miércoles, 9 de octubre de 2013

De tener miedo de los chinos a temer por ellos

La frase del título la atribuye The Economist al Nobel de economía Paul Krugman en el artículo A bubble in pessimism. Expresa el temor de que un frenazo de la economía china pueda agravar la crisis de la economía mundial, estancando el crecimiento de las economías emergentes y de los sectores de nuestra economía que dependen de su bonanza, como las telecomunicaciones, las finanzas o las infraestructuras.

El pesimismo de Krugman no es del todo compartido por el autor del artículo, que observa un cambio de tendencia en el gigante asiático, aunque no necesariamente negativo.

Es cierto que desde hace algún tiempo China ha rebajado su poderosa tasa de crecimiento de dos dígitos de antaño a un “modesto” 7,5%. La tasa de inversión sigue alta, más del 48% del PIB, pero el ratio de endeudamiento de las familias, empresas y de la administración ha subido hasta un 200% del producto interior.

Lo que para unos es una evolución del modelo económico para Krugman es el fin del modelo de crecimiento chino. A su juicio, lo que ha quebrado es lo que Marx denominó el “ejército de reserva”, es decir, un exceso de población rural que fluye hacia las actividades industriales urbanas cuando resulta necesario para mantener los salarios bajos.

Se ha tratado de basar la competitividad en la explotación del trabajador, que el padre del marxismo denunció en el capitalismo de su época, y que sus discípulos chinos actuales aplican para garantizar la expansión económica del país, incurriendo en una más de sus contradicciones ideológicas.

Pero parece ser que este modelo no se sostiene y que cada vez es más difícil llevarse mano de obra del entorno rural sin que se produzcan tensiones salariales al alza allí. El retorno de la inversión de este modelo era alto, con mano de obra ilimitada  a precio de saldo, pero ahora  caerá porque los salarios deberán subir para convencer al trabajador para que acuda a la ciudad. La insuperable competitividad china no será la misma.

El nuevo modelo exige que la inversión se centre en aumentar la productividad del trabajador individual y la rentabilidad de la misma ya no será tan espectacular.

Ahora bien, el sistema político chino se ha beneficiado de los métodos inhumanos del capitalismo salvaje, la explotación extrema del trabajador, pero a la vez se salta las reglas del mercado que son inherentes a éste, y el Gobierno manipula los componentes de la demanda a su antojo.

Es por ello que el estado estimula la variable de la inversión (de forma directa o a través de las empresas intervenidas) cuando otros componentes de la demanda, como el consumo privado, se debilitan. Están tuneando la ecuación de la renta y la demanda (demanda=consumo+inversión+gasto público+exportaciones-importaciones) a su antojo.

Para Krugman es una situación insostenible: a su juicio, China está invirtiendo desmesuradamente en aumentar su capacidad productiva en vez de nutrir la demanda interna y externa para sus productos y servicios. Y ello reventará en algún momento.

Recordemos que parte del mundo que todavía no sufre la crisis, en especial América Latina, depende en gran medida de la evolución de la economía de países como China e India, entre otros. Un cataclismo de estos países de oriente puede producir un efecto  en cadena y sumirnos a todos en una situación aún más desesperada. Por eso dice Krugman que, más que tenerles miedo, ahora debemos temer por ellos (y por nosotros).

jueves, 3 de octubre de 2013

La carrera de la competitividad en Latinoamérica

La incertidumbre es la constante de este nuevo mundo que nace en este siglo que comienza. Habíamos apostado por una serie de economías emergentes como los nuevos poderes hegemónicos, entre los que se encontraban varios países de Latinoamérica. Pero las cosas no están tan claras después de todo: el cambio de estrategia económica china y la falta de pulso económico en EE.UU. y Europa ponen en duda incluso el escenario recién estrenado. Y una parte de los países de América Latina no parecen haber aprovechado los años de vacas gordas para establecer una posición competitiva en los mercados globales.

Algo de esto sugiere el informe The Global Competitiviness Report 2012-2013 de World Economic Forum, un trabajo que compara el nivel de competitividad de las distintas naciones. Entienden los autores por competitividad como “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país”.

