sábado, 16 de febrero de 2013

Empleo de calidad para Latinoamérica

Está en boca de todo el mundo el tema de la mejora generalizada de las economías de la región de Latinoamérica. Parece ser que, tras varias décadas perdidas en las que avanzó poco o nada el desarrollo de dichos países, desde el año 2000 han enganchado una etapa floreciente que, por ahora, parece haber esquivado las dificultades a las que se enfrentan tanto los Estados Unidos como Europa, entre otros, desde 2008.

En el terreno de la creación de empleo, o lo que es lo mismo, de la lucha contra el desempleo, los resultados son igualmente alentadores. El gráfico siguiente, procedente del diario El País,  muestra como en la mayoría de las naciones latinoamericanas el paro ha descendido en los últimos diez años, siendo especialmente significativa la caída en Panamá, Uruguay, Argentina, Paraguay, Venezuela y Colombia.



La pregunta es si esa mejoría estadística tiene un reflejo en las condiciones de vida de los trabajadores y de la población en general. Como refleja el artículo Hacia el pleno empleo pero en precario, publicado por el diario El País el 15 de enero, el hecho de que efectivamente se esté creando empleo en la región no implica necesariamente que dicho empleo sea de calidad, entendiendo como tal un puesto de trabajo que contemple la cobertura social y que proporcione ingresos suficientes como para esquivar la pobreza.

En suma se trata de que la mejoría económica sin precedentes que experimenta el continente realmente se traduzca en una mejora de vida para toda la población, algo que solamente se puede articular mejorando los niveles salariales y las políticas de protección del trabajador por cuenta ajena. Sin embargo, la propia naturaleza económica de la situación latinoamericana actual nos lleva a dudar de su efecto potencial en el bienestar general.

El principal problema, y dejando de lado casos excepcionales, es que la mayoría del empleo se ha creado en sectores de baja productividad, de salarios reducidos y con altos índices de empleo informal. Son por ejemplo el comercio minorista, la construcción y la producción manufacturera, pero de bajo contenido tecnológico. La construcción, que en el año 2000 suponía el 7,1% de los empleos urbanos latinoamericanos, ascendió hasta el 8,7% en 2011, y el comercio pasó del 22,3 al 26,3%. Estamos por tanto hablando de creación de empleo de baja calidad, algo de lo que sabemos mucho en España, por desgracia.

A pesar de proporcionar ingresos en el presente, los empleos precarios tienden a perpetuar y reproducir la pobreza, en vez de ayudar a salir de ella, dado que limita el derecho del trabajador a recibir prestaciones sociales como el acceso a la sanidad, la cobertura del desempleo o la pensión de jubilación.

Resulta imprescindible que América Latina no pierda la ventaja que le está proporcionando el no haber sufrido la crisis global hasta el momento y reenfoque su especialización productiva, y su papel en el teatro de la economía global, hacia la producción de bienes y servicios de alto valor añadido tecnológicamente intensivos (un consejo que también le daría a España, pero nosotros estamos en peores condiciones para cumplirlo).

El modelo clásico basado en exportaciones de productos primarios, en gran parte responsable de esta década de progreso (especialmente gracias a la demanda procedente de China), es en exceso vulnerable pues depende de la relación real de intercambio en el marco internacional de las materias primas, un elemento volátil, y no redunda en la creación de empleo de calidad. De hecho, el artículo citado nos recuerda que  “la industria petrolera, la minería y la agricultura no son sectores de mano de obra intensiva, no generan tanto trabajo como divisas.” Quizá la fórmula sería derivar los ingresos procedentes de estas actividades al desarrollo de otros sectores de mayor productividad y capacidad de creación de empleo de calidad. No hay que perder esa oportunidad.

martes, 12 de febrero de 2013

Mercado laboral: dos crisis y una paradoja

Altas tasas de empleo juvenil asociadas a una carencia de personal cualificado en las profesiones críticas que demanda el mercado. Es lo que la consultora Mckinsey denomina “dos crisis y una paradoja” en un reciente informe sobre desempleo juvenil, Education to Employment: Designing a System That Works.

