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lunes, 15 de enero de 2024

Los peligros y las amenazas que acechan en internet

 


El vivir en un mundo digital nos convierte en víctimas potenciales de recibir ataques a través de internet. Ninguna persona o empresa está a salvo, y se calcula que a finales de 2020 el coste anual de la ciberdelincuencia para la economía mundial alcanzó los 5,5 billones de euros, el doble de la cifra de 2015. La invasión de Ucrania en 2022 no ha hecho más que agravar la situación, pues ha movilizado a ejércitos de hackers y ciberactivistas a favor de uno u otro bando, dispuestos a sembrar el caos y la destrucción en las redes.

La ciberseguridad se ha convertido en la pieza clave de transición digital, dado que solamente una estrategia de defensa y protección robusta y efectiva ante las amenazas que proliferan por el ciberespacio puede garantizar una navegación segura en un entorno de confianza. Pero igual de relevante resulta que los usuarios sean perfectamente conscientes de los riesgos asociados al uso de tecnología, y que sepan evitarlos.

Año tras año los ciberdelitos aumentan en número e intensidad. El año pasado tuvieron lugar notables incidentes de seguridad por todo el mundo. La empresa de seguridad Astra destaca los siguientes por su trascendencia:

  • En mayo, y en el marco del conflicto de la guerra de Ucrania, la Fundación Skolkovo, que representa el esfuerzo ruso por emular Silicon Valley, sufrió un ataque por parte de hacktivistas ucranianos, que accedieron a los servidores de la organización y a sus archivos.
  • Por otro lado, la plataforma de finanzas descentralizadas (DeFi) Jimbos Protocol fue objeto del robo de 4 000 unidades de la ciberdivisa Ether por un valor de 7,5 millones de dólares.
  • Y más: grandes empresas británicas, como British Airways, Aer Lingus, Boots, y la BBC, sufrieron el denominado ataque a la cadena de suministro al ser hackeado el software de Transferencia de Archivos Gestionados (MFT) MOVEit que utilizan, sufriendo el robo de grandes cantidades de datos personales de sus clientes. La misma brecha de seguridad en este software afectó a la agencia francesa de empleo, Pôle emploi.
  • En el mes de marzo, la Oficina de Registros Criminales del Reino Unido (ACRO) recibió un ciberataque que dejó su web fuera de servicio.
  • Por su parte, la web Yellow Pages fue víctima de una acción de ransomware, es decir, el secuestro de información sensible mediante su encriptación a cambio de un rescate.
  • Finalmente, el colectivo de hackers conocido como Medusa robó información personal de los alumnos de la red de centros educativos públicos de Minneapolis, para posteriormente publicarla en la dark web.

De acuerdo con la revista Forbes, ya en el primer trimestre de 2023 los ciberataques globales crecieron un 7% respecto del mismo periodo del año precedente. Igualmente, estima que son detectadas 560 000 piezas de malware nuevas cada día, y que existen más de 1 000 millones de estos programas en circulación. Cada vez resulta más difícil mantenerse a salvo en las redes, pues la cifra de personas en el mundo afectadas por brechas de seguridad en lo que llevamos de 2023 asciende a 340 millones. Se dice pronto.

España se ha convertido en un objetivo preferido para los ciberatacantes. De acuerdo con un informe de la firma eslovaca de ciberseguridad ESET, durante la primera mitad de 2023, nuestro país recibió el 4,9% de todos los ataques a escala mundial, solamente detrás de Japón (9,5%) y Estados Unidos (7,8%). El ransomware ha sido una de las modalidades más extendidas en este periodo, y han sufrido delitos de esta clase entidades como el Hospital Clínic de Barcelona, Euskaltel o Telepizza.

Ser más digitales nos hace más cibervulnerables. Por ejemplo, el teléfono móvil, un dispositivo que lleva todo el mundo en el bolso o el bolsillo, se ha convertido en un objetivo destacado para los ciberdelincuentes, de forma que, según Statista, a finales de 2022 se producían más de dos millones de ataques a móviles al mes en el mundo.