El índice de competitividad que elaboran, y que permite comparar unos países con otros, se basa en doce componentes que resumo a continuación:

  1. Instituciones: entorno legal y administrativo.
  2. Infraestructura: transportes y comunicaciones.
  3. Entorno macroeconómico: grado de estabilidad.
  4. Nivel de desarrollo de la educación primaria y la sanidad.
  5. Educación superior y formación.
  6. Eficiencia del mercado de bienes.
  7. Eficiencia del mercado laboral.
  8. Desarrollo del mercado financiero.
  9. Preparación tecnológica.
  10. Tamaño del mercado/capacidad exportadora.
  11. Grado de sofisticación de las prácticas de negocios.
  12.  Innovación.
En el epígrafe relativo a Latinoamérica, el informe detecta un frenazo en el desempeño económico de la región en términos globales y un estancamiento en el crecimiento de la competitividad.

Centrándonos en países concretos, Chile (34 en el ranking mundial, por encima de España) y Panamá (40) exhiben los mejores valores del subcontinente. En el primer caso se valora especialmente la estabilidad institucional y macroeconómica chilena, el buen funcionamiento del mercado interno y la capacidad para competir en el mercado global. De Panamá se reconoce su esfuerzo por desarrollar sus infraestructuras de transportes y de redes, así como la rápida penetración tecnológica y las mejoras en la calidad del sistema educativo.

Algo más abajo en la lista de la competitividad mundial nos encontramos con Costa Rica (puesto 54), México (55) y Brasil (56). Costa Rica sigue mejorando, en parte por la evolución de la capacidad innovadora, y el informe destaca su sistema educativo y la apertura de los mercados, si bien señala la inseguridad, y el gasto público asociado para combatirla, como una debilidad.
De México se destacan la estabilidad macroeconómica, el sólido sistema financiero, y las posibilidades que ofrece el mercado interno, pero falla especialmente en temas como la corrupción y la inseguridad.

Sorprende que la gran promesa que es Brasil se encuentre tan abajo en el ranking, pero lo cierto es que el trabajo detecta obstáculos a la competitividad carioca relacionadas con el endurecimiento de la financiación, la falta de eficiencia de la Administración, la corrupción y la falta de confianza en la clase política. Además, considera insuficiente el nivel de desarrollo de las infraestructuras, del sistema educativo y de la apertura a la competencia internacional.

Perú se encuentra en el puesto 61 de la lista mundial y se reconocen sus avances en los últimos años, si bien se sugiere que el modelo que ha garantizado estas mejoras en la competitividad puede haberse agotado. Los esfuerzos que debe encarar esta nación de cara a continuar su progreso pasan por mejorar la eficiencia de la Administración, atajar la corrupción, ampliar las infraestructuras y  aumentar la calidad educativa y el nivel de capacitación de la mano de obra.

Colombia y Ecuador presentan las posiciones 69 y 71 respectivamente. La primera muestra unas condiciones macroecónomicas estables y positivas, pero muestra debilidades en términos institucionales y alto grado de corrupción, además el desarrollo de las infraestructuras es insuficiente. Se sugiere que una mejora en el sistema educativo puede contribuir a la diversificación d ela economía.

Ecuador por su parte ha subido 15 puestos desde el último informe, básicamente por sus esfuerzos en el campo de la calidad educativa, de la innovación y en el despliegue de infraestructuras.

En Centroamérica se reconoce la mejora de países como El Salvador (96) y Nicaragua (99), gracias en parte a su relativa capacidad innovadora.

Las grandes caídas del ranking las protagonizan Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela.

Uruguay pierde 11 puestos hasta el 85, principalmente por el deterioro de las condiciones macroeconómicas, la alta inflación y las dificultades para acceder a la financiación exterior entre otras razones.

Argentina por su parte cae del puesto 94 al 104, sobre todo por temas relacionados con la ineficiencia y el favoritismo del Gobierno, así como por el deterioro macroeconómico. Algo parecido pero en mayor escala muestra Venezuela, con una caída hasta el puesto 148, que a juicio de los autores del informe es debido a la profunda crisis institucional y económica que atraviesa.

viernes, 20 de septiembre de 2013

De cómo nos robaron el estado de bienestar

Cuando algunos comienzan a lanzar las campanas al vuelo identificando, o creyendo identificar, una tímida recuperación de la economía española conviene preguntarse qué queda del país que conocimos antes de la crisis y en qué medida las políticas de austeridad y recortes han destruido la España edificada en la transición, que perseguía fomentar la igualdad de oportunidades y la movilidad social, por lo menos como una voluntad colectiva.

