sábado, 12 de febrero de 2011

El famoseo y Twitter


Un reciente incidente entre un conocido presentador de televisión y una twittera pone en evidencia que Twitter es un medio distinto a otras redes sociales, un entorno especial y, a lo mejor, demasiado alejado de la realidad que vivimos, para bien. El hecho en sí es que el presentador, al ser tachado su programa de telebasura por la twittera, respondió airadamente en la red: “Telebasura tu puta madre, guapa”.


 Es curioso que lo que en el medio en el que se mueve este profesional está a la orden del día -insultos, descalificaciones y chabacanería entre tertulianos de baja categoría personal y moral-, y ya no se considera escandaloso, en Twitter una respuesta así está considera como una falta muy grave por la comunidad que lo habita, habitamos.

Es curioso como “el patio del pájaro azul”, como lo denomina Alfonso Suárez (@Cosecha66), uno de los twitteros españoles más conocidos, ha desarrollado un código de conducta implícito basado en el respeto y la cortesía, en el elogio a los demás y el estímulo, en la amabilidad por encima de todo, en la elegancia, en suma. Yo he sido un gran detractor y crítico de Twitter: a menudo he comentado con otros navegantes que me parecía un mundo edulcorado muy distante del mundo real. Pero también ha habido gente que me ha hecho ver que este mundo es necesario para muchos de nosotros pues el ambiente positivo y estimulante que impera en él te impulsa a compartir las cosas que tienes dentro (ideas, proyectos, escritos…) y a crear, porque siempre recibes un feedback alentador.

El jueves pasado estuve escuchando al filósofo finlandes Pekka Himanen hablando sobre este tipo de cosas, de cómo uno de los factores determinantes de la cultura de redes actual es el enriquecimiento de la comunidad, es decir, como la comunidad te estimula y realimenta para sacar de ti todo tu potencial creativo. Y eso no lo consiguen todas las redes sociales, aunque he de reconocer que en Facebook he visto a gente de la que no me lo esperaba lanzarse a compartir cosas muy interesantes por el “empujón cibernauta”, el calor de los demás.

Parece ser que muchos de estos personajes famosos que meten la pata no han llegado a comprender la filosofía de Twitter descrita arriba. Y el problema no es ya que quedes mal a título personal, lo grave es cuando lo haces representando a una empresa o marca, como es el caso del citado presentador, pues además de ser una figura pública, el incidente estaba relacionado con su trabajo, es decir, con un programa de la cadena de televisión en la que trabaja. Es el mismo caso que el de los artistas “metepatas”, como Alejandro Sanz o Andrés Calamaro, que han tenido conflictos en este mismo medio social, y que son ellos mismos su propia marca o empresa, algo que deberían cuidar por encima de todo.

Es curioso como profesionales de la comunicación o del espectáculo se vean tan desorientados en el universo 2.0 –ellos, que están acostumbrados a tratar a las masas-, y en cambio cada vez más empresas españolas le están cogiendo el tranquillo a las redes sociales y están abriendo nuevos canales de comunicación directa con clientes o grupos de interés.
 
Todos los que nos hemos dedicado alguna vez a desarrollar una estrategia corporativa 2.0 hemos tenido que recibir críticas, burlas y a veces insultos dirigidos hacia la marca que defendemos en las redes, pero sin necesidad de tener un máster en Community Management sabemos que la regla máxima es no perder nunca la compostura, no responder nunca a los insultos con insultos, e intentar siempre razonar y procurar convencer a nuestros detractores. Mantener siempre la elegancia, en suma. No estaría de más que muchas de estas figuras públicas asistiesen a un curso de posicionamiento de marca en Internet, así evitaríamos el bochorno y la vergüenza ajena.

jueves, 10 de febrero de 2011

Las tribulaciones de Nokia


Impresionante el mensaje interno del CEO de Nokia, Stephen Elop, a toda su plantilla. Compara el estado de la empresa en los mercados al de un hombre que está en una plataforma petrolífera en llamas y solamente tienen la opción de abrasarse o tirarse a un mar helado en un salto de 30 metros.  Analizando la situación, reconoce que Nokia ha perdido el tren del las nuevas tendencias de la telefonía móvil,  y que además, no ha sabido comprenderlas. La competencia de Apple, con el iPhone y sus juguetes, y del Android de Google, ha cambiado las reglas del juego y les han hecho perder cuotas importantes de mercado. Tenéis toda la carta aquí.

