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lunes, 1 de junio de 2020

La tecnología como arma contra el COVID-19


Asia ha demostrado que las tecnologías digitales y el dato son factores clave para combatir la pandemia. La ciudad de Hangzhou en China fue de las primeras en utilizar big data para la prevención y en control del nuevo coronavirus. Su estrategia fue bautizada como “un mapa, un código QR y un índice”.

Todos los habitantes de la localidad, y aquellos que venían de fuera, recibieron un código QR sanitario que establecía su grado de movilidad. Los que tenían un código de color verde podían moverse con absoluta libertad, los que lo tenían amarillo, debían cumplir una cuarentena de siete días, y aquellos que lo tenían rojo, debían permanecer aislados catorce días. Cada ciudadano debe monitorizar y registrar su temperatura corporal, y actualizar su perfil diariamente en una base de datos controlada por el centro de control de epidemias municipal. Este sistema se ha implementado en 200 ciudades de todo el país y utiliza el big data para generar el código, cruzando los datos individuales de cada persona procedentes de múltiples fuentes, como la Comisión de Sanidad y de la Policía, las de aerolíneas y ferrocarriles, y las de operadoras de telecomunicaciones y de servicios en internet.

Por otra parte, la inteligencia artificial también ha jugado un papel protagonista en la detección del COVID-19. El 31 de diciembre de 2019, BlueDot, una plataforma de inteligencia artificial canadiense que vigila la evolución de enfermedades infecciosas alrededor del mundo, avisó de la concentración de casos de una “neumonía inusual” localizados en torno a un mercado de Wuhan en China. El algoritmo consiguió adelantarse a la Organización Mundial de la Salud, que emitió el anuncio sobre el brote de un nuevo coronavirus el 9 de enero de 2020.

La función de BlueDot es mantener informados a los clientes de la empresa sobre las zonas del mundo que presentan peligro y que deben evitar, y, para, ello, se alimenta de cientos de fuentes de información, como comunicados de organizaciones relacionadas con la salud, información de vuelos de las compañías aéreas, información sanitaria sobre el ganado, datos de satélites meteorológicos o medios de noticias de todo el mundo. Su capacidad para poder ofrecer alertas tempranas sobre enfermedades infecciosas está basada en el aprendizaje automático (machine learning) y en el procesado de lenguaje natural. Por supuesto, la información que arroja el sistema es analizada y validada por un amplio equipo de expertos en distintas disciplinas, tanto relacionadas con la medicina, como con los sistemas de información geográfica o la computación.

Este algoritmo no solo puede predecir dónde se ha iniciado una epidemia, sino que anticipa por dónde se va a extender, algo que ha sido capaz de realizar con bastante precisión en el caso del coronavirus COVID-19. Evidentemente, algunos gobiernos a menudo no son proclives a dar información sobre este tipo de epidemias, pero BlueDot puede rastrear información en fuentes tan oficiosas como blogs y foros en donde aparezcan rumores o algún comentario sospechoso.

La crisis sanitaria global que estamos experimentando ha puesto en evidencia el papel trascendental que puede desempeñar la tecnología para frenar una pandemia, desde el control de la expansión de la enfermedad y su rápido diagnóstico, a la investigación en nuevos fármacos eficaces contra el virus.

lunes, 22 de julio de 2019

La saturación del mercado móvil y la esperanza del 5G


Los teléfonos móviles comenzaron a popularizarse en el mundo en la última década del siglo pasado, pero su función se limitaba a establecer llamadas de voz y enviar mensajes de texto, hasta 1999, año en que el fabricante canadiense Blackberry incluye la posibilidad de enviar correo electrónico en sus modelos.

Pero la verdadera revolución tuvo lugar varios años después, en concreto, en enero de 2007, cuando Steve Jobs, entonces director ejecutivo de Apple, presentó el iPhone, el primer smartphone de la compañía, que era a la vez un teléfono, un reproductor de música y un dispositivo de acceso a internet. Se trata de unos dispositivos que poco a poco van desplazando a los ordenadores como forma de consumir contenidos de internet y, por supuesto, como soporte para las comunicaciones en medios sociales, donde prácticamente no tienen competencia.