Este ejercicio lo ha realizado en el diario El País el sociólogo de la Universidad Carlos III de Madrid José Antonio Gómez Yáñez, a través del artículo ¿Recuperación o un nuevo modelo social?

La clave para entender este proceso es que la recuperación de las macromagnitudes no devuelve a la economía al punto de partida, como en una recesión normal, sino que retrocede a niveles existentes años atrás, y lo que es más importante, presentando importantes cambios en la distribución de la renta y la riqueza, aumentado la desigualdad.

De hecho, cuando realmente comience el crecimiento éste no va  a mejorar la situación de amplias capas de la sociedad, las más débiles. Gran parte de aquellas circunstancias que intentaban corregir la desigualdad han desaparecido con la crisis, o bien han perdido peso dentro de las agendas de los poderes públicos o están en cuestión.

La “necesaria” flexibilización del mercado laboral supone desproteger al trabajador; el exceso de mano de obra desempleada garantiza la congelación e incluso la reducción de las retribuciones de los asalariados, y en cualquier caso la perdida de poder adquisitivo; los sistemas de protección social en lugar de reforzarse en los tiempos duros están siendo gradualmente desmontados.

El autor del artículo subraya el pesimismo actual de la población: el 51% piensa que dentro de seis meses estará igual que ahora y un 37% opina que estará peor. El modelo de “mejora intergeneracional”, en el que cada generación tienen un nivel de vida mejor que la anterior, se rompe: los jóvenes actuales van a vivir peor que sus padres. Y para colmo la corrupción generalizada y el distanciamiento de la clase política respecto de los problemas del ciudadano medio ha derivado en una desconfianza y una aversión hacia los poderes públicos y las instituciones nacionales.

Es un cambio de modelo económico, que ha cuajado en los últimos tres años, en el que porcentajes importantes de la población han adquirido una gran sensación de inseguridad en la que el futuro se muestra imprevisible y potencialmente peor que el presente. El fantasma de la perdida del empleo, del empobrecimiento, de una vejez casi indigente… cada vez adquiere mayor solidez.

Ante estas expectativas es lógico que el consumo interno se contraiga, que nadie se “arriesgue” a consumir, especialmente bienes como los automóviles o los inmuebles que implican endeudarse para el futuro, lo que está minando seriamente la posibilidad de iniciar una recuperación económica seria y fuerte.

Gómez Yáñez concluye:

“En suma, lo que perciben los ciudadanos es un cambio en los patrones de acumulación y distribución de los recursos. Una economía puede crecer de distintas maneras, pero esta recuperación supone la estabilización de un nuevo modelo de crecimiento en el que las fuerzas sociales se distribuyen de manera más desigual que hace cinco años en detrimento de la mayoría; tanto en el trabajo como en el consumo, en prestaciones sociales y en poder social”.

¿Realmente la derecha europea neoliberal quiere volver a la sociedad clasista tradicional? El Nobel de economía Paul Krugman afirma que sí en su blog, en concreto en el post del 17 de septiembre titulado No estés hastiada, Francia.

Relata Krugman como Francia ha llevado una política de austeridad fiscal mucho más intensa de la que debería haber aplicado de acuerdo con su situación económica. Ha hecho los deberes más allá de lo exigible, pero… en vez de recortar el gasto público ha aumentado los impuestos, eliminando su déficit primario estructural.

Y ¡oh, sorpresa! En vez de recibir felicitaciones y alabanzas desde la Comisión Europea es regañada con furia por el comisario Olli Rehn que afirma que la moderación fiscal debe provenir de recortes del gasto, no de aumento de ingresos. Se ha delatado y ha delatado todo el plan neoliberal al que hemos sido sometidos. Cedo la palabra a Krugman que lo explica mejor que yo:

“Pero sin duda, la cuestión más importante aquí es que Rehn se ha quitado la careta. El tema no es la responsabilidad fiscal; nunca lo fue. La cuestión siempre ha sido exagerar los peligros de la deuda para desmantelar el Estado de bienestar. ¿Cómo se atreven los franceses a tomarse al pie de la letra las preocupaciones sobre el déficit, y por otro lado negarse a rehacer su sociedad siguiendo las líneas neoliberales?”   

