce el coste de la deuda y favorece el consumo privado de bienes duraderos.

Pero Majó opina que la alteración de uno o varios de estos factores, sobre los que no tiene control nuestro ejecutivo, sería suficiente para empeorar la situación económica de nuestro país.

Por otro lado, los efectos de las políticas económicas aplicadas tienden a polarizar la sociedad, abriendo más aún la brecha entre ricos y pobres, mediante el aumento de la precarización del trabajo y de la temporalidad, y del desmantelamiento parcial de determinados servicios sociales aumentando la vulnerabilidad de los estratos sociales más desfavorecidos.

Las mejoras en la productividad de las empresas españolas se basan en la reducción de costes fruto de los recortes salariales y no en la inversión en tecnología o en formación. Veremos cómo sigue esta historia.

miércoles, 19 de agosto de 2015

El pensamiento heterodoxo del profesor Ha-Joon Chang: la economía como dogma de fe

La verdad es que tengo bastante olvidado este blog por culpa de mi desmedida afición a las violas da gamba y laúdes y por las distintas colaboraciones que llevo a cabo con Las Dos Castillas, El Diario Fénix y Drugstore Magazine. Todo ello no quiere decir que ya no me interese la economía ni el momento tan fascinante como terrible que está viviendo el mundo, es sólo que no encuentro tiempo para escribir. Pero temas hay a patadas...

El caso es que como ando bastante desconectado del mundillo económico se me había pasado por alto la figura de Ha-Joon Chang, profesor de Cambridge y una de las mentes más lúcidas y consecuentes del pensamiento actual, a juzgar por las declaraciones que realiza en una entrevista que le hicieron a principios de agosto. En este post me gustaría resumir las principales opiniones que vertió que chocan bastante con ese pensamiento único al que nos tiene sometidos la mediocridad intelectual del FMI y de las autoridades europeas.

La economía no es una ciencia. Yo siempre había defendido que la economía no es una ciencia exacta, como las matemáticas, pues está teñida de juicios de valor, pero Ha-Joon Chang va más allá afirmando que es una ilusión pensar que una disciplina basada en valores éticos y posiciones políticas puede generar axiomas científicos.

La principal consecuencia de hacer creer que la economía es una ciencia es que sus postulados adquieren la categoría de dogma, de verdades irrefutables, como que la tierra gira alrededor del sol, impidiendo que pueda haber distintas explicaciones de una misma cosa. Pero Chang nos recuerda que hay hasta nueve escuelas de pensamiento económico, cada una con su particular explicación de la realidad.

La economía ha sido deliberadamente convertida en una disciplina compleja para excluir la participación democrática en la toma de decisiones.  Todo profesional plantea su profesión como mucho más compleja de lo que es para que su trabajo no parezca demasiado fácil (¿alguna vez habéis cambiado el mecanismo de la cisterna del inodoro? Lo puede hacer cualquiera sin necesidad de llamar a un fontanero), y en el caso de la economía se ha conseguido en las últimas décadas que parezca algo tan difícil de entender que es mejor dejar la toma de decisiones en manos de los expertos. Sin embargo son decisiones que afectan directamente a nuestra vida cotidiana y deberíamos como ciudadanos tener el derecho y el deber de participar en el debate.

Las políticas que ha impuesto la denominada troika en Europa para salir de la crisis son buen ejemplo de lo anterior. Las medidas de austeridad se han presentado como la única alternativa posible excluyendo cualquier otra opción o posibilidad de debate.

El origen financiero de la crisis ha sido disfrazado de fiscal. O en otras palabras, el descontrol y las burbujas del sistema financiero mundial son la causa de la crisis, pero se ha conseguido hábilmente que la culpa recaiga sobre el excesivo endeudamiento de los gobiernos nacionales. En el momento en que empieza a caer el crecimiento económico los gobiernos comienzan a aumentar el gasto público con la intención de revitalizar la economía y entonces efectivamente incurren en un fuerte endeudamiento.