El trabajo ha orientado su foco de estudio hacia nueve países heterogéneos de distintos continentes: Brasil, Alemania, India, México, Marruecos, Turquía, Arabia Saudí, Reino Unido y los Estados Unidos de América. Afirma citando a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que en el mundo existen alrededor de 75 millones de jóvenes desempleados; paradójicamente, en torno al 43% de los empleadores entrevistados en las naciones pertenecientes a la muestra afirman no encontrar personal lo suficientemente cualificado para hacer frente a su demanda.

Supongo que este problema no afecta a Grecia o a España, en donde no hay empleo de ningún tipo ni para jóvenes cualificados ni para jóvenes sin cualificar, pero conviene seguir de cerca el problema, aunque solamente sea como un sano e higiénico ejercicio intelectual. Por desgracia nuestros problemas son otros.

Pero vayamos al grano. El informe detecta seis grandes problemas en los sistemas de educación y formación que obstaculizan el acceso al empleo. Algunos nos suenan como la letanía que siempre repite la patronal en países como España, lo que no quiere decir que les falte razón, aunque habría que pensar que la educación de las personas tiene como objetivo crear ciudadanos cultos y responsables, no curritos inmediatamente adaptables a un puesto de trabajo. Pero bueno, no discutiremos estos temas.

1. Los empleadores, el sistema educativo y los jóvenes viven en universos paralelos. Los tres tienen distintas visiones de una misma realidad. Menos de la mitad de los jóvenes entrevistados piensa que tiene una formación adecuada al mundo laboral, mientras que el 72% de los educadores si lo cree. A juicio de los autores no existe una relación y una comunicación permanente entre los educadores y los empleadores que pueda adecuar la oferta y la demanda de formación.

2. El viaje de la educación al trabajo está plagado de obstáculos: costearse una educación superior a menudo muy cara; en segundo lugar, los currículos no contemplan por lo general la enseñanza de habilidades laborales; y finalmente, el acceso al trabajo suele suponer una ruptura en el proceso, dado que en la mayoría de los casos el primer empleo suele tener poco que ver con el campo de los estudios cursados.

3. El sistema de educación para el trabajo falla tanto para los jóvenes como para los empleadores. En porcentajes, existe una mayoría de descontentos en ambos grupos.

4. Los programas innovadores y efectivos que se aplican en distintas partes del mundo tienen elementos importantes en común. En concreto, suelen basarse en el hecho de que los educadores y los empleadores “invaden” el terreno del contrario: los primeros promueven que los estudiantes compaginen los estudios con trabajos a tiempo parcial y los segundos intervienen en el desarrollo del currículo formativo.

5. La creación de un sistema exitoso de educación para el empleo requiere de nuevos incentivos e infraestructuras: más información sobre oportunidades profesionales para padres y jóvenes; más colaboración y acuerdos entre los empleadores y los trabajadores de cada sector de actividad; y finalmente, los países necesitan integradores, órganos capaces de tener una visión completa del sistema de educación para el trabajo, demasiado fragmentado y heterogéneo, que recojan información, destaquen las buenas prácticas y asesoren.

6. Los sistemas de educación para el empleo necesitan ampliar su escala. El informe hace referencia a tres retos:
a) eliminar las restricciones de recursos de los proveedores de educación,
b) ampliar las oportunidades de la juventud de aprender trabajando, y,
c) superar la resistencia de los empleadores de invertir en formación.   

