domingo, 8 de septiembre de 2013

Siria: otra vez lo peor de nosotros mismos

En marzo de 2011 publiqué aquí el texto que sigue cuando los EE.UU., con la complicidad de los pelotas de siempre, comenzó a bombardear Libia. Ahora que están (estamos) a punto de derramar fuego sobre Siria recupero lo que escribí entonces. Sustitúyase Libia por Siria y Gadafi por El Asad y vale igual. "When we will ever learn?", que cantaba Pete Seeger...

 Hoy le he vuelto a echar mucho de menos cuando he bajado a comprar el periódico y me he enfrentado al titular que anunciaba que los aliados han bombardeado Libia. Estoy completamente de acuerdo en que hay que parar a la bestia esa que es Gadafi, pero no puedo dejar de tener la sensación de que como en otras guerras “necesarias” –aquel octubre en que empezaron a caer las bombas sobre Afganistán o cuando los misiles surcaban como bengalas el cielo nocturno de Bagdad-, hemos vuelto a fallar moralmente, hemos liberado de nuevo la barbarie, en suma, ha aflorado una vez más lo peor de nosotros mismos. 

Me siento orgulloso cuando militares españoles se traen a nuestro país a un niño afgano para operarle de una enfermedad que en su país le condenaría necesariamente a la muerte, pero me produce malestar y desasosiego leer que un F-18 “de los nuestros” ha destruido una columna de blindados libios. Lo siento, pero creo que otro mundo es posible.

Él también lo creía así y se esforzaba por proclamarlo a los cuatro vientos aprovechando su fama, a través de mensajes directos y sencillos: dadle una oportunidad a la paz. Reconocía que a muchos les podía parecer una postura soñadora, pero también que él no era el único que pensaba así, que hay muchos otros que creen que hay otra forma de hacer las cosas y de vivir en la tierra que no impliquen la destrucción y la violencia.

The Beatles fue quizá el primer fenómeno global que demostró que a los habitantes de este planeta perdido en la periferia de la galaxia hay más cosas que nos unen de las que nos separan. Independientemente de que vivamos en Bogotá, San Francisco, Osaka, Nairobi o Salmeroncillos, todos sentimos una euforia espontánea y una sensación de bienestar al escuchar los acordes de “She Loves You”, aunque no entendamos la letra, que por otra parte es intrascendente. A todos nos une un mismo sentimiento a través de esa música.

Las redes sociales son otro factor de globalización de principios de este milenio. Las redes han permitido que las personas se conecten entre sí y que se comuniquen; han estrechado el mundo salvando distancias geográficas. A pesar de los hackers, piratas, pederastas, y estafadores diversos que los pueblan, los medios sociales son un paso positivo para la humanidad, pues se basan en los principios implícitos y no impuestos de Conversar, Compartir y Colaborar, que a su vez se pueden declinar en Empatizar, Ayudar y Construir. Nos permiten acercarnos a otras realidades y llegar a comprender a los demás, por lejos que vivan de nosotros. Y otra vez ponen en evidencia que no somos tan distintos, que todos compartimos los mismos sueños y aspiraciones, los mismos sentimientos.

A veces pienso que en muchos casos las redes sociales sacan lo mejor de nosotros quizá por su filosofía social (válgame la redundancia) que nos relaciona con otras personas. Por eso no entiendo cómo podemos estar construyendo dentro del mundo virtual y destruyendo fuera de él, si somos los mismos dentro que fuera. ¿A qué se deberá esa dicotomía tan Jekyll y Hyde?

Mi primera experiencia proto-2.0 tuvo lugar a finales de la década de los 90 cuando me inscribí en una lista de distribución, Raindogs, en torno a la figura y la obra del músico Tom Waits. Para el que no se acuerde, las listas de distribución eran sistemas de comunicación asíncrona en los que los usuarios que mandaban correos electrónicos que eran distribuidos automáticamente al resto de los miembros. Raindogs estaba integrada por mucha gente de EE.UU. y no poca de distintos países de Europa. También había japoneses y hasta un taxista australiano que nos divertía y enternecía a la par con sus anécdotas sobre sus noches “apatrullando” Melbourne. En mi caso, mi motivación principal para darme de alta era estar informado sobre lanzamientos discográficos y anécdotas de mi idolatrado Waits. Sin embargo, poco a poco la música fue quedando de lado y lo que primaba eran las conversaciones sobre las vidas de los miembros, nuestras vidas, y ¡oh sorpresa!, resulta que aparte de la música todos compartíamos innumerables cosas; nuestras existencias no eran tan distintas a pesar de lo distante (perdón por la aliteración).