Y la solución viene dada por aplicar políticas de austeridad y de recorte del gasto público en vez de realizar una reforma financiera que puede evitar el desencadenamiento de otra crisis similar, algo que  Ha-Joon Chang considera que puede ocurrir en breve a la vista de lo que está ocurriendo en el mercado de valores chino que ha caído un 20% en tan sólo cuatro semanas.

El euro no fue una buena idea. Chang coincide con otros economistas heterodoxos al criticar la moneda única europea en un área compuesta por países con tantas disparidades económicas y en los que no existe una movilidad efectiva de fuerza de trabajo ni una política fiscal común. Cuando han llegado los problemas, tradicionalmente los países de productividad más baja devaluaban su moneda para ganar en competitividad en los mercado internacionales, pero eso es algo que ya no pueden hacer porque la política monetaria está dirigida por el Banco Central Europeo y no por los gobiernos de los Estados miembros. Por tanto, la única solución para mejorar la competitividad se basa en bajar los salarios y recortar el gasto público, lo que profundiza el estancamiento económico.

Por otro lado, el comportamiento de los Estados miembros (el más reciente ejemplo es el de Alemania en relación con el rescate griego) pone en evidencia que no estamos en el proyecto común europeo que soñaron Delors y Monnet, y que parecía florecer durante los años ochenta y noventa, sino en un patio de colegio en el que impera la ley del más fuerte y los prejuicios.

La solución a la crisis griega pasa por la cancelación de la deuda.  Ha-Joon Chang considera que la cancelación de parte de la deuda griega es la única salida. Desde el punto de vista de la responsabilidad, considera que tan culpable es el que se endeuda como el que presta, y que los bancos que compraron deuda griega prestaron irresponsablemente y no están pagando por su error. Desde una perspectiva práctica, no tiene sentido decirle a un país que si no tiene ingresos que recorte gastos. En una economía todos los agentes (administración, empresas, familias...) están interrelacionados de forma que si uno recorta sus gastos está recortando los ingresos de otro, creando una cadena de empobrecimiento.

Con las medidas de austeridad la crisis va para largo. Chang vaticina que la situación de estancamiento y crecimiento débil continuará los próximos años hasta que surjan voces críticas que demanden un cambio en las medidas de política económica. No considera los “logros” que nos  están vendiendo como una salida de la crisis. En sus palabras:

“En los últimos siete años, la economía estadounidense, en términos per capita, ha crecido a un ritmo de 0,4% anual, cuando las llamadas dos décadas perdidas de Japón, la renta per capita subió a un ritmo del 1%. ¿Qué tipo de recuperación es esa? Al final de 2014, en la mitad de los países de la OCDE no se había alcanzado la renta per capita de 2007”.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Los factores psicológicos y sociales en las políticas de desarrollo

Resulta francamente interesante la aproximación al proceso de desarrollo económico ofrecido por el Banco Mundial en un reciente informe que toma en consideración factores psicológicos y sociales para complementar el fresco del progreso de una sociedad. Básicamente, se trata de reconocer que los seres humanos, las unidades últimas de la métrica económica, no son números sino personas sujetas a emociones. Los autores del trabajo lo expresan con gran claridad:
“Los individuos no son autómatas calculadores. Por el contrario, son actores maleables y emocionales, cuyas decisiones se ven afectadas por elementos contextuales, normas sociales y redes sociales locales, y modelos mentales compartidos”.
La publicación lleva por título Informe sobre el desarrollo mundial 2015. Mente sociedad y conducta. La idea central que presenta es que si nos fijamos en cómo piensan las personas y en cómo el entorno social influye y configura dicho pensamiento, podemos obtener una información muy valiosa de cara a diseñar e implementar políticas de desarrollo exitosas.