miércoles, 6 de febrero de 2013

Queríamos coches voladores y en vez de eso nos dieron 140 caracteres

No se puede expresar con más gracia que con la frase del título, cuya autoría se atribuye a la empresa de capital riesgo Founders Fund, la sensación de decepción que tenemos todos los que nacimos cerca del ecuador del pasado siglo acerca de los logros de la ciencia en el presente, entonces el brillante futuro. Recuerdo una colección de cromos que regalaba a principios de la década de los setenta una conocida marca de bollería industrial en la que, entre otros temas, se dedicaba una sección a lo que se preveía que sería el mundo del futuro, que en esa época estaba representado por el mítico año 2000. Las ilustraciones correspondientes nos situaban viviendo en casas encerradas en cúpulas transparentes, sobre pilares por encima de la frondosa vegetación, en ciudades surcadas por monorraíles. Sin embargo, salvo detalles y ampliaciones, las ciudades que habitamos siguen teniendo el mismo aspecto que hace 50 años. No existen tampoco coches voladores como en la distopía Blade Runner, pero tenemos una chorrada llamada Twitter que nos permite informar al mundo de lo horteras que son nuestros gustos musicales, por ejemplo.

Existe una corriente de pensamiento de pesimistas en torno a la innovación que defiende que, tras el boom tecnológico que transforma el mundo entre 1900 y 1970, el ritmo de innovación se ha estancado y ya no tira del crecimiento económico. Es un tema tratado en el artículo Innovation pessimism: Has the ideas machine broken down?, que publica The Economist en uno de sus números de enero.

Nos plantean el siguiente razonamiento: si entramos en una cocina de principios del siglo XX y luego en otra de, pongamos, 1965, nos encontramos ante dos realidades radicalmente distintas. Pero si comparamos la de 1965 con una actual nos damos cuenta que, quitando algún aparato más que otro y los displays digitales, básicamente tienen la misma forma y funcionan de la misma manera.

La argumentación que defiende que la innovación en el mundo actual se ha estancado parte de tres líneas o postulados.

En primer lugar, los autores consideran que la tasa de producción por persona (responsable del crecimiento intensivo, es decir, el que mejora el rendimiento de los recursos materiales y de los trabajadores, en parte gracias a la aplicación de la tecnología a los procesos de producción) se ha desacelerado en el mundo desarrollado: hacia 1950 este indicador crecía al 2,5% anual en EE.UU.; en la década de 2000 estaba por debajo del 1% y desde 2004 no supera el 1,33%.

Un segundo elemento está relacionado con el volumen de innovación y la “intensidad investigadora”, medida como la “cantidad de fuerza de trabajo empleada en sectores generadores de ideas”. Se considera que esta variable es determinante para el crecimiento pero que tiene una limitación natural pues no puede crecer indefinidamente. Y aunque se ha expandido considerablemente el número de trabajadores empleados en actividades de I+D desde 1975, estudios realizados demuestran que la contribución del trabajador en actividades de I+D al crecimiento es ahora siete veces menor que 1950.

El último argumento planteado defiende que a simple vista la capacidad transformadora de la vida cotidiana de la tecnología es infinitamente menor desde 1970. El mundo de 1950 era radicalmente distinto del de finales del siglo XIX (automóviles, aviones, nuevos materiales y fuentes de energía…), pero el del último cuarto del siglo XX no es tan distinto del momento actual.

Hay quien postula que las invenciones realmente transformadoras ya han sido realizadas en el pasado y que ahora solamente queda mejorarlas. Se trataría de la capacidad de producir y distribuir energía a gran escala, de poder hacer confortables los edificios independientemente de la temperatura exterior, las mejoras en la rapidez en el transporte y la posibilidad de comunicarse con cualquiera en cualquier parte del mundo. Todo ello ya existe.

Si nos fijamos, la tecnología de base de nuestra adorada e idolatrada sociedad digital tiene su origen en la segunda mitad de la década de los sesenta, con la aparición de ARPANET, el Internet primitivo. No hay nada nuevo bajo el cielo.

Cuando yo era pequeño dábamos por hecho que tras el alunizaje de 1969 la carrera espacial no había hecho más que empezar, y que pronto tendríamos bases en la luna y mandaríamos vuelos tripulados a los planetas más cercanos. Casi cincuenta años después todavía no ha llegado nada de eso y no parece que esté cerca.