Después de los atentados de las Torres Gemelas, a través de la lista, los que vivíamos fuera de Estados Unidos pudimos conocer de primera mano detalles de lo que estaba ocurriendo en el país, anécdotas que no aparecían en periódicos ni noticiarios, y lo que es más importante, pudimos compartir con nuestros amigos americanos su profundo dolor y desolación. Por desgracia los madrileños lo experimentamos en nuestras propias carnes unos años más tarde.

Hoy él de seguir vivo hubiera manifestado el mismo malestar que siento yo ante el nuevo triunfo de la barbarie. Probablemente hubiera aparecido en los medios de comunicación explicando que no nos tenemos que resignar ante la violencia, que no debemos aceptarla como un mal menor, que podemos construir un mundo distinto en el que haya sitio para todos. Una vez dijo, no recuerdo dónde, “por alguna razón que no comprendo la gente hace lo que yo digo. Bueno pues yo digo: PAZ”. Se puede decir más alto pero no más claro.

Joder, Lennon, no sabes cómo te echo hoy de menos.

martes, 3 de septiembre de 2013

La innovación en el ADN de tu empresa

Algo está cambiando en el concepto que los directivos de las empresas tienen de la innovación. De ser tradicionalmente concebida como un concepto chic de lujo que nos hace parecer modernos, ahora se ve como una necesidad inseparable de la actividad cotidiana de la compañía.

Esta es la principal conclusión que se desprende de la encuesta realizada por Pwc a 246 CEOs de todo el mundo y que recoge el informe Unleashing the Power of Innovation, que se puede traducir como “liberando el poder de la innovacion”. A través de una serie de preguntas se indaga sobre lo que opinan los directivos de la innovación y de su papel dentro de la empresa.

El principal hallazgo del trabajo es que la innovación ha ido escalando puestos en el ranking de prioridades de los ejecutivos, desde el año 2009 en que se realizó el estudio por última vez, hasta el punto de que más de la mitad de los encuestados considera que la innovación es una de sus prioridades y que en su organización son buenos a la hora de generar nuevas ideas y enfoques. Por otro lado, casi el 65% equipara en importancia la innovación con la eficiencia operativa de cara a asegurar el éxito del negocio.

Un segundo elemento es que, a diferencia del pasado, le innovación no se concentra en la mejora de productos o en crear otros nuevos, sino que trasciende ese ámbito alcanzando otros aspectos corporativos, como por ejemplo, el modelo de negocio o la experiencia de cliente. La innovación se concibe como algo más amplio que poco a poco alcanza todos los entornos de la empresa. No es algo aislado y acotado al área de I+D: afecta a todos los departamentos, como dice un entrevistado: “The key ingredient is creating an organisational culture that encourages innovation in all areas.”

Al ser preguntados sobre los ingredientes que necesita una empresa para ser innovadora, los CEOs encuestados destacaron, por encima de todo, una cultura corporativa adecuada para amparar y apoyar la innovación. Además, resaltan un fuerte liderazgo visionario, y en tercer lugar, la voluntad de desafiar las normas de la empresa y de asumir riesgos.

Otro tema de discusión son las barreras que encuentra el directivo a la hora de innovar, y dos aparecen como las principales: la falta de recursos financieros y la cultura de la organización. Sin duda la segunda se nos presenta como la más difícil de superar.