Me ha gustado el análisis brillante y lúcido que hace del sector de la telefonía móvil y el tono humilde y autocrítico de la comunicación. Me gustaría destacar lo más significativo de su escrito:

  • La batalla comercial ya no se produce entre terminales o dispositivos; ahora mismo lo que se enfrentan entre sí son los ecosistemas (es decir, no sólo el hardware y el software del dispositivo, sino desarrolladores, aplicaciones, e-commerce, publicidad, búsquedas, aplicaciones para redes sociales, servicios de localización, telecomunicaciones unificadas y muchas otras cosas).
  • Influye también en la posición de Nokia el concepto del que hablábamos hace poco de destrucción creativa de Schumpeter: en el momento actual el periodo de obtención de altos beneficios derivados de la ventaja competitiva de la innovación hasta que la copian o superan los competidores es cada vez más reducido. En cualquier caso, y según Elop, Nokia ahora mismo va  a remolque en ese aspecto, es decir, que no puede alcanzar el ritmo de innovación de sus competidores (“While competitors poured flames on our market share, what happened at Nokia? We fell behind, we missed big trends, and we lost time”.)
  • Otro aspecto a tener en cuenta es el de la velocidad de la llegada de la innovación al mercado. Elop reconoce que Nokia son lentos en introducir nuevos productos en el mercado:

 “We have some brilliant sources of innovation inside Nokia, but we are not bringing it to market fast enough. We thought MeeGo would be a platform for winning high-end smartphones. However, at this rate, by the end of 2011, we might have only one MeeGo product in the market.”

  • La competencia ha establecido cabezas de puente en todas las gamas de móviles, desde los más caros (iPhone), hasta los más económicos, como los producidos en China: han perdido todos los nichos de mercado.
  • Stephen Elop hace alusión a un concepto importante en este marco: la innovación disruptiva. Un proceso de innovación normal va de un punto A a un punto B; sin embargo, la innovación disruptiva, como es el proceso en el que estamos sumidos, va de un punto A al caos, y dentro de esa confusión, los distintos agentes deben saber buscar sus respectivas posiciones con inteligencia y visión de mercado. (“I believe we have lacked accountability and leadership to align and direct the company through these disruptive times.”).

viernes, 4 de febrero de 2011

Tiempos nuevos, tiempos salvajes


Un interesante artículo del número de enero de la revista TIME analiza con bastante precisión la situación del empleo en Estados Unidos. Se trata de “Where the jobs are” (“Dónde está el empleo”). Al igual que en otros artículos que he leído sobre el tema en este mismo medio, la principal conclusión en este caso es que no nos hallamos ante un estancamiento cíclico de la economía, que conlleva altas tasas de desempleo, sino ante una ruptura del modelo económico vigente y una transición hacia un nuevo paradigma de la estructura productiva.

El autor, Bill Saporito, expone como numerosas compañías, en contra de la coyuntura, están expandiendo sus plantillas, generando empleo, y pone de ejemplo a la consultora Ricardo, General Electric o Deloitte. No es que vean la luz al final del tunel, es que directamente ya están fuera. Se trata de empresas de servicios, y más en concreto, empresas que prestan servicios a otras empresas, que demandan, cada una según su sector de actividad, a personal altamente cualificado. Dentro de éstas, destacan las del sector tecnológico, que en algunos casos han continuado expandiéndose en los últimos cuatro años.

Sin embargo, esta aparente recuperación del modelo económico tradicional en EE.UU. no es lo que parece. A juicio del autor, la recuperación del empleo será “cruelmente desigual” entre sectores y entre colectivos de trabajadores. Saldrán beneficiados los sectores más intensivos en tecnología y aquellos con vocación exportadora; en el plano laboral, tendrán más ventajas los trabajadores con alta cualificación y titulación universitaria.

La explicación a esta brecha surgida entre unos y otros trabajadores hay que buscarla en el proceso de globalización y en la emergencia de nuevas potencias industriales, como Brasil, China o India. La productividad de muchas empresas estadounidenses ha crecido durante los dos últimos años en paralelo a la subida de la tasa de desempleo en el país gracias a que han sabido aprovechar a las clases medias emergentes de los países en desarrollo como consumidores de sus productos y como mano de obra barata (deslocalización productiva). IBM, por ejemplo, tiene más trabajadores fuera de las fronteras de EE.UU que dentro:   sigue contratando fuera mientras despide dentro.

