miércoles, 22 de enero de 2014

Cómo digitalizar tu negocio en nueve pasos


Con ese sentido práctico y directo que caracteriza al mundo anglosajón, George Westerman y Andrew McAfee del MIT, junto con Didier Bonnet de Capgemini, nos proponen nueve pasos o elementos que debe asumir una empresa para convertirse en un negocio digital.

Este informe, The Nine Elements of Digital Transformation, está basado en las entrevistas realizadas a 157 ejecutivos de 50 grandes empresas de 15 países distintos. Se supone que las compañías seleccionadas van en vanguardia en términos de digitalización del negocio y son líderes en el proceso de convertir la tecnología en cambio. 

No obstante, los autores reconocen que ninguna de las organizaciones consultadas cumple las nueve condiciones del modelo; más bien juegan con los distintos aspectos en función de sus intereses y objetivos.

Este esquema está dividido en tres apartados: transformar la experiencia del cliente, transformar el proceso operativo y transformar el modelo de negocio.

Transformar la experiencia del cliente

Este epígrafe incluye los siguientes aspectos:

Comprender al cliente. Las empresas utilizan los medios sociales digitales para entender el comportamiento del cliente: qué le gusta y qué le disgusta. La analítica se perfila como esencial en este entorno para poder extraer información útil sobre los mercados de una avalancha de datos.

Primera línea. Se trata de impulsar la actividad comercial de la compañía mediante la tecnología, establecer una comunicación más directa, acercarse al cliente y ofrecerle un trato personalizado. Recopilar datos del cliente permite adaptar la oferta a sus necesidades y crear una experiencia en torno a la venta.

Interacción con el cliente. Los medios sociales ofrecen canales más directos que los de antaño para mantener una relación con el cliente más directa. Por ejemplo, numerosas compañías han habilitado perfiles de Twitter o Facebook como ventanillas de atención al cliente; otras realizan ofertas y promociones a través de las redes sociales.

Transformar los procesos operativos

Un tema en el que hay que considerar estos tres factores:

Digitalización de los procesos. La automatización de los procesos más elementales y repetitivos permite a la empresa concentrarse en actividades de mayor creatividad y valor añadido.

Habilitar al trabajador. La tecnología de comunicación habilita al trabajador para realizar sus tareas de forma virtual, desde cualquier lugar, sin necesidad de estar presente en un lugar o sede concretos. Esta flexibilidad y ubicuidad mejora e impulsa la comunicación entre los miembros de la empresa y entre éstos y el cliente.

Mejoras en la gestión. La afluencia de información del mundo global digital permite a los gestores de las empresas conocer mejor los productos, las regiones y a los clientes. La transformación digital cambia de hecho el propio proceso de toma de decisiones.

Transformar los modelos de negocio

Desde una triple perspectiva:

Negocios modificados digitalmente. La idea básica no es aplicar la tecnología a modelo de negocios existentes sino transformarlos gracias a la tecnología.

Nuevos negocios digitales. Al negocio tradicional de la empresa ahora se le suman nuevos negocios paralelos basados en la tecnología, por ejemplo, a través de la oferta de información especializada o servicios de geolocalización.

Globalización digital. La tecnología permite que las empresas trabajen en mercados locales pero beneficiándose de las sinergias de la globalización. Las redes ofrecen gran número de servicios para empresas muy competitivos que ya no tienen que prestarse localmente.

viernes, 17 de enero de 2014

SIE13: hacia un país digital


Como ya es tradición cada enero, toca repasar las últimas tendencias que nos trae el Informe de la Sociedad de la información en España que edita Fundación Telefónica.

Como se puede ver por los datos expuestos a continuación nuestro país avanza a pasos agigantados hacia la sociedad y la economía digital, a pesar de todos nuestros problemas y defectos.

