miércoles, 11 de julio de 2012

Parafraseando a Marco Antonio

Inspirado en Julio César de William Shakespeare (Acto 3, Escena II)

Hemos venido a enterrar la imagen que teníamos de España, no a ensalzarla. Los males y errores que hemos cometido vivirán por muchas décadas, mientras que el bien que hayamos podido hacer será enterrado con sus huesos.

Así que, descansa en paz España. La noble Ángela dice que hemos sido derrochadores, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, y eso es una falta grave, aunque ya estamos pagando por ello con creces. Sin embargo, los salarios de los trabajadores no han crecido apenas en la década dorada de la economía, mientras empresas y especuladores veían sus capitales crecer. Pero Merkel dice que nos hemos portado como nuevos ricos y Merkel es una persona honorable.

Ángela Merkel dice también que nuestro gasto público y presupuestos eran insostenibles, que nuestro estado del bienestar tenía los cimientos de arcilla. Pero recordamos que antes de 2009 el Estado y la Seguridad Social tenían superávits en sus cuentas, y en cualquier caso, si realmente gastábamos más de lo que teníamos no hubiese aguantado nuestro modelo varias décadas, cubriendo el desempleo, la educación y una sanidad envidiada en todo el mundo, para TODOS los españoles (y los que acertaban a pasar por aquí). Más Ángela dice que no nos podíamos permitir todos esos servicios y Ángela es una persona honorable.

Merkel afirma que nuestro sistema productivo es poco competitivo. No lo voy a negar, pues Ángela es una persona honrada, pero me vienen a la cabeza sectores como las energías renovables, los ferrocarriles de alta velocidad o las telecomunicaciones, por poner unos pocos ejemplos, en los que empresas de España son líderes mundiales. Y de Inditex ni hablamos, ni de los trasplantes de corazón, un campo en el que estamos a la cabeza. No obstante Ángela Merkel dice que no somos competitivos y todos sabemos que es una persona honorable. 

No hablo para desaprobar lo que dice Ángela sino para contar lo que sé. Merkel dice que tenemos que ajustar el presupuesto público en estos momentos de crisis: reducir el gasto del Estado y subir los impuestos, recortar, recortar y recortar, en suma, todos los lujos que nos hemos permitido al creernos una sociedad moderna, justa e igualitaria. Hemos concebido erróneamente que debemos trabajar por el bienestar de todos y ayudar entre todos a los más desfavorecidos, repartiendo los recursos disponibles. Pero la puritana Ángela Merkel piensa que el mercado es el único con potestad para juzgar quién debe ser premiado y quién castigado, y que con nuestra actitud hemos irritado al Gran Dios de la Mano Invisible. Puede sonar cruel, pero Ángela así lo afirma y es una persona honorable.

No hace falta ser Paul Krugman para comprender que las medidas económicas actuales lo único que consiguen es contraer más si cabe la demanda y alejar por muchos años la esperanza de recuperación. El coste social y el sufrimiento para los españoles es cada vez más insoportable, sobre todo teniendo en cuenta que nos hemos perdido en el bosque y vamos por el camino equivocado. Pero Merkel así lo quiere y Merkel es una persona honorable.

Los conjurados de aquí, los que comulgan con y siguen instrucciones de Ángela, han aplaudido y vitoreado hoy en el Congreso el ajuste económico más duro de la democracia española, unas medidas que van a aumentar el dolor del pueblo (que no de los patricios, que a esos cada vez les va mejor) y que suman al país cada vez más en la indigencia. ¿Qué les hacía tanta ilusión? ¿Realmente celebran el volver a la España desigual y caciquista de toda la vida? ¿Aplauden el fin de las escasas décadas de igualdad y progreso social que ha conocido la sociedad española en toda su historia? ¿Les entusiasma el dolor del pueblo al que (se supone) representan? No les creía tan canallas y tan poco honorables.


lunes, 2 de julio de 2012

La lógica de la precariedad

No paro de oír desde hace tiempo, monótona y repetitiva como una letanía, la afirmación esa que dice que ya no va a haber trabajos fijos, que habrá que reinventarse continuamente, innovar y emprender (cuidado con estos tres palabros que ya suenan más que Paquito el Chocolatero en las verbenas de pueblo). Y generalmente estoy de acuerdo de que el mundo está en fase de transformación, que lo anterior ha perdido validez y que todavía no sabemos que forma adquirirá esta magma en la que nos encontramos ahora.