Finalmente, los autores del informe plantean a los directivos cinco aspectos clave que determinan, a su modo de ver, el carácter decididamente innovador de una empresa. Son los siguientes:

  1. ¿Tu forma de innovar refleja tu visión y apetito de innovación?
  2. ¿Con qué grado de efectividad estás articulando tu visión y apetito de innovación hacia empleados, inversores y socios?
  3. ¿Tus empleados conciben como una parte crucial de su puesto laboral la promoción y ejecución de nuevas ideas?
  4. ¿Son los procesos de toma de decisiones y de movilización organizativa lo suficientemente rápidos como para poner nuevas ideas en el mercado antes que los competidores?
  5. ¿Con qué efectividad mides el retorno de la inversión y la habilidad para satisfacer nuevas necesidades de los clientes?

martes, 20 de agosto de 2013

Latinoamérica, ¿cambio estructural u oportunidad perdida?

La economía mundial, a pesar de ser global y de estar interconectada, ha presentado un comportamiento muy diverso por regiones, especialmente desde que la crisis enseñó los colmillos. Por una parte estamos los europeos y estadounidenses, que hemos visto como nuestras naciones entran en el estancamiento y en la destrucción de actividad y empleo; por el contrario, el extremo oriente encabezado por China ha mantenido en estos tiempos aciagos unas tasas de crecimiento económico espectaculares y ha remolcado en su ímpetu a numerosos países emergentes de América Latina.

Se ha llegado a hablar de una “década prodigiosa” para la región que, en el escenario más optimista, habría retirado definitivamente la ignominiosa etiqueta de “país en vías de desarrollo” de gran parte de estas naciones. Y sin embargo surgen ciertas nubes en el horizonte que ponen en cuestión el proceso de desarrollo de las denominadas economías emergentes latinoamericanas, principalmente Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú, Paraguay, México, aunque también otras como Panamá o Ecuador, en donde se siente que “algo está cambiando” a mejor.

Dos son los interrogantes que se nos presentan:
  1. ¿Es la desaceleración de la economía mundial y en concreto del crecimiento chino una amenaza para el desarrollo a medio plazo de Latinoamérica?
  2. ¿Se han llevado a cabo, durante la época de altos ingresos, en las economías de  la región reformas estructurales tendentes a diversificar el tejido productivo y a reducir la dependencia de materias primas?
Un reciente informe de CEPAL y Naciones Unidas, Estudio económico de América Latina y Caribe 2013, nos ofrece pistas para responder a dichas cuestiones. Y las previsiones que arroja, si bien no son alarmantes, deberían ponernos en alerta.

En primer lugar, la tasa de crecimiento de la región se desacelera en 2013, en parte por el menor dinamismo del crecimiento de los grandes motores –Brasil y México-, y en parte por la desaceleración de países que mostraban altas tasas de crecimiento: Panamá, Chile y Perú.

Analizando los componentes de la demanda, se observa que el crecimiento lo sostiene el consumo interno de los países, dado que la inversión en general está en retroceso y el peso de las exportaciones dentro del comercio exterior (la diferencia entre las exportaciones y las importaciones) ha disminuido.

Otro factor que no hay que descuidar es que se prevé una bajada de la demanda China de materias primas (a diferencia de los años precedentes, ahora está concentrada en impulsar el consumo interno y no tanto la inversión) que está deteriorando la relación real de intercambio de las exportaciones latinoamericanas, es decir que están cayendo los precios de los productos que exportan en los mercados internacionales, aumentando el déficit por cuenta corriente de la balanza de pagos.

En este sentido, las mayores caídas de precios se prevén para los exportadores de minerales y metales (Perú y Chile), seguidos de los exportadores de hidrocarburos (Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela). En general, se espera una desaceleración de la tasa de crecimiento global de las exportaciones de América Latina y Caribe: de cifras en torno al 20% entre 2010 y 2011 a un modesto 4% en 2013. 

Por todo lo anterior, el crecimiento del empleo y de los salarios también se desacelera y repunta ligeramente la inflación, el viejo fantasma de las economías latinoamericanas, si bien no uniformemente entre los países. En mayo de 2013, la inflación regional acumulada de los últimos doce meses era de un 6%, frente a un 5,5% registrado en diciembre de 2012 y un 5,8% en mayo de 2012.  Frente a estas medias, países como Argentina y Venezuela registran tasas de inflación de dos dígitos.