Presentamos a continuación los principales resultados:
  1. Micromomentos, el nuevo tiempo encontrado. El teléfono móvil nos sirve para ocupar momentos vacíos, como cuando esperamos el bus o el metro, buscando información o comunicándonos con otras personas.
  2. Llegan los wearables o artilugios inteligentes para llevar encima. Solo en el campo de la monitorización de la salud se prevé que se vendan 80 millones de dispositivos en 2016.
  3. La fabricación se digitaliza: la impresión 3D alcanzará 230k-550k millones de dólares en 2025 y en la actualidad Boeing ya fabrica 220 tipos de piezas con esta tecnología.
  4. Más de un tercio de los cursos online (MOOC) del European MOOCs Scoreboard son españoles (129 de 376).
  5. Las redes de nueva generación ya están aquí: se alcanza más de medio millón de líneas FTTH, un 85,5% más que un año antes. Todos los operadores móviles con red propia lanzan servicios 4G.
  6. En Banda Ancha Móvil se alcanzan las 29,9 millones de líneas. La facturación de la Banda Ancha Fija y de la Banda Ancha Móvil se iguala.
  7. Tres de cada cuatro trámites de los ciudadanos y de las empresas con la Administración General del Estado se realizaron por vía telemática, representando un ahorro estimado de 28.500 millones de euros
  8. El 59% de los usuarios de smartphone lo utilizan como segunda pantalla mientras ven la televisión, el 47% para actividades que tienen que ver con la primera pantalla. El 30% renunciaría a la televisión en vez de al smartphone
  9. El 25% de los internautas con smartphone compran con el smartphone, un 64% de forma mensual. Además uno de cada cinco usuarios de smartphone está interesado en utilizar el móvil como asistente durante el proceso de compra
  10. Las tecnologías son el elemento fundamental de los usuarios a la hora de conseguir un trabajo para los millenials (la denominada generación del milenio); un 87% considera que crean oportunidades para todos. Además, la formación en tecnología para los millenials es considerada como el factor más importante para conseguir el éxito del futuro, por encima de formación en economía y en idiomas.

viernes, 3 de enero de 2014

Desengañaos, ni Google Glass ni la impresión en 3D cambiarán el mundo


Atentos los heraldos que anunciáis las bondades de la nueva economía, véase la economía digital, porque hay en la actualidad una corriente de pensamiento pesimista y aguafiestas que puede bajaros los humos. Vosotros defendéis que vivimos inmersos en un proceso superacelerado de innovación tecnológica que a medio plazo no puede traer más que crecimiento económico y bienestar. Pero hay quien piensa que el carácter poco trascendente de la innovación actual impedirá el despegue de un nuevo modelo productivo, como los que conocieron épocas pasadas.

El profesor Robert J. Gordon de la Northwestern University es uno de los defensores de esta visión desesperanzadora. Ha expuesto sus teorías en artículos, como Why Innovation Won´t Save Us (The Wall Street Journal), en documentos públicos de trabajo, Is U.S. Economic Growth Over? del National Bureau of Economic Research, y hasta en un libro, The American Standard of Living Since the Civil War (Princeton University Press).

Su tesis es tan simple como contundente: a pesar de la aparentemente elevada tasa de innovación que estamos experimentando en la actualidad, ésta no va a producir un nuevo modelo de crecimiento económico que dure décadas y décadas. A su juicio, los actuales productos de la innovación no implican ya grandes transformaciones económicas y productivas. Los efectos de la revolución digital ya han tenido lugar y los hemos dejado atrás.

Gordon razona que el modelo económico de crecimiento que conoció el siglo XX se gestó en torno a inventos y descubrimientos que tienen lugar entre 1875 y 1900. Se trata de aportaciones como la bómbilla eléctrica (1879) y el generador eléctrico (1882) de Edison o el primer motor de combustión interna de Karl Benz (1879), por citar unos pocos.

La revolución que trajeron consigo estos ingenios es espectacular y marca una diferencia abismal entre la vida en el siglo XIX y en el XX: luz eléctrica en las calles y en las casas, agua corriente en los hogares, nuevos tipos de transporte (automóvil, avión), mejora cualitativa de los sistemas de transporte existentes, automatización en las fábricas...

Tras la Segunda Guerra Mundial se produce otro salto importante en las sociedades avanzadas cuando muchos de los desarrollos tecnológicos realizados con fines bélicos se trasladan al sector civil: el motor a reacción, la energía nuclear o los materiales sintéticos, entre otros. Es un modelo que dura de 1945 hasta principios de la década de los setenta, cuando empieza a mostrar síntomas de agotamiento.