Lo que realmente me revienta es que quienes con más frecuencia pronuncian ese monólogo lo hacen como si les alegrase la situación, como si considerasen que hemos dejado atrás una época y un modelo defectuoso para adentrarnos en un mundo más justo y perfecto. Y estos seudoprofetas suelen ser altos cargos de grandes empresas y de bancos, políticos allegados, y en general todo aquel de clase alta que ahora está disfrutando al ver como se desmorona el estado del bienestar (también están los cansinos que venden cursos para aprender a emprender, pero esos me molestan menos).

Vale, es evidente que no habrá trabajos fijos para toda la vida, que habrá que cambiar de empleo con frecuencia y que habrá que rediseñar y adaptar nuestras habilidades profesionales a un entorno “fluido” en constante evolución, la “modernidad líquida”, utilizando la terminología de Zygmunt Bauman.  ¿Pero acaso se piensan que las reglas antiguas que regían el mundo van a seguir funcionando para el capital? ¿Que lo que les ha permitido ganar dinero anteriormente lo va a seguir haciendo? Me temo que no.

¿Qué pasará con los bancos y las hipotecas, por poner un ejemplo? Una parte importante de sus ingresos procedía de prestar a las familias el capital para adquirir una vivienda, que éstas devolverán a lo largo de varias décadas. Es un modelo que en España cobra auge en la década de los 60 y siempre bajo la premisa de tener un trabajo estable, aunque el sueldo sea bajo, que te garantice poder pagar las letras año tras año. Pero un trabajador temporal en precario no se atreverá a pedirle a una entidad financiera un gran capital con un horizonte laboral inmediato incierto. Lo mismo se puede argumentar con los automóviles de gama alta.

Pero el neoliberal de turno argumentará que, una vez superadas las rigideces que obstaculizan el mercado de trabajo, éste con su mano invisible conducirá a una situación de pleno empleo en la que los trabajadores encuentren trabajo con facilidad y tengan una sensación “virtual” de seguridad laboral que les invite a hipotecarse hacia el futuro. Suponiendo que eso fuese cierto, -que la historia ha demostrado que siempre existe un límite inferior de salarios a partir del cual el trabajador no está dispuesto a ofrecer su fuerza de trabajo-, la búsqueda de equilibrio del mercado bajaría tanto los sueldos que hundiría la demanda. Todos conocemos a personas que actualmente cobran menos de 600 euros al mes.

Si no hay una demanda más que de productos de primera necesidad y subproductos de consumo procedentes de Asia, ¿de qué vivirán gran parte de los empresarios y de los bancos? El tramo de productos de bajo valor añadido ya nos lo ha arrebatado China y son imbatibles ahí. Habría que producir mercancía de calidad de más alta gama, pero ¡vaya! no encontramos compradores en España entre la clase media empobrecida y como tampoco tenemos una excesiva vocación exportadora…

La precariedad también erosiona el capital humano de las empresas (eso que siempre dicen que es su principal activo). Como es lógico, el trabajador ocasional o temporal no puede desarrollar una fidelidad y un compromiso con la compañía, como podía suceder antiguamente, lo que no quiere decir que no ejecute su trabajo con excelencia. Pero en situaciones de bonanza económica cambiará de empresa inmediatamente ante una oferta mejor, de sueldo o condiciones. Y según la doctrina del mundo naciente, cada trabajador tendrá un valor especial por sus conocimientos, creatividad y capacidad para innovar en el puesto de trabajo. Es decir, que ya no son perfectamente sustituibles unos por otros como en el capitalismo industrial. ¿Estarán dispuestas las empresas a perder con frecuencia a sus mejores valores?

