lunes, 8 de octubre de 2012

El estado del bienestar llega a Asia

No, no, éste no es un post de economía ficción, ni he tomado para desayunar churros mojados en coñac 103. La prestigiosa publicación The Economist, en una de sus ediciones de septiembre, dedica un amplio reportaje a lo que considera la próxima revolución asiática: la construcción del estado del bienestar para los ciudadanos de los distintos países del continente.

Los capitalistas más salvajes abrazando, aún tímidamente, la calida silueta de la socialdemocracia (bueno, en la mayoría de los casos el término “democracia” sobra), mientras que, curiosamente, nosotros retrocedemos hacia algo parecido a la sociedad de Manchester de la primera Revolución Industrial. Vivir para ver.

Pues sí, la citada revista afirma que el crecimiento económico de las últimas décadas ( que en casos como el de China se ha mantenido hasta hace poco en dos dígitos) está llevando a las poblaciones de distintos países del continente a demandar a sus gobiernos cosas tan disparatadas para un europeo actual como las pensiones, la sanidad pública o un seguro de desempleo. Indonesia se ha comprometido a crear un sistema de salud público para 2014; India ha llevado las prestaciones sanitarias a 110 millones de los ciudadanos más pobres; China ha extendido la cobertura de las pensiones a 240 millones de habitantes de zonas rurales. Mientras que la construcción de los estados del bienestar europeos llevó más de medio siglo, los asiáticos los van a crear en apenas una década.

No obstante, todavía el gasto público social en estos países no representa más que el 30% de la media europea, así que queda mucho camino por recorrer. Por otro lado, los gobiernos no quieren que la tradición de esfuerzo y trabajo duro que ha articulado el crecimiento económico de estas naciones se diluya por un “exceso de protección” de la población. Éste siempre ha sido un argumento neoliberal contra las políticas sociales sobre el que habría mucho que discutir: los países escandinavos gozan de los estados del bienestar más desarrollados del mundo y su mano de obra es de las más eficientes y competitivas.

Sin embargo, Asia se enfrenta a problemas que pueden obstaculizar este proceso, en concreto, los factores demográficos y las dimensiones de los países.

Mientras que naciones como India gozan de una población relativamente joven, China actualmente presenta la equivalencia de cinco trabajadores por cada persona mayor, proporción que para el año 2035 puede haber bajado a dos. El envejecimiento de la población es un factor de riesgo para la sostenibilidad en el tiempo de la cobertura social.

Por otro lado, el gran tamaño de estos países (en concreto China, India e Indonesia) y la disparidad geográfica de la renta entre sus regiones, dificulta la creación de una intervención social pública verdaderamente igualitaria, que no genere discriminación entre los ciudadanos de una u otra zona. Un buen ejemplo es el abismo que existe entre la China urbana industrial de las ciudades costeras y  el interior rural agrícola.

No existen fórmulas magistrales que se puedan aplicar a lo largo y ancho de Asia; cada país debe aplicar las políticas adecuadas en función de su propia realidad. Sin embargo, los gobiernos deberían contemplar una serie de principios generales: 
  • Antes de formular promesas a la población hay que analizar si realmente se pueden financiar y su sostenibilidad en el tiempo.
  • Enfocar bien el gasto social, asegurarse de que la ayuda se centra en aquellos que más lo necesitan. Un buen ejemplo de lo que no se debe hacer es el de Indonesia, que el año pasado invirtió nueve veces más recursos públicos en subsidiar la gasolina de lo que gastó en sanidad, beneficiando al estrato de población más prospero que es el que puede permitirse poseer vehículos de motor.
  • Hace falta ser flexible e innovador. Flexible para adaptarse a las distintas necesidades del mosaico poblacional que constituyen estos países. E innovador, aprovechando la tecnología para hacer más eficiente la administración pública.
Dado que van a ser los líderes hegemónicos del mundo en este siglo, me alegro de que hayan comprendido la importancia de apoyar a la sociedad desde el sector público.

jueves, 4 de octubre de 2012

De cigarras, hormigas, teutones y caciques

Por enésima vez, el economista Paul Krugman volvía a avisar desde las páginas salmón de El País de lo inadecuado de aplicar políticas de austeridad para salir de la crisis. Parece mentira que lo que a todos nos parece de sentido común, seamos o no expertos en economía, no lo vean las “personas muy serias” (definición del propio Krugman) que nos gobiernan, tanto en España como desde el trono europeo.