Por mi parte sólo me queda añadir VIVA LA FRANCE

jueves, 12 de septiembre de 2013

Tecnología educativa emergente que pronto veremos en el aula


La educación, al igual que cualquier otro ámbito social, sufre poco a poco la penetración del mundo digital. Al principio solamente los evangelistas de Internet defendían la presencia de la tecnología en el aula; hoy nos damos cuenta de que es un proceso inevitable y hasta lógico. ¿Acaso no se ha digitalizado la operativa bancaria y comercial? ¿No compramos, trabajamos y nos divertimos por Internet? ¿Por qué entonces no podemos utilizar las redes y las herramientas digitales para enseñar?

En este sentido Saint Xavier University de Chicago ha desarrollado una interesante infografía, que reproduzco al final del post, identificando seis tecnologías emergentes, o conceptos tecnológicos, que a juicio de los autores estarán presentes en las aulas en los próximos años.

De impacto más inmediato en los centros escolares, la infografía destaca los siguientes elementos:
  • Cloud computing. Trabajar on line, “en la nube”, en vez de en modo local en nuestro propio dispositivo. Presenta dos ventajas principalmente: que permite a docentes y alumnos colaborar y trabajar en grupo, y por otro lado, que al utilizar recursos compartidos en red supone un ahorro de recursos físicos (software y aplicaciones principalmente) y dinero.
  • Tecnología móvil. Cada vez se detectan más ventajas de trabajar con dispositivos móviles (tablets, smartphones…) en vez de con ordenadores tanto fijos como portátiles, pues son más baratos y necesitan menos infraestructura de apoyo.
  • Gaming. Utilizar el juego a través de aplicaciones web como un recurso educativo.
  • Contenido abierto. Existe una tendencia cada vez más fuerte de desarrollar contenidos abiertos para ponerlos a disposición de todos. Se trata de contenidos publicado bajo una licencia no restrictiva y bajo un formato que permita explícitamente su copia, distribución y modificación. Los colegios, y especialmente los docentes más geek, progresivamente apuestan por crear su propio contenido educativo y compartirlo libremente en las redes.
La infografía hace alusión también a dos factores adicionales que pueden empezar a estar presentes en la educación en un plazo algo más largo de cuatro o cinco años:
 
  • Analíticas de aprendizaje. Esta disciplina trata acerca de recoger huellas que los estudiantes van dejando y utilizar esas huellas para mejorar el aprendizaje. A medida que el aprendizaje avanza por las redes recogemos más huellas. Y esos inmensos volúmenes de datos pueden ser aprovechados, gracias a la analítica, para sintetizar en un cuadro de mando todas las medidas de un estudiante. Dejo enlazado aquí un post que escribí sobre el tema.
  • Entornos personales de aprendizaje. La tecnología nos permitirá crear una enseñanza específica para cada estudiante, adaptada a sus necesidades personales. La forma que este fenómeno adquirirá no está clara pero las posibilidades que ofrece se presentan como muy interesantes.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Siria: otra vez lo peor de nosotros mismos

En marzo de 2011 publiqué aquí el texto que sigue cuando los EE.UU., con la complicidad de los pelotas de siempre, comenzó a bombardear Libia. Ahora que están (estamos) a punto de derramar fuego sobre Siria recupero lo que escribí entonces. Sustitúyase Libia por Siria y Gadafi por El Asad y vale igual. "When we will ever learn?", que cantaba Pete Seeger...

 Hoy le he vuelto a echar mucho de menos cuando he bajado a comprar el periódico y me he enfrentado al titular que anunciaba que los aliados han bombardeado Libia. Estoy completamente de acuerdo en que hay que parar a la bestia esa que es Gadafi, pero no puedo dejar de tener la sensación de que como en otras guerras “necesarias” –aquel octubre en que empezaron a caer las bombas sobre Afganistán o cuando los misiles surcaban como bengalas el cielo nocturno de Bagdad-, hemos vuelto a fallar moralmente, hemos liberado de nuevo la barbarie, en suma, ha aflorado una vez más lo peor de nosotros mismos. 

Me siento orgulloso cuando militares españoles se traen a nuestro país a un niño afgano para operarle de una enfermedad que en su país le condenaría necesariamente a la muerte, pero me produce malestar y desasosiego leer que un F-18 “de los nuestros” ha destruido una columna de blindados libios. Lo siento, pero creo que otro mundo es posible.