La ciberseguridad debe estar en el corazón de cualquier estrategia de digitalización, si bien, como se ha mencionado al principio, el usuario es la pieza más vulnerable de cualquier sistema de seguridad, y, por ello, resulta un factor crítico que conozca perfectamente los peligros a los que se enfrenta en el ciberespacio, y que disponga de los conocimientos y las herramientas para defenderse de ellos.

lunes, 26 de septiembre de 2022

El ramsomware a la cabeza de los ciberdelitos

 


El 8 de noviembre de 2021, la cadena MediaMarkt informó que había sufrido un ciberataque que afectó directamente a las tiendas de Alemania, Holanda y Bélgica, y que trajo consecuencias entre las de otros países, como es el caso de España. Se estima que en torno a 3 000 servidores Windows fueron afectados, así como numerosos servidores web. Según se supo por la propia empresa, el ataque fue de tipo ransomware, es decir, la introducción en los sistemas de un programa malicioso que “secuestra” los datos de la víctima –generalmente, encriptándolos-, para posteriormente exigir un rescate por su liberación, de ahí el nombre. En concreto, el malware utilizado en este caso fue HIVE, un virus que ha sido utilizado en el pasado para infectar los sistemas informáticos de centros sanitarios. Los delincuentes habrían solicitado a MediaMarkt más de 200 millones de euros a modo de rescate. La misma semana sufrió una ciberagresión similar la empresa cervecera Estrella Damm, que se vio obligada a parar la producción de su fábrica de El Prat. El método fue el mismo, los delincuentes cifraron los archivos informáticos de la compañía y pidieron un rescate por su desencriptación.

Los casos de MediaMarkt y de Damm no son excepcionales, sino parte de una tendencia de crecimiento en todo el mundo del ransomware como modalidad preferida por los ciberdelicuentes. El poder de esta clase de ciberamenaza quedó patente en 2017, cuando el virus WannaCry infectó en un día 230 000 ordenadores de 150 países. En aquella ocasión los hackers explotaron una vulnerabilidad de un puerto SMB, y el malware fue difundido a todos aquellos equipos que no habían recibido la actualización de un software de seguridad de Microsoft. Los costes globales que supuso el ataque se estiman entre cientos y miles de millones de dólares.

La principal característica del ransomware frente a otros tipos de ciberataques es la demanda de un rescate a la víctima para devolverle el control sobre su información y sus equipos, que el asaltante ha bloqueado o encriptado. Generalmente, tras el ataque, se recibe un correo electrónico anónimo que establece la cantidad a pagar y el método para hacerlo, que suele ser a través de criptomonedas, como Bitcoin. El pago del rescate no garantiza la devolución del acceso a la información. De hecho, algunas acciones criminales que se hacen pasar por ransomware tienen como objetivo la destrucción de los datos de la víctima, independientemente de que pague o no la cantidad pedida (wiper malware).

Es por ello, que la principal recomendación cuando se es objeto de un chantaje de estas características es no pagar nunca, dado que nada ni nadie garantiza que los hackers vayan a desencriptar los sistemas afectados, y, además, pagando se alienta este tipo de delito, incluso es posible que la víctima vuelva a ser objetivo del ataque, como ocurrió con la empresa nipona Olympus. La mejor forma de minimizar el daño producido por el ransomware es disponer de copias de seguridad de la información estratégica y sensible, para que su posible encriptación no implique una pérdida irreparable para la organización.

lunes, 5 de septiembre de 2022

La ciberseguridad necesita psicólogos

 


Al pensar en ciberseguridad siempre nos vienen a la cabeza términos relacionados con la tecnología y con la formación y los conocimientos informáticos. Firewall, ataque DDoS, phishing, malware, ransomware… suelen ser palabras relacionadas con las estrategias y vectores de ciberataque, y con los medios operativos para defenderse de ellos. Sin embargo, solemos olvidar que, en última instancia, detrás de las ciberamenazas siempre hay personas –aunque la agresión la ejecute un ejército de bots-, y que la explotación de la vulnerabilidad humana es en muchos casos lo que determina que el ataque tenga o no éxito. Es por ello, que en el campo de la ciberseguridad el papel de la psicología se está volviendo cada vez más relevante.

En los últimos tiempos, la ciberseguridad y la psicología han empezado a encontrar intersecciones entre sí con el fin de analizar los patrones de comportamiento de los hackers, y, en consecuencia, poder prevenir y neutralizar sus acciones. Igualmente, la psicología social estudia qué factores nos hacen susceptibles de sufrir un ciberataque exitoso –que aprovecha las pautas de comportamiento que nos dejan desarmados ante acciones maliciosas-, y cómo modificar esa conducta y reforzar nuestras defensas en el mundo digital.

En este ámbito cobra especial sentido la psicología social, que es la disciplina que estudia cómo el comportamiento y los sentimientos de las personas son condicionados por la presencia, real o imaginada, de otros. Los actores que intervienen en la ciberseguridad se ven influidos recíprocamente en su modo de actuar, tanto en las motivaciones que están detrás de las acciones, como en la manera en que se responde a los incidentes. El objetivo consiste en ayudar a los especialistas en ciberseguridad a comprender mejor a los cibercriminales y las dinámicas de grupo en las que se ven implicados.