A riesgo de resultar tan pesado como keynesiano, la lógica nos susurra que el crecimiento solamente volverá cuando se reactive la demanda interna en nuestro país, es decir, cuando la gente tenga el suficiente poder adquisitivo y la confianza para volver a comprar bienes y servicios, algo que tanto el miedo y el empobrecimiento de la población están obstaculizando ahora.

Y que no nos hablen de la mejora en las cifras de las exportaciones porque es una partida que no tiene excesivo peso en la composición de la demanda española. Eso sí, las empresas que exportan actualmente deben de constituir un ejemplo para el resto del tejido productivo porque han conseguido establecer posiciones en mercados internacionales con productos y servicios de muy alto valor añadido. Es una pista sobre cómo deberíamos enfocar nuestra especialización productiva en el futuro (aunque volveremos a invertir en el ladrillo, conociéndonos).

Krugman nos vuelve a recordar en su texto que los problemas de España se derivan de una burbuja inmobiliaria, que por cierto fue alimentada por la banca alemana, pero que antes de estallar la crisis las cuentas del Estado tenían saldo positivo y el nivel de deuda pública era reducido. O sea que esto no viene de que los sucesivos gobiernos hayan sido derrochadores o de que hayamos creado un estado del bienestar que no nos podíamos permitir, como defiende el credo liberal.

De lo que sí tenemos todos la culpa (esto no lo dice Krugman) es de esa afición que tiene la raza española al dinero fácil, al pelotazo. A un español nunca se le ocurre invertir en una empresa tecnológica que tenga un alto potencial innovador y  posibilidades de destacar en los mercados internacionales. No, el español prefiere comprar inmuebles para venderlos al doble de precio en poco tiempo y forrarse. Quien dice inmuebles dice valores mobiliarios, recordemos la burbuja financiera de 2000. El español es alérgico a la economía real productiva, a tener que esperar y trabajar para que una inversión obtenga su rendimiento. Y así nos va.

Prosigue Paul Krugman citando un informe del Fondo Monetario Internacional que postula que los recortes de gasto en economías profundamente deprimidas, como la que nos ocupa, reducen la confianza de los inversores por el consecuente ritmo de deterioro económico. Es decir, que si la única finalidad de esta política de austeridad salvaje es recuperar la confianza como país ante los mercados, vamos en dirección contraria.

¿Cuáles pueden ser entonces las razones para llevar a cabo este despropósito? El calvinismo y el neoliberalismo.

El Gobierno alemán ha conseguido que sus ciudadanos vean esta situación como la fábula de la cigarra y la hormiga. Los españoles se han dedicado a divertirse y a gastar, en vez de trabajar y ahorrar como nosotros, y por eso están a dos velas. Ellos se lo han buscado. Es una derivada del sentimiento calvinista que subyace en el funcionamiento del capitalismo y que postula que Dios (o el mercado) premia a los justos que lo hacen bien y castiga a los que no con el fracaso y la pobreza.

Y desde nuestro terruño no queda otra explicación para esta situación que a la derecha neoliberal española le ha venido de perlas esta crisis para desmontar el estado de bienestar y la igualdad de oportunidades creada en las últimas décadas. Es fuerte decirlo así pero no veo otra explicación. En Italia hemos visto a políticos llorar en público al anunciar recortes, por el sufrimiento que iban a infligir a la población; el primer ministro griego afirmaba en una entrevista hace unos días que no había un trabajo tan doloroso como el suyo. Pero los políticos de nuestro país parecen gozar con lo que hacen, aplauden y se les ilumina la cara cuando aprueban medidas cada vez más salvajes, especialmente para los más débiles.

Volverán a recuperar la supremacía social (que por otra parte nunca perdieron) y las costumbres caciquistas, sobre una sociedad alienada y empobrecida. El que no se pueda pagar un tratamiento médico, que se aguante y se muera; el que no pueda dar a sus hijos una educación de calidad, pues que hubiera ahorrado. Pero sus hijos siempre estudiarán en las mejores universidades y heredarán la hegemonía sobre el país generación tras generación. Se acabó la movilidad social y esa estúpida clase media llena de pretensiones.