De acuerdo con la información de GSMA Intelligence, dos tercios de la población mundial utiliza teléfonos móviles, más de 5 000 millones de personas, y la tendencia apunta hacia el estancamiento del crecimiento, desde el pico de 300 millones que fue alcanzado en 2012.

Todo indica que se está alcanzando el techo de crecimiento, entre el 70% y el 80% de la población. El porcentaje restante correspondería a segmentos demográficos muy difíciles de alcanzar, como pueden ser la población mayor o la rural. La tendencia mundial, no obstante, es que continúe creciendo el acceso a internet desde el móvil, que todavía permite un amplio margen para crecer, especialmente en determinados países en desarrollo.

Los pronósticos tampoco son muy halagüeños para los ingresos derivados de las comunicaciones móviles. Tras unos crecimientos interanuales en torno al 2% en 2017 y 2018 (en parte debidos a la recuperación del crecimiento económico de EE.UU.), las tasas de variación se quedarán en un 1% hasta 2025.

Básicamente, este dato refleja el estancamiento en el aumento del número de suscriptores a la telefonía móvil y una competencia creciente entre los agentes del sector por llevarse un trozo lo más grande posible del mercado.

No obstante, los ingresos se comportarán de forma distinta según las zonas y países. De esta forma, en China, que crecieron a tasas anuales del 5% entre 2012 y 2017, lo harán a tan solo el 1,9% hasta 2025. El descenso refleja el bajo crecimiento del número de suscriptores, pero también aspectos regulatorios (el fin de las tarifas de roaming doméstico) y el aumento de la presión competitiva en ese mercado mediante tarifas planas de datos.

Por el contrario, Europa pasará de tener tasas de incremento interanual de los ingresos negativas entre 2012 y 2017, a un tímido crecimiento del 0,4% hasta 2025, derivado especialmente de la mejoría de los escenarios macroeconómicos. En Estados Unidos, las tasas de crecimiento interanual compuesto se mantienen en torno al 2,4% en los dos periodos considerados.

La oportunidad de negocio del sector –hablando en términos globales- está en la capacidad de aumento del uso de internet móvil. GSMA Intelligence estima que el porcentaje de usuarios de móvil en el mundo que se conectan a internet puede pasar del 65% en 2017 al 86% en 2025.

Ahora bien, esas posibilidades de crecimiento se centran, sobre todo, en países en desarrollo, donde la falta de infraestructuras de banda ancha fija puede ser suplida por la conectividad inalámbrica a las redes. De hecho, cinco países concentrarán la mitad del crecimiento de los 1.600 millones de nuevos usuarios de internet móvil previsto entre ahora y 2025. Encabezan la lista China e India, pero les siguen Indonesia, Nigeria y Pakistán. Detrás de ellos, aparecerá también un incremento de cibernautas móviles en lugares del África subsahariana y del sudeste asiático.

Dos son los factores que explican el crecimiento del acceso a internet a través del móvil en los países emergentes. Por una parte, la drástica bajada del precio de los terminales, gracias a una oferta de teléfonos chinos de bajo coste que funcionan con el sistema operativo Android. Pero, además, el coste de la conexión a datos supone ahora una menor proporción de la renta de los habitantes de esos países.

El estándar 5G promete abrir la puerta a un nuevo mundo en las comunicaciones móviles. Entre muchas otras prestaciones, trae consigo una reducción al mínimo de la latencia (el retardo de tiempo que se produce en las redes), una significativa capacidad de descarga y la posibilidad de conectar numerosos dispositivos simultáneamente. Pero su adopción global no es tan inminente.

