martes, 27 de marzo de 2018

Una nueva víctima de la conducción autónoma

El pasado 18 de marzo un Volvo XC90 SUV autónomo de Uber atropelló a una peatona en la localidad de Tempe, Arizona, causándole la muerte. Las primeras noticias que llegaron sobre el suceso eran confusas. Se apuntaba a que la ciclista había saltado inesperadamente delante del coche y que este no hubiera podido frenar, aunque hubiera estado pilotado por un humano. También se especulaba con que los sistemas automáticos de detección de obstáculos no habían funcionado correctamente. Finalmente, el conductor aparecía como culpable pues, a pesar de que el automóvil circulaba en el modo de conducción autónoma, debería de haber estado atento a la carretera y tomar el control a avistar el peligro.

Unos días después del accidente, la policía de Tempe ha publicado el vídeo del accidente grabado por la cámara exterior del vehículo. En él se aprecia que la víctima, Elaine Herzberg, cruza con su bicicleta por una zona muy mal iluminada donde no hay paso de peatones. Aunque la investigación sigue en marcha, desde el departamento de policía de Tempe se afirma que la colisión era prácticamente inevitable, a la luz de lo que muestra el vídeo, para cualquier tipo de conductor, ya fuera humano o artificial.

No obstante, también se apunta que la cámara interna muestra a la conductora del vehículo, Rafaela Vasquez, con la vista en la consola baja sin mirar a la carretera hasta el momento fatal de la colisión. Como conductora de seguridad, su deber era estar pendiente por si cualquier situación peligrosa le obligaba a retomar el control humano del automóvil. El fallo mecánico también está siendo considerado, pues parece ser que el sistema LIDAR del Volvo debería haber detectado a Elaine Herzberg con anticipación y activado los frenos. Se trata de un dispositivo compuesto por 64 láseres que realiza un escaneo continuo del entorno del vehículo que identifica objetos con una precisión de dos centímetros.

La empresa Uber ha manifestado públicamente su consternación y ha anunciado que paraliza temporalmente todas las pruebas que está llevando a cabo con coches autónomos. Este siniestro es el segundo más importante después de que en mayo de 2016 el modelo Tesla S en el que viajaba Joshua Brown en modo de conducción Autopilot se estrellara contra un camión articulado en una carretera de Florida.

No hay duda que después de este accidente se levantarán muchas voces en contra de la conducción autónoma. Sin embargo, gradual autonomía de los vehículos probablemente tenga una consecuencia directa inmediata: la caída drástica de la siniestralidad en las carreteras. Las estadísticas sitúan el factor humano como la causa principal en más del 90% de los accidentes. La conducción será por tanto más segura y con menos riesgos.

Elon Musk, el presidente de Tesla Motors, se defiende del escepticismo sobre la seguridad de los coches autónomos. Sobre el Tesla accidentado en 2016 con consecuencias fatales para su conductor, acude a las estadísticas y afirma que fue la primera fatalidad en 130 millones de millas realizadas por vehículos autónomos en Estados Unidos, mientras que los automóviles con conductor humano sufren de media un siniestro cada 94 millones de millas.

¿Tiene futuro la conducción autónoma? El tiempo dirá si máquinas y humanos conseguimos repartirnos de forma óptima las tareas en la carretera.

martes, 20 de marzo de 2018

Qué esperamos este año de la inteligencia artificial

La inteligencia artificial es el término de moda de esta década. A lo largo del siglo XX, las máquinas que aprenden no traspasaban los límites de los escritos teóricos y de la ciencia ficción, pero, ya en este siglo, por fin se están materializando aplicaciones de IA en numerosos sectores de actividad. La capacidad disruptiva de esta tecnología aparentemente es tan poderosa que el miedo y la preocupación por el futuro impregnan los discursos más apocalípticos. Sin embargo, también abundan los esfuerzos analíticos que tratan de matizar los efectos reales que las máquinas inteligentes tienen sobre la sociedad y la economía y la velocidad a la que se producen los cambios, que pueden no ser tan inminentes.