El informe se basa en tres principios sobre el comportamiento humano que emergen de recientes teorías de la psicología:
  1. Los individuos adoptan la mayoría de sus opiniones y de sus decisiones de manera automática, no deliberativa: llamamos a esto “pensamiento automático”.
  2. El modo en que las personas actúan y piensan suele depender de lo que hacen y piensan quienes los rodean; llamamos a esto “pensamiento social”.
  3. Los individuos de una sociedad determinada comparten una perspectiva común sobre el mundo que los rodea y sobre sí mismos; llamamos a esto “pensamiento basado en modelos mentales”.
El estudio del lugar qué ocupa el factor humano en la toma de decisiones nos ayuda a comprende mejor temas como la persistencia de la pobreza, el desarrollo en la primera infancia, las finanzas domésticas, la productividad, la salud o el cambio climático.

La simplificación que caracteriza a los modelos económicos parte de la base de que el individuo utiliza todo tipo de información y señales del entorno para proyectarlas hacia el futuro y poder tomar una decisión en el presente. Pero esto que suena tan académico y tan bien no suele ser la norma.

Las personas se enfrentan a una inmensa cantidad de información que no tienen capacidad de procesar y por tanto han reducido los procesos de toma de decisiones a dos: los rápidos y automáticos y los lentos y deliberativos. El primero toma en cuenta lo que viene de manera automática, no exige esfuerzo, se basa en asociaciones y es intuitivo; el segundo, por contra, toma en cuenta un amplio conjunto de factores pertinentes, exige esfuerzo, se basa en deliberaciones y es reflexivo.

Ni que decir tiene que en la mayoría de los casos aplicamos el pensamiento automático, incluso cuando pensamos que estamos aplicando el deliberativo. Tendemos a simplificar los problemas que enfrentamos y a sustituir la información que necesitamos por nuestra visión del mundo y creencias.  Esto nos puede llevar a interpretar erróneamente una determinada situación.

Por otra parte, el llamado “pensamiento social” hace que, como miembros de un colectivo, modelemos nuestra conducta influidos por los demás, por lo que hacen los otros o por lo que piensan de nosotros.

Por último, los seres humanos piensan a través de modelos mentales, es decir, “conceptos, categorías, identidades, prototipos, estereotipos, argumentos causales y cosmovisiones extraídas de sus comunidades”.

Estos modelos son productos de la interacción social y son heredados como cultura, e  influyen en el comportamiento individual. Un ejemplo de modelo mental son los estereotipos, que no son otra cosa que la visión comúnmente aceptada que un determinado grupo social tienen sobre algo.

El informe del Banco Mundial defiende el considerar los factores psicológicos y sociales en el estudio del desarrollo económico, aunque reconoce que también los investigadores pueden caer en las trampas de las ideas preconcebidas y heredadas:

“Los propios profesionales del desarrollo son víctimas de los sesgos y los errores que pueden surgir del pensamiento automático, el pensamiento social y el uso de modelos mentales. Por lo tanto, deben estar más conscientes de estos sesgos, y las organizaciones deberían implementar procedimientos para mitigar su efecto.”




domingo, 30 de noviembre de 2014

Los caídos de la economía digital: trabajadores pobres de un mundo rico

Toda revolución tecnológica tiene un fuerte carácter disruptivo. Recordemos que la Revolución Industrial, en sus fases sucesivas, nos legó avances como el ferrocarril o la iluminación eléctrica de las calles, entre otras muchas aportaciones a la calidad de vida, pero no olvidemos que también supuso la explotación de la mano de obra en las fábricas y talleres, su hacinamiento en condiciones de vida insalubres, y en suma, el traslado de la división social estamental rural tradicional del Antiguo Régimen al medio urbano, bajo la égida del incipiente capitalismo. El maquinismo supuso entonces el desplazamiento del trabajador manual y su condena al desempleo o al subempleo.

Tras generaciones y generaciones de trabajadores industriales viviendo en situación de pobreza extrema, a mediados del siglo XX las naciones europeas y EE.UU. comienzan a poner en práctica políticas basadas en la distribución de la renta, principalmente garantizando el acceso de toda la población a la educación y la sanidad y estableciendo una cobertura ante el desempleo, que realmente implican una mejora sustancial en las condiciones de vida de los estratos más vulnerables de la sociedad.