¿Os parece un manifiesto de rojos? Ya me lo contaréis.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Crowdsourcing para buscar extraterrestres

Mucho antes de que el crowdsourcing se llamase crowdsourcing, el programa SETI (Search for Extra-Terrestrial Intelligence) reclamó la ayuda de los internautas de todo el mundo para contribuir a detectar señales de vida inteligente en el cosmos.

Pero vayamos por partes. El crowdsourcing es una modalidad de trabajo colaborativo en red que consiste en invitar a todo aquel que esté interesado y dispuesto a participar en un determinado proyecto a formar parte de él. Francis Pisani lo define así en su libro La alquimia de las multitudes:

“El crowdsourcing es un modelo radical: consiste en invitar a la `multitud´ de los usuarios, a través de la web, a realizar tareas que antes se realizaban dentro de una organización; pero por menos dinero, o incluso gratis”

El paradigma del crowdsourcing es la Wikipedia, una vasta enciclopedia en la que los aficionados publican sus artículos sin recibir nada a cambio, contribuyendo a crear el referente del conocimiento de nuestros días, si bien hay voces críticas en cuanto a su grado de rigor y exactitud.

Y volviendo a los alienígenas, desde la década de los 50 varios científicos postularon la posibilidad de comunicarse a través del universo con otras civilizaciones tecnológicamente avanzadas a través de ondas de radio, de microondas para ser exactos. Las experiencias para detectar emisiones extraterrestres que pudiesen responder a vida inteligente comenzaron en la década siguiente. Se trataba de captar señales de radio de un ancho de banda muy determinado. Esta clase de ondas no se produce de manera natural, por lo que su detección implicaría, casi con toda seguridad, que no estamos solos en el universo.

Durante los años setenta en EE.UU. surgió el programa SETI, destinado a la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Se habilitaron numerosos radiotelescopios para rastrear aquellas regiones del cosmos más proclives a albergar vida. Y a pesar de que la NASA adoptó el proyecto en los ochenta, al poco tiempo el Congreso de los Estados Unidos decidió eliminar la partida presupuestaria destinada a SETI, por lo que la iniciativa quedó a merced de las donaciones privadas.

Aparte del tema financiero, que no es baladí, SETI requiere de ordenadores superpotentes para procesar y analizar la avalancha de señales procedentes del espacio. Y aquí es donde entra el crowdsourcing.

Desde 1999, el equipo e SETI ha utilizado su propia imaginación y la colaboración de los internautas para aumentar la capacidad de procesado de las señales recibidas del cosmos. Para ello invita a todo aquel aficionado a la astrofísica (o no) que quiera participar a instalar un programa informático en su ordenador que les ayuda a analizar parte del ingente volumen de información que manejan.  Es un sencillo software (BOINC Manager) que consigue que toda la red de computadoras particulares que trabajan para SETI funcione como un potentísimo procesador. Además, se puede configurar para que solamente trabaje cuando tu ordenador está en standby de forma que no te produzca ninguna limitación de memoria o de velocidad cuando estés trabajando en él.

¿Lograremos algún día recibir una señal de radio de origen inteligente procedente de estrellas lejanas? Si es así, los internautas participantes en SETI tendrán el orgullo de haber contribuido a establecer contacto con civilizaciones extraterrestres (y por cierto, espero que los aliens no sean tan malos como los de la última película de Ridley Scott).

sábado, 15 de septiembre de 2012

Las nuevas multinacionales y la marca global

A medida que las empresas de países emergentes van saliendo al mercado global se van dando cuenta de la importancia que tiene la marca global, una imagen que establezca una asociación inmediata de la firma y/o sus productos en consumidores de cualquier lugar del mundo.

Las grandes empresas de naciones como China o India parecen seguir el patrón de internacionalización que fijaron las compañías japonesas en las décadas de los sesenta y setenta: pasar de hacer incursiones en la periferia de los mercados de sus competidores globales, a realizar un ataque frontal directo al corazón del negocio. Pero para ello hace falta tener una marca global, según el economista de guardia de la revista The Economist, que firma bajo el seudónimo de “Schumpeter”.