La transformación actual del modelo capitalista está basada en la tecnología y la globalización, y el resultado, que implica un coste social importante, es que en la cresta de la ola se encuentran los trabajadores muy cualificados, tecnológicamente competentes y que se adaptan a las necesidades de un mercado global,  y “bajo el agua”, por decirlo de alguna manera, los trabajadores manufactureros sin cualificación, cuyos empleos están desapareciendo en EE.UU, y reapareciendo en China o en la India.

Y si esto pasa en Estados Unidos, ¿qué será de España, que tiene un tejido productivo mucho menos intensivo tecnológicamente, con un gran peso de sectores tradicionales y un perfil empresarial mucho menos orientado a la exportación, salvo honrosas excepciones? De acuerdo con los datos de la Contabilidad Nacional de España (2009), el 16 por ciento del Valor Añadido Bruto a precios corrientes procede de la hostelería, las actividades comerciales y la construcción; si a ello le sumamos el sector energético y la agricultura, la cifra asciende al 20 por cierto. Es decir, que una quinta parte del valor de la producción nacional procede de sectores pocos intensivos en tecnología y mano de obra de alta cualificación. Atendiendo al empleo, los sectores antes mencionados aglutinan más del 35 por ciento de los puestos de trabajo totales de nuestra economía. En suma, todo lo contrario de lo que hace falta para que podamos sobrevivir en este nuevo mundo “tecnológico y globalizado”.

A menudo se habla de la capacidad que está mostrando el sector TIC de nuestro país para capear la crisis y continuar creciendo. En alguna conferencia incluso he escuchado a algún insensato decir que será el que nos saque de la crisis. No voy a entrar a discutir la capacidad para generar empleo de las empresas tecnológicas, aunque no sé como podrían absorber a esa quinta parte de la población activa que actualmente se encuentra en paro. Pero incluso en el supuesto de que la actividad intensiva en tecnología se convirtiese en una fuente cuantitativa de creación de puestos de trabajo, pasarían varias generaciones (y no pocas acciones políticas), antes de que tal demanda pudiese enfrentarse a una oferta en cantidad suficiente, altamente cualificada de trabajadores.

domingo, 30 de enero de 2011

La “Formación del Búfalo” de Shaka Zulú

Como hace tiempo que no hablaba de medios sociales (o Social Media como se dice en pijo) en este blog, valga esta entrada para retomar la vieja costumbre, en la línea bélica-histórica de “Cómo perder la Guerra del Rif en las redes sociales” o “Agincourt 1415: una lección para la empresa”. En este caso tomo como ejemplo la táctica militar ejecutada por el gran caudillo sudafricano Shaka Zulú (1787-1828), que en sus escasos doce años de reinado construyó el poderoso imperio Zulú y dio no pocos disgustos al ansía colonial británica.

Se atribuye a Shaka Zulú la concepción de una estrategia de batalla denominada “Formación del Búfalo” o “de los Cuernos de Búfalo”, que básicamente consistía en dividir su ejército en tres cuerpos diferenciados (los cuernos, la cabeza y el lomo del búfalo) con funciones distintas, que la Wikipedia (muy socorrida para estos casos) tiene la amabilidad de resumirnos:
  • La fuerza principal o cabeza ataca el enemigo por el frente, lo inmoviliza, la componen los guerreros más fuertes.
  • Las fuerzas de los flancos o cuernos, mientras el enemigo esta fijado por la "cabeza", los "cuernos" atacan ambos flancos del enemigo buscando dejar atrapado al enemigo.
  • La retaguardia o lomo detrás de la "cabeza", entraba en acción si se rompía el cerco.
Solamente añadir que “los cuernos” estaban compuestos por guerreros jóvenes y ágiles para garantizar la movilidad y la acción rápida.