Es cierto que entonces se produjo un paso adelante sin precedentes en la historia de la humanidad, pero también hay que reconocer que el sacrificio humano y el dolor que generó no puede obviarse. En la actualidad parece ocurrir algo parecido: una revolución digital que nos ha dejado la interconexión del mundo a través de redes, que nos ha metido en el bolsillo los teléfonos móviles, pero cuyo nuevo paradigma socioeconómico está implicando abandonar en la cuneta a una proporción importante de la mano de obra, generando altas tasas de desempleados.

Muy gráficamente, la revista The Economist (que ha dedicado uno de sus números de octubre al análisis de este tema) define el fenómeno como “riqueza sin trabajadores, trabajadores sin riqueza” (“wealth without workers, workers without wealth”). No se trata de un mero juego de palabras; estamos ante un modelo económico emergente intensivamente tecnológico que requiere de muchísima menos mano de obra para generar valor añadido.

Este esquema beneficia a aquellos muy formados que tienen trabajos muy especializados en profesiones relacionadas con la alta tecnología y deja de lado a todos aquellos trabajadores de baja formación y trabajos poco especializados, cuyos perfiles laborales pueden ser sustituidos –total o parcialmente- por máquinas. Como consecuencia, excepto en profesiones especializadas de los sectores tecnológicos, los salarios medios reales están estancados desde 2000 en la mitad de los países de la OCDE, y precisamente en aquellos países en los que se registra un crecimiento del empleo, como Reino Unido y Alemania, es donde más se han ajustado.

De acuerdo con The Economist, en los próximos años este proceso disruptivo se extenderá más si cabe, principalmente por tres razones:

  • Los progresos en el campo de la inteligencia artificial amenazarán los puestos de trabajo de cada vez más trabajadores. Los efectos subirán como la ola de un tsunami hacia arriba en la escala de la especialización, afectando a trabajadores cada vez más formados, cuyas competencias podrán ser desempeñadas por ordenadores.
  • Además, la creación de riqueza en la era digital requiere de poca fuerza de trabajo. Ejemplo de ello son los gigantes de la economía mundial Facebook y Google, que cuentan con menos de 50.000 trabajadores cada uno. Cualquiera puede ahora lanzar un negocio provechoso con pocos recursos.
  • Y para colmo estas tendencias están trasladándose a los países emergentes que antaño cimentaban su posicionamiento global sobre el uso intensivo de mano de obra, pero que a medida que están experimentando el encarecimiento de los costes laborales tienden a sustituir trabajadores humanos por máquinas. La manufacturera china Foxconn es buen ejemplo de ello.
El nuevo mundo en el que nos adentramos trae consigo un aumento de la desigualdad y  divisiones sociales importantes: entre las rentas del capital y las del trabajo, cuya distribución se inclina desproporcionadamente hacia el primero, y entre los trabajadores altamente cualificados y los que no lo están.

Ciertamente, la promesa de que la tecnología mejorará nuestras condiciones de vida no se está cumpliendo por ahora, aunque eso sí, nos da la oportunidad de tuitear las mayores sandeces que se nos ocurran a todo el orbe.
  
  

miércoles, 5 de noviembre de 2014

La riqueza se desplaza pero no garantiza el desarrollo


El término “riqueza que se desplaza” (“Shifting Wealth”) ha sido acuñado por la OCDE para describir el proceso mediante el cual determinados países en vías de desarrollo han desplazado a los países desarrollados como epicentro de la actividad económica. Básicamente han mostrado tasas de crecimiento más elevadas durante más de una década.

Esta riqueza en movimiento ha dado a luz otra definición referida a estas naciones, esta vez creada por el Banco Mundial, la de Países de Renta Media (MIC en sus siglas en inglés). Son un total de 86 repartidos por América Latina, Asia, Europa y en menor medida, África.

El crecimiento económico de los MIC en muchos casos ha ido acompañado de una reducción significativa de la pobreza: el Banco Mundial arroja el dato de una reducción del 52% en 1980 al 21% en 2010 de la cantidad de personas que viven con menos de 1,25 dólares al día. No obstante, la OCDE pone en aviso de que gran parte de esta mejora en términos brutos se debe exclusivamente a la mejora en las condiciones de vida de la población china, manteniéndose elevadas tasas de pobreza estructural en numerosos MIC.