Todo lo anterior nos acerca a la respuesta de la primera pregunta que nos hacíamos: a primera vista parece que lo vaivenes de la economía mundial sí que pueden estar empezando a minar el magnífico comportamiento que ha presentado la región durante la última década, aunque también podría ser una caída transitoria de los indicadores de crecimiento.

El informe también nos aporta luz sobre el segundo interrogante, es decir, si los países latinoamericanos han aprovechado los años de vacas gordas para reducir su dependencia económica de las exportaciones de materias primas, impulsando el desarrollo de sectores industriales o de servicios.

Analizando la evolución regional desde el año 2000, el trabajo destaca como aspectos positivos la mayor inserción en la economía mundial, beneficiándose del comercio exterior y de la inversión directa. Adicionalmente, en muchos países se han llevado a cabo políticas monetarias y fiscales que han contribuido a frenar la inflación y a mejorar las cuentas públicas.

Pese a la favorable evolución de los términos de intercambio, la acumulación de capital ha sido insuficiente y la productividad laboral ha tenido un progreso limitado.

Y ahora algo que nos proporciona una respuesta a la pregunta; de acuerdo con el informe los rendimientos económicos procedentes de las exportaciones de materias primas, en la época de precios altos, se han invertido en sectores no transables (es decir los que solamente se pueden consumir en el país que los produce, como los inmuebles) y en la explotación de recursos naturales. Sin embargo, no se ha producido una inversión equivalente en sectores de bienes transables, de mayor valor añadido, y que puedan contribuir a diversificar la composición de las exportaciones de cada nación y su estructura productiva.

La recomendación que ofrece el citado trabajo es clara al respecto y la reproduzco a continuación para terminar:
“El aumento de la inversión en los sectores no transables (de menor productividad) que se ha producido en los últimos años en varios países sin un aumento equivalente —o mayor— en los sectores transables (de mayor productividad) requiere ser revertido para dar lugar a un aumento equivalente o mayor de las inversiones en los sectores transables. Ello contribuiría a impulsar un proceso de cambio estructural más balanceado y dotado de más eslabonamientos, en que la producción de bienes y servicios, al originar exportaciones netas, contribuya a alejar el peligro de eventuales restricciones de origen externo al crecimiento”.

martes, 2 de julio de 2013

El trabajador de este siglo es un Knowmad

Debería ser evidente que la crisis que estamos atravesando no es la clásica recesión a la que nos había acostumbrado la economía mundial desde principios de la década de 1970: el típico ciclo corto de Kondratiev de cinco años de crecimiento y esplendor seguido de tres años de estancamiento económico y desempleo.

No, esto es más gordo, ni por suerte ni por desgracia, sencillamente es así. Estamos en pleno cambio de modelo, y por desgracia, en la fase disruptiva, es decir, que abandonamos un terreno conocido y nos encontramos en el caos, hasta que todo se vaya ordenando gradualmente. Las reglas de este mundo nuevo todavía no las conocemos por completo pero algo empieza a intuirse.

La transformación en marcha cambia el esquema de fuerzas geoeconómicas. La vieja Europa se hunde, Asia emerge con vigor, América Latina entra en el camino de convertirse en la gran revelación de esta mitad del siglo y Estados Unidos y Japón… ni sienten, ni padecen.

El modelo de estado de bienestar que emerge tras 1945 ha entrado en crisis, no tanto por su aparente “falta de sostenibilidad”, sino por el espectro conservador (y liberal en términos de política económica) que recorre el mundo actualmente, que ha conseguido que ha conseguido convertir los dogmas de fe ideológicos de derechas en premisas de la ciencia económica. Nadie entiende que la economía es una ciencia de juicios de valor, no una ciencia exacta.

El modelo tradicional de mercado de trabajo ha quebrado. No hay más que ver las cifras de desempleo. Todos abogan por el fin del trabajo fijo y por unas nuevas relaciones de producción entre el trabajador y el empresario o empleador. Surge con fuerza la idea de que todo trabajador debe ser emprendedor (que no quiere decir empresario), y temas como la proyección de la marca personal o las competencias del siglo XXI.