Y ahora lo difícil: ¿qué tiene esto que ver con una estrategia de comunicación corporativa en medios sociales? Pues que la brillante táctica del bueno de Shaka nos puede ilustrar sobre los elementos que pueden garantizar un sólido posicionamiento de la empresa. En nuestro caso, la estrategia del búfalo se podría traducir en:
  • La cabeza o vanguardia sería la presencia de la compañía en los distintos medios (redes sociales, blogs…), que supone el canal de relación directa con el cliente, ya sea efectivo o potencial, y en general con los usuarios de la red. Debe ser un despliegue razonado y ordenado –nunca improvisado-, con unos objetivos claros desde el principio y una metodología acorde para alcanzarlos.
  • El lomo del búfalo o retaguardia tiene la función de dar apoyo y soporte a la vanguardia o cabeza. En el caso de la empresa, el lomo lo constituye la solidez de la imagen de marca corporativa y de producto, y la propuesta de valor para el cliente, pues de alguna forma son elementos que garantizan que no estamos “vendiendo humo” en los medios sociales, que somos serios (aunque adoptemos un lenguaje distendido propio del mundo 2.0) y que tenemos cosas interesantes que ofrecerle al público.
  • Finalmente, los cuernos, es decir, las fuerzas de acción rápida envolventes, en nuestro ejemplo se corresponden con la capacidad innovadora de nuestra estrategia de comunicación. Aquí entendemos como innovación la capacidad para desarrollar formas originales y creativas de comunicar a través de medios sociales (campañas, aplicaciones de Facebook, acciones que impliquen crowdsourcing…) y de detectar nuevas redes y servicios de Internet que puedan ser utilizados para nuestros propósitos. Por poner sólo dos ejemplos, podemos utilizar la red de geolocalización Foursquare para informar de los eventos que realizamos en distintas localidades o estudiar las posibilidades que nos ofrece Quora para generar debates con los usuarios acerca de nuestros productos y servicios o sobre nuestro sector de actividad. Las posibilidades son infinitas si estamos atentos y utilizamos la imaginación.
En suma, lo que nos enseña Shaka Zulú es a actuar con coherencia, con rigor y con creatividad.

lunes, 24 de enero de 2011

El mito del eterno retorno

Leyendo sobre la valoración en bolsa de las empresas estrella de las redes sociales me viene a la mente la idea de que el tiempo se repite, del eterno retorno que postuló Nietszche en “Así hablaba Zaratustra”, cuando, después de cargarse a Dios y la perspectiva de la vida eterna, le entró el canguelo existencial y tuvo que inventarse lo del tiempo circular, que no nos engañemos, está cogido con pinzas, a pesar de que es una creencia muy extendida entre las antiguas culturas,  como bien nos cuenta el historiador rumano Mircea Eliade en su obra “El mito del eterno retorno” ( 1949). El caso es que esto ya ha ocurrido antes, a principios de la década pasada, cuando las denominadas punto.com, las empresas de servicios de Internet, conocieron un crecimiento exponencial de su valoración bursátil sin presentar un modelo de negocios e ingresos claro.

Partiendo de que no tengo grandes conocimientos de los mercados financieros,   no pretendo sentar cátedra sobre este tema; más bien quiero plantear las dudas que me generan (más bien me dejan aturdido y confuso), los datos recientes de valoración de las siguientes compañías: Facebook (50.000 millones de dólares – se estima que ingresó 2.000 millones en 2010), Twitter (4.100 millones – 50 millones de ingresos en el último año), LinkedIn (2.200 millones), Zynga (5.500 millones) o Groupon (4.750 millones de dólares). Se percibe una inmensa desproporción entre el volumen de ingresos esperado o esperable  y lo que se está dispuesto a pagar por estas empresas.

El problema es que estas empresas no parecen presentar un modelo claro de negocio, es decir, una fuente razonada de generación de ingresos que justifique esas cifras desorbitadas. El paradigma de esto Facebook, la joya de la corona, que encima no nació como idea de negocio sino como pasatiempo social de estudiantes.  

Los mercados financieros a finales de la década de los 90 también creyeron que habían descubierto oro en las empresas punto.com y apostaron salvajemente por marcas con perspectivas de rentabilidad inexistentes o cuando menos difusas. Todo el mundo se contagio de la fiebre del oro digital  (como dice un amigo mío, en aquella época la gente pasó de comprar el Marca a comprar el Expansión). En nuestro país Terra fue el principal fuelle de la burbuja especulativa; no era más que un portal de servicios gratuitos de Internet. Como es lógico, todo se vino abajo, arruinando a no pocos pequeños inversores.