A pesar de la aparente mejora económica, que en ocasiones ofrece impresionantes rendimientos de indicadores, muchos países de renta media no están convergiendo con el mundo desarrollado, pues encuentran obstáculos para progresar en términos sociales e institucionales y al no producirse un reparto de la riqueza adecuado entre todos los estratos de población.

Las perspectivas son heterogéneas: naciones como China o Panamá podrían alcanzar la renta media de la OCDE hacia 2050, mientras que otras que aparentemente muestran un buen comportamiento económico, como México, Colombia, Hungría o Sudáfrica, podrían tardar mucho más.

La diversidad de situaciones impide aplicar panaceas de desarrollo que puedan servir para cualquier MIC: cada caso requerirá soluciones distintas. En un post pasado ya hablamos de la “trampa de la pobreza” que amenaza a los MIC asiáticos; ningún país de cualquier otro continente escapa a este peligro si no invierte en mejorar su productividad, tanto de la mano de obra como del capital, así como en la creación y mejora de las infraestructuras.

Por todo esto, la OCDE nos pone en guardia para no perder de vista a los países de renta intermedia, no dejar de apoyarles en sus necesidades de desarrollo y no dar por sentado que han iniciado un proceso de mejora socioeconómica irreversible. El peligro de volver a caer en la pobreza absoluta siempre acecha.

lunes, 8 de septiembre de 2014

La economía en el limbo: calma sin viento en las velas

A nadie se le escapa a estas alturas que esta crisis en la que nos vemos inmersos desde 2007 no es un fenómeno coyuntural y que está transformando los cimientos del mundo que heredamos del -en la distancia ordenado comparado con estos tiempos-, siglo XX.

En las crisis cíclicas a las que estábamos acostumbrados ya hace un puñado de años que hubiésemos empezado a ver los brotes verdes en la forma de crecimiento de los agregados de la producción y del empleo. Pero siete años después, las economías afectadas, pues recordemos que la crisis solamente ha afectado a una parte del orbe, combinan signos positivos titubeantes con señales que nos llevan desde el desconcierto al miedo.

En la región europea, y tras grandes avisos por parte de los expertos, la autoridad monetaria ha comprendido por fin que el peligro no está en un repunte de la inflación –bendito sea, si fuese fruto de una vigorosa reactivación de las macromagnitudes-, sino en el estancamiento prolongado y la deflación, ese fantasma que hasta hace bien poco parecía estar relegado al universo de la leyenda urbana. Como decía Paul Krugman en un reciente artículo:
“Europa, que está en peor situación económica que durante la década de 1930, se encuentra sin lugar a dudas atrapada en un torbellino deflacionario, y es bueno saber que el BCE es consciente de ello. Pero puede que la revelación haya llegado demasiado tarde. No está nada claro que las medidas que hay ahora sobre el tapete sean lo bastante contundentes para invertir el sentido de esa espiral deflacionaria.”
Antaño, el escenario económico que manejábamos solamente tenía dos posiciones: o la recesión destructora de empleo y de actividad comercial, o el crecimiento firme. Ahora nos encontramos con una tercera situación, un limbo en donde la crisis como tal parece superada pero en el que el motor económico no acaba de arrancar. No se destruye empleo, pero tampoco se crea en grandes volúmenes. El PIB evoluciona positivamente, pero creciendo tímidamente, como con apatía.

Desde la orilla europea miramos con envidia al vecino atlántico de enfrente, viendo cómo allí parecen solucionar nuestra mayor preocupación, que es el desempleo desbordado. Pero lo cierto es que los analistas norteamericanos también están preocupados y desconcertados por una situación a todas luces anómala.