Básicamente se trata de quitarle como sea a la gente la idea de que va a tener un trabajo fijo y una serie de servicios sociales, que antaño suministraba el Estado, y que te conferían una cierta seguridad ante la adversidad. Pero todo eso se acabó: las reglas del mundo han cambiado y cada cual se las apañará como pueda.

Y en este escenario, el norteamericano John Moravec y el español Cristobal Cobo definen al nuevo perfil laboral emergente como Knowmad, apocopando los términos conocimiento (knowledge) y nómada (nomad). En palabras de Moravec, hablamos de:
“Una persona creativa, imaginativa, e innovadora, que puede trabajar prácticamente con todo el mundo, en cualquier momento y en cualquier lugar. La sociedad industrial está dando paso a empleos de conocimiento e innovación”.
En fin, es una forma optimista de enfrentar el desastre que estamos viviendo, aunque es cierto que los valores que asocian a esta nueva figura cada vez están más en alza.

Olvidaos de redactar esos currículums abultados como las páginas amarillas que solamente contienen titulillos y supuestas habilidades avaladas por diplomas. La ventaja competitiva del Knowmad está en sus conocimientos, no en sus títulos, y se ocupa de construir su propio futuro. Con cierto tono lapidario, los autores afirman que “en el pasado solicitábamos empleos. Ahora se nos exige que diseñemos nuestro trabajo”.

Los escenarios cambian y de forma rápida: evolución tecnológica acelerada, globalización creciente e imparable, emergencia de la sociedad de la innovación… En la era industrial el trabajador estaba anclado a un lugar físico, en torno a la fábrica, la oficina, el taller, etc; en cambio el trabajador del conocimiento puede trabajar en un sitio concreto, pero también virtualmente en red, o combinando ambos métodos.

Y os preguntaréis, ¿cuáles son las cualidades que debe cumplir un Knowmad? Pues éstas son, a grandes rasgos:
  1. No están en un rango concreto de edad.
  2. Construyen sus conocimientos personales a través de la búsqueda explícita de información y de las experiencias tácitas, y las utilizan para producir nuevas ideas.
  3. Son capaces de aplicar sus ideas y experiencia contextualmente en diversas configuraciones sociales y organizacionales.
  4. Están muy motivados a colaborar, y son muy relacionales, navegando nuevas organizaciones, sociedades y culturas.
  5. Utilizan las nuevas tecnologías a propósito para ayudarles a resolver problemas y trascender las limitaciones geográficas.
  6. Están abiertos a compartir lo que saben e invitan y apoyan el acceso libre al conocimiento, la información y la experiencia de otros.
  7. Pueden desaprender tan rápido como aprenden, adoptando nuevas ideas y prácticas cuando resulta necesario.
  8. Se mueven en redes y organizaciones no jerárquicas.
  9. Desarrollan hábitos mentales y prácticas para aprender continuamente.
  10. No les asusta el fracaso.

martes, 25 de junio de 2013

Recuperar la industria para el nuevo consumidor

La posibilidad de que la industria pueda volver a cobrar su relevancia de antaño dentro del escenario productivo de áreas económicas como EE.UU o Europa es una cuestión recurrente en los últimos tiempos, que se plantea una y otra vez como una medida necesaria para la salida de la crisis.

Hace algún tiempo tratamos aquí la postura de la Comisión Europea al respecto y su recomendación de lanzar una política de reindustrialización de la zona euro, y hoy quiero hacerme eco de un artículo aparecido en el diario El País y firmado por Vicente Moreno, presidente de Accenture, que analiza las posibilidades que tiene la industria de renacer en los países desarrollados.

Tras varias décadas hablando de la terciarización de las economías, actualmente se recupera la figura de la industria como generador de empleo (cada empleo industrial genera varios en el sector servicios) y de crecimiento.

En el caso de España, con una construcción y una banca hundidas, y con pocas expectativas de recuperación a corto plazo, el retomar la producción manufacturera se convierte en un factor estratégico para retomar la senda del crecimiento.

