lunes, 7 de septiembre de 2020

V-commerce: la tienda en realidad virtual

La realidad virtual –y su hermana menor, la realidad aumentada- son la gran esperanza, y la gran decepción, de los últimos tiempos. Pocas tecnologías han creado unas expectativas tan impresionantes de penetración en todo tipo de sectores y actividades, que, año tras año, no acaban de cuajar en nada concreto. En los videojuegos, las artes, el turismo, la educación, la sanidad o las simulaciones virtuales de todo tipo, la realidad extendida se perfila como una herramienta disruptiva que puede producir una auténtica transformación digital… que no acaba de llegar.

Y, sin embargo, estás tecnologías de irrealidad envolvente siguen siendo objeto de experimentación y el epicentro de iniciativas, que revelan su potencial. Entre sus aplicaciones más prometedoras se encuentra el comercio minorista –tanto presencial como online-, un campo en el que ya se están posicionando grandes agentes del sector para establecer una oferta diferenciada. La tecnología es ya una herramienta común para la venta: las presentaciones en vídeo del producto y las imágenes coloristas contribuyen a atraer al cliente potencial. Pero la realidad aumentada y virtual llega mucho más allá, abriendo un mundo ilimitado de posibilidades en el caben, por ejemplo, probadores de ropa virtuales en los que no te tienes que desnudar, tiendas digitales en las que puedes ver los productos y comprarlos como si estuvieses en una real, o aplicaciones en las que puedes probar cómo queda el mueble que te gusta en el salón de tu casa. Después del e-commerce, ya se habla del v-commerce, el comercio basado en la realidad virtual.

Hay una serie de ramas del comercio que ya están encontrando la utilidad a las tecnologías inmersivas, como son la del mueble, la de las prendas de vestir o la de la cosmética. Una encuesta realizada en Estados Unidos -citada por Marxent[1]- arroja las cifras de que al 60% de los compradores le gusta utilizar la RV y la RA en la compra de muebles y al 55% en la moda.

Otros datos cuentan que el 61% de los compradores prefiere hacerlo en establecimientos que disponen de realidad aumentada, y que, el 68%, paso más tiempo analizando aquellos productos que disponían de dicha tecnología para ello. Por otro lado, el 72% adquirió productos que no tenía pensado comprar gracias a la RA.

Dentro del sector del mueble y la decoración, Ikea ha sido pionero en el uso de la realidad aumentada, con su aplicación Ikea Place, que permite probar cómo quedan los muebles de su catálogo en las estancias de nuestra casa, comprobar el efecto visual real, cambiarlos de posición o de lugar, y comprobar si caben o no donde tenemos pensado instalarlos.

La posibilidad de comprar directamente en tiendas recreadas por la realidad virtual tiene un nombre, v-commerce, que define un fenómeno que probablemente sea lo más disruptivo que ha conocido el comercio minorista desde la irrupción de la compra por internet. Aunque nunca podrá sustituir la experiencia de la compra presencial, el comercio virtual complementa y enriquece la experiencia del comercio electrónico. El objetivo es que el cliente pueda, tanto examinar y probar los artículos en las tiendas virtuales, como también pagar allí, llevando a la realidad virtual todo el ciclo de la compra.

Todavía son pocas las experiencias en este sentido –en parte por la falta de penetración actual de las tecnologías inmersivas-, pero se puede citar Walmart, el gigante estadounidense de grandes almacenes, que tiene en marcha 3D Virtual Shopping Tour, un recorrido virtual que nos invita a recorrer una estancia y comprar cualquier mueble o elemento de decoración allí expuesto con solo pinchar con el ratón sobre él. Y, de nuevo, la empresa sueca Ikea también cuenta con su Store Experience en VR, una visita virtual que nos lleva a recorrer una de sus tiendas para ir confeccionando una lista de la compra con aquellos muebles y elementos de decoración que nos llamen la atención.