El número de julio de The Economist expresa esta inquietud en el artículo Jobs are not enough, argumentando que, aunque la evolución positiva del mercado laboral en EE.UU. está acercando a la economía nacional al pleno empleo (en junio la tasa de paro bajo hasta el 6,1%, la más baja de los últimos seis años), el Producto Interior Bruto cayó un 2,9% en su tasa anual en el primer trimestre. Parece una contradicción que una recuperación de la tasa de ocupación tan relevante no vaya asociada a un potente crecimiento de la economía.

El artículo reconoce que la actividad económica a corto plazo depende en gran medida de los vaivenes de la demanda y que ésta ha sufrido una severa contracción en los últimos años, tanto por la parte de las familias como por la del Estado. Pero también afirma que a medio y largo plazo la capacidad nacional para crecer se basa en la cantidad y la calidad de la mano de obra, siendo esta última medida en términos de la productividad del trabajo.

Pues bien, teniendo en cuenta que la producción nacional (numerador) ha disminuido y que la masa de trabajadores ocupados ha aumentado (denominador), llegamos a la conclusión de que la productividad laboral ha caído significativamente. En teoría este factor hipoteca el crecimiento futuro del país.

La recuperación de las cifras positivas del mercado de trabajo en EE.UU. se achaca en el artículo a factores estructurales, en principio no asociados a la mejora de la producción (que no se ha producido), como la jubilación de los primeros baby boomers o a que los jóvenes amplíen su periodo formativo retrasando su entrada al mundo laboral. Además se ha restringido la entrada de mano de obra inmigrante al país. Son elementos que reducen la oferta de mano de obra.

Las expectativas del crecimiento anual de la mano de obra entre 2010 y 2030 son del 0,3%, menos de un tercio de las tasa de las dos décadas anteriores.

Claramente, todos estos indicios de situaciones anómalas, según los cánones que manejábamos, presentan un cambio estructural en marcha, la aparición de un nuevo orden mundial que todavía no acertamos a vislumbrar, pero cuyos rasgos desconcertantes ya estamos sufriendo.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Cuando la globalización amplía la desigualdad en naciones emergentes


A pesar de que desde el siglo XVIII los defensores del libre comercio abogan por sus bondades a la hora de garantizar el crecimiento y el bienestar de todos los países implicados, nuestra joven globalización, en términos de décadas, parece demostrar lo contrario, por lo menos en lo relativo a la distribución de la renta interna de los países en desarrollo.

Básicamente, las teorías de la economía clásica que se refieren al comercio internacional postulan que cada país se especializará en la exportación de bienes o servicios en los que sea más competitivo (los que pueda producir con un coste relativo menor) que el resto de naciones. En el caso de un país en vías de desarrollo, se espera que la demanda internacional de sus exportaciones debería aumentar internamente la necesidad de mano de obra de baja cualificación y en consecuencia provocar un aumento de los salarios.

Pero el esquema actual de comercio internacional no parece cumplir estas expectativas, como expone el artículo de The Economist Revisiting Ricardo. Según los datos que maneja el autor, aunque la distribución de la renta entre países ricos y pobres se ha equilibrado entre 1988 y 2008, por regla general la distribución interna de la riqueza ha ampliado la brecha entre los ricos y los pobres en esas naciones.

El modelo clásico ha fallado y los economistas se apresuran a estudiar por qué. El profesor de Harvard y premio Nobel Eric Maskin ha analizado este fenómeno y ofrece una posible explicación, que se basa en las relaciones internacionales entre trabajadores cualificados y no cualificados de países pobres y ricos.

Su tesis parte de la premisa de que los trabajadores sin cualificación pueden ser más productivos cuando se combinan con trabajadores cualificados. El modelo divide la fuerza de trabajo en cuatro grupos:

A.    Trabajadores cualificados de países desarrollados.
B.    Trabajadores poco cualificados de países desarrollados.
C.    Trabajadores cualificados de países en desarrollo.
D.    Trabajadores poco cualificados de países en desarrollo.