Todos estamos de acuerdo en que el cambio que se está produciendo en el mundo es irreversible, pero deberíamos contribuir desde cada lugar en la sociedad a que resulte lo menos traumático posible y lo más beneficioso para el conjunto.

jueves, 21 de junio de 2012

Sobre la identidad digital y los diversos ridículos

Ese vídeo colgado en YouTube en el que sales en la despedida de soltero del Jonatán bailando el “Aserejé” en gayumbos encima de la mesa del restaurante mexicano (¿o era un chino?); tus transacciones ganaderas en Farmville que hacen suspirar a tus allegados de Facebook por el advenimiento de  una drástica reducción de las cuotas lácteas de la PAC combinada con una epidemia brutal de peste porcina; las fotos en Flickr de tu perro Pitocho devorando con furia selvática la alpargata de la tía Micaela, y de la anciana abriéndole al can el cráneo a garrotazos; tus contundentes consejos al seleccionador Vicente del Bosque en Twitter (“menos tiki-taka y más patapúm parriba y todos palante, coño! #pandarrangaos”) o las citas de Diógenes Laercio de Wikiquotes que tuiteas por las noches, aunque todo el mundo sabe que tu profundidad intelectual no desciende más allá de las cotas marcadas por las novelas de Dan Brown; todo esos elementos configuran lo que los expertos, gurús, chamanes y (en ocasiones) mercachifles 2.0 denominan la identidad digital del individuo.

Aunque no eres consciente, te has convertido en un Dorian Gray, con la desventaja de que el cuadro en la novela de Oscar Wilde, que simbolizaba el alter ego del personaje, podía ocultarse del público, mientras que la proyección de tu personalidad en las redes campa a sus anchas abiertamente, a la vista de todos, por las ágoras y mentideros del ciberespacio. 

Pero los sabios también advierten que eres el prisionero de tu narcisismo; te pierde la pasión de verte reflejado en los medios sociales. Te encanta exhibirte y que te vean. Ya lo decía el tecnoerudito McLuhan allá por el año 80, mucho antes de que todo esto empezase:

“Lo que el mito [de Narciso] pone en relieve es que el hombre queda inmediatamente fascinado por cualquier prolongación de sí mismo en cualquier material distinto de su propio ser.”

Cuanta sabiduría destilan esas palabras, máxime al ver como ahora en los medios sociales todo el mundo pone fotos de lo que come en cada momento (del grado de obstrucción de las arterias del cibernauta medio ya hablaremos en otra ocasión) o de la cara de idiota que produce el tercer cubata ingerido en una noche de juerga. En cualquier caso, ¿a quién le importan las majaderías que haces que te hacen sentirte alguien especial?

Tu identidad digital ha sido definida por los lumbreras antes mencionados como “identidad mosaico”, dado que cada pequeño contenido que pones en las redes (fotos, vídeos, textos, comentarios, “me gustas”, retuits, etc) supone una tesela, una pequeña pieza del mosaico de tu personalidad en Internet que te construye y describe, creando un todo proyectado hacia la galería.

Por favor, controla a tu otro yo digital para hacernos creer que no eres tan cretino como pareces en la web.

lunes, 18 de junio de 2012

Facebook en la encrucijada

El jayán Facebook está mostrando flaquezas después de haber liderado durante cinco años la transformación del mundo hacia lo 2.0. Será por la crisis, será porque se agota su modelo de crecimiento, será por un incierto esquema de ingresos o por otras razones, pero lo cierto es que se enfrenta a una encrucijada en la que debe elegir un camino óptimo para seguir manteniendo su tradicional liderazgo.

Dos son la principales amenazas a las que se enfrenta cuyo grado de peligro no voy a entrar a discutir. En primer lugar, el descalabro que ha sufrido en su salida a bolsa, que ha rebajado al abismo el valor de la compañía quizá porque había generado expectativas demasiado generosas. No le deseo ningún mal a Zuckerberg, pero prefiero que se la pegue en la salida a que se genere otra burbuja tecnológica como la de 2000 que al explotar posteriormente agrave los problemas de nuestras ya de por sí maltrechas economías.

Por otro lado, informes y estudios advierten de que, a pesar de la monumental masa crítica de usuarios de Facebook, el tiempo de permanencia en dicha red está disminuyendo considerablemente. El valor de un espacio en Internet no depende solamente del número de afiliados sino de lo que éstos hacen allí. ¿Se habrá cansado la gente de Facebook (pregunta horribilis)? Personalmente yo sí he notado una bajada del volumen de actividad de mis allegados en esa red social, pero no creo que constituya una muestra lo suficientemente representativa del conjunto de los 800 millones (creo que por ahí va la cifra) de parroquianos.