Un ejemplo de esto es un informe de PwC que limita sus vaticinios al más estricto corto plazo, consciente de lo difícil que es realizar una predicción a cinco o diez años en un tema tan complejo que evoluciona tan rápido. Por ello, el trabajo 2018 AI predictions – 8 insights to shape business strategy acota el marco de su especulación sobre el futuro de la inteligencia artificial a los límites del año en curso. Veamos los hitos más destacados que anticipan los autores del documento sobre las máquinas inteligentes.  

La inteligencia artificial impactará en los empleadores antes de hacerlo en el empleo

Este juego de palabras encierra la creencia de que las máquinas no van simplemente a destruir empleo, como pregonan las profecías más catastrofistas, sino que conducirán a una transformación compleja del mercado de trabajo. El estudio habla del surgimiento del concepto de centauro, que no es otra cosa que un algoritmo informático que trabaja mano a mano con un humano. El trabajador se apoya en la capacidad operativa de la máquina, pero puede tomar decisiones él mismo cuando lo considere necesario.  Es decir, que la inteligencia artificial no tendrá el control absoluto y siempre estará sometida al criterio humano.

La inteligencia artificial pondrá los pies en la tierra

Frente a las visiones futuristas que predicen las maravillas que serán capaces de realizar las máquinas inteligentes en las próximas décadas, en el muy corto plazo podremos ver cómo estos sistemas empoderan a los trabajadores, añadiendo valor a la empresa, especialmente a través de tres líneas de actuación: automatizando procesos demasiado complejos para la tecnología antigua, identificando tendencias en los datos históricos para crear valor de negocio y aportando inteligencia de previsión para apoyar la toma de decisiones humana.

La inteligencia artificial nos ayudará a responder a la gran pregunta sobre los datos

Muchas empresas todavía están esperando el retorno de las inversiones realizadas en big data, puesto que se han tenido que enfrentar con una curva de aprendizaje demasiado “empinada”, con herramientas de explotación todavía poco desarrolladas y con la necesidad de realizar importantes cambios organizativos. La inteligencia artificial es la tecnología que necesitan para optimizar la explotación de las grandes masas de datos, pues aporta, ente otras cosas, métodos más fáciles para la minería de datos poco estructurados, como pueden ser el procesado del lenguaje natural y la clasificación y el indexado de texto, o el aprendizaje de las máquinas (machine learning) y la gestión automatizada de los datos.

Serán los especialistas de cada campo y no los programadores los que dirijan la evolución de la inteligencia artificial

La inteligencia artificial poco a poco irá penetrando en todos los campos, desde el análisis financiero al cuidado de la salud, pero no se puede esperar que los informáticos y programadores entiendan en profundidad de cada área en la que se aplica. Por ejemplo, si el objetivo es diseñar un algoritmo que pueda predecir el comportamiento del mercado de divisas, necesitaremos los conocimientos de un experto financiero para llevarlo a cabo, no bastan los conocimientos de programación. Los tecnólogos necesitarán de expertos en cada caso que les ayuden a diseñar los sistemas y a probar su eficiencia.

Los ciberataques serán más poderosos con la inteligencia artificial, pero también lo serán las defensas

El hacking es uno de los primeros campos en los que la inteligencia artificial ha demostrado su utilidad. Aporta la capacidad para automatizar los ataques a servidores o la infección simultáneamente de millones de ordenadores. Sin embargo, la misma tecnología que sirve para hacer daño es útil también para proteger: ofrece la capacidad de analizar en tiempo real millones de datos identificando prematuramente vulnerabilidades de los sistemas, riesgos y amenazas.

Debe convertirse en prioridad el abrir la caja negra de la inteligencia artificial

Uno de los problemas del importante avance tecnológico de la inteligencia artificial actual es que, al aprender de forma autónoma, en numerosas ocasiones los humanos no sabemos por qué los algoritmos toman determinadas decisiones o en qué razonamiento basan un diagnóstico. Este fenómeno a menudo compara la inteligencia artificial con una caja negra que no sabemos qué contiene. El no comprender a fondo cómo funciona una determinada máquina puede llevar a que está tenga un funcionamiento no deseado o a que genere efectos colaterales no previstos por sus programadores. El informe de PwC convierte en una prioridad a corto plazo el poder comprender a la perfección cómo funcionan los algoritmos de inteligencia artificial, sin dejar “ángulos muertos”.