Una de las ventajas de la realidad aumentada y de la realidad virtual en este terreno es la posibilidad de que el potencial comprador pruebe los productos antes de comprarlos, que, como hemos visto, es algo que ya se aplica en el caso de la venta de muebles y de decoración, y de la cosmética, pero que es igualmente aplicable, por ejemplo, a la ropa y el calzado (la posibilidad de comprobar a través de una aplicación cómo nos sienta un determinado modelito o zapato).

 



[1] Marxent (2019) “40 AR Examples – The Definitive Guide to Augmented Reality in Retail”. Disponible en: https://www.marxentlabs.com/ar-in-retail-top-augmented-reality-retail-apps-guide/

lunes, 31 de agosto de 2020

Apuntes para el boceto de la ciudad sostenible del siglo XXI


La presión demográfica en los núcleos urbanos y los temas relacionados con la sostenibilidad medioambiental obligan a cambiar drásticamente los modelos tradicionales de desplazamiento. El uso masivo de coches impulsados por gasoil y gasolina debe ser sustituido por opciones menos agresivas con el medioambiente. En este marco, surgen propuestas basadas en la movilidad compartida y en el uso de vehículos basados en tecnologías no contaminantes, como pueden ser los eléctricos.

La Comisión Europea ha identificado en un reciente informe sobre movilidad cuatro grandes tendencias disruptivas que van a transformar el transporte por carretera tal y como lo conocemos. En concreto, habla de automatización, conectividad, descarbonización y movilidad compartida. La Comisión piensa que la combinación de estas cuatro tendencias va a cambiar radicalmente el paradigma actual del transporte terrestre, pues su integración refuerza el efecto individual de cada una.

La automatización hace referencia a los sistemas que son capaces de llevar a cabo, parcial o totalmente, las tareas implicadas en la conducción, es decir, a los distintos grados de autonomía que poco a poco van siendo introducidos es los automóviles.

Por su parte, la conectividad hace alusión al uso de tecnologías que permiten al vehículo comunicarse con otros vehículos y con las infraestructuras de la carretera. La descarbonización tiene que ver con la utilización de fuentes de energía alternativas, como la electricidad, el hidrógeno, los biocombustibles o el gas natural, con el fin de reducir la dependencia de los combustibles fósiles y de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Finalmente, la movilidad compartida es una estrategia de transporte innovadora que permite a los ciudadanos el hacer uso de distintos medios de desplazamiento de forma puntual, cuando le resulta necesario, sin necesidad de poseerlos. Ya es frecuente ver en las calles de las ciudades patinetes, bicicletas, motos y automóviles para uso compartido. También entraría en esta modalidad el carpooling o la práctica de compartir un vehículo privado con otras personas de forma regular o para trayectos puntuales.

El término economía compartida ha sido definido como un mercado de bienes y servicios soportado por tecnologías de la información, que permite a los dueños de activos infrautilizados monetizarlos. Ejemplos de este modelo son Airbnb, que pone en contacto a los dueños de inmuebles con los candidatos potenciales a alquilarlos, generalmente con fines turísticos, o Uber, que conecta a pasajeros con conductores de automóviles. Poco a poco, la economía compartida va impactando en la movilidad compartida, a medida que los grandes agentes del sector estableces alianzas con plataformas MaaS (movilidad como servicio).

Al hablar de movilidad como servicio (MaaS) nos referimos a soluciones de transporte urbano que están integradas en una sola plataforma, a través de la cual los usuarios pueden determinar la mejor ruta al mejor precio, eligiendo distintas opciones entre distintos servicios de transporte que unen dos puntos, tomando en consideración información relevante en tiempo real, como puede ser las condiciones del tráfico, la hora del día o la demanda. Una plataforma MaaS puede incluir la red de transporte público, los servicios de vehículos compartidos (bicicletas, motos, coches), servicios VTC, etc. El cliente accede a todos esos servicios desde una misma app, de forma que no tiene que contratarlos por separado.