La edición del 21 de mayo de la revista Time ofrece un abanico de posibles acciones y políticas que debería acometer el gigante 2.0 para mantener su preeminencia en el patio digital, que paso a resumir a continuación:

  • Aprovechar la inmensa masa crítica de usuarios y crear una pasarela de pago, del tipo PayPal, para compras a través de Internet.
  • Convertirse en un potente servicio de búsqueda en tiempo real, dado que los usuarios postean alrededor de 300.000 actualizaciones por minuto. Supone un tsunami de información cuya indexación sería una fuente de gran valor.
  • Vender “bienes virtuales”, como los que se tienen juegos como Farmville. Los pagos virtuales supusieron en 2011 una quinta parte de los ingresos de Facebook, gracias a appis como Mafia Wars y CityVille, entre otros.
  • Mostrar más publicidad dirigida; es un tema que de acuerdo con Time está infraexplotado, teniendo en cuenta la cantidad de valiosa información que tiene Facebook sobre los gustos y aficiones de sus usuarios. Debe ir más allá del modelo actual, quizá demasiado tímido.
  • Potenciar el uso móvil de la red. La aplicación para teléfonos de Facebook ha sido la más descargada en el iPhone y otros smartphones, con 550.000 usuarios.
  • Controlar más a fondo la política de privacidad que tantas críticas y sanciones le produce con harta frecuencia.
  • Mantener la emoción de la novedad. Dado lo cambiante de las modas en la red y lo inestable de la fidelidad del usuario, que siempre busca nuevas emociones, Facebook debe siempre mantener un ritmo constante de lanzamiento de nuevas sorpresas y funcionalidades, de innovación en suma, que mantengan enganchado a su público.

Así que ya sabes Zuckerberg, majete…

lunes, 11 de junio de 2012

¿Qué harías sin Google en un campo de concentración?

“Google y Apple son fantásticos pero no pueden encargarse de educar a nuestros chicos” comenta el filósofo José Antonio Marina en una entrevista en una edición del diario “La Vanguardia” publicada en mayo. Este pensador considera que las nuevas tecnologías (prefiero hablar de TIC porque ya no son tan nuevas) configuran el cerebro, no sabemos si para bien o para mal. A pesar de que la gente joven, los nativos digitales, han desarrollado habilidades estrictamente relacionadas con el uso de los dispositivos informáticos, como la multitarea y la capacidad para aprender a manejar intuitivamente cualquier teminal o aplicación, en opinión del escritor este colectivo "usa superficialmente mucha información pero se le queda muy poco, se acuerda de muy poco y eso es un problema".

Lo que afirma Marina es algo que nos preocupa a muchos de los que no estamos entontecidos con la última appi de Facebook o el nuevo ingenio lanzado por los sucesores de Steve Jobs. Ese desprecio que muestran los tecnopedagogos 2.0 por el esfuerzo en el estudio y por el desarrollo de la capacidad de la memoria humana se me antoja como irresponsable. Espero que no nos tengamos que arrepentir en el futuro de todas las idioteces que postulan las (los) lumbreras de la educación actuales sobre los nuevos paradigmas educativos. Yo creo con José Antonio Marina que los estudiantes tienen "que aprender de memoria cuanto más, mejor; y luego tienen que aprender qué hacer con ello". Él lo justifica porque "construirte tu propia memoria es tu gran recurso, es tu gran tesoro. Es lo que te va a dar más o menos posibilidades y, por tanto, tienes que diseñártela tú. Es una de las funciones de la inteligencia ejecutiva: la memoria de trabajo, creársela y saberla activar".

Y entonces me acuerdo del historiador belga Henri Pirenne que escribió, prácticamente sin recursos de información, una historia de Europa en un campo de concentración alemán. No tuvo Google, por supuesto, ni tampoco una biblioteca mínimamente dotada a la que recurrir. Lo escribió prácticamente de memoria.

El libro en cuestión se llama Historia de Europa, desde las invasiones al siglo XVI (Fondo de Cultura Económica, 1942) y relata con profundidad la gestación en la Edad Media de las naciones europeas. En el prefacio de la obra su hijo Jacques relata los pormenores de la gestación. En marzo de 1916 Henri Pirenne es arrestado en su domicilio por un oficial alemán y trasladado a un campo de concentración de oficiales en Alemania. El motivo fue haberse negado junto con sus colegas a abrir la Universidad de Gante, en donde impartía clase, tras la ocupación  alemana.