Las naciones competirán por la inteligencia artificial

El valor generado por la inteligencia artificial se calcula en casi 16 billones de dólares en 2030 y, como es lógico, todos los países se están posicionando en el tablero internacional para sacar la mayor tajada de esta gran esperanza tecnológica. Aunque el actual equipo de gobierno de Estados Unidos ha frenado las inversiones en inteligencia artificial, otros países están intentando no perder el ritmo marcado por China, que considera el desarrollo y la aplicación de esta tecnología como una prioridad estratégica nacional. De esta forma, países como Reino Unido, Canadá, Japón, Alemania y Emiratos Árabes Unidos están desplegando planes en este campo para no quedar atrás.

La presión para garantizar un uso responsable de la inteligencia artificial no se centrará únicamente sobre las empresas tecnológicas

Existe un miedo generalizado acerca de los peligros de hacer un mal uso de una herramienta tan potente como la inteligencia artificial. Su esperado carácter disruptivo crea desasosiego e incertidumbre, tanto entre las empresas como en los poderes públicos y ciudadanos. Es por ello que están alzándose voces en defensa de maximizar los beneficios que la inteligencia artificial puede traer a la humanidad y a la vez minimizar los riesgos. Instituciones y organismos como Center for the Fourth Industrial Revolution, Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE), AI Now, The Partnership on AI, Future of Life, AI for Good o DeepMind. Todas ellas abogan por la transparencia, el control y el desarrollo de un marco normativo.

martes, 13 de marzo de 2018

Frankenstein como reflexión para la ciencia y la tecnología actuales

El 1 de enero de 2018 se cumplió el bicentenario de la publicación de Frankenstein o el moderno Prometeo de Mary Shelley, una de las grandes novelas góticas del siglo XIX y un icono clásico del género de la ciencia ficción. El libro tiene su origen en una reunión que celebraron la autora y su marido, el poeta Percy Bysshe Shelley, con el amigo de ambos Lord Byron, en la Villa Diodati, su residencia en Suiza. Lo que empezó como un juego o un reto entre amigos -a ver quién compone la mejor novela de terror- desembocó en uno de los mejores relatos de la literatura fantástica de todos los tiempos.

Frankenstein, aparte de sus virtudes literarias, constituyen una seria reflexión sobre los límites de la ciencia y del desarrollo científico.  La trama es harto conocida: un científico, Victor Frankenstein, construye un ser humano con partes de cadáveres y consigue insuflarle vida. El ser creado tiene un aspecto monstruoso y es rechazado por las personas con las que coincide, por lo que desarrolla un odio hacia el ser humano en general y hacia su creador en particular. De esta forma, se dedica a perseguir a Victor Frankenstein y a asesinar a sus seres queridos.

Para conmemorar los 200 años de la obra y como una forma de reivindicar su vigencia actual, la Universidad Estatal de Arizona ha lanzado una edición de la novela anotada para científicos, ingenieros y creadores de todo tipo. El volumen reproduce el texto completo de Shelley con comentarios de científicos y personal académico de distintos centros de enseñanza superior, que puntualizan o reflexionan sobre distintos aspectos. Adicionalmente, los responsables de la edición han incluido una serie de ensayos en los que varios expertos realizan aproximaciones a la obra que arrojan conclusiones relevantes sobre la investigación y el desarrollo científico y tecnológico. Conviene detenerse un poco en estos textos.

La investigadora Josephine Johnston centra su aportación a la obra en la responsabilidad que debe asumir el científico y el tecnólogo, algo que a su juicio Victor Frankenstein desatiende. Se trata de una responsabilidad ante la sociedad, por los efectos que puede tener tu creación científica, y también una responsabilidad ante lo creado, en este caso, ante el monstruo. Ambos aspectos son extraordinariamente actuales, el segundo en concreto en relación con los avances de la biotecnología y de la inteligencia artificial como áreas “creadoras”

Por otra parte, la escritora de ciencia ficción Cory Doctorow en su ensayo titulado He creado un monstruo (y tú también puedes hacerlo) saca de la obra la conclusión de que, aunque los avances tecnológicos suelen ser el resultado de las decisiones individuales, el cómo se utilizan se convierte en una decisión colectiva. Pone de ejemplo Facebook, fruto de una decisión individual de su creador, pero cuya popularidad procede del uso masivo en todo el mundo, de la decisión colectiva de utilizar esa y no otras redes sociales precedentes que fracasaron.