Como indica el artículo, la medicina ha evolucionado sobremanera en las últimas décadas, pero la gente se sigue muriendo de cáncer y de ataques al corazón como en el siglo pasado. No hemos asistido a ningún descubrimiento verdaderamente transformador.

Y sin embargo, la innovación tecnológica puede presentar ciertos retardos temporales en relación con su efecto sobre la economía y la sociedad, lo que explicaría esta aparente ausencia de cambios serios. En 1987 el economista Robert Solow afirmaba con sorna que se podía contemplar la era de los ordenadores en todas partes excepto en las estadísticas de productividad; el efecto de la informática sobre la productividad comenzó a registrarse a mediados de la década de los noventa. A lo mejor todavía quedan varios lustros para que veamos los efectos sobre nuestras vidas de los descubrimientos actuales en los campos de la nanotecnología, la biotecnología o la tecnología de redes.

martes, 29 de enero de 2013

España y la trampa masiva de la pobreza

La “trampa masiva de la pobreza” es como describe un informe de la Unión Europea la situación actual de nuestro país. En concreto se trata de Employment and Social Developments in Europe 2012 (parece de coña hablar de desarrollo social en esta situación, pero ya sabéis lo finos que son los europeos de arriba), un amplio estudio sobre la situación del empleo y del bienestar social en los distintos países de la UE. A este respecto el trabajo afirma que en los estados del Báltico, Bulgaria, Grecia, Italia, Malta y España “existe un elevado riesgo de caer en la pobreza [para la población], y pocas oportunidades de salir de ella, creándose una trampa masiva de pobreza”. Asusta solamente el término.

A otros países tienen un panorama más reconfortante; en Austria, Francia y Reino Unido tantos las tasas de entrada como las de salida de la pobreza son altas. Esto quiere decir que aunque es fácil caer en la pobreza, también es relativamente fácil salir de ella. Por último, el grupo formado por los países nórdicos y el Benelux presenta bajas tasas de entrada y salida de la pobreza.

A pesar de que como vemos la crisis no afecta con la misma intensidad a todos los miembros de la Unión Europea, el informe reconoce que la región se encuentra en conjunto en plena recesión económica, con tasas de paro crecientes y una demanda agregada interna excesivamente débil, incapaz de encender la chispa de la recuperación. Adicionalmente, y sobre todo en los Estados miembros del sur y del este, se está produciendo un serio deterioro social al haber caído los sistemas de protección de los hogares. Francamente, lo plantean como si fuese un fenómeno de la naturaleza cuando hay una voluntad política en la Comisión de reducir al mínimo el gasto y la inversión pública, elementos que podrían frenar el malestar y el sufrimiento de las familias.

También se destaca la polarización social que trae consigo la crisis actual, que está cebándose especialmente en los colectivos más desfavorecidos/desprotegidos, como son los jóvenes, niños y hasta cierto punto, los inmigrantes. Además está profundizando las desigualdades asociadas al género.

El análisis del mercado de trabajo europeo pone en evidencia el incremento del desempleo de larga duración y el riesgo de exclusión social que este fenómeno conlleva. Por desgracia aquí vuelve a salir con fuerza el nombre de nuestro país.

Los sistemas de protección social han aliviado durante a primera fase de la crisis la presión sobre los hogares, en concreto, entre 2007 y 2009. Sin embargo, en los años posteriores se han ido debilitando. El informe detecta distintos efectos de las distintas políticas anticíclicas que han llevado a cabo los Estados miembros. Países con niveles similares de gasto social obtienen resultados muy diversos en términos de la reducción de la pobreza.

Finalmente, aparece en esta reflexión el tema recurrente (yo por lo menos lo llevo escuchando desde que tengo uso de razón) de la falta de adecuación de la formación con las necesidades del mercado de trabajo. Este factor, a juicio de los autores, afecta a la competitividad y al crecimiento de la economía europea, mina la inclusión social, y genera importantes costes sociales y económicos.