Maskin defiende que antes de la era de la globalización, antes de 1980, los trabajadores de los países en desarrollo (grupos C y D) trabajaban juntos, y según su postulado esta relación impulsaba la productividad de los menos cualificados.  Por su parte, los cualificados no tenían relación con el mundo desarrollado y sus salarios crecían poco o nada, pero en cambio los menos cualificados, al ser más productivos, veían sus ingresos crecer, disminuyendo la brecha de rentas entre ambos colectivos.

Con el advenimiento de la globalización, la revolución de los transportes y las comunicaciones y el impulso consecuente al comercio internacional, los trabajadores cualificados de los países en desarrollo (C) comienzan a relacionarse con los trabajadores poco cualificados de los países desarrollados, debido al offshoring o deslocalización industrial, que lleva las plantas productivas y distintas líneas de negocio de Europa y EE.UU. a lugares de Asia, África o Latinoamérica.

De acuerdo con Eric Maskin, cuando esta producción de bienes intermedios o esta prestación de servicios (por ejemplo, call-centers) se llevaba a cabo en las metrópolis,  eran desempeñadas por trabajadores poco cualificados (B); sin embargo, cuando se llevan al mundo en desarrollo, los mismos puestos son ocupados por empleados con un alto nivel de formación (C).

De esta forma, los poco cualificados del mundo desarrollado (B) empiezan a trabajar con los muy cualificados de los países emergentes (C), y los poco cualificados de estos países (D) quedan de lado. Por añadidura, está demostrado que la demanda que realizan las empresas multinacionales establecidas en países en desarrollo de mano de obra cualificada (C), eleva significativamente los salarios de éstos, ampliando la brecha de renta existente con los no cualificados (D).

El artículo aporta dos datos al respecto: las empresas exportadoras en México pagan a la mano de obra formada hasta un 60% más que las locales; en Indonesia, las multinacionales establecidas allí pueden pagar hasta un 70% más a los trabajadores cualificados que las compañías del país.

En consecuencia, la globalización y la mejora de las condiciones salariales de la mano de obra cualificada contratada por empresas extranjeras, amplía la brecha de riqueza con la masa de trabajadores sin cualificación en los países emergentes.

jueves, 19 de junio de 2014

Las dos caras de la economía latinoamericana


Los clarines han sonado anunciando un cambio de tercio para la macroeconomía de la región latinoamericana. Los modelos económicos basados en la exportación de materias primas y en el dinero abundante y barato parecen pasar a la historia, y el futuro inmediato no garantiza las generosas tasas de crecimiento interanual a las que estaban acostumbrados los países de América Latina.

El subcontinente se divide en dos equipos claros cuyas perspectivas de éxito para afrontar el estancamiento global son abiertamente distintas. Por una parte nos encontramos la Alianza del Pacífico, integrada por México, Perú, Chile y Colombia, economías muy dinámicas con un futuro prometedor, y por otra Mercosur, cuyos socios son Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Venezuela, que ofrecen un elevado grado de incertidumbre.

Recientemente, el artículo del diario El País América Latina va a dos marchas ponía en evidencia los contrastes entre estas dos áreas de alianza comercial entre países.

El caso de la Alianza del Pacífico es el de un modelo de libre mercado flexible que parece capear mejor la crisis internacional que el basado en el proteccionismo de los países que integran Mercosur. De esta forma, para los primeros se prevén tasas de crecimiento para el presente año de entre el 3 y el 4%, mientras que los segundos apenas llegarán de media al 1%.

El problema con Mercosur, a juicio de los expertos consultados en el artículo, es el elevado grado de proteccionismo del que hacen gala las políticas económicas de los gobiernos de sus socios y el peso de la burocracia sobre la actividad comercial y productiva.

Ni siquiera la gran esperanza del desarrollo que ha constituido Brasil en los últimos años se libra de los nubarrones en el horizonte, las agencias de calificación le han bajado a su solvencia la nota dos veces en lo que va del presente año. A pesar de ser la economía del grupo Atlántico de mayor crecimiento esperado, este probablemente no supere el 1,8%.

Podríamos argumentar que en el equipo Mercosur la preocupación por lo social es más significativa que entre los liberales del Pacífico, más centrados en el crecimiento económico a cualquier precio que en la redistribución de la renta.