Jane Maienschein y Kate Maccord se preguntan sobre si la criatura de Frankenstein es o no un ser humano, o lo que es lo mismo, por qué es considerado como un monstruo en la novela. Para ellas, lo monstruoso del ser no es su apariencia física, por desagradable que pueda ser, ni sus actos violentos, generados por el rechazo social, sino el hecho de que no ha experimentado un proceso de desarrollo para ser como es, que, a juicio de las autoras, es lo que define la naturaleza humana.

La cuestión sobre si Victor Frankenstein es un científico o un alquimista centra la reflexión del profesor de filosofía Alfred Nordmann. A modo de ver, el proceder del creador del monstruo está más próximo a la magia y la superstición que a la ciencia moderna. El científico estudia la naturaleza de forma objetiva y desapasionada, mientras que Victor acomete su trabajo investigador con “una ansiedad que casi se convierte en agonía”.

El texto de Elizabeth Bear Frankenstein Reframed or the Problem with Prometheus estudia los que ella identifica como fallos en la personalidad de Victor Frankenstein, que llevan al desencadenamiento de la tragedia en la historia: la falta de empatía y el narcisismo, esto último muy asociado al pensamiento científico de la Ilustración (lo humano por encima de cualquier otra cosa).

Anne K. Mellor de la Universidad de California se aproxima a la obra de Shelley desde el punto de vista del género. ¿Habría cambiado algo la relación con su creación si Frankenstein hubiese sido mujer en vez de hombre? ¿Crear un ser vivo sin madre no es alterar las leyes básicas de la naturaleza? ¿Qué implicaciones morales y éticas debería tener en consideración la genética moderna y la biotecnología?

Finalmente, Heather Douglas de la Universidad de Waterloo compara la novela Frankenstein con el desarrollo de la bomba atómica. Según su teoría, existe una dulzura técnica en la investigación científica cuando aparece la solución a un problema y todas las piezas encajan. Lo peligroso es que, como en el caso del proyecto Manhattan, la satisfacción que produce el haber salvado un obstáculo importante y haber alcanzado el objetivo último de la investigación, impide que los científicos tengan la perspectiva suficiente para darse cuenta de que probablemente acabar el proyecto no era deseable, ya sea dar vida al monstruo de Frankenstein o el desarrollo de un arma nuclear.

lunes, 5 de marzo de 2018

¿Por qué no despega la realidad virtual?


A pesar de que la realidad virtual es la eterna candidata a producir el próximo salto tecnológico que transforme el modo en que hacemos muchas cosas cotidianas, lo cierto es que no acaba de despegar. De hecho, lleva un par de años desplazada en los medios y foros techies por otros fenómenos punteros como blockchain o la inteligencia artificial.


Mark Zuckerberg compró la plataforma de realidad virtual Oculus en 2014 con el fin de introducir esta tecnología en Facebook, pero el año pasado tuvo que reconocer que integrarla es mucho más complejo de lo que parecía inicialmente y que quizá tenga que invertir más dinero para alcanzar los objetivos que se había fijado.

De acuerdo con Digi-capital, el mercado mundial de realidad virtual en 2016 alcanzó tan solo una cifra de 2.700 millones, frente a unas previsiones iniciales de 3.800 millones.  Otra fuente, SuperData, reduce incluso dicha cifra situándola en 1.800 millones. ¿Qué puede estar retrasando la llegada de los mundos virtuales?

El principal problema al que se enfrenta esta tecnología es que carece por el momento de una masa crítica de usuarios que tire del desarrollo del sector. Sin embargo, el caso Pokémon Go en el verano 2016 demostró la capacidad que puede tener una aplicación de realidad aumentada para mover a millones de personas en todo el mundo y generar ingresos, en este caso, 600 millones de dólares en noventa días.

El Libro blanco del desarrollo español de videojuegos 2017 destaca como un obstáculo para el despegue de la realidad virtual el elevado precio que tienen los equipos en la actualidad. Los autores abogan por el smartphone como el terminal idóneo para los videojuegos en VR. A fin de cuentas, todo el mundo dispone de uno y tienen ciclos cortos de reemplazo.