Y es que hay que tratar con cautela el comportamiento de los mercados financieros, pues las inversiones a menudo no tienen un componente a largo plazo ni una motivación relacionada con la solidez de unos estados financieros, lo que produce esas brechas entre la valoración real y la financiera de la empresa, como ya apuntaba Keynes en 1936, al hablar sobre las expectativas a largo plazo:

“Pero hay un rasgo distintivo que merece nuestra atención. Podría haberse supuesto que la competencia entre los profesionales expertos, que poseen más juicio y conocimiento que el inversionista privado medio, corregiría las extravagancias del individuo ignorante abandonado a sí mismo. Sucede, sin embargo, que las energías y habilidad del inversionista profesional y del especulador están ocupadas principalmente en otra parte. Porque la mayoría de estas personas no está, de hecho, dedicada en primer término, a realizar previsiones superiores a largo plazo respecto al rendimiento probable de una inversión por todo el tiempo que dure, sino a prever cambios en las bases convencionales de valuación con un poco más de anticipación que el público en general. No se ocupan de lo que realmente significa un valor de inversión para el hombre que lo compra “para siempre”, sino de en cuánto lo estimará el mercado dentro de tres meses o un año, bajo la influencia de la psicología de masas.”
Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (12,V)

Le veo yo varios problemas a la generosa valoración que se realiza en la actualidad de las empresas 2.0, partiendo, repito, de que no soy ningún experto en el tema.

El primer aspecto está relacionado con el concepto de “destrucción creativa” que introdujo Joseph Schumpeter (“Los ciclos económicos”, 1939), otro economista del siglo pasado. Según esta teoría, una empresa obtiene una ventaja competitiva sobre la competencia en los mercados al llevar a cabo algún tipo de innovación, lo que le reporta un alto volumen de ingresos durante el corto periodo de tiempo que pasa hasta que los competidores imitan y adoptan dicha innovación, momento en que la oferta vuelve a ser homogénea en el mercado y el producto o servicio de la empresa ya no destaca. Este fenómeno es todavía más acelerado en el mercado TIC, cuyo ritmo de innovación tecnológica es vertiginoso. Sin embargo, ¿cómo puede aprovechar una empresa 2.0 ese breve lapso de generación de ingresos sin un modelo de generación de los mismos? En otras palabras, se genera innovación pero no se sabe cómo rentabilizarla, con lo cual se desaprovecha la ventaja competitiva derivada en el mercado .

Otro tema preocupante es el del cobro por servicios en Internet, en cualquier modalidad, ya sea Premium o Freemium. Aunque medios sociales como Facebook o Twitter presentan cifras de usuarios impresionantes (600 millones y 160 millones en todo el mundo, respectivamente), creo que la elasticidad de la demanda puede ser muy elevada en estos casos, de forma que al empezar a cobrar por todos o parte de sus prestaciones, la caída de usuarios/clientes podría ser brutal. No nos engañemos, tampoco es tan elevado el volumen de gente verdaderamente activa en las redes que haya generado una dependencia efectiva de estos medios y que esté dispuesta a pagar por su utilización. Según datos aportados por Josh Bernoff en la conferencia que dio en Fundación Telefónica este mismo mes, solamente el 14 por ciento de los internautas españoles son realmente “creadores” en la red, es decir, que escriben en blogs, tienen webs, o cuelgan vídeos propios; por el contrario, cerca del 50 por cierto son “pasivos”, se limitan a recibir información pero no participan. ¿Éstos estarían dispuestos a pagar por algo?

Unido a lo anterior, el sector TIC en su rama medios sociales tiene unas bajas barreras de entrada, lo que da lugar a que a pesar del tamaño de los grandes en número de usuarios exista un elevado volumen de competencia, como prueba el que convivan tantas y tan variadas redes sociales de todo tipo. El que una de ellas empiece a cobrar puede originar una desbandada de sus usuarios hacia otras que den prestaciones similares gratis. Sería interesante ver que tal le ha ido a la red NING que empezó a cobrar el año pasado.

Finalmente, siempre vuelve el debate de los ingresos por publicidad, la gran panacea, según algunos, para la supervivencia de las plataformas on-line. Este tema daría para un post monográfico. Es verdad que una parte importante de la inversión en publicidad se está trasladando a la red. Pero también es verdad que la lucha por obtener ingresos publicitarios es feroz y que las grandes marcas, especialmente Google, se quedan con la mayor parte del pastel. ¿Puede sobrevivir el resto del sector con las migajas restantes? No lo creo.