Él también lo creía así y se esforzaba por proclamarlo a los cuatro vientos aprovechando su fama, a través de mensajes directos y sencillos: dadle una oportunidad a la paz. Reconocía que a muchos les podía parecer una postura soñadora, pero también que él no era el único que pensaba así, que hay muchos otros que creen que hay otra forma de hacer las cosas y de vivir en la tierra que no impliquen la destrucción y la violencia.

The Beatles fue quizá el primer fenómeno global que demostró que a los habitantes de este planeta perdido en la periferia de la galaxia hay más cosas que nos unen de las que nos separan. Independientemente de que vivamos en Bogotá, San Francisco, Osaka, Nairobi o Salmeroncillos, todos sentimos una euforia espontánea y una sensación de bienestar al escuchar los acordes de “She Loves You”, aunque no entendamos la letra, que por otra parte es intrascendente. A todos nos une un mismo sentimiento a través de esa música.

Las redes sociales son otro factor de globalización de principios de este milenio. Las redes han permitido que las personas se conecten entre sí y que se comuniquen; han estrechado el mundo salvando distancias geográficas. A pesar de los hackers, piratas, pederastas, y estafadores diversos que los pueblan, los medios sociales son un paso positivo para la humanidad, pues se basan en los principios implícitos y no impuestos de Conversar, Compartir y Colaborar, que a su vez se pueden declinar en Empatizar, Ayudar y Construir. Nos permiten acercarnos a otras realidades y llegar a comprender a los demás, por lejos que vivan de nosotros. Y otra vez ponen en evidencia que no somos tan distintos, que todos compartimos los mismos sueños y aspiraciones, los mismos sentimientos.

A veces pienso que en muchos casos las redes sociales sacan lo mejor de nosotros quizá por su filosofía social (válgame la redundancia) que nos relaciona con otras personas. Por eso no entiendo cómo podemos estar construyendo dentro del mundo virtual y destruyendo fuera de él, si somos los mismos dentro que fuera. ¿A qué se deberá esa dicotomía tan Jekyll y Hyde?

Mi primera experiencia proto-2.0 tuvo lugar a finales de la década de los 90 cuando me inscribí en una lista de distribución, Raindogs, en torno a la figura y la obra del músico Tom Waits. Para el que no se acuerde, las listas de distribución eran sistemas de comunicación asíncrona en los que los usuarios que mandaban correos electrónicos que eran distribuidos automáticamente al resto de los miembros. Raindogs estaba integrada por mucha gente de EE.UU. y no poca de distintos países de Europa. También había japoneses y hasta un taxista australiano que nos divertía y enternecía a la par con sus anécdotas sobre sus noches “apatrullando” Melbourne. En mi caso, mi motivación principal para darme de alta era estar informado sobre lanzamientos discográficos y anécdotas de mi idolatrado Waits. Sin embargo, poco a poco la música fue quedando de lado y lo que primaba eran las conversaciones sobre las vidas de los miembros, nuestras vidas, y ¡oh sorpresa!, resulta que aparte de la música todos compartíamos innumerables cosas; nuestras existencias no eran tan distintas a pesar de lo distante (perdón por la aliteración).

Después de los atentados de las Torres Gemelas, a través de la lista, los que vivíamos fuera de Estados Unidos pudimos conocer de primera mano detalles de lo que estaba ocurriendo en el país, anécdotas que no aparecían en periódicos ni noticiarios, y lo que es más importante, pudimos compartir con nuestros amigos americanos su profundo dolor y desolación. Por desgracia los madrileños lo experimentamos en nuestras propias carnes unos años más tarde.

Hoy él de seguir vivo hubiera manifestado el mismo malestar que siento yo ante el nuevo triunfo de la barbarie. Probablemente hubiera aparecido en los medios de comunicación explicando que no nos tenemos que resignar ante la violencia, que no debemos aceptarla como un mal menor, que podemos construir un mundo distinto en el que haya sitio para todos. Una vez dijo, no recuerdo dónde, “por alguna razón que no comprendo la gente hace lo que yo digo. Bueno pues yo digo: PAZ”. Se puede decir más alto pero no más claro.

Joder, Lennon, no sabes cómo te echo hoy de menos.

martes, 3 de septiembre de 2013

La innovación en el ADN de tu empresa

Algo está cambiando en el concepto que los directivos de las empresas tienen de la innovación. De ser tradicionalmente concebida como un concepto chic de lujo que nos hace parecer modernos, ahora se ve como una necesidad inseparable de la actividad cotidiana de la compañía.