Un estudio realizado por Ericsson apunta otra batería de factores limitadores de su desarrollo. Desde el punto de vista técnico, los cascos actuales de realidad virtual son voluminosos e incomodos de utilizar. Además, no permiten ver por dónde vas y tienen una batería muy limitada, por lo que solamente se pueden utilizar en el hogar.

Por otro lado, un porcentaje de los usuarios de aplicaciones relacionadas con mundos virtuales sufre náuseas y mareos, lo que convierte la experiencia en una pesadilla. El sector debe estudiar formas de acostumbrar al cuerpo humano a asimilar esta nueva percepción digital.

Finalmente, se apunta la elevada latencia de las redes de comunicaciones actuales –el retardo que se produce en la transmisión de información- como un freno al óptimo funcionamiento de los dispositivos. En este sentido, hay una creencia generalizada de que las redes móviles de siguiente generación, el 5G, impulsarán decididamente el uso de realidad virtual y aumentada, pues aportará redes estables y de gran ancho de banda para mejorar la experiencia en los mundos virtuales.

Puede que sea más tarde de lo que pensamos, pero la llegada de la realidad virtual llegará para cambiar nuestras vidas. Bienvenidos a los universos digitales paralelos.

lunes, 26 de febrero de 2018

Ocho escenarios para el futuro del trabajo

La capacidad de la revolución digital para destruir empleo y automatizar tareas que antes realizaban los seres humanos es una de las grandes preocupaciones de los últimos tiempos. Los cambios se están sucediendo de forma tan acelerada que no disponemos de perspectiva para poder anticipar el futuro que se nos viene encima. No faltan distopías apocalípticas que hablan de un mundo controlado por robots y de legiones de trabajadores desplazados y empobrecidos, ni grandes figuras de la ciencia y la tecnología, como Stephen Hawking o Elon Musk de Tesla, que alertan sobre la amenaza que supone para la humanidad la proliferación de la inteligencia artificial. 

No obstante, también están surgiendo intentos serios de estudiar de forma analítica y objetiva el posible efecto en el futuro inmediato del cambio tecnológico sobre el mercado de trabajo. Uno de los más recientes ha sido llevado a cabo por el World Economic Forum, en colaboración con The Boston Consulting Group, y predice ocho posibles escenarios a los que nos enfrentamos, cuya probabilidad de materializarse depende de la velocidad de evolución de tres variables.

Se trata del informe Eight Futures of Work  y los tres aspectos que contempla son el cambio tecnológico, la evolución del aprendizaje y la movilidad del talento. En el primer caso, se tiene en cuenta a qué velocidad penetrarán en nuestras sociedades la robótica, la inteligencia artificial o la analítica de datos (puede ser un cambio estable o acelerado); el siguiente elemento hace referencia al ritmo al que la fuerza de trabajo adquiere las competencias que demanda la economía digital (puede ser lento o rápido); finalmente, el modelo evalúa el grado de movilidad de la fuerza de trabajo, entre regiones y entre países (baja o alta).

Este planteamiento aparentemente tan sencillo puede dar lugar a ocho escenarios futuros para el mercado de trabajo, a juicio de los autores:

Autarquías de la fuerza de trabajo (cambio tecnológico estable, lenta evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

Como el cambio tecnológico se produce despacio la automatización de los puestos de trabajo solamente afecta a las tareas manuales de baja cualificación. Al ser también bajo el ritmo de adquisición de competencias tecnológicas, mucha mano de obra poco cualificada compite por pocos puestos de trabajo. Existen puestos de mayor cualificación sin cubrir en las empresas, pero los gobiernos limitan la entrada de trabajadores cualificados extranjeros en los mercados de trabajo locales para proteger a la fuerza de trabajo de escasa cualificación.

Movimiento de masas (cambio tecnológico estable, lenta evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Como en el caso anterior, la disrupción que trae la tecnología solamente afecta a los trabajos manuales más rutinarios y los trabajos de cualificación media no se ven afectados. El aprendizaje de las nuevas competencias requeridas es lento, pero al no existir barreras al movimiento de la mano de obra entre países, los trabajadores de alta cualificación de todas partes confluyen en los lugares que ofrecen puestos más atractivos. Mientras, los trabajadores poco cualificados desplazados por la automatización emigran a países emergentes compitiendo con la mano de obra local por puestos a su medida. En este escenario la cohesión social es más difícil de mantener.