En este sentido, uno de cada tres empleados europeos está sobre o infracualificado en relación con la demanda, situación que se acentúa, cómo no, en los países mediterráneos. Parece ser que tendemos a presentar niveles más bajos de inversión pública en los sistemas de educación y formación, lo que limita la capacidad de estos sistemas para responder a los cambios en las necesidades del mercado. Pues no quiero ni pensar cómo estará este tema dentro de dos décadas después de los recortes que están aplicando actualmente en la educación.

sábado, 19 de enero de 2013

El creciente papel global de la multinacional latinoamericana

Dentro del peso que están empezando a ocupar las denominadas economías emergentes en el gran retablo del mercado global, destaca la aparición de multinacionales procedentes de dichos países, un fenómeno que antaño parecía vedado a EE.UU., Europa y a potencias asiáticas como Japón y Corea. En el caso de Latinoamérica, la década de bonanza que experimenta la región está conduciendo a que numerosas empresas hayan comenzado a exportar capital productivo más allá de las fronteras de sus países de origen. Son lo que los expertos conocen como multilatinas, que son descritas en una interesante entrevista de Universia Knowledge Wharton.

En el ranking de la revista Fortune de las 500 mayores corporaciones del mundo, el conjunto de Latinoamérica cuenta con 12 empresas (un 2,4% del total), una cifra a primera vista poco llamativa si tenemos en cuenta que España cuenta con 9 y que China ostenta 61. Sin embargo, es importante el crecimiento de esta variable, que en 2005 suponía solamente 5 compañías latinas dentro de la lista.

El origen de las multilatinas hay que buscarlo tanto en el periodo de crecimiento económico sostenido que vive el continente como en la mayor apertura de los mercados, así como en las privatizaciones y en la desregulación de determinados sectores de actividad. En suma, es el efecto de la integración de América Latina en la economía global. La globalización es un camino de doble dirección que no implica únicamente la expansión geográfica del capital de las naciones desarrolladas.

Existen numerosos ejemplos de compañías multinacionales latinoamericanas líderes de sus respectivos sectores, a pesar de que no figuren en los controveritidos rankings internacionales. En Argentina nos encontramos a Arcor en el mercado de las golosinas y a Tenaris en la producción de tubos de acero; México tiene a Bimbo en panadería, a Grupo Modelo en el sector cervecero y a Cemex en la fabricación de cemento; finalmente, en Brasil destacan Braskem en bioplástico y Embraer en jets regionales.

Como podemos ver por los ejemplos anteriores, la región latinoamericana está abandonando su modelo tradicional basado en la exportación de materias primas y abrazando la especialización en sectores de actividad de mayor valor añadido. No se puede hablar de un modelo de desarrollo de ventajas competitivas latinoamericano en la actualidad; cada empresa busca su propio camino y no se puede establecer un patrón común. Sin embargo, sí que existe un elemento en el que todas las multilatinas coinciden: el no ajustarse al esquema de la compañía multinacional tradicional que basaba su ventaja competitiva en una determinada tecnología o en el renombre de su marca.

Los rasgos que definen la posición competitiva de las multilatinas son muy distintos y generalmente están asociados a factores de supervivencia y adaptación al entorno. Destacan temas como la excelencia en la ejecución y fabricación, la capacidad para gestionar alianzas y adquisiciones, la habilidad para desenvolverse en países con entornos institucionales débiles o la especialización en nichos muy concretos de mercado.

En el caso de las adquisiciones de otras empresas, muchas multilatinas han sabido hacerlo con sensatez e inteligencia, adquiriendo aquellas compañías con valor estratégico que pueden aumentar el valor del negocio en su conjunto, e integrándolas con eficiencia en el mismo. Buenos ejemplos de esto son la mexicana Cemex, o la argentina Tenaris, que es líder mundial en la fabricación de tubos de acero gracias a un acertado aumento de tamaño a través de las adquisiciones.

Aprender a sacar ventaja competitiva en un mercado caótico es otra virtud de este tipo de empresas, como la mexicana América Móvil, que aprendió en su México natal a vender en un mercado de telefonía móvil con una regulación ineficaz y deficiente, para posteriormente exportar a mercados similares esa habilidad adquirida en casa.