Esta es la principal conclusión que se desprende de la encuesta realizada por Pwc a 246 CEOs de todo el mundo y que recoge el informe Unleashing the Power of Innovation, que se puede traducir como “liberando el poder de la innovacion”. A través de una serie de preguntas se indaga sobre lo que opinan los directivos de la innovación y de su papel dentro de la empresa.

El principal hallazgo del trabajo es que la innovación ha ido escalando puestos en el ranking de prioridades de los ejecutivos, desde el año 2009 en que se realizó el estudio por última vez, hasta el punto de que más de la mitad de los encuestados considera que la innovación es una de sus prioridades y que en su organización son buenos a la hora de generar nuevas ideas y enfoques. Por otro lado, casi el 65% equipara en importancia la innovación con la eficiencia operativa de cara a asegurar el éxito del negocio.

Un segundo elemento es que, a diferencia del pasado, le innovación no se concentra en la mejora de productos o en crear otros nuevos, sino que trasciende ese ámbito alcanzando otros aspectos corporativos, como por ejemplo, el modelo de negocio o la experiencia de cliente. La innovación se concibe como algo más amplio que poco a poco alcanza todos los entornos de la empresa. No es algo aislado y acotado al área de I+D: afecta a todos los departamentos, como dice un entrevistado: “The key ingredient is creating an organisational culture that encourages innovation in all areas.”

Al ser preguntados sobre los ingredientes que necesita una empresa para ser innovadora, los CEOs encuestados destacaron, por encima de todo, una cultura corporativa adecuada para amparar y apoyar la innovación. Además, resaltan un fuerte liderazgo visionario, y en tercer lugar, la voluntad de desafiar las normas de la empresa y de asumir riesgos.

Otro tema de discusión son las barreras que encuentra el directivo a la hora de innovar, y dos aparecen como las principales: la falta de recursos financieros y la cultura de la organización. Sin duda la segunda se nos presenta como la más difícil de superar.

Finalmente, los autores del informe plantean a los directivos cinco aspectos clave que determinan, a su modo de ver, el carácter decididamente innovador de una empresa. Son los siguientes:

  1. ¿Tu forma de innovar refleja tu visión y apetito de innovación?
  2. ¿Con qué grado de efectividad estás articulando tu visión y apetito de innovación hacia empleados, inversores y socios?
  3. ¿Tus empleados conciben como una parte crucial de su puesto laboral la promoción y ejecución de nuevas ideas?
  4. ¿Son los procesos de toma de decisiones y de movilización organizativa lo suficientemente rápidos como para poner nuevas ideas en el mercado antes que los competidores?
  5. ¿Con qué efectividad mides el retorno de la inversión y la habilidad para satisfacer nuevas necesidades de los clientes?

martes, 20 de agosto de 2013

Latinoamérica, ¿cambio estructural u oportunidad perdida?

La economía mundial, a pesar de ser global y de estar interconectada, ha presentado un comportamiento muy diverso por regiones, especialmente desde que la crisis enseñó los colmillos. Por una parte estamos los europeos y estadounidenses, que hemos visto como nuestras naciones entran en el estancamiento y en la destrucción de actividad y empleo; por el contrario, el extremo oriente encabezado por China ha mantenido en estos tiempos aciagos unas tasas de crecimiento económico espectaculares y ha remolcado en su ímpetu a numerosos países emergentes de América Latina.

Se ha llegado a hablar de una “década prodigiosa” para la región que, en el escenario más optimista, habría retirado definitivamente la ignominiosa etiqueta de “país en vías de desarrollo” de gran parte de estas naciones. Y sin embargo surgen ciertas nubes en el horizonte que ponen en cuestión el proceso de desarrollo de las denominadas economías emergentes latinoamericanas, principalmente Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú, Paraguay, México, aunque también otras como Panamá o Ecuador, en donde se siente que “algo está cambiando” a mejor.

Dos son los interrogantes que se nos presentan:
  1. ¿Es la desaceleración de la economía mundial y en concreto del crecimiento chino una amenaza para el desarrollo a medio plazo de Latinoamérica?
  2. ¿Se han llevado a cabo, durante la época de altos ingresos, en las economías de  la región reformas estructurales tendentes a diversificar el tejido productivo y a reducir la dependencia de materias primas?
Un reciente informe de CEPAL y Naciones Unidas, Estudio económico de América Latina y Caribe 2013, nos ofrece pistas para responder a dichas cuestiones. Y las previsiones que arroja, si bien no son alarmantes, deberían ponernos en alerta.

