lunes, 8 de junio de 2020

De las redes sociales a las tertulias de café


El caso de Facebook puede ser paradigmático de la sobreabundancia de información a la que se enfrenta el usuario medio de las redes sociales. El elevado número de seguidores, más del que podemos gestionar, produce un exceso de contenido que con frecuencia se nos antoja irrelevante. Si a ello le sumamos la creciente preocupación social hacia temas relacionados con la privacidad y la seguridad de nuestra información, no es de extrañar que se registre una tendencia al alza a trasladar nuestras relaciones digitales a los entornos privados, entre los que destacan servicios como Facebook Messenger, WhatsApp e Instagram Messaging. Estas apps tienen más de servicio de mensajería que de red social al uso, y permiten gestionar eficientemente grupos reducidos de personas, sin tener que compartir la información personal con todo el orbe.

En el fondo, lo que nos está diciendo esta tendencia es que nos hemos propuesto llevar el tipo de relación presencial física de toda la vida al plano digital: la del vecindario, la panda de amigos, los tertulianos de café o las reuniones familiares. Precisamente, todo lo contrario de lo que ha ocurrido en la primera era de las redes sociales, en la que nos hemos abierto y exhibido sin pudor ante ingentes cantidades de desconocidos, en un afán por sentirnos especiales y reconocidos.

Aunque los responsables de las grandes redes sociales siempre han jurado que sus servicios están modelados en base a lo que sería el ágora o la plaza pública, la verdad es que estas plataformas no se asemejan a ninguna forma de comunicación del mundo físico. Como afirma la escritora Annalee Newitz: “en los medios sociales, la `plaza´ es más bien como millones de salas de karaoke funcionando en paralelo, donde grupos de personas cantan letras que no se pueden escuchar desde las otras. Y muchos miembros del `público´ son realmente seres artificiales controlados por individuos u organizaciones ocultos.”

No obstante, los reyes del social media se están percatando de esta huida hacia la privacidad de sus usuarios. El propio Mark Zuckerberg a principios de 2019 anunció una visión de futuro para Facebook enfocada en la privacidad. En su discurso en la conferencia F8, titulado The Future is Private, reconoce que cada vez más la gente quiere conectarse al equivalente digital del cuarto de estar, y que las plataformas basadas en la privacidad llegarán a ser más importantes que las abiertas. En sus propias palabras: “la privacidad le da a la gente la libertad para ser ella misma y relacionarse de forma más natural, que es por lo que construimos redes sociales”.

Probablemente, las redes sociales que conoceremos en la década que entra distarán mucho de aquellas abiertas y participativas de 2010, donde la mayor parte del contenido procedía de las interacciones de los usuarios individuales. Todo indica que se convertirán en espacios mucho más comerciales, como soportes a la publicidad y la venta (la publicidad dirigida ya es una constante presente en casi todos los medios sociales), y que primarán los espacios privados y acotados.

lunes, 1 de junio de 2020

La tecnología como arma contra el COVID-19


Asia ha demostrado que las tecnologías digitales y el dato son factores clave para combatir la pandemia. La ciudad de Hangzhou en China fue de las primeras en utilizar big data para la prevención y en control del nuevo coronavirus. Su estrategia fue bautizada como “un mapa, un código QR y un índice”.

Todos los habitantes de la localidad, y aquellos que venían de fuera, recibieron un código QR sanitario que establecía su grado de movilidad. Los que tenían un código de color verde podían moverse con absoluta libertad, los que lo tenían amarillo, debían cumplir una cuarentena de siete días, y aquellos que lo tenían rojo, debían permanecer aislados catorce días. Cada ciudadano debe monitorizar y registrar su temperatura corporal, y actualizar su perfil diariamente en una base de datos controlada por el centro de control de epidemias municipal. Este sistema se ha implementado en 200 ciudades de todo el país y utiliza el big data para generar el código, cruzando los datos individuales de cada persona procedentes de múltiples fuentes, como la Comisión de Sanidad y de la Policía, las de aerolíneas y ferrocarriles, y las de operadoras de telecomunicaciones y de servicios en internet.

Por otra parte, la inteligencia artificial también ha jugado un papel protagonista en la detección del COVID-19. El 31 de diciembre de 2019, BlueDot, una plataforma de inteligencia artificial canadiense que vigila la evolución de enfermedades infecciosas alrededor del mundo, avisó de la concentración de casos de una “neumonía inusual” localizados en torno a un mercado de Wuhan en China. El algoritmo consiguió adelantarse a la Organización Mundial de la Salud, que emitió el anuncio sobre el brote de un nuevo coronavirus el 9 de enero de 2020.