Dada la feroz competencia en este campo, principalmente procedente de países emergentes de Asia y Latinoamérica, el autor identifica tres factores clave para apoyar la hegemonía industrial europea:
  1. La innovación tecnológica.
  2. La eficiencia energética.
  3. Los cambios en los hábitos de consumo.
Pero el horizonte presenta numerosos nubarrones: resulta bastante probable que China supere a Europa en innovación tecnológica en los próximos diez años.

Respecto a la eficiencia energética, también se considera que el sector energético europeo no será rentable dentro de tres años, y a la vez, resulta crucial no depender de las importaciones para suministrar la energía al sector industrial.

Nos queda por tanto el explotar los cambios en los hábitos y en el comportamiento del consumidor. Si conseguimos comprender y anticiparnos a las nuevas demandas de los mercados, tanto en Europa como en países emergentes, podremos convertir la satisfacción de nuevas necesidades en una ventaja competitiva.

Aprender a “escuchar” y a entender a los consumidores a través de medios sociales, aprovechar todo el valor añadido que nos ofrece la tecnología Big Data para el análisis de cantidades inmensas de información, valorar el diálogo y la conversación con el cliente potencial frente al ruido vacío de la publicidad tradicional, optimizar y gestionar la atomización de la demanda y el individualismo del nuevo comprador… Son factores sobre los que hay que empezar a trabajar si queremos retomar una posición dominante en los mercados. 

domingo, 16 de junio de 2013

Hacia un mercado común en América Latina

La Alianza del Pacífico es una nueva apuesta latinoamericana por la integración económica. En la cumbre celebrada en Cali (Colombia) el pasado 23 de mayo, sus socios, Chile, Colombia, México y Perú, se comprometieron a quitar los aranceles al 90% de los productos objeto del tráfico comercial entre estas naciones y a eliminar el 10% restante en el plazo de siete años. Todo un comienzo para un proceso de integración que de seguir adelante puede construir una poderosa región económica.

Aparte de la solidez de la economía chilena, la Alianza se beneficia de tres de los nuevos motores de la economía mundial, pues México, Perú y Colombia se erigen como nuevos protagonistas en el escenario global que está ahora naciendo.

Por dar una idea de la relevancia de la Alianza del Pacífico, las principales cifras macroeconómicas nos hablan de un PIB de 2 billones de dólares (algo inferior al del gigante Brasil que es de 2,4 billones), un crecimiento conjunto superior al 4% entre 2011 y 2012, y una inversión extranjera directa valorada en 71 mil millones de dólares en 2011. La población total de este cuarteto asciende a 209 millones de habitantes.

Indudablemente, la Alianza del Pacífico presenta la ventaja de que los cuatro miembros gozan de un idioma y de una herencia cultural comunes, algo que favorece la integración de las economías y la construcción de un futuro mercado común. En Europa al contrario, la diversidad lingüística y cultural obstaculiza en gran medida la libre circulación de trabajadores: no hay barreras legales para trabajar en otro país pero no se puede emigrar sin conocer el idioma de la nación de destino.

Por otro lado y quizá exceptuando México, los integrantes de la Alianza mantienen fuertes relaciones económicas con Asia. La apuesta por una postura e interlocución comunes frente a países como China puede fortalecer la capacidad negociadora individual de cada socio y mejorar los términos de los acuerdos en beneficio de los americanos.

El espíritu de la Alianza del Pacífico bebe de los principios originarios de la década de los noventa que predicaban el regionalismo abierto: abrirse al libre comercio internacional a la vez que se profundiza en la creación de un mercado interno regional. El resultado entonces fue Mercosur.

Mercosur nació en 1991 y estaba originalmente integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y aunque compartía con la Alianza la visión de establecer un mercado común latinoamericano, las distintas presiones nacionales han enturbiado el aperturismo primigenio con tendencias proteccionistas. Es algo que bien pudiera pasarle a la propia Alianza.

Los europeo, que tenemos una tradición longeva en el campo de la integración económica, sabemos lo complicado que resulta el hacer prevalecer el interés común sobre las ambiciones nacionales. En el caso de Mercosur, por ejemplo, Argentina lleva obstaculizando desde 1999 la firma de un acuerdo bilateral con la Unión Europea. La Alianza del Pacífico podría tener un problema con las poderosas relaciones que tiene México con su vecino del norte, de forma que los EE.UU. en alguna ocasión presionen a través de su socio para cambiar alguna situación o propuesta que no consideren favorable a sus intereses.