Los datos que justifican esto son evidentes: mientras que los márgenes de beneficio de una empresa sin marca giran en torno al 3-8% y siempre bajo la amenaza de que un competidor rebase a la baja los costes, la empresa que ostenta una marca reconocida puede superar el 15% de margen y gozar de clientes mucho más leales.

Lo cierto es que actualmente destacan pocas marcas de firmas de países emergentes. Entre las 100 marcas más valiosas del mundo, solamente encontramos Samsung y Hyundai de Corea del Sur, Corona de México y HTC de Taiwan. El gigante informático chino Lenovo, actualmente el segundo fabricante de PCs en la esfera mundial, tuvo la buena idea de comprar la línea de negocio ThinkPad de IBM, para asociar su imagen a una marca solidamente posicionada.

Muchas de estas empresas son ya líderes en sus respectivos mercados pero necesitan el poder de la marca global para afianzarse y ser reconocidos en el exterior.

La pregunta es ¿cómo se fabrica una marca global? Los expertos destacan tres aspectos.
  1. Explotando las economías de escala y el conocimiento del mercado local, de cara a abordar los mercados internacionales. Muchas de estas empresas son dominantes en sus países y deben aprender a trasladar ese liderazgo al exterior. Por otro lado, es necesario definir con precisión el segmento de mercado al que dirigirse.
  2. La innovación es un segundo factor de importancia, es decir, la capacidad de lanzar con regularidad nuevos productos que generen ruido y expectación de forma continua.
  3. Por último, están las cuestiones tradicionales del branding, es decir, temas como posicionarse internacionalmente sin que se desborde el presupuesto de marketing; si hay que posicionar el producto de forma independiente de la marca (como hace Procter & Gamble, el fabricante de las cuchillas Gillette, entre muchos otros productos), o por el contrario imprimir en el producto la marca corporativa, etc.
Supongo que no tardaremos mucho en empezar sentir como algo cotidiano la presencia en nuestros mercados de marcas chinas o indias. Es cuestión de tiempo. Y no de mucho.

sábado, 8 de septiembre de 2012

LOCALNOMICS: el patio de mi casa es particular

La globalización parecía un camino sin retorno. Desde hace décadas se nos ha intentado convencer de que la eliminación de las fronteras y la deslocalización de las cadenas de valor de las empresas eran tendencias irreversibles e imparables. Parecía lógico pensar que cualquier gran compañía de EE.UU. o Europa enviaría sus unidades de producción a países como China e India aprovechando la ventaja de unos costes laborales irrisorios comparados con los de casa. El terreno de la competición era el mundo en su totalidad y los contrincantes se multiplicaban en la medida en que las naciones emergentes se convertían en plataformas de exportación de bienes y servicios muy competitivos en costes.

Todo parece indicar que ese determinismo globalizador que orientaba nuestra evolución quizá era ilusorio y que el mundo vuelve reposar en gran media sobre lo local, el patio de casa, del que a lo mejor no llegamos a salir nunca del todo. Es lo que se conoce por localnomics. Por lo menos esto postulaba este verano Rana Foroohar en un artículo de la revista TIME, que llevaba el curioso título “Go Glocal”. Aunque el análisis se realiza desde la perspectiva de la economía los Estados Unidos entiendo que puede aportar reflexiones aplicables a nosotros, los pobres europeos.

Las crisis mundiales tradicionalmente has supuesto un retorno al proteccionismo y a la desconfianza mutua entre naciones, en algunos casos con desenlaces trágicos como las guerras mundiales (eso sí lo consiguió la globalización en el siglo XX, el que las guerras tuviesen lugar a escala planetaria). La que nos azota no es una excepción, pues a la vista está el grado de deterioro y fragmentación de las relaciones entre países, con especial incidencia en la Unión Europea, antaño un feliz grupo de compañeros de viaje. Foroohar pone varios ejemplos de la vuelta al proteccionismo, como la renacionalización de YPF en Argentina, la aplicación de controles a la circulación de capital en diversos países, la subida de aranceles en economías como la china, la turca, la japonesa o la estadounidense... En sus palabras:

“Esto supone centrarse más en los ecosistemas económicos regionales y en impulsar la creación de empleo en casa en lugar de depender de los mercados globales para salir adelante”.