Reemplazo robótico (cambio tecnológico acelerado, lenta evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

El elevado ritmo de cambio tecnológico ha automatizado las tareas manuales y muchas tareas no manuales más cualificadas. La demanda de trabajadores humanos con nuevos perfiles para gestionar y complementar el trabajo de las máquinas no es satisfecha porque el ritmo de aprendizaje profesional es reducido y, en consecuencia, las empresas optan por automatizar más y más tareas y “pierden la fe en el talento humano”. Para paliar la crisis social, los gobiernos optan por llevar a cabo políticas proteccionistas, cerrando la entrada al mercado de trabajo a mano de obra extranjera altamente cualificada, y, en última instancia, llevando a cabo nacionalizaciones de empresas tecnológicas y generando monopolios.

Mundo polarizado (cambio tecnológico acelerado, lenta evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Los robots y la inteligencia artificial asumen tareas rutinarias y no rutinarias, pero las empresas no encuentran mano de obra suficientemente formada para trabajar en la nueva economía digital. En este caso, no hay barreras al movimiento internacional de la mano de obra, así que trabajadores muy cualificados de países emergentes acuden a las economías desarrolladas a buscar mejores oportunidades, mientras que la mano de obra poco cualificada de estas queda desplazada del mercado. Las fronteras nacionales se van diluyendo y el mundo se polariza en clusters de supereconomías muy avanzadas que se relacionan entre sí y el resto de naciones que han quedado atrás. Las sociedades se polarizan igualmente entre el pequeño estamento de los privilegiados y grandes masas de mano de obra sin cualificar que se dedica a prestar servicios a los primeros.

Empresarios empoderados (cambio tecnológico estable, rápida evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

En este caso, el cambio tecnológico avanza de forma moderada y solamente afecta a las tareas manuales y rutinarias, pero no al resto. No obstante, las sociedades han tomado conciencia de la importancia de formar a la población para afrontar el nuevo paradigma productivo y han reformado los sistemas educativos, adecuándolos a los nuevos conocimientos y habilidades requeridos, mientras que las empresas invierten mucho en reciclar a sus plantillas. Los países cuentan, por tanto, con tejidos empresariales dinámicos y con una población acostumbrada al aprendizaje permanente que se adapta a los cambios con éxito, de forma que los gobiernos limitan la emigración para no perder su valiosa mano de obra.

Flujos cualificados (cambio tecnológico estable, rápida evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Este escenario es una variante del anterior en el que igualmente el lento cambio tecnológico y el rápido aprendizaje hace que las economías encuentren la mano de obra cualificada que necesitan para el nuevo modelo productivo. En este caso, la emigración no ha sido limitada y la movilidad de trabajadores muy cualificados entre países y zonas es elevadísima. Los mercados de trabajo locales con mejor acceso a la tecnología han sabido extraer mayor valor añadido con menos, a diferencia de otros, produciéndose una dicotomía que se va ampliando.

Mercados locales productivos (cambio tecnológico acelerado, rápida evolución del aprendizaje y baja movilidad del talento)

La rápida automatización de tareas y profesiones manuales y no manuales genera una demanda de mano de obra muy cualificada para gestionar y complementar a las máquinas que, gracias a la concienciación y previsión colectiva, existe en las sociedades,  derivada del elevado ritmo de aprendizaje de nuevas habilidades de los trabajadores. Las economías que han invertido fuerte en formación del talento no quieren perderlo y cierran sus fronteras a la movilidad laboral. Sin embargo, el elevado ritmo de innovación genera una demanda constante de mano de obra supercualificada que las economías no pueden satisfacer de forma local.