Y es verdad que entre 2005 y 2013 Brasil ha reducido la pobreza a la mitad, del 36% al 18%, Argentina un tercio, del 30 al 20%, y Venezuela del 37 al 27%. Pero los socios de la Alianza del Pacífico, exceptuando México que ha sufrido un retroceso, también han hecho progresos en este campo: en Colombia ha bajado la pobreza del 45 al 32%, en Perú del 52 al 25%, y en Chile del 13 al 11%.

En suma que la región de Latinoamérica muestra un perfil como el del dios romano Jano: dos caras opuestas una mirando al Atlántico y la otra al Pacífico.

viernes, 28 de marzo de 2014

Los tigres y leones PINE: de la extrema pobreza a la hegemonía mundial

¿Os acordáis cuando los países BRIC (véase Brasil, Rusia, India y China) iban a comerse el mundo en el nuevo orden del siglo XXI? Pues olvidaos, ya nadie da un duro por ellos. Ahora los niños bonitos de las naciones emergentes son los PINE, acrónimo cuyas siglas en inglés representa a Filipinas, Indonesia y – toma sorpresa-,  Nigeria y Etiopía. Por lo menos así lo asegura la revista TIME en este artículo.

No nos engañemos, esta era que ahora nace no guarda relación alguna en las formas con la que conocimos en el siglo pasado los que tenemos más edad. Antaño la batuta de la sinfonía económica mundial la llevaban pesos pesados como EE.UU. y Japón, y en menor medida, porque siempre fue un engaño como potencia productiva, la extinta Unión Soviética.

Ahora la ruleta del poder económico orienta su flecha hacia países llenos de contradicciones socioeconómicas, como Brasil o India, e incluso políticas, como China, que combina lo peor de una dictadura comunista con el capitalismo más salvaje.

Sin embargo, esta nueva vuelta a la tuerca en las apuestas de los caballos ganadores resulta del todo rara, especialmente si tenemos en cuenta que en alguno de estos países la gente se moría literalmente de hambre hace bien poco, y de hecho no sé si lo siguen haciendo.

Sobre los BRIC, el artículo argumenta que tanto Brasil como India no presentan hoy más que una fracción de las tasas de crecimiento que ostentaban hace unos años. Por su parte China tiene que hacer frente a una elevada deuda y a un mercado financiero destartalado. Y Rusia… Así la definía el novelista Frederick Forsyth en un  reciente artículo del diario El País:
  
“La economía rusa es patética en comparación con la de Europa, la de EE UU o ambas. Nadie compra bienes de consumo rusos. ¿Coches? ¿Aviones? ¿Incluso armas? Tienen que regalarlos.”

Por el contrario los denominados países PINE están mostrando un comportamiento francamente bueno dentro del mundo en desarrollo.

A pesar de que Filipinas quedó atrás cuando los llamados “tigres asiáticos”, liderados por Corea del Sur, comenzaron su histórico desarrollo, en la actualidad está presentando tasas de crecimiento que superan el 7% anual. De constituir una nación tradicionalmente exportadora de mano de obra, ahora podría convertirse en un polo de atracción de capital y trabajo foráneo.

Indonesia parece también haber dejado atrás su turbulento pasado político y ahora se viste de democracia civilizada con elevado atractivo para el inversor extranjero.

Esto por parte de Asia, pero el continente africano también alberga campeones, los “leones” les llaman. Nigeria es una de las economías más solidas de la región, la de mayor peso del África austral, que tiene un gobierno estable cuyas reformas económicas llaman de lejos a la inversión.

Por su parte, Etiopía siempre está asociada con las hambrunas y esas terribles imágenes de niños malnutridos. La paz de que goza desde hace algún tiempo, unida a unas políticas económicas acertadas, están garantizándole unas tasas de crecimiento nada desdeñables en torno al 7% .

En el caso de las naciones en desarrollo estas predicciones siempre resultan arriesgadas. No obstante, ojalá que estos países inicien la senda del crecimiento y del bienestar sin tropiezos.
 
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