Por su parte, la brasileña Natura Cosméticos se especializó en nichos de mercado específicos en su país, la producción de cosmética con elementos naturales procedentes de la Amazonia, y en la venta puerta a puerta. Este modelo lo ha sabido llevar con éxito a los mercados internacionales, jugando con una ventaja competitiva que no tienen los rivales ya establecidos.

En otro orden de cosas, el diario económico Cinco Días destacaba a finales del pasado año el significativo aumento de la productividad de la empresa de América Latina, el mayor de todas la regiones del mundo, que ha supuesto un incremento del  46% entre 2008 y 2012. Una justificación de este dato es el buen comportamiento macroeconómico del continente, pero también hay que destacar la implantación de planes eficientes de racionalización operativa y de reducción de costes en las empresas.

Parece ser que algo está cambiando para siempre en Latinoamérica.

domingo, 13 de enero de 2013

SIE12: ya no hay vida fuera de las redes

Un año más nos toca aquí hablar del Informe de la Sociedad de la Información en España SIE12 de Fundación Telefónica, una obra de referencia para entender el estado actual y las proyecciones de futuro de la sociedad en red que nos ha tocado vivir. Antiguamente el interés de este tipo de informes estaba limitado a los profesionales del sector de las telecomunicaciones, pero hoy en día las telecomunicaciones y las tecnologías asociadas están en todos los aspectos de nuestras vidas, de forma que estudios como SIE12 hablan de todos nosotros, de lo que no sucede diariamente y de nos sucederá en breve.

Los autores de la obra han identificado dos grandes megatendencias que a su juicio caracterizan la sociedad digital en 2012, una asociada a la oferta y otra a la demanda y el consumo. Desde la oferta se ha constatado que a pesar de la crisis y de que la pérdida de márgenes de beneficio de los agentes del sector, las inversiones en el sector TIC se han mantenido, tanto en el ámbito de la renovación de infraestructuras como en la investigación y desarrollo para crear nuevos y más competitivos servicios. Por el lado de la demanda se pone en evidencia la importancia de los servicios sobre el terminal de acceso, es decir, que los usuarios acceden a los servicios en red desde múltiples terminales, rompiéndose la vieja asociación Internet-Ordenador. El desarrollo de la banda ancha móvil y la proliferación de tablets y smartphones son en gran medida los culpables de esto.

Destacan igualmente varias tendencias actuales en el ámbito de la sociedad en red:

  • Después de casi veinte años de Internet en nuestras vidas, hemos aprendido a hacer un uso maduro y responsable de las redes. Esta racionalización del consumo no lleva a elegir el medio y el momento más adecuados para utilizar cada servicio de red.
  • En relación a los contenidos, las alternativas digitales se imponen (son preferidas por los usuarios) a los medios físicos, excepto en el caso del libro.
  • Internet está contribuyendo a que aumente la transparencia de las Administración y los gobiernos, pues permite poner grandes volúmenes de información a disposición del ciudadano.
  • El smartphone se convierte en el centro de la vida digital personal. Curiosamente y a pesar de ser el país más castigado por la crisis, España encabeza el uso de teléfonos inteligentes en Europa, superando en usuarios a Reino Unido, Francia, Alemania e Italia.

Finalmente, SIE12 señala una serie de tendencias de futuro que ya comienzan a hacerse patentes:

  • La fibra óptica hasta el hogar asegurará un futuro más conectado.
  • El sector comercial se verá estimulado por los servicios de pago en el móvil.
  • El Big Data permitira a las empresas extraer valor de las grandes avalanchas de datos. Big Data viene a ser un nuevo modelo de tratamiento de la información para afrontar la ingente cantidad de información que nos rodea. 