El artículo identifica cinco grandes reglas que regirán la localnomics (juego de palabras que conjuga los términos economía y local) por oposición a la globalización descontrolada.

1. Los banqueros locales lo saben mejor. Después de estallar la gran crisis, el sector financiero mundial no va a quedar igual que antes. La experiencia obliga a autoridades de ambos lados del Atlántico a controlar más de cerca los movimientos y operaciones financieras que antaño fluían con entera libertad, y que han desembocado en el desastre económico en el que nos vemos sumergidos. Al contrario de los que ocurre en Europa en donde se tiende a la fusión bancaria en macroentidades transnacionales, Rana Foroohar piensa que en EE.UU. la reforma del sector puede derivarse en la fragmentación de los grandes bancos en otros más pequeños. Al estar más cerca del terreno y más alejados de las finanzas globales, estas entidades conocerán mejor a sus clientes locales, mitigarán por tanto el riesgo, y se dedicarán a inyectar financiación a la pequeña y mediana empresa regional.

2. Las manufacturas importan. A medida que la economía financiera entra en declive, cobra más relevancia como pilar del crecimiento la producción de bienes, es decir, la industria. De hecho, se está empezando a hablar de una nueva revolución industrial dado que el sector productivo se convierte progresivamente en la locomotora de la economía.

3. Trabajadores altamente tecnológicos en las cadenas de producción. Con cierta sorna, el autor afirma que  la forma de competir en coste con los productos procedentes de China es introducir mano de obra todavía más barata: robots. Sobre este particular expone el ejemplo de la fábrica de Illinois de la empresa Caterpillar, que vende vehículos para la construcción, en donde los trabajos poco cualificados y rutinarios de la cadena de producción son realizados por autómatas que son manejados por trabajadores humanos con cualificación tecnológica. La plantilla no se ha reducido por culpa de las máquinas, pero ha aumentado sustancialmente su grado de cualificación. Boston Consulting Group estima que en cinco años volverán a EE.UU. del orden de tres millones de empleos industriales, que en su día partieron hacia naciones emergentes. Sin embargo, esta demanda será de trabajadores muy cualificados especialmente en aspectos relacionados con las TIC.

4. Lo cercano es más rápido y lo rápido es bueno. Aparte de la repatriación a Estados Unidos de eslabones de la cadena de valor de las empresas, éstas están descubriendo el valor de situarse cerca de sus mercados locales en el país. La proximidad a sus clientes establece la posibilidad de conocerles mejor y atender mejor sus necesidades, además de poder garantizar el suministro just-in-time. La tendencia de llevar las líneas de producción allá donde resulte más barato ya no es generalizada. Han surgido muchos inconvenientes a la práctica de producir fuera: la subida de los costes de la energía y por ende del transporte, la inseguridad política en algunas naciones, las catástrofes naturales... En fin, que no todo son ventajas.

5. Los líderes locales deben defender sus intereses. Cuando China, el gran paradigma de la nueva economía, demuestra ser un mercado muy cerrado al producto exterior y en el que el gobierno favorece abiertamente a la empresa local frente a la extranjera, nos damos cuenta de la gran estafa que es esto de la globalización. Si a eso le sumamos que su competitividad en costes reposa sobre mano de obra semiesclava, entonces es mejor que hablemos de otra cosa. El autor del artículo invita a las ciudades de EE.UU. a que se conviertan en las defensoras e impulsoras de su propio desarrollo, estableciendo el clima y los incentivos adecuados para atraer la inversión productiva y el empleo.

En la filosofía localnomics la batalla económica y comercial se libra desde el término municipal, ya no desde los estados.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Ciencia, creencias y estupidez

No hay cosa peor que que nos tomen por idiotas. Las religiones se han especializado en ello, en el engaño y la comedura de coco, a lo largo de los siglos, pero los poderes públicos, tanto legítimos como impuestos, no se han quedado atrás en el intento. Una de las especialidades de los manipuladores es el intentar hacer pasar por verdades inmutables los dogmas de fe o las premisas ideológicas.