GSMA Intelligence calcula que la tecnología 5G tendrá una penetración media global en 2025 del 15% sobre el total de accesos móviles, lo que equivale a 1.360 millones. No obstante, su difusión resultará muy desigual en todo el mundo, centrándose principalmente en un grupo de pioneros: China, Japón, Corea, Estados Unidos y Europa.

Un sector, el de la telefonía móvil, que se enfrenta a un cambio de ciclo: el paso de un mercado maduro y saturado, sin apenas margen para crecer, al salto hacia el estándar 5G, que traerá consigo una revolución de las comunicaciones, pero cuyos efectos quizá tarden algún tiempo en hacerse palpables para el consumidor final.

viernes, 16 de febrero de 2018

Los niños de un mundo digital

El estudio Estado Anual de la Infancia de UNICEF lleva en su edición 2017 el subtítulo Los niños en un mundo digital y dedica sus páginas a analizar cómo transforma la tecnología la vida de la infancia del mundo. El director ejecutivo del organismo Anthony Lake expone en la introducción del trabajo una visión dual del mundo digital, en la que puede presentarse como un regalo que nos permite comunicarnos globalmente y aprender, o bien como una maldición que va a socavar nuestra forma de vida y nuestro bienestar.

Para Lake, Internet amplifica lo mejor y lo peor de la naturaleza humana y puede usarse tanto como herramienta para hacer el bien como para hacer el mal. En sus palabras, “nuestro trabajo consiste en mitigar los daños y expandir las oportunidades que posibilita la tecnología digital”.

El primero de los mensajes clave que lanza este trabajo es que la tecnología digital ha cambiado el mundo y, en consecuencia, también ha cambiado a la infancia. Hay datos que avalan el elevado grado de “digitalización” de los jóvenes, como que el 71% de las personas de entre 15 y 24 años del mundo está en red frente al 48% del total de la población. La edad para conectarse a Internet parece estar bajando y hay países donde los menores de 15 años ya acceden a la red tanto como los adultos mayores de 25.

Una de las conclusiones más positivas del informe es que la conectividad puede ser una herramienta para romper el ciclo de la pobreza de la infancia más marginada, ofreciendo además oportunidades para la educación y el aprendizaje. Además, el acceso a la información pone en manos de los niños recursos para ayudar a resolver los problemas que afectan a sus comunidades.

No obstante, existe una importante brecha digital que impide a millones de niños del mundo beneficiarse de las ventajas de un planeta conectado, en concreto, en torno al 30% de la juventud mundial. Las diferencias por regiones son acusadas: en África la cifra asciende hasta el 60% frente al escaso 4% de Europa. A la brecha de acceso a las redes se le suman otras, como la de dispositivo de acceso (acceder desde un teléfono móvil proporciona una experiencia más pobre que hacerlo desde un ordenador), el idioma (hay menos contenidos en Internet en idiomas minoritarios o poco extendidos) y, por supuesto, el género, que hace que en países como India menos de la tercera parte de los internautas son mujeres.

Uno de los principales riesgos de la tecnología para la infancia es que hace a los niños más vulnerables, les pone en una situación potencial de riesgo de explotación y maltrato. Temas como el ciberacoso, la pederastia y el abuso sexual están presentes en las redes y requieren que se proteja a los menores, especialmente a aquellos más desfavorecidos, que pueden tener menos información sobre los riesgos de la navegación por Internet.

Otra preocupación que aflora en el informe es la posibilidad de que las TIC tengan efectos negativos en la salud física y mental de los menores. A falta de una investigación más en profundidad, padres y educadores identifican riesgos en la tecnología relacionados con la dependencia de las pantallas, la depresión, la ansiedad o la obesidad. No obstante, la cuestión es medir, no tanto cuánto tiempo están los niños online, sino qué hacen en las redes, de cara a poder establecer una posible relación entre Internet y determinados problemas de salud mental.