De esta forma, no me extrañaría que en unos años el tiempo se repita y que tras un hinchazón artificial, los valores tecnológicos revienten en los mercados financieros como ocurrió en los primeros 2000.

lunes, 17 de enero de 2011

Krugman y Stiglitz: visiones de la crisis


Mi amiga María, a la que ya he mencionado en mi otro blog “Los amores de Will”, me escribía ayer un SMS para avisarme de un interesante artículo de Paul Krugman en “El País” sobre Europa, “¿Tiene salvación Europa?”, lo que me sirvió para repasar con más detenimiento las páginas salmón y encontrar también una aportación de otro Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, igualmente acertada, “Contra toda esperanza, la esperanza de 2011”. Ambos autores analizan las consecuencias de la crisis en Europa, haciendo hincapié en los problemas específicos de los países periféricos como Irlanda, Grecia y España.

En su extenso texto de tres páginas, Krugman plantea como el euro más que una solución se ha convertido en parte del problema de cara a conseguir que los países europeos más machacados enfilen la senda del crecimiento. A juicio, las economías periféricas de nuestro continente tomaron prestado mucho más dinero del que realmente podían devolver a países con tipos de interés “tradicionalmente bajos”. La unión monetaria, concebida para aportar seguridad y confianza a Europa, se ha convertido en una trampa. Lo realmente preocupante de su argumento sobre el fracaso de la zona euro es que, a diferencia de EE.UU., los distintos Estados miembros no tienen una cultura y un idioma comunes, ni un estado supremo que los ampare. Los habitantes de un estado americano con una tasa elevada de desempleo, él pone de ejemplo Nevada, pueden ir a buscar trabajo a otros estados de economía más boyante; en Europa en cambio, a pesar que legalmente está garantizada la libre circulación de personas entre los Estados miembro, existen en la práctica barreras culturales e idiomáticas difíciles de superar que impiden en gran medida el flujo de mano de obra.

Yo siempre he creído en el proyecto de una Europa unida, aunque solamente sea para que Alemania y Francia hayan dejado de cascarse cada veinte o treinta años como hacían desde tiempo inmemorial, y no había previsto que el proceso de integración pudiese tener implicaciones negativas.

Por otro lado, Stiglitz vuelve a la carga con la tesis que lleva defendiendo en los últimos tiempos: que las políticas que se están llevando a cabo para salir de la crisis están equivocadas. Si el derroche y la falta de control del sector privado han sido los factores que nos han traído a esta situación, parece irracional pedirle austeridad al sector público, limitando su capacidad para desarrollar una política anticíclica que estimule la demanda privada a través de la inversión pública y de las transferencias directas a los ciudadanos. El problema es que desde el minuto uno de la recesión los superavits presupuestarios desaparecieron, obligando a los gobiernos a endeudarse de forma salvaje para financiar las políticas públicas. El dilema es inquietante: si el Estado no transfiere poder adquisitivo al ciudadano, la reactivación de la demanda se retrasará quién sabe hasta cuándo; pero si aumenta el gasto público los países entran (entramos) en un espiral peligroso de crecimiento del endeudamiento que puede limitar el nivel de bienestar de las generaciones futuras y la capacidad de crecimiento de la economía.

La verdad es que nos encontramos en un verdadero callejón sin salida y a ver cómo salimos de ésta. 

sábado, 8 de enero de 2011

Desde la atalaya

Así rezan los primeros versos de la archiconocida canción de Dylan, “All Along the Watchtower”, que da título a esta entrada:

“There must be some way out of here, said the Joker to the Thief
There´s too much confusion, I can´t get no relief.”

Sin ánimo de establecer comparaciones ofensivas, la letra parece estar aludiendo a los gobiernos (Joker) pidiendo desesperadamente consejo al sistema financiero (the Thief), que a fin de cuentas es quien nos ha metido en este embrollo, aunque la crisis mundial pueda tener componentes cíclicos estructurales que los economistas sólo acertemos a identificar dentro de veinte años. La verdad es que no les arriendo las ganancias, como se dice popularmente, pues desde la perspectiva de la política económica no se aprecian soluciones, por lo menos de efecto inmediato.