Desgraciadamente esto es lo que sufrimos en la actualidad en el contexto de la crisis mundial por la que pasamos. El desmoronamiento general de las economías occidentales le está sirviendo de excusa a la derecha neoliberal para imponer sus criterios ideológicos, a través de las políticas públicas, y venderlos como soluciones avaladas por la ciencia económica. A estas alturas ya nadie con dos dedos de frente se cree que reduciendo el volumen de la Administración y el poder adquisitivo del ciudadano se vaya a recuperar la actividad productiva y se vaya a crear empleo. Va contra toda lógica, pero nos tienen donde quieren.

Pero lo venden, tanto el BCE como los líderes europeos, como la única solución a nuestros problemas, como la única alternativa de política económica que se puede aplicar en esta situación. Teniendo en cuenta que la economía no es una ciencia exacta y que sirve mejor para explicar el pasado que para predecir el futuro inmediato (a los hechos me remito), resulta ridículo que nos presenten sus principios ideológicos como recetas para promover el crecimiento económico. Liberalizarlo todo, reducir los derechos de los ciudadanos al mínimo, desproteger a la sociedad… Algún día nuestros descendientes, si llegan a existir, estudiarán esta época como la gran era de la manipulación y el engaño.

El paso del tiempo pone en evidencia lo estúpido y manipulado de los principios, creencias e ideas de determinadas sociedades en determinadas épocas. Ahora que entramos en décadas oscuras para la razón conviene recordar ejemplos de la estupidez humana de otras épocas. Me remito al filósofo Bertrand Russell y  a un artículo que escribió como respuesta al veto que se le impuso, por sus ideas liberales, para dar clase en la Universidad de la Ciudad de Nueva York en 1940.

El escrito, titulado “La libertad y las universidades”, contiene dos ejemplos de la majadería que emana de imponer la ideología o las creencias a la ciencia que no tienen desperdicio.

En el primero, se hace alusión a una organización denominada “Sociedad de la Tierra Plana”, que según Russell existía en la ciudad de Durban hacia 1900 (supongo que no habían tenido conocimiento del viaje de Magallanes, digo yo). Uno de sus miembros desafió al mundo a un debate público para que alguien probase la redondez de nuestro planeta. Recogió el testigo un capitán de barco basando su argumentación a favor de la curvatura de la tierra en el hecho empírico de que él lo había recorrido. Pues el argumento fue desechado y el defensor de la planicie obtuvo dos tercios de mayoría en las votaciones. Y comenta Russell con sorna:

“Una vez manifestada así la voz del pueblo, el verdadero demócrata debe sacar la conclusión que en Durban la tierra es plana. Espero que desde entonces nadie pueda enseñar en las escuelas públicas de Durban (creo que allí no hay universidad), a menos que suscriba la declaración de que la redondez de la tierra es un dogma infiel destinado a fomentar el comunismo y la destrucción de la familia”.

Pero no os riáis tanto los de izquierdas de los cristianos fanáticos radicales, que también el socialismo real ha dado situaciones patéticas, aparte de los discursos de Fidel Castro (de Chávez ni hablamos). En el mismo artículo, Bertrand Russell incluye un texto sin desperdicio que apareció publicado en la Revista Astronómica de la Unión Soviética en 1938. Con esa aproximación a la ciencia me cuesta creer que lograsen poner a un hombre en órbita:

“La cosmogonía burguesa moderna se encuentra en un estado de profunda confusión ideológica, resultante de su negativa a aceptar el único verdadero concepto materialista-dialéctico, a saber, la infinitud del universo, tanto con respecto al espacio como con respecto al tiempo”.

Por alguna razón a Stalin le molestaba vivir en un universo finito y curvado sobre sí mismo. En que estaría pensando el idiota de Einstein…

“Las pocas obras materialistas soviéticas existentes sobre problemas de cosmología han permanecido aisladas y han sido suprimidas por los enemigos del pueblo hasta hace poco”.

La verdad es que es una injusticia porque hace falta ser un genio para asociar la mecánica cuántica con el materialismo histórico. Todavía deben estar resonando en el cosmos las carcajadas de la comunidad científica internacional.