Las telecomunicaciones juegan un papel crucial dentro de este esquema como forma de conectar en red a todos los nodos que entran en juego. La conectividad en los vehículos, más allá de suministrar servicios online al ocupante, se perfilan cruciales para la gestión de flotas en tiempo real, algo imprescindible para poder ofrecer un servicio de movilidad eficiente. El control de la oferta y la demanda, así como del grado de uso de cada vehículo, son los principales aspectos a tener en cuenta.

Estas plataformas van proliferando de ciudad en ciudad: MaaS Global en Helsinki, UbiGo en Gotemburgo, Qixxit en Alemania, Moovel –promovida por la empresa Daimler- y que opera en varios países, Beeline en Singapur, SMILE App en Viena, Bridj en diversas ciudades de Estados Unidos o Communauto/Bix, en Canadá.

También en Madrid, la Empresa Municipal de Transportes (EMT) ha desarrollado la app MaaS Madrid, con el objetivo de informar sobre toda la oferta de movilidad sostenible en la capital, tanto oferta de EMT, como taxis y vehículos compartidos. Y no es la única en nuestro país. FreeNow, la antigua Mytaxi, ha anunciado su intención de transformarse en un proveedor de movilidad, con una aplicación que incluirá la oferta de patinetes Hive, y es posible que más adelanten integren otros servicios del grupo como Share Now (conocido ahora como Car2Go, para coches compartidos), Reach Now (para conectar con el transporte público), Charge Now (para recarga de coches eléctrico) o Park Now (para encontrar aparcamiento), servicios que hasta ahora funcionaban de manera independiente.

 

Foto de Life Of Pix en Pexels

 

lunes, 24 de agosto de 2020

Una nueva normalidad digital

Hemos bautizado como nueva normalidad la situación que prevemos que deje tras de sí la pandemia, una vez que haya remitido del todo. Podemos anticipar la llegada de un mundo distinto al que dejamos atrás en marzo de 2020, cuyas particularidades todavía permanecen parcialmente ocultas a nuestros ojos. Lo que sí que parece claro es que será un mundo mucho más digital que el anterior. No es que la crisis desatada por el Covid-19 haya sido la causante de la mayor adopción de tecnología que se está poniendo en evidencia en nuestra sociedad, pero es más que evidente que ha acelerado una profunda tendencia ya en marcha. Hay quienes afirman que la etapa de confinamiento ha sido equivalente a seis años del proceso de digitalización de la economía española.

A pesar de que una parte importante de las empresas españolas tienen una relevante tarea pendiente en el campo de la modernización de sus procesos operativos -especialmente las pequeñas y medianas-, los trabajadores españoles han demostrado que el teletrabajo es una opción completamente viable, en aquellos casos en que es posible aplicarlo, que con toda seguridad tendrá efectos disruptivos en las formas tradicionales de organización basadas en la presencialidad y los horarios fijos. Adicionalmente, y aunque aún es pronto para afirmarlo, puede llegar a tener un impacto en la ordenación del territorio, provocando un éxodo de trabajadores urbanos al medio rural.

Otro ámbito que ha podido readaptarse durante el encierro forzado ha sido la educación en todos sus niveles. Los alumnos y los docentes han sido capaces de salvar el curso académico a través de las modalidades a distancia que ofrece la tecnología digital. Por supuesto, esto ha sido una situación de emergencia extrema y no se puede identificar con la innovación de los sistemas formativos tradicionales que exige la sociedad del siglo XXI, pero ha demostrado -con la brusquedad impuesta por el momento- todas las posibilidades que ofrecen las redes y los dispositivos como apoyo y complemento de la actividad del aula, y como elementos que van a sentar las bases de la educación medio plazo.