La responsabilidad de definir el impacto de la tecnología en la infancia corresponde en última instancia a la empresa privada, especialmente a la de los sectores tecnológicos. Son los agentes que deben adoptar acuerdos sectoriales y estándares éticos destinados a proteger a los niños en las redes. El sector privado debería igualmente asegurarse de que sus servicios y plataformas no son utilizados por personas que puedan abusar directa indirectamente de los menores. Asimismo, debería aliarse con los socios relevantes de cara a desarrollar contenidos útiles, localmente significativos, para comunidades que tengan culturas o idiomas poco extendidos en Internet.

Para los autores del informe, el papel de los gobiernos es garantizar las condiciones de competencia en el mercado de forma que los costes de acceso a Internet desciendan, beneficiando así a los hijos de las familias más desfavorecidas.

lunes, 12 de octubre de 2015

Las clases medias latinoamericanas en peligro

Abríamos el año en este blog preguntándonos si la desaceleración económica que están sufriendo los países de América Latina son turbulencias coyunturales pasajeras o la brusca interrupción de un proceso de desarrollo sin precedentes en la región. Lo cierto es que a medida que ha ido avanzando 2015 la situación se ha ido volviendo aún más confusa y no menos preocupante, especialmente a medida que se confirma el frenazo de la economía china, que es un actor relevante en el éxito macroeconómico de Latinoamérica. Con éste ya son cinco años en que la tasa de crecimiento del conjunto del subcontinente es menor que la del precedente.

Como nos recordaba hace poco Moisés Naím (América Latina: del prodigio al peligro. El País, 4 de octubre de 2015), aunque en el pasado todos los periodos de bonanza económica han mejorado algo la situación de la población latinoamericana más desfavorecida, el que se extiende desde principios de la década de 2000 hasta aproximadamente 2011 ha traído consigo una reducción importante en la desigualdad en la renta y la aparición en no pocos países de una nueva clase media, un porcentaje de población que abandona la pobreza, bisagra necesaria para superar la tradicional dicotomía entre las élites minoritarias y la mayoría viviendo de la economía de subsistencia.

Pero este “milagro social” no ha sido fortuito: responde a una voluntad institucional de los gobiernos por crear sociedades más justas. De acuerdo con los datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre 2005 y 2012 la tasa de crecimiento del gasto social superó con creces a la del económico, pasando a ser del 5% del PIB al 19%. Como consecuencia, el porcentaje de población pobre cayó del 34% al 21%.

No obstante la prolongada crisis que afecta especialmente a occidente y los problemas a los que se enfrenta el modelo de crecimiento de China (gran importador de las materias primas de la región e importante socio financiero), han supuesto el fin de esta era de crecimiento. Y lo que es peor, un fuerte retroceso económico podría revertir la positiva evolución social devolviendo a la incipiente clase media a su pobreza de origen.

La onda expansiva en Latinoamérica de las tribulaciones chinas resulta más que evidente. Alejandro Rebossio reunía en su artículo Diez efectos del parón chino (El País, 4 de octubre de 2015) ejemplos concretos del daño que sufren los distintos países:

1. Brasil: caída de las exportaciones a China en un 22,6%.
2. México: China produce la mitad del acero del mundo y está inundando el mercado hundiendo los precios. México es el segundo productor de Latinoamérica y está viendo como se deteriora su industria metalúrgica.
3. Argentina: la soja supone una quinta parte de las exportaciones del país y la caída de la demanda china de este producto esta haciendo que su hundan los precios.
4. Colombia: las ventas a China, especialmente de petróleo y ferroníquel, cayeron un 72% en el primer trimestre de 2015.
5. Venezuela: la bajada de las importaciones chinas de petróleo han causado que el precio baje a menos de la mitad de lo que valía hace un año. El 95% de las divisas de Venezuela proceden de la exportación de combustibles fósiles.
6. Chile: las exportaciones de cobre refinado a China bajaron entre enero y julio de este año un 8,8%.
7. Perú: el capital chino concentra el 36% de la minería peruana y la caída de la bolsa de Shangai ha paralizado en gran medida las inversiones previstas en el sector.
8. México: China se convirtió en un importante inversor de proyectos de infraestructuras en el país: tren de alta velocidad, complejo inmobiliario y red de telecomunicaciones. Los dos primeros han sido cancelados y el último está en hibernación.
9. Brasil: bajada del 7,4% de las ventas de hierro a China.
10.Argentina: las exportaciones de vino a China cayeron del 9% al 5% entre 2013 y 2014, si bien se han recuperado a principios de 2015.

