martes, 4 de octubre de 2011

África y las naciones emergentes


El rompecabezas se ha desmontado y se está volviendo a formar, aunque de manera distinta. El nuevo mundo que está surgiendo en la actualidad difiere bastante, aún no percibiendo su dimensión completa en la actualidad, de aquel que heredamos de la Guerra Mundial y la postguerra fría. En concreto, el papel de las distintas naciones en el teatro del mundo cambia sustancialmente del escenario anterior y los denominados países emergentes liderados por China empiezan a cobrar un protagonismo decisivo, incluso como palancas de desarrollo de las áreas desfavorecidas del planeta.

Hace unas semanas recibí a dos técnicos franceses de la OCDE, en concreto del Development Centre,  que venían a proponer un acuerdo de colaboración con nosotros, y que me dejaron un montón de papeles e informes a modo de catálogo de la actividad de su institución. Entre todo el fajo he encontrado un informillo muy interesante sobre África y sus socios emergentes, que dibuja cómo las relaciones del continente negro no se centran ya exclusivamente con los países desarrollados, generalmente heredadas del pasado colonial, y cada vez más se escoran hacia distintos países emergentes. Países que hace dos décadas todavía podían considerarse como “subdesarrollados” se convierten en factores de estímulo de las economías de los países africanos.

El informe citado identifica varios socios comerciales de África no pertenecientes a la OCDE, entre los que destacan en importancia China, Corea, Grasil, India y Turquía. El volumen de transacciones con los socios emergentes se ha incrementado del 23% en 2000 a 39% en 2009 de media, y en el caso de China se ha triplicado durante el citado periodo. En cuanto al peso de los distintos países emergentes en el comercio con África, China acapara el 38%, India el 14%, Corea y Brasil en torno al 7% respectivamente, y Turquía el 6,5%, a lo que hay que sumar la participación conjunta de otras naciones emergentes de menor peso específico individual. Por el momento, la Unión Europea y Estados Unidos siguen siendo las fuentes principales de inversión directa extranjera en él continente africano y de ayuda al desarrollo, pero la importancia de los flujos procedentes de los socios emergentes crece a gran velocidad.

Las relaciones de África con los países emergentes es complementaria con la tradicional llevada a cabo con las naciones desarrolladas, según el informe. Los emergentes, debido a su diversidad, ofrecen a los países africanos nuevas oportunidades de intercambio de bienes, tecnología y modelos de desarrollo. Además convierten los bienes de consumo de masas en accesibles para la incipiente clase media africana y ofrecen bienes de producción adaptados a las condiciones productivas de los países en desarrollo. Esto último tiene el potencial de ayudar a las empresas africanas a incrementar su productividad. Mientras que los países desarrollados se centran sobre todo en la ayuda al desarrollo dirigida a la reducción de la pobreza, la sanidad, educación y governanza, los países emergentes centran su intervención en la eliminación de cuellos de botella en las infraestructuras. Las exportaciones de manufacturas africanas se han doblado en los últimos diez años, en buena parte arrastradas por la demanda de los países emergentes.

¿Veremos en las próximas décadas un continente africano plenamente encauzado en la senda del desarrollo y adquiriendo protagonismo en un nuevo orden mundial? Quíen sabe…

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