La función de BlueDot es mantener informados a los clientes de la empresa sobre las zonas del mundo que presentan peligro y que deben evitar, y, para, ello, se alimenta de cientos de fuentes de información, como comunicados de organizaciones relacionadas con la salud, información de vuelos de las compañías aéreas, información sanitaria sobre el ganado, datos de satélites meteorológicos o medios de noticias de todo el mundo. Su capacidad para poder ofrecer alertas tempranas sobre enfermedades infecciosas está basada en el aprendizaje automático (machine learning) y en el procesado de lenguaje natural. Por supuesto, la información que arroja el sistema es analizada y validada por un amplio equipo de expertos en distintas disciplinas, tanto relacionadas con la medicina, como con los sistemas de información geográfica o la computación.

Este algoritmo no solo puede predecir dónde se ha iniciado una epidemia, sino que anticipa por dónde se va a extender, algo que ha sido capaz de realizar con bastante precisión en el caso del coronavirus COVID-19. Evidentemente, algunos gobiernos a menudo no son proclives a dar información sobre este tipo de epidemias, pero BlueDot puede rastrear información en fuentes tan oficiosas como blogs y foros en donde aparezcan rumores o algún comentario sospechoso.

La crisis sanitaria global que estamos experimentando ha puesto en evidencia el papel trascendental que puede desempeñar la tecnología para frenar una pandemia, desde el control de la expansión de la enfermedad y su rápido diagnóstico, a la investigación en nuevos fármacos eficaces contra el virus.

lunes, 25 de mayo de 2020

La videollamada está aquí para quedarse


Ahora que España ha iniciado la desescalada hacia la denominada “nueva normalidad”, las relaciones sociales presenciales irán recuperándose tímidamente, tras dos meses largos de confinamiento. Durante esta situación anómala –más propia de una distopía que de la vida que solíamos llevar- la videoconferencia se ha convertido en la protagonista absoluta de nuestros días inacabables, permitiéndonos seguir en contacto con el mundo exterior desde el encierro.

A pesar de que las cifras de crecimiento del uso de videollamadas evolucionaban a buen ritmo en los últimos años, la reclusión doméstica a la que se ha visto sometida una buena parte de la población del mundo le ha dado el empujón definitivo a esta tecnología. Todo aquel que ha podido seguir trabajando desde casa ha utilizado este medio para sustituir las reuniones y encuentros presenciales, y a ello hay que sumarle el uso doméstico, que se ha disparado, ante la imposibilidad de reunirnos en persona con familiares y amigos.

Para hacernos una idea de lo significativo del incremento, solamente en el Reino Unido las videollamadas han crecido un 62% en el primer trimestre de 2020, de acuerdo con Kantar Media. La consultora App Annie registró en la semana del 14 al 21 de marzo un pico mundial de descargas de aplicaciones –tanto de iOS como de Google Play- de 62 millones, un 45% más que la semana precedente, y un 90% más de la media semanal de descargas de apps de negocios en 2019.

Dentro de los distintos productos que nos permiten realizar llamadas con imagen, ha destacado durante el confinamiento Zoom Cloud Meetings, que ha registrado récords de descargas en febrero y marzo. La semana del 15 al 21 de marzo fue descargada en Estados Unidos catorce veces más que una semana media del último trimestre de 2019, mientras que el aumento fue de veinte veces más en Reino Unido, veintidós en Francia, diecisiete en Alemania, veintisiete en España, y cincuenta y cinco veces más en Italia. En nuestro país es ahora mismo de las más populares, a pesar que la versión gratuita solamente permite realizar videollamadas de 40 minutos de duración, y que han sido detectado importantes fallos de seguridad en su programación, que pueden poner en peligro los datos personales del usuario.

Parece más que evidente que la videoconferencia está aquí para quedarse. Aparte de su uso en entornos corporativos –el incremento de la población en régimen de teletrabajo es otra tendencia que con seguridad se queda tras la crisis-, la necesidad de relacionarse de las personas con sus allegados durante el confinamiento, la necesidad de “verse”, más allá de la conversación telefónica o texto de WhatsApp, ha popularizado esta tecnología creando una masa crítica de usuarios considerable.

Aunque a partir de ahora podamos ya salir más y juntarnos –de forma prudente- con los demás, es más que probable que mantengamos la costumbre de comunicarnos a distancia utilizando la imagen y no solo la voz. Las videollamadas ya son mainstream: las realiza toda la sociedad y no solo aquellos individuos más techies.



Foto de Anna Shvets en Pexels
 
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