Aparte de la debacle económica impuesta por el comportamiento del gigante asiático, en opinión de Alejandro Werner, economista jefe del FMI para América, la región no supo aprovechar bien el boom de las materias primas (entrevistado por el diario El País, 11 de octubre):

“La región, como un todo, aprovechó mejor que en el pasado el boom de precios de las materias primas. Pero no lo suficiente, no canalizó lo suficiente esos ingresos adicionales a ahorros para poder estar mejor en los malos tiempos. Tampoco para avanzar en temas de infraestructuras o educación, aunque sí en programas de lucha contra la pobreza.”

Resulta sorprendente, y en gran medida triste, que según las encuestas del Latinobarómetro casi la tercera parte de los latinoamericanos que afirman ser de clase media achacan su progreso social al esfuerzo personal y no a la economía de su país, y lo que es peor, el 50% cree que su mejora es permanente e irreversible, como apunta Naím en su artículo. De esta forma, concluye el escritor:

“Tristemente, pronto muchos descubrirán que el aumento de sus ingresos no es tan permanente ni irreversible como creían. Y que su esfuerzo personal no basta para mantener las mejores condiciones de vida que alcanzaron en los años prodigiosos.”

domingo, 20 de septiembre de 2015

La incertidumbre de China: bienvenidos al capitalismo



La transición en las últimas décadas de la economía china desde el intervencionismo absoluto del modelo maoísta hasta una economía abierta de mercado ha sido espectacular. En paralelo, el Producto Interior Bruto del país se ha multiplicado por 20 desde 1978 y hoy representa un 15% del valor de la producción mundial.

Este proceso ha llevado a China a ocupar una posición hegemónica entre los actores que presiden la vida económica del planeta. Para el mundo desarrollado como un competidor imbatible en precios en los mercados internacionales de productos industriales; para las naciones emergentes como un importador masivo de materias primas y un socio inversor. De esta forma, el nuevo siglo amanecía con una nueva partida en la que una pieza ponía en jaque al tradicional papel de occidente como productor de manufacturas e inyectaba savia en los procesos de desarrollo de las naciones emergentes, no sólo de sus compañeras del acróstico BRIC -Brasil, Rusia e India-, sino de muchos otros países de América Latina y África.  

Pero esas tasas de crecimiento anual de dos dígitos que han acompañado la muda a la piel capitalista del dragón se han ralentizado. Las alarmas han saltado al considerar la posibilidad de que el gigante asiático puede entrar en estancamiento o recesión, que estás caídas de los mercados de valores y las devaluaciones de moneda recientemente sufridas, no sean turbulencias pasajeras sino el síntoma de que el modelo de crecimiento está agotado.

Los estornudos de la economía china tienen en vilo a medio mundo. Rusia confiaba en su vecina para paliar las necesidades financieras derivadas de  la caída de los precios del petróleo y de las sanciones comerciales impuestas por las naciones occidentales. Otros como Venezuela, Nigeria y Ucrania contaban con las inversiones y préstamos chinos y Brasil ha visto seriamente reducidas sus exportaciones de minerales y soja en grano al frenarse la demanda del país asiático. Parece a todas luces una reacción en cadena.

¿Cuál es el problema que afecta a la economía china, un motor de crecimiento que hace unos años parecía imparable? En un acertado artículo, Ángel Ubide del Peterson Institute for International Economics (China en su laberinto) afirma que es precisamente ése: lo anormal de haber gozado de un desarrollo tan colosal en las últimas décadas. Y podríamos añadir, y tan sostenido, sin los vaivenes que experimentan normalmente las economías de mercado.