“El éxpose de los enemigos del pueblo soviético hace necesario el desarrollo de una nueva cosmología materialista soviética”.

Supongo que esta visión dialéctica de la cosmología y la física es lo que llevó a que la URSS perdiera dos naves en Marte (las Mars 3 y 6) a principios de los 70. Es broma, los yanquis han perdido muchas más durante la carrera espacial.

“Se estima necesario que la ciencia soviética entre en la arena científica internacional aportando sólo realizaciones concretas en las teorías cosmológicas basadas en nuestra metodología filosófica”.

Yo no sabía que había una ciencia de derechas y otra de izquierdas. ¿Debo entender que la Ley de la Gravedad no funciona igual en Cuba y Corea del Norte que en los países capitalistas?

En fin, que aparte de risas, la estupidez humana asociada a un dogma de fe o a una ideología no conoce límites. Espero que dentro de 40 años los discursos de Merkel, Draghi y Rajoy nos hagan reír tanto como el debate sobre la tierra plana o la cosmología dialéctica, a no ser que hayan convertido el mundo occidental en un erial de pobreza y desigualdad social tal que se nos hayan quitado las ganas de cachondeo.

PD. Por cierto, Romney me da pero que mucho miedo: estadounidenses, votad a Obama, por favor!

lunes, 27 de agosto de 2012

Los BRIC suspenden en innovación

La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual en colaboración con INSEAD ha publicado el informe “Índice Mundial de Innovación 2012”, un documento que valora y clasifica los esfuerzos innovadores de las naciones del mundo estableciendo un ranking de mayor a menor, tanto general como por regiones y en función de la renta.

El objeto de este ejercicio es, por una parte, destacar el papel de la innovación como factor de crecimiento económico de los países, y por otra, establecer una comparación horizontal que permita contrastar la situación de cada nación independientemente de su nivel de renta.

Los diez primeros puestos de la lista son en su mayoría previsibles, a saber, Suiza, Suecia, Singapur, Finlandia, Reino Unido, Holanda, Dinamarca, Hong Kong, Irlanda y EE.UU. Sorprende quizá la clasificación de Irlanda por encima de Estados Unidos dado que es uno de los “ángeles caídos” de la Unión Europea.

Pero lo realmente sorprendente es que ninguna de las naciones emergentes más fuertes de América Latina esté en el grupo de los 50 primeros, excepto Chile que ocupa la posición 39. Parece ser que las grandes apuestas americanas destinadas a ejercer la hegemonía en el nuevo orden económico no son fuertes en innovación. La poderosa maquinaria productiva brasileña apenas alcanza el puesto 58, Colombia el 65, Argentina el 70, Perú el 75 y México el 79. Por cierto, España está en el 29 del ranking mundial.

Si dirigimos la vista hacia los BRIC del este la cosa cambia algo, aunque se mantienen en niveles bajos. Dentro de la parte euroasiática de las potencias emergentes, China ocupa el puesto 34 dentro de la clasificación mundial, Rusia el 51 y la India el 64. Tampoco es para tirar cohetes, sin embargo, los autores del estudio subrayan que “los resultados obtenidos por China en el pilar fundamental de producción de conocimientos y tecnología solo han sido superados por Suiza, Suecia, Singapur y Finlandia”. Parece ser que este indicador es fundamental de cara a aumentar en el futuro la posición en el ranking general. Por otro lado, India y China encabezan la lista complementaria de eficiencia en la innovación que muestra qué países sobresalen en la transformación de determinados recursos invertidos en productos de la innovación. Esto demuestra que no hace falta tener un elevado nivel de renta para innovar bien.

El informe insiste en la necesidad de que los países emergentes inviertan más en sus entornos y estructuras de innovación, incluidas China e India, que a pesar de evolucionar favorablemente presentan serias deficiencias en este campo. El caso de América Latina es aún más preocupante y requiere de unas políticas de fomento de la innovación mucho más vigorosas, si quieren entrar en la competencia mundial de productos y servicios de valor añadido, y dejar de ligar el crecimiento a la exportación de productos primarios, cuyos mercados son volátiles e inestables.
 
Google Analytics Alternative