El mundo digital tiene su propia rama de la psicología, la ciberpsicología, que estudia los fenómenos psicológicos relacionados con la interacción entre el ser humano y la tecnología digital. Internet ha transformado la forma en que nos comunicamos, aprendemos y socializamos, tanto los emigrantes digitales –aquellos que llegaron a conocer un mundo desconectado-, como los nativos que no han conocido otra cosa que la vida en las redes. Resulta, por tanto, cada vez más relevante estudiar las motivaciones y los comportamientos que desarrollamos mientras usamos la tecnología, algo que ya forma parte de todos los aspectos de nuestras vidas, especialmente desde la llegada de los teléfonos inteligentes que han permitido que accedamos a internet en cualquier momento y desde cualquier lugar.

Dentro de la ingeniería social, es decir, la práctica que consiste en obtener información confidencial a través de usuarios legítimos (algo que está a la orden del día en el terreno de la ciberdelincuencia), se concibe que el eslabón humano es el más débil de toda una red de seguridad. A menudo los hackers utilizan conocimientos de psicología social para conseguir que su víctima ceda voluntariamente la información deseada o pinche un enlace que va a infectar su dispositivo. Por ejemplo, los envíos de correos fraudulentos suelen jugar con la reacción esperada del destinatario ante algo atractivo, ante alguna ventaja ofrecida que se acaba pronto (premura) o ante el miedo ante algún supuesto problema, como pueden ser los que piden confirmar las claves bancarias.

La psicología se ha convertido en una poderosa aliada de la ciberseguridad puesto que ayuda a comprender las motivaciones y estrategias del ciberagresor, así como las pautas de comportamiento de las víctimas de los ataques que las hacen vulnerables.

lunes, 8 de marzo de 2021

El catálogo de las ciberamenazas de la COVID-19

La pandemia nos ha obligado a introducir la tecnología todavía más intensivamente que antes en nuestras vidas. La confusión e incertidumbre reinantes, así como la falta de formación e información sobre aspectos relacionados con la ciberseguridad nos hacen muy vulnerables ante los delincuentes que campan por internet.

Una de las modalidades de ciberataque más utilizadas durante esta crisis de la pandemia es el phishing utilizando COVID-19 como señuelo. Se trata del envío de correos fraudulentos, generalmente suplantando a una organización u autoridad, con el fin de que el destinatario acceda a un enlace web malicioso o que entregue información personal, como, por ejemplo, contraseñas de acceso a determinados servicios. El éxito de este formato está relacionado el ansía de información que a todos nos genera la crisis sanitaria.

Otro ejemplo del uso de la ingeniería social a través del phishing ha sido la creación de una web con un mapa interactivo de la difusión del coronavirus por el mundo, que los delincuentes fingían que pertenecía a la John’s Hopkins University, una institución sanitaria de prestigio. Cuando el navegante accedía a la dirección corona-virus-map[dot]com, su dispositivo era infectado por el troyano AZORult, un malware que roba datos personales de la víctima para su venta en el mercado negro.

La organización de ciberseguridad británica National Cyber Security Centre ha llegado a detectar actividades de phishing a través de SMS en vez de correo electrónico, algo poco frecuente. En este caso, el mensaje se hacía pasar por un comunicado del Gobierno inglés para solicitar subvenciones de cara a afrontar los daños económicos causados por la pandemia.

La difusión de malware o programas maliciosos es otra de las prácticas habituales entre las ciberamenazas, y por supuesto ha estado de plena actualidad en la crisis del COVID-19. Generalmente, este tipo de práctica tiene por objeto infectar con virus informáticos los equipos, y, en ocasiones, bloquear y encriptar la información de la víctima con el objeto de pedir un rescate monetario para devolverla. Esto último es lo que se conoce como ransomware. Durante la pandemia este tipo de acciones delictivas han sido disfrazadas de información relacionada con el coronavirus. Los programas maliciosos se hacen pasar por archivos inofensivos, con extensiones pdf, mp4 o docx, de forma que cuando la confiada víctima los abre, su dispositivo queda infectado automáticamente.

El equipo de Respuesta a Incidentes de ITS Security ha podido identificar numerosas campañas activas en este campo, como la de ransomware con los virus NetWalker y Ryuk contra el sector sanitario, que envía correos electrónicos al personal para conseguir infectar el sistema informático de los hospitales. El sector sanitario es un objetivo tradicional de los ciberdelincuentes, porque sus sistemas guardan datos muy sensibles de los pacientes y porque es un servicio esencial para la comunidad, por lo que es indispensable mantener su funcionamiento. De ahí que sufra con frecuencia intentos de extorsión vía ransomware, como el que sufrió el Hospital Universitario de Torrejón, en Madrid, en enero de 2020, que afectó la disponibilidad de varios de sus sistemas informáticos.