Otra amenaza a los procesos de integración económica son los gobiernos populistas de extrema izquierda que cada cierto tiempo alcanzan el poder en algunos países de Latinoamérica. Siempre me he considerado de izquierdas, pero veo con espanto el caudillismo charlatán de supuestos héroes de la clase trabajadora como Hugo Chávez, cuya gestión estatalista de la economía venezolana es una auténtica chapuza. Este tipo de gobiernos pueden llegar a vetar alianzas y acuerdos ventajosos para todos los socios en nombre de ideologías trasnochadas.

Un último tema que se me presenta como importante es el de la profundidad que se plantea en el proceso de integración, es decir, el definir desde el principio hasta dónde queremos llegar. ¿Nos limitamos a eliminar los aranceles para el comercio de mercancías entre los socios o vamos más allá y creamos un arancel común para los productos de terceros países? Además de garantizar la libre circulación de mercancías y servicios, ¿permitimos la libre circulación de personas y transacciones de capital? ¿Creamos instituciones de gobierno y una legislación supranacionales? ¿Esperamos tener una moneda común? Demasiadas preguntas quizá para el incipiente proyecto de la Alianza del Pacífico.




sábado, 8 de junio de 2013

Ya, pero… ¿qué es exactamente la innovación?

Hay palabras que, aunque las utilizamos a diario, nos costaría dar de ellas una definición coherente de sernos requerida. La innovación, ese gran término de moda, es una de ellas.

Casualmente me he encontrado en el informe de la Comisión Europea Open Innovation yearbook 2013 un apéndice que contiene un gran número de definiciones de innovación, que he resumido a continuación.

La conclusión es que el concepto de innovación es muy abierto y sujeto a diversas interpretaciones, aunque básicamente todos los autores coinciden en que se trata de una nueva idea que altera (para mejor) un producto o un proceso. Allá van:

Nuevos productos, nuevos métodos de producción, nuevas fuentes de suministros, la explotación de nuevos mercados y nuevas formas de organizar el negocio.
Schumpeter (1934)

Generación, aceptación e implementación de nuevas ideas, procesos, productos y servicios.
Thompson (1965)

Una innovación o más concretamente una gran innovación es un cambio fundamental en un número significativo de tareas.
Wilson (1967)

La primera o de las primeras utilizaciones de una idea por una o por un grupo de organizaciones con metas similares.
Becker and Whistler (1967)

Una innovación es la adopción de un cambio que es novedoso para una organización y para el entorno relevante.
Knight (1967)

La implementación de nuevos procedimientos o ideas, ya sean producto de una invención o descubrimiento, será tachada de “innovación”.
Evan and Black (1967)

Cuando una organización aprende a hacer algo que no hacía antes y procede a hacerlo de forma sostenida ha ocurrido un proceso de innovación.
Shepard (1967)

La exitosa introducción en una situación de medios que son nuevos para esa situación.
Mohr (1969)

Una innovación es una idea, práctica u objeto percibida como novedosa por un individuo. Importa poco, en lo que atañe al comportamiento humano, si la idea es o no objetivamente nueva considerando el espacio de tiempo desde sus primeros usos o desde su descubrimiento…si la idea le parece nueva y diferente al individuo, es innovación.
Rogers and Shoemaker (1971)

La exitosa utilización de procesos, programas o productos que son nuevos para una organización y que son introducidos como resultado de decisiones tomadas dentro de la organización.
Rowe and Boise (1973)

Nueva idea, práctica o artefacto material que es percibido como nuevo por la principal unidad que lo adopta.
Zaltman et al. (1973)

Un término para definir un amplio espectro de variados procesos mediante los cuales las tecnologías del hombre evolucionan a través del tiempo.
Nelson and Winter (1977)

La innovación incluye cualquier idea, práctica o artefacto material puntual que es introducido por primera vez…y que es aparentemente discontinuo con la pasada práctica. El término innovación tecnológica además hace referencia a aquellas innovaciones que consisten en (1) un artefacto material (2) un sistema informático o (3) una idea analítica que se presta a la simbolización cuantitativa.
Yin et al. (1977)