El confinamiento supuso un duro golpe para un Pirenne ya bastante abatido por la muerte de su hijo Pedro en el frente, en la batalla de Yser, pero a pesar de ello, no se dejó arrastrar por la desesperación. Lo relata en un nota preliminar:

“Es absolutamente indispensable que reaccione. `Hay personas -me escribe mi mujer- que se dejan abatir por la desgracia y otras a las que templa la desdicha. Es preciso querer pertenecer a estas últimas.' Voy a intentarlo por ella y por mí.”

Su hijo continúa explicando como Henri se consagró a mantener alta la moral de sus compañeros de campo, por una parte, impartiendo un curso de historia económica a prisioneros rusos capturados en Lieja en agosto de 1914; por otra, le contaba a sus compatriotas la historia de Bélgica. Los oyentes se aglomeraban en la barraca que hacía las veces de aula, unos tumbados sobre jergones, otros sentados en bancos y muchos de pie. Afirma Pirenne: “jamás he tenido discípulos más atentos ni he enseñado con más gusto”.

Sus alumnos rusos expresaron el deseo de que publicase sus lecciones, y tras conseguir no sin esfuerzo la autorización de las autoridades alemanas del campo, Henri Pirenne comenzó la redacción de una historia general de Europa, que es el volumen que nos ocupa. Muchas de las fechas aparecen entre paréntesis, indicando que el autor no tenía absoluta certeza de las mismas. Su historia de Europa se interrumpe bruscamente en 1550: había llegado el armisticio y los prisioneros fueron liberados. Posteriormente, Pirenne nunca se dedicó a terminar y completar su Historia de Europa, sin bien algunas de sus partes sirvieron para nutrir otros libros suyos.

Este ejemplo nos demuestra el valor del rigor en el estudio y el aprendizaje, y sobre todo, el importante papel que juega la memoria en la construcción del conocimiento, algo denostado por los adalides de la nueva enseñanza basada en TIC. No estoy diciendo que la tecnología no sea útil, pero en ningún caso sustituye al esfuerzo intelectual de memorizar la sabiduría, un proceso que contribuye a ordenar y ejercitar el pensamiento intelectual.

¿Serán capaces los futuros profesionales ya formados en la era de Internet de  realizar una hazaña equivalente a la de Henri Pirenne? Permitidme que lo ponga en duda.

miércoles, 6 de junio de 2012

La tercera brecha digital fue la que nos hizo idiotas

El termino “brecha digital” fue acuñado por Lloyd Morrisett para referirse a aquellos que no tienen acceso a las tecnologías de la información y las comunicaciones, o lo que es lo mismo, al mundo digital. Desde el advenimiento de Internet se han identificado distintas brechas digitales; una primera que hacía referencia a las limitaciones de acceso a la tecnología del mundo en desarrollo, que establecía un serio obstáculo de cara a que los ciudadanos de esos países gozasen de las ventajas de un mundo hiperconectado. Por otro lado, se alude a segundas brechas digitales, esta vez relacionadas con colectivos específicos de personas que no saben o no pueden hacer uso de las redes, sea por limitaciones en su educación, formación, por razones de exclusión social, desarraigo e incluso por motivos de genero, entre otros factores. Finalmente, se ha detectado una tercera brecha digital, y esta vez dentro de la propia sociedad en red.

La tercera brecha está relacionada con la diferencia entre el conocimiento experto y el denominado conocimiento social, es decir, entre las aportaciones que existen en la red de especialistas y toda la información de escaso valor que circula por Internet, impulsada últimamente por las redes sociales.

El problema es, y aquí deberían reflexionar todos los santones y gurús que defienden nuevas formas educativas basadas en las redes, que el usuario se decanta hacia ese conocimiento social huyendo de la complejidad que implica el conocimiento riguroso de calidad. Se abre una brecha entre los que saben acudir a la información de calidad y los que picotean de fuentes de diversa índole, y que no saben discernir contenidos valiosos de la basura, de la inexactitud y de la mentira.