Por su parte, los troyanos habituales TrickBot y Emotet ahora incorporan textos relativos al COVID-19, en un intento de enmascararse y sortear los programas antivirus. Otro ejemplo de ransomware es el troyano Kpot Infostealer, que también se disfraza con textos relativos al coronavirus, cuya finalidad es robar información. Black Water es un troyano de “puerta trasera”, que, simulando ser información sobre COVID-19, instala el malware cuando la víctima ejecuta el archivo “Importante – COVID-19.docx.exe”, que simula ser un archivo de texto del procesador Word de Microsoft, pero es realmente un programa (.exe).

Finalmente, en el terreno financiero ITS Security destaca troyanos como GIMP y CERBERUS, que utilizan el coronavirus para atacar a sus víctimas, instalando en sus dispositivos malware para robar datos de acceso a las aplicaciones bancarias.

El uso de mapas sobre la propagación de la enfermedad por el mundo no se limita al caso anteriormente expuesto de la John’s Hopkins University. ITS advierte del peligro de CovidLock, una acción de ransomware con forma de app que promete mantener actualizado al usuario que la instala en su móvil sobre la difusión del COVID-19 en su región y en el mundo. Sin embargo, una vez instalada bloquea la pantalla de inicio y solicita un rescate a cambio de liberarla.

 

 

lunes, 18 de mayo de 2020

La mejor ciberdefensa es la formación y la información


Hablando con sinceridad, los ciudadanos de a pie andamos todos muy escasos de conocimientos de seguridad. Las conexiones que tenemos en casa suelen tener un nivel de protección insuficiente, y a menudo incluso no dotamos el acceso a la red wifi domestico con contraseñas robustas para evitar que puedan entrar intrusos en ella. Por otro lado, todos los dispositivos familiares que conectamos a dichas redes –portátiles, teléfonos, tabletas, consolas- tampoco suelen tener actualizadas las últimas versiones del software, lo que genera huecos de seguridad notables. Si a ello le sumamos que carecemos, en términos generales, de las nociones básicas de ciberseguridad, podemos comprender que esta situación de confinamiento expone a las ciberamenazas, no sólo a las familias, sino a las empresas, cuyos sistemas pueden verse atacados a través de las brechas de seguridad que presenta el entorno doméstico del teletrabajador.

Las cifras de ciberataques se han disparado en las últimas semanas. La media diaria es de 2 600 ataques, pero el día 28 de marzo llegaron a registrarse hasta 5 000. Con todo, los expertos avisan de que el pico de actividad maliciosa probablemente no se ha alcanzado todavía. Las acciones detectadas son de todo tipo: desde intentos de robo de contraseñas y datos, hasta ataques directos contra organizaciones, e incluso, hospitales. También se ha producido una escalada del volumen de bulos y noticias falsas en circulación relacionadas con la pandemia, cuyo fin es crear pánico entre la población y desestabilizar las instituciones.

La reciente “digitalización extrema” a la que hemos tenido que adaptarnos bruscamente ha jugado abiertamente a favor del hacker, principalmente porque ahora estamos más expuestos tecnológicamente hablando. La sociedad se ha hecho mucho más dependiente de las infraestructuras digitales y la conectividad. Además, nos hemos visto abocados al teletrabajo, sin que gran parte de las empresas y organizaciones hayan podido probar debidamente cómo implantar con éxito esta modalidad. Por otro lado, el consumo electrónico se ha disparado: todo lo que hacemos encerrados tiene un mayor peso digital. Finalmente, existe un amplio porcentaje de población que no está tan familiarizado con el uso cotidiano de tecnología, pero que se ha visto igualmente empujado a incorporarla en su vida diaria. Desde la perspectiva de cazador del ciberdelincuente, la pandemia ha multiplicado el número de presas que se encuentran completamente al descubierto y que son muy fáciles de abatir.

En Europa se detecta una notable falta de información sobre los riesgos del cibercrimen. Únicamente el 46% de los ciudadanos europeos se considera bien informado, de acuerdo con los datos del Eurobarómetro. Y este porcentaje disminuye al 35% en el caso de los españoles. Atendiendo a la aplicación de medidas de seguridad, tan solo el 45% de los europeos ha optado por instalar un antivirus o modificar el que ya poseía. En nuestro país, la instalación de antivirus es la medida de seguridad más utilizada, aunque solo alcanza al 35% de los internautas. Por otro lado, somos uno de los Estados miembros de la UE, junto a Rumanía y Portugal, en el que más porcentaje de internautas (22%) declara no adoptar ninguna medida de seguridad cuando utilizan internet. Sin embargo, la mejor ciberdefensa es la formación digital y la información. Solamente una población que se mueva con soltura por el medio digital, y que conozca sus riesgos y cómo evitarlos, podrá frenar en gran medida los riesgos que acechan en internet.

 
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