Adaptadores ágiles (cambio tecnológico acelerado, rápida evolución del aprendizaje y alta movilidad del talento)

Con las tres variables mostrando valores elevados, el resultado es la creación de una gran fuerza de trabajo en el mundo, intensamente cualificada y dedicada al aprendizaje permanente, que se mueve constantemente buscando nuevas oportunidades laborales en los numerosos focos geográficos de innovación y dinamismo económico que existen. La transferencia de tecnología y de ideas entre las distintas áreas de desarrollo es constante gracias al continuo movimiento de profesionales. La única “pega” que puede presentar este escenario tan utópico es la falta de arraigo que puede aquejar a este trabajador sin fronteras.

viernes, 16 de febrero de 2018

Los niños de un mundo digital

El estudio Estado Anual de la Infancia de UNICEF lleva en su edición 2017 el subtítulo Los niños en un mundo digital y dedica sus páginas a analizar cómo transforma la tecnología la vida de la infancia del mundo. El director ejecutivo del organismo Anthony Lake expone en la introducción del trabajo una visión dual del mundo digital, en la que puede presentarse como un regalo que nos permite comunicarnos globalmente y aprender, o bien como una maldición que va a socavar nuestra forma de vida y nuestro bienestar.

Para Lake, Internet amplifica lo mejor y lo peor de la naturaleza humana y puede usarse tanto como herramienta para hacer el bien como para hacer el mal. En sus palabras, “nuestro trabajo consiste en mitigar los daños y expandir las oportunidades que posibilita la tecnología digital”.

El primero de los mensajes clave que lanza este trabajo es que la tecnología digital ha cambiado el mundo y, en consecuencia, también ha cambiado a la infancia. Hay datos que avalan el elevado grado de “digitalización” de los jóvenes, como que el 71% de las personas de entre 15 y 24 años del mundo está en red frente al 48% del total de la población. La edad para conectarse a Internet parece estar bajando y hay países donde los menores de 15 años ya acceden a la red tanto como los adultos mayores de 25.

Una de las conclusiones más positivas del informe es que la conectividad puede ser una herramienta para romper el ciclo de la pobreza de la infancia más marginada, ofreciendo además oportunidades para la educación y el aprendizaje. Además, el acceso a la información pone en manos de los niños recursos para ayudar a resolver los problemas que afectan a sus comunidades.

No obstante, existe una importante brecha digital que impide a millones de niños del mundo beneficiarse de las ventajas de un planeta conectado, en concreto, en torno al 30% de la juventud mundial. Las diferencias por regiones son acusadas: en África la cifra asciende hasta el 60% frente al escaso 4% de Europa. A la brecha de acceso a las redes se le suman otras, como la de dispositivo de acceso (acceder desde un teléfono móvil proporciona una experiencia más pobre que hacerlo desde un ordenador), el idioma (hay menos contenidos en Internet en idiomas minoritarios o poco extendidos) y, por supuesto, el género, que hace que en países como India menos de la tercera parte de los internautas son mujeres.

Uno de los principales riesgos de la tecnología para la infancia es que hace a los niños más vulnerables, les pone en una situación potencial de riesgo de explotación y maltrato. Temas como el ciberacoso, la pederastia y el abuso sexual están presentes en las redes y requieren que se proteja a los menores, especialmente a aquellos más desfavorecidos, que pueden tener menos información sobre los riesgos de la navegación por Internet.

Otra preocupación que aflora en el informe es la posibilidad de que las TIC tengan efectos negativos en la salud física y mental de los menores. A falta de una investigación más en profundidad, padres y educadores identifican riesgos en la tecnología relacionados con la dependencia de las pantallas, la depresión, la ansiedad o la obesidad. No obstante, la cuestión es medir, no tanto cuánto tiempo están los niños online, sino qué hacen en las redes, de cara a poder establecer una posible relación entre Internet y determinados problemas de salud mental.

La responsabilidad de definir el impacto de la tecnología en la infancia corresponde en última instancia a la empresa privada, especialmente a la de los sectores tecnológicos. Son los agentes que deben adoptar acuerdos sectoriales y estándares éticos destinados a proteger a los niños en las redes. El sector privado debería igualmente asegurarse de que sus servicios y plataformas no son utilizados por personas que puedan abusar directa indirectamente de los menores. Asimismo, debería aliarse con los socios relevantes de cara a desarrollar contenidos útiles, localmente significativos, para comunidades que tengan culturas o idiomas poco extendidos en Internet.