En primer lugar, la tasa de crecimiento de la región se desacelera en 2013, en parte por el menor dinamismo del crecimiento de los grandes motores –Brasil y México-, y en parte por la desaceleración de países que mostraban altas tasas de crecimiento: Panamá, Chile y Perú.

Analizando los componentes de la demanda, se observa que el crecimiento lo sostiene el consumo interno de los países, dado que la inversión en general está en retroceso y el peso de las exportaciones dentro del comercio exterior (la diferencia entre las exportaciones y las importaciones) ha disminuido.

Otro factor que no hay que descuidar es que se prevé una bajada de la demanda China de materias primas (a diferencia de los años precedentes, ahora está concentrada en impulsar el consumo interno y no tanto la inversión) que está deteriorando la relación real de intercambio de las exportaciones latinoamericanas, es decir que están cayendo los precios de los productos que exportan en los mercados internacionales, aumentando el déficit por cuenta corriente de la balanza de pagos.

En este sentido, las mayores caídas de precios se prevén para los exportadores de minerales y metales (Perú y Chile), seguidos de los exportadores de hidrocarburos (Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela). En general, se espera una desaceleración de la tasa de crecimiento global de las exportaciones de América Latina y Caribe: de cifras en torno al 20% entre 2010 y 2011 a un modesto 4% en 2013. 

Por todo lo anterior, el crecimiento del empleo y de los salarios también se desacelera y repunta ligeramente la inflación, el viejo fantasma de las economías latinoamericanas, si bien no uniformemente entre los países. En mayo de 2013, la inflación regional acumulada de los últimos doce meses era de un 6%, frente a un 5,5% registrado en diciembre de 2012 y un 5,8% en mayo de 2012.  Frente a estas medias, países como Argentina y Venezuela registran tasas de inflación de dos dígitos.

Todo lo anterior nos acerca a la respuesta de la primera pregunta que nos hacíamos: a primera vista parece que lo vaivenes de la economía mundial sí que pueden estar empezando a minar el magnífico comportamiento que ha presentado la región durante la última década, aunque también podría ser una caída transitoria de los indicadores de crecimiento.

El informe también nos aporta luz sobre el segundo interrogante, es decir, si los países latinoamericanos han aprovechado los años de vacas gordas para reducir su dependencia económica de las exportaciones de materias primas, impulsando el desarrollo de sectores industriales o de servicios.

Analizando la evolución regional desde el año 2000, el trabajo destaca como aspectos positivos la mayor inserción en la economía mundial, beneficiándose del comercio exterior y de la inversión directa. Adicionalmente, en muchos países se han llevado a cabo políticas monetarias y fiscales que han contribuido a frenar la inflación y a mejorar las cuentas públicas.

Pese a la favorable evolución de los términos de intercambio, la acumulación de capital ha sido insuficiente y la productividad laboral ha tenido un progreso limitado.

Y ahora algo que nos proporciona una respuesta a la pregunta; de acuerdo con el informe los rendimientos económicos procedentes de las exportaciones de materias primas, en la época de precios altos, se han invertido en sectores no transables (es decir los que solamente se pueden consumir en el país que los produce, como los inmuebles) y en la explotación de recursos naturales. Sin embargo, no se ha producido una inversión equivalente en sectores de bienes transables, de mayor valor añadido, y que puedan contribuir a diversificar la composición de las exportaciones de cada nación y su estructura productiva.

La recomendación que ofrece el citado trabajo es clara al respecto y la reproduzco a continuación para terminar:
“El aumento de la inversión en los sectores no transables (de menor productividad) que se ha producido en los últimos años en varios países sin un aumento equivalente —o mayor— en los sectores transables (de mayor productividad) requiere ser revertido para dar lugar a un aumento equivalente o mayor de las inversiones en los sectores transables. Ello contribuiría a impulsar un proceso de cambio estructural más balanceado y dotado de más eslabonamientos, en que la producción de bienes y servicios, al originar exportaciones netas, contribuya a alejar el peligro de eventuales restricciones de origen externo al crecimiento”.
 
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