En los apenas cuatro decenios que han pasado desde la muerte de Mao, China ha evolucionado de ser un país básicamente rural a uno mucho más urbanizado, ha introducido el mercado en una economía estatalmente intervenida y se ha abierto de par en par al comercio exterior. Un tiempo récord para tanto esfuerzo.

La especialización en la producción de manufacturas destinadas a la exportación ha basado su competitividad internacional en los bajos salarios del obrero industrial, gracias al excedente de mano de obra rural. Pero ese excedente, dado el vertiginoso nivel de urbanización, se acaba, y los salarios presionan al alza destruyendo la ventaja competitiva china en el exterior.

Por otro lado, desde la tribuna de Harvard Business Review, David Simchi-Levi (You Can´t Understand China´s Slowdown Without Understanding Supply Chains) añade como problema el cambio de tendencia que aparentemente se aprecia en el mundo, en el que las cadenas de producción industrial, que hace veinticinco años se trasladaron de los países industrializados a los países en desarrollo, están volviendo a los primeros. El primer mundo se está reindustrializando, dentro del fenómeno que se  ha denominado “near-shoring” o lo que es lo mismo, la práctica de producir cerca del consumidor. ¿Se acabarán los tiempos de los productos con el rótulo “Made in China” o "Made in taiwan”?

En palabras del articulista “el mundo está en plena transformación, con empresas que se mueven de una estrategia industrial global, cuyo foco está en los países de bajos costes, hacia una estrategia más regional, en la que China es para China, los Estados Unidos (o México y Latinoamérica) son para las Américas, y Europa del este es para los mercados europeos” [“the world is in the middle of a transformation, with companies moving from a global manufacturing strategy, whose focus is on low-cost countries, to a more regional strategy, where China is for China, the United States (or Mexico and Latin America) is for the Americas, and Eastern Europe is for European markets.”].

Varias son las razones que justifican este cambio de estrategia industrial que implica repatriar las unidades de producción:

Los precios del petróleo. La deslocalización de la producción de los años 90 tuvo lugar en un periodo de precios bajos del combustible, pero éstos se han triplicado en la última década encareciendo los costes logísticos. Ahora vuelven a estar bajos, pero la producción de gas barato en EE.UU mediante fracking puede hacer más rentable el producir en ese país que hacerlo en China y traerlo de allá.

Costes laborales. En los últimos años los costes laborales en China se han incrementado en un 20%, frente al 3% de EE.UU. y el 5% de México.

Automatización. La revolución tecnológica conlleva la automatización de las plantas productivas incidiendo muy positivamente en la productividad. La industria de este siglo ya no necesita grandes cantidades de mano de obra barata sin cualificar, sino una cantidad reducida de trabajadores técnicamente  muy cualificados.

Riesgo. Una cadena de producción desperdigada por el mundo y presente en países social o políticamente inseguros, o sin legislación en torno a la seguridad o la protección medioambiental,  expone demasiado a la empresa y supone un factor de vulnerabilidad. El reciente desastre ocurrido en el almacén de Tianjin es un buen ejemplo de ello.

Retornando al primer artículo citado, Ángel Ubide plantea como retos para el buen funcionamiento de la economía china una serie de transformaciones de fondo del país:

  • Transición de la industria a una economía de servicios
  • De una política de inversión a una de estímulo del consumo
  • De la dependencia de la demanda exterior a fortalecer la demanda doméstica
  • De un tejido empresarial mayormente estatal a uno basado en capital privado
  • Reducir el elevado endeudamiento
  • Gestionar el exceso de capacidad del mercado inmobiliario
  • Reorganizar el caos fiscal en las regiones

Se trata de medidas quizá algo obvias para el economista occidental, pero que parten de un análisis que no tiene tan claro el Gobierno chino por su falta de experiencia en la economía de mercado. La gloriosa transición se acabó: bienvenidos al capitalismo con sus problemas.
 
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