Y por si no tuviésemos bastantes problemas con el estancamiento de la producción y la demanda y la destrucción de empleo en España, el martes pasado recibimos la noticia de que un viejo amigo ha vuelto a la ciudad, la inflación, que a finales de 2010 rozó el 3 por ciento. Nos vuelve a invadir la sensación de dejà vu de haber vivido esto mismo en otras crisis, la de los 70 sin ir más lejos, en la que el desempleo y los precios crecían amigablemente al unísono al ritmo de una melodía titulada estanflación. De nuevo la coyuntura económica se vuelve a cachondear de modelos como la Curva de Phillips, que relacionaba inversamente la evolución del desempleo y de los salarios junto con su influencia sobre el nivel de precios. En plata: que si había desempleo no podía haber inflación. No comulgo con el dogma monetarista de Milton Friedman, pero hay que reconocer que la historia le ha dado la razón cuando decía ya en 1969: “A largo plazo no hay compromiso entre inflación y el desempleo” (“The Role of Monetary Policy”, American Economic Review).

Un artículo publicado recientemente en el diario El País, “Transferencias de poder adquisitivo”, los autores, Antoni Espasa y Emiliano Carluccio de la Universidad Carlos III de Madrid, intentaban explicar este rebrote inflacionista en un momento en que la demanda de bienes y servicios está estancada. A su juicio tiene dos componentes: por una parte, la necesidad de recaudación del Estado que ha provocado recientes subidas del IVA y de los impuestos indirectos (especialmente sobre el tabaco), y de los precios regulados (electricidad, gas, transporte…); el segundo componente, que califican como exógeno, se basa en la subida de precios internacional de las materias primas energéticas, minerales y alimenticias (el que siga los periódicos estos días puede constatar lo grave de este último elemento y las consecuencias fatales que podría tener para los países en vías de desarrollo). Resumiendo, que nos hayamos ante una inflación de costes que encarece los productos aunque éstos no tengan una demanda efectiva, apoyada por una transmisión de poder adquisitivo del ciudadano a un Estado excesivamente endeudado a través de la imposición indirecta.

¿Y cómo se sale de ésta? No tengo la menor idea, a pesar que estoy mareándome al ver como suben y bajan las curvas representadas en las páginas del clásico manual de macroeconomía Dornbusch-Fischer. Pero la situación es:

  • Un círculo vicioso clásico de destrucción de empleo-caída de la demanda (excepto en las exportaciones del sector agroalimentario –¡gracias a Dios!) – y más destrucción de empleo, hasta la quinta parte de la población activa.
  • Un Estado manco desde el punto de vista de la política económica, pues solamente puede intervenir a través de la política fiscal; la mano o prótesis monetaria está en poder del Banco Central Europeo.
  • Un Estado que está llevando a cabo una política procíclica, en vez de anticíclica; es decir, que en vez de estimular la demanda de bienes y servicios poniendo capacidad adquisitiva en manos del ciudadano, se dedica a recortar salarios públicos y a frenar las grandes obras públicas (si Keynes levantara la cabeza…), amen de aumentar la imposición indirecta, es decir, la que incide sobre el consumo.
  • Un Estado endeudado hasta la médula en los mercados financieros internacionales (caray, si generas una deuda que no van a poder pagar ni nuestros bisnietos, por lo menos pon el dinero en manos de la gente para que consuma y tire hacia arriba de la economía).
  • Un Banco Central Europeo que tiene el gatillo fácil a la hora de subir los tipos de interés, es decir, el precio del dinero, y que por desgracia mira más por la locomotora de la UE, Alemania, que está previsto que crezca el año que viene en torno al 4 por ciento, que por nosotros, pobre periferia. Una subida de los tipos ante el posible “recalentamiento” de la economía alemana nos pondría en una situación peligrosa tanto a empresas como a familias en España.
  • Y de la competitividad y la capacidad de innovación del tejido empresarial español ni hablamos…

Volviendo a Dylan, el sector financiero parece que ha pasado de verdugo a asumir la posición de víctima, pobrecito. Me imagino que la respuesta a la desesperación expresada por los gobiernos no diferirá mucho de la segunda estrofa de “All Along the Watchtower”:

“No reason to get excited, the Thief he kindly spoke,
There are many here among us who feel that life is but a joke
But you and I, we´ve been through that, and this is not our fate
So let us not talk falsely now, the hour is getting late”

Efectivamente, éste no es su destino, el de millones de personas que ahora mismo están pasando calamidades.

Hoy no he querido hablar de Social Media porque con la que está cayendo me parece frívolo preocuparme sobre la última pijada de Android, las i-dioteces de Steve Jobs o las redes sociales en las que están mis amigüitos. Otro día será.
 
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