Pero el virus ha empujado la digitalización de los aspectos básicos de nuestro día a día. Por ejemplo, los españoles le hemos perdido definitivamente el miedo a comprar a través de internet, de forma que la compra online ha crecido un 87% durante la crisis sanitaria. Otra tendencia imparable es el uso de la banca digital, que en este caso ha registrado un incremento del 200% en algunas entidades desde marzo, y que sin duda acelera la desaparición de la sucursal física, algo ya bastante avanzado anteriormente. A ello hay que sumarle la nueva cultura “sin contacto” o contactless, para reducir al mínimo la relación física con objetos y personas con el objeto de evitar el contagio, y que en el caso de las compras presenciales en establecimientos implica el abono utilizando la tarjeta de crédito o débito, o el teléfono móvil.

Finalmente, el ocio es una dimensión más de nuestra nueva normalidad digitalizada. Junto a formatos nativos digitales como es el del videojuego, el confinamiento ha impulsado el ya boyante mercado de las plataformas de contenido audiovisual, cuyo paradigma es sin duda Netflix. Dentro de las industrias culturales, sin duda las más perjudicadas han sido las artes escénicas, especialmente el teatro y la música en vivo, cuya esencia ha estado hasta ahora muy alejada del mundo digital. A pesar de que durante el encierro los artistas y las empresas del sector han intentado en la medida de lo posible ofrecer su trabajo a través de las plataformas online, se hace necesario encontrar nuevos modelos de negocio capaces de sobrevivir en esta nueva normalidad mucho más tecnológica que la anterior.

 

lunes, 20 de julio de 2020

Altavoces inteligentes, los cibermayordomos del hogar digital


La inteligencia en el hogar implica conectar los distintos dispositivos domésticos –luces, termostatos, cámaras de seguridad, electrodomésticos…- a través de una plataforma, de forma que puedan ser controlados por el usuario a través de una app o bien por medio de la voz. En este sentido, el altavoz inteligente puede llegar a convertirse en ese nodo que recibe las instrucciones a través del habla y que se encarga de ejecutarlas. Podría convertirse en el mayordomo de la casa inteligente.

Aunque estamos hablando de un mercado todavía muy verde, algunos estudios han detectado que los altavoces están empezando a desplazar a otros dispositivos a la hora de realizar determinadas funciones. Una encuesta sobre usos de la tecnología, llevada a cabo por Accenture, ha detectado que el 72% de los poseedores de altavoces está utilizando para menos actividades sus smartphones, hasta ahora los reyes indiscutibles de los dispositivos. En concreto, el 53% de los encuestados realiza menos llamadas de voz, el 50% escucha menos música en el móvil y el 47% utiliza menos el calendario y la agenda. Un dato muy relevante de este estudio desvela que el 94% de los dueños de altavoces afirma que la elección de compra de cualquier dispositivo inteligente para el hogar se verá influida por la facilidad de integración con su asistente de voz.

La estructura de la domótica reposa sobre cuatro capas de tecnología: conectividad (redes, protocolos, infraestructura cloud, routers…), apps (aplicaciones y plataformas), datos (almacenamiento, agregación, integración, procesado, análisis, business intelligence…) y dispositivos (cámaras, lentes, sensores, microprocesadores, objetos conectados…). En el último epígrafe estarían incluidos los altavoces inteligentes.

Dentro de este complejo ecosistema del hogar inteligente, los asistentes son firmes candidatos a convertirse en la principal vía de acceso al control de todos los elementos y de todas las funciones automatizadas de una casa. Un estudio realizado por Strategy Analytics, entre consumidores de Estados Unidos, Francia, Alemania y Reino Unido, reforzaba la teoría de que las personas se encuentran cómodas controlando con la voz los dispositivos de su casa: menos del 10% de los encuestados consideraba que resultaría extraño interactuar mediante el habla con una máquina, y menos del 5% pensaba que esta sería incapaz de entendernos.