A juicio de Robert Gordon la revolución digital comienza en los años setenta, cuando los ordenadores comienzan a sustituir a la fuerza de trabajo humana y permiten que la economía (el hace referencia a EE.UU.) mantenga la tasa media de crecimiento del 2% como en todo el resto anterior del siglo.

Ya en los 60 la informática comienza a entrar en el sistema financiero y en los 70 las máquinas de escribir electrónicas con memoria permiten reducir el número de oficinistas; en los 80 llega el ordenador personal con el procesador de textos y la hoja de cálculo simplificando sobremanera el trabajo administrativo. Finalmente, en los 90 llega la era de Internet y aparecen empresas/productos/conceptos como Amazon (1994), Google (1998) y Wikipedia (2001).

Pero en opinión del profesor Gordon, desde 2002 toda la innovación no se ha orientado hacia las transformaciones sociales o económicas, sino hacia la miniaturización de los dispositivos, y pone el ejemplo del iPhone, que combina funciones de teléfono móvil y de ordenador portátil anteriores a 2002 en un cacharro enano.

Independientemente de que el autor exponga argumentos que pueden ser discutibles, hay que reconocer que su teoría es interesante. A veces cuando nos cuentan las excelencias de fenómenos como el wearable computing, las gafas de Google o la impresión en 3D, tenemos la impresión de que nos están describiendo juguetes para techies pijos, pero no tecnologías con capacidad de tirar de un sistema productivo. Pero claro, a ver quién es el valiente que se atreve a decir el primero que el emperador va en pelotas...

Robert Gordon prevé objeciones a su teoría, como que sí que se produce innovación de calado en el sector del cuidado de la salud. Por ejemplo, descubrimientos relacionados con el genoma humano. Pero afirma que a menudo esas técnicas no llegan a nada y fracasan antes de convertirse en un producto o tratamiento.

En el caso de la industria farmacéutica, cada vez es menor el retorno de la inversión de desarrollar nuevos medicamentos: el coste es muy elevado y el número de beneficiarios reducido. Si hablamos del cáncer, por ejemplo, por el amplio espectro de enfermedades distintas bajo el mismo paraguas con necesidades de tratamientos completamente diferentes.

También se argumentan los éxitos recientes con nuevas técnicas de prospección y extracción de petróleo y gas. En este caso Gordon no ve una fuente de crecimiento económico futuro sino la “suavización” del declive del modelo anterior. Durante décadas las economías desarrolladas han cargado con importantes sobrecostes en el consumo de combustibles fósiles y estas técnicas solamente vienen a abaratar algo sumamente gravoso, que en cualquier caso deberá ser sustituido como fuente principal de energía a medio plazo.

Las cifras que expone parecen confirmar sus ideas. Analizando las tasas de crecimiento de la productividad del trabajo de EE.UU. en distintos intervalos de tiempo seleccionados, comprobamos que el periodo 1891-1972 presenta una media del 2,33%, el de 1972 a 1996 1,38%, el de la época del despegue de Internet 1996-2004 un 2,46%, pero el de los años recientes 2004-2012 apenas 1,33%.

Resumiendo, el profesor Gordon nos sitúa en una época de allanamiento tecnológico, en el que se produce innovación, pero no de suficiente calidad como para poner en marcha un nuevo modelo de crecimiento productivo.


viernes, 27 de diciembre de 2013

Piezas del rompecabezas del nuevo orden mundial que nos dejó 2013

Cerramos otro año natural y este blog, Aturdido y Confuso, se halla ya en el quinto año de su existencia. Mucho tiempo ya machacando sobre los mismos temas, pensarán algunos, pero que a mí me tienen obsesionado y que confluyen en una sola pregunta, ¿cómo es el nuevo mundo que se está gestando en la actualidad?

2013 nos ha aportado nuevas pistas para resolver este enigma, aunque el panorama que contemplaremos en los próximos años aún se muestra cubierto por la niebla.

En general, parece claro el cambio en el equilibrio del poder geoeconómico del planeta. Hay un nuevo protagonista en la economía mundial que es China, y a distintas distancias algunos otros países asiáticos de los denominados emergentes. Al otro lado del océano Pacífico aparece el contrapeso indiscutible de Brasil, y en menor medida de México, Perú, Chile y