Una innovación en la gestión es cualquier programa, producto o técnica que representa un alejamiento significativo del estado del arte de la gestión existente la primera vez que irrumpe y que afecta a la naturaleza, la localización, la cantidad o la calidad de la información disponible en el proceso de toma de decisiones.
Kimberly (1981)

La innovación industrial incluye el diseño técnico, las actividades comerciales, las de fabricación y las de gestión, implicadas en la puesta en el mercado de un nuevo (o mejorado) proceso o equipo.
Freeman  (1982)

La comercialización de un invento.
Rickards (1985)

La innovación no implica necesariamente la comercialización sólo de un gran avance en el estado del arte de la tecnología (innovación radical), sino que incluye también la utilización de cambios constantes a pequeña escala en el know-how tecnológico (innovación incremental).
Rothwell and Gardiner (1985)

La innovación es la herramienta específica para los emprendedores, el medio mediante el cual explotan el cambio como una oportunidad para un negocio o servicio diferente. Es susceptible de ser presentada como una disciplina, susceptible de ser aprendida, susceptible de ser practicada.
Drucker (1985)

El proceso de desarrollo e implementación de ideas nuevas por personas que a lo largo del tiempo se involucran con otras en transacciones dentro de un contexto institucional.
Van de Ven (1986)

El proceso mediante el cual una unidad elige una alternativa relevante que se percibe como superior y/o diferente a determinada práctica corriente o producto con el fin, o bien de corregir una deficiencia en la práctica o en el producto, o bien con el objeto de que uno o los dos puedan ser mejorados.
Rahmanseresht (1988)

La innovación incluye la apertura de mercados, la conquista de nuevas fuentes de abastecimiento de materiales, nuevas formas de organización de un sector, incluyendo la creación o destrucción de posiciones monopolísticas, así como innovaciones de procesos y productos.
Davies (1988)

La generación de una idea al innovar incorpora tanto invención como explotación.
Roberts (1988)

Un esfuerzo deliberado y concentrado para desarrollar e implementar una idea nueva de sustancial incertidumbre en términos técnicos, organizativos y de mercado, que implica un esfuerzo colectivo de duración considerable, y que requiere mayores recursos que los disponibles por las personas que están llevando a cabo dicho esfuerzo.
Angle and Van de Van (1989)

La innovación es un producto de la interacción entre necesidad y casualidad, orden y desorden, continuidad y discontinuidad.
Nonaka (1990)

Toda renovación diseñada y realizada, que fortalece la competitividad de la organización.
Vrakking (1990)

Las empresas consiguen la ventaja competitiva mediante acciones de innovación. Enfocan la innovación en sentido amplio, incluyendo tanto nuevas tecnologías como nuevas formas de hacer las cosas.
Porter (1990)

La creación del futuro-el proceso de empezar a utilizar nuevas ideas (productos, procesos, know-how, sistemas presupuestarios, técnicas de gestión, etc).
Nystrom (1990)

La capacidad innovadora es una combinación de dimensiones tecnológicas, empresariales, de mercado y otras del entorno, mediante las cuales la PYME industrial desarrolla y adopta nuevas ideas, no sólo técnicas, para uso industrial o para el mercado, antes que otras empresas.
Hyvärinen (1990)

La combinación de materiales de una forma nueva para producir otras cosas o las mismas por un método diferente.
Elam (1992)

El proceso de emparejar medios y necesidades organizativas y del entorno.
Zain (1993)

Exitosa explotación de ideas nuevas.
DTI UK (1994)

Las actividades combinadas que llevan a nuevos productos y servicios comerciales y/o a nuevos sistemas de producción y distribución.
Burgelman et al. (1996)

La innovación es la creación y la adopción de algo nuevo que crea valor para la entidad (individuo, organización, ecosistema, sociedad) que lo adopta. Esta definición postula que la innovación ocurre en el nexo entre la novedad, la adopción y el valor.
Baldwin and Curley (2007)
 
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