miércoles, 9 de enero de 2013

La desigualdad está aquí para quedarse

Es ampliamente reconocido por todo tipo de organismos y estudios que la crisis actual, el cambio de paradigma socioeconómico más bien, está ampliando la desigualdad en la distribución de la renta entre los colectivos más acomodados y los más desposeídos. El argumento de la inexorabilidad de los recortes de la presencia del Estado en la economía (a través de los recortes en las partidas presupuestarias) para salir adelante, aunque es inconsistente y falso tanto dentro de la lógica económica como de la lógica sin más, ha cuajado como la única solución posible al desastre que vivimos. Enhorabuena al pensamiento extremo liberal por haber conseguido intoxicar la opinión colectiva con tanto éxito en tan poco tiempo.

Desde el blog de Harvard Business Review, el economista del Banco Mundial Branko Milanovic reflexionaba a principios de este mes sobre las posibilidades que presenta de revertirse el proceso actual de incremento de la desigualdad en las sociedades, especialmente en las de Europa y EE.UU. Sus conclusiones no eran muy optimistas, la verdad, básicamente porque en el momento actual cualquier política tendente a equilibrar la renta entre los distintos colectivos a su juicio recibirá (por lo menos en Estados Unidos) muy poco apoyo de la población, a pesar de que ésta se vea lacerada por el desempleo y la falta de ingresos.

Su artículo Why Income Inequality Is here To Stay parte de las teorías de dos pensadores que se han ocupado en su obra de la desigualdad: el filósofo John Rawls y el economista John Roemer.

Rawls considera que aunque formalmente no existe ninguna barrera que discrimine a determinadas personas o colectivos, el nacimiento de una persona, es decir su entorno, condiciona en gran medida sus posibilidades de progresar en la vida. En otras palabras, no todo el mundo arranca de la misma posición de partida y aquellos que dispongan de una riqueza heredada o de una educación privilegiada llegarán más lejos que los que no.

Por su parte Roemer en su libro Equality of Opportunity (1998) defiende que la renta percibida tendría que estar asociada al esfuerzo de la persona y a ningún otro factor que distorsione la distribución a favor o en contra de cada individuo. De esta forma, la renta no estaría asociada a la productividad de cada uno sino a su esfuerzo, pues Roemer considera que la productividad de cada persona está condicionada por su entorno (riqueza familiar, educación de calidad…).

Ahora bien, el problema es en qué se traducen las teorías de Rawls y de Roemer al convertirlas en política económica.

La búsqueda de la igualdad social en Rawls implica:

  • Aumento de la progresividad impositiva.
  • Aumento de la imposición sobre las herencias (sucesiones y donaciones).
  • Asegurar la igualdad en el acceso a la educación de la mejor calidad (impulsar la inversión en la enseñanza pública).

Y las medidas de Roemer supondrían:

  • Igualar las rentas entre distintos grupos sociales, aunque permitiendo la variación dentro de cada grupo.
  • Limitar los salarios más altos.
  • Tipos impositivos marginales muy altos.
  • Inversión elevada en el sistema público de educación (Milanovic sugiere incluso la nacionalización de centros educativos de élite – ahí se ha pasado).

El autor del artículo afirma que para el caso de Estados Unidos estas medidas no tendrían el apoyo de la población, aunque por desgracia no desarrolla demasiado esta última parte.

Pero, ¿qué pasa con España? ¿No resultan atractivas la mayor parte de estas medidas, teniendo en cuenta que algunas ya se están tomando pero para favorecer a la banca? Estamos sufriendo todo tipo de subidas de impuestos cuya única finalidad es ayudar a un sector mal gestionado y corrupto. ¿Por qué no exigir a los que más tienen que sean solidarios y que contribuyan en la medida de su renta y patrimonio, gravando más las rentas altas, las sucesiones y el patrimonio (en vez del consumo) y no poner un límite a los salarios más altos?

Le estamos quitando recursos a una educación y una sanidad, que por mucho que digan han sido sostenibles durante décadas, para “salvar” a unos bancos que encima van a dejar a miles de personas sin trabajo. ¿A qué estamos jugando?
 
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