En general, el uso de altavoces inteligentes para realizar las funciones domóticas más avanzadas es incipiente. De acuerdo con la encuesta, los principales usos que le dan los usuarios son, principalmente, el manejo de la televisión (es decir, que lo utilizan como un mando a distancia de lujo), el control de la iluminación eléctrica de las estancias y el vídeo por streaming. Solamente el 17% de los usuarios los utilizan para controlar los termostatos inteligentes, el 15% para gestionar las cámaras de seguridad de la vivienda, y tan solo el 12% para abrir y cerrar automáticamente persianas y cortinas, o para conectar el dispositivo a un frigorífico inteligente.

La consultora OVUM predice que la mitad de la población del planeta utilizará asistentes basados en inteligencia artificial dentro de tan solo tres años, es decir, en 2023. Los altavoces inteligentes probablemente acaben por convertirse en elementos cotidianos e imprescindibles de la decoración de las casas, como lo fueron hace unas décadas los televisores.

lunes, 29 de junio de 2020

El big data aplicado a la educación


El mundo de la educación no es ajeno, ni mucho menos, a la innovación, y hace varias décadas que está inmerso en la transformación de los procesos de enseñanza a través del impulso de la creatividad, la incorporación de la tecnología en el aula, y el análisis sobre su papel como motor de cambio hacia un modelo de aprendizaje más personalizado. Dentro de las tendencias más vanguardistas en este campo, destaca el concepto de analítica del aprendizaje o learning analytics, que aprovecha el rastro digital que deja el estudiante en la esfera digital para recopilar y sintetizar toda esa información con el fin de conocerle mejor, y de poder adaptar y personalizar las acciones formativas a sus necesidades específicas. En suma, se trata de hacer uso de datos inteligentes, de los datos producidos por los alumnos y de modelos de análisis, para descubrir información y conexiones sociales que permitan predecir y asesorar el aprendizaje de las personas.

Numerosos expertos en innovación pedagógica se muestran partidarios de introducir las técnicas de analítica en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Básicamente se basan en tres elementos: los datos, como materia prima de este proceso, el análisis, que añade valor a los datos por medio de algoritmos, y la acción a emprender, como respuesta proactiva a los resultados del proceso de analítica.

En general, son diversos los beneficios que se hacen patentes, tanto para el alumno como para centro educativo. Por una parte, la learning analytics es una herramienta para mejorar la tasa de retención de alumnado y su desempeño formativo. Disponiendo de los resultados adecuados de los análisis, se puede llevar a cabo una intervención tutorial efectiva, que evite el abandono y refuerce el rendimiento.

Otra ventaja es que permite optimizar la calidad de los cursos, puesto que identifica patrones de consumo de contenidos. En función de los resultados de la analítica, es posible reforzar aquellas partes de cada curso con más aceptación entre el alumnado y mejorar las que menos. Además, la analítica del aprendizaje puede utilizarse para identificar los factores que determinan el éxito académico, y ayudar al diseño del currículo del estudiante. Finalmente, es un apoyo fiable para el diseño de estrategias y la distribución de costes, al señalar qué recursos formativos funcionan bien y cuáles no.

Las principales barreras a las que se enfrenta el desarrollo de la learning analytics están relacionadas con los datos, el verdadero combustible de este motor. Como hemos visto recientemente en todo el mundo, el uso indiscriminado de big data con fines comerciales o políticos ha levantado una corriente crítica y un gran debate en torno a este tema, que en ocasiones ha desembocado en el desarrollo de un acervo legislativo restrictivo, tendente a proteger la privacidad, como es el Reglamento General de Protección de Datos europeo. Puede darse el caso de que, aunque estén disponibles, los datos no puedan ser utilizados para estos fines por razones legales o por la propia normativa de las instituciones educativas.

Con todo, la analítica del aprendizaje se perfila como una de las mejores herramientas de que disponemos, dentro de este mundo inundado de datos en el que nos ha tocado vivir, para alcanzar el ansiado objetivo de la pedagogía actual de ofrecer una formación lo más personalizada posible a las necesidades del estudiante.
 
Google Analytics Alternative