Para los autores del informe, el papel de los gobiernos es garantizar las condiciones de competencia en el mercado de forma que los costes de acceso a Internet desciendan, beneficiando así a los hijos de las familias más desfavorecidas.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Recordar la sensación de la lluvia

Ya hablamos de que estamos viviendo una revolución digital equiparable a las revoluciones industriales del pasado. También tenemos muy presente que nuestra vida cotidiana se digitaliza, o lo que es lo mismo, que cada vez le dedicamos más tiempo a los mundos virtuales paralelos que nos ofrecen las pantallas. Desde la comunicación casi permanente con otros a través de las redes sociales o las aplicaciones de mensajería, hasta las formas de ocio portables, ya sean nativas digitales, como los videojuegos, o inmigrantes, como el cine, la música y la televisión, que ahora consumimos en red desde cualquier dispositivo; toda esta actividad nos aleja del mundo analógico y nos hace habitar cada vez más en el ciberespacio.

Cuando hablamos de la necesidad de que el ciudadano o el trabajador adquiera o amplíe sus competencias digitales, implicitamente estamos condenando la dimensión analógica de las personas. Entre líneas criticamos que tal o cual persona o colectivo no es lo suficientemente digital para habitar este nuevo mundo que nace. Y sin embargo, nuestra vida analógica, la real, la que no está reconstruida a base de unos y ceros, sigue siendo la que nos hace humanos.

Resulta paradójico que una parte importante de los hijos de los empleados de las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley estudie en colegios sin ordenadores ni dispositivos electrónicos, y en cambio, lo haga con papel, tiza, lápices y materiales básicos como únicas herramientas. Por contra, los sistemas educativos públicos de todo el mundo llevan décadas introduciendo aparatos en las aulas. ¿Qué lleva a que las personas que diseñan algoritmos y aplicaciones para Google, eBay o Apple no quieran que la educación de sus vástagos incluya la informática hasta los trece años? Principalmente, la creencia de que el uso de ordenadores inhibe el pensamiento creativo, el movimiento, la interacción humana y la capacidad de atención.

La defensa de lo analógico fue un tema que surgió en el debate que tuvo lugar entre la socióloga Belén Barreiro y José Mª Lassalle, actual secretario de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital, el pasado noviembre en el Espacio Fundación Telefónica dentro del ciclo de conferencias Tech & Society.

Barreiro explicó en dicha ocasión que los estudios demuestran que las personas más digitales son, curiosamente, las que más se refugian en actividades analógicas, como puede ser el componer puzzles, escribir, tocar instrumentos o hacer calceta. A su juicio, los avances de la digitalización y la robotización no alteran el hecho de que la relación que tenemos con la tecnología es una relación que establecemos desde nuestra posición como seres humanos, de forma que siempre manifestaremos características humanas, como la inteligencia, la creatividad, la empatía o la confianza en el otro. Es por ello, que los sistemas educativos se deben centrar en educar, algo que no consiste en enseñar a programar ordenadores, sino en aprender a entender, analizar, contrastar y debatir la información y, en suma, en aprender a razonar.

José Mª Lassalle, por su parte, considera que las identidades virtuales y las ideas tecnológicas nos están atrapando en las pantallas y haciendo que nos relacionemos con el entorno estrictamente a través de una humanidad que es puramente virtual. Desde su punto de vista, lo analógico no es nada malo, sino todo lo contrario: es lo que nos conecta con la antropología, con la cultura y con la poesía. Defiende incluso que el conjunto de los derechos digitales de los ciudadanos debería incluir el derecho a seguir siendo analógicos, es decir, la opción de poder seguir vertebrando nuestra ciudadanía como seres desconectados del mundo digital.

En una línea de pensamiento similar, el filósofo norcoreano Byung-Chul Han, que recientemente ha impartido una conferencia en el CCCB de Barcelona, arremete con virulencia contra la comunicación digital, pues considera que reemplaza las relaciones humanas por conexiones y que reduce nuestro abanico de sentidos a uno solo, la vista. Para él, el mundo digital es la abolición de la realidad, dado que lo digital -a diferencia de lo “real”- “no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está”. Hemos sido privados de los colores, los olores, las texturas y las sensaciones.

Esperemos que el darle progresivamente la espalda a la realidad física no haga cumplirse la terrible profecía de Jim Morrison, poeta y cantante de la banda The Doors, cuando escribió: “Puede que llegue el día en que acudiremos a teatros meteorológicos para recordar la sensación de la lluvia”.
 
Google Analytics Alternative