Ese grito alegre que emiten todos los que huelen a incienso cibernético, que afirma que todos generamos contenido, que todos somos periodistas, que la contribución de todos es valiosa, que los libros han muerto, que la educación tradicional es patética… a lo mejor nos está llevando a la más absoluta de las ignorancias: una sociedad manipulable y sin criterios intelectuales, incapaz de crear y difundir conocimiento real. Una distopía en vez de la utopía digital prometida por los tecnocreyentes.

¿Cuánta gente consulta sus malestares físicos y síntomas en Internet sin verificar la validez médica de las páginas consultadas? ¿Cuántos nativos digitales, tan encumbrados, copian directamente de Wikipedia o de la primera página que pillan los contenidos de sus trabajos de clase, sin una mínima capacidad de contraste de fuentes?

La habilidad tecnológica no supone más que saber manejar una máquina, no nos engañemos, no dice nada ni de la inteligencia, ni de la capacidad intelectual del usuario. Ya existen estudios que demuestran que estos nativos digitales están perdiendo habilidades y capacidades básicas de aprendizaje, aunque preferimos dibujarlos como superhombres tecnológicos, poniéndonos las generaciones precedentes como la cuerda que les enlaza con el animal, como imaginaba Nietzsche en sus escritos otoñales. Pero a lo mejor la supuesta evolución acaba en involución. El tiempo lo dirá.

lunes, 28 de mayo de 2012

Aunque no consigas vender en Facebook

El artículo del diario “El País” “Muchos amigos, pocas ventas” pone en tela de juicio la capacidad de las redes sociales, en concreto habla de Facebook, para convertirse en poderosos canales de ventas para las empresas. Resumiendo los argumentos expuestos, parece ser que falta el hilo conductor entre el posicionamiento de la compañía en el mundo social media y su retorno en forma de adquisiciones de productos y servicios on line. La noticia más reciente al respecto era el abandono de la publicidad en Facebook del gigante General Motors, al no ver clara la efectividad de este canal.

El texto contrapone la mirada escéptica de algunos con la opinión de evangelistas digitales, como Carlos Barrabés (pionero de la venta on line de artículos de montaña), que insinúa que las corporaciones no saben entender un medio como Facebook. Evidentemente, es otro lenguaje el que hay que emplear en redes, y otros medios de captación y difusión, pero la verdad es que siempre ha costado mucho establecer una relación directa entre la actuación en los medios sociales y su retorno en forma de ingresos, por mucho que se empeñen los iluminaos 2.0 y los espabilaos que se forran impartiendo cursos de community manager.

A lo mejor el error está en pensar que el mundo 2.0 tiene que reportar ventas directas, cuando su valor es contribuir indirectamente a la generación de ingresos mediante el posicionamiento de marca y el acercamiento al mercado potencial de la empresa. Son por tanto medios indirectos de vender y quizá les exigimos milagros para los que no están pensados.

Podemos aprovechar las redes sociales -y lo siento pero me limito a Facebook y Twitter en plan generalista, y a Flickr o Picassa, y a YouTube, para material multimedia (los Pinterest, Quora o el insulso Google+ me parecen poco útiles)-, decía que podemos utilizarlos para darnos a conocer y mantener al público informado de las novedades de nuestra organización, que no es poco, sobre todo teniendo en cuenta el bajo coste que supone actuar en medios sociales.

Tenemos, en el caso de Facebook, una plataforma desde donde difundir nuestra información directamente al público, de forma ágil y directa, saltándonos la arcaica nota de prensa tradicional dirigida por un área o agencia de medios. Esto ya es de por sí valioso. En Twitter podemos hacer lo mismo en forma de teletipo, estableciendo enlaces a nuestras páginas corporativas.

Si somos listos, podemos también escuchar lo que piensa la gente de nosotros, sea malo o bueno, lo que nos ayudará a afinar nuestra estrategia comercial e incluso desarrollar nuevos productos y servicios que satisfagan nuevas necesidades detectadas.

Las redes son también magníficos canales de CRM y atención al cliente, siempre y cuando el área de social media esté perfectamente conectada e imbricada  con el resto de la organización. Son numerosos los casos de éxito en Twitter en este sentido, que añaden una rapidez y agilidad en la respuesta al cliente que no tienen otros medios.

Y se podría seguir enumerando ventajas de actuar en medios sociales… Creo que si no esperamos milagros inmediatos en ventas y comprendemos su utilidad, las redes pueden ayudarnos sobremanera a llevar adelante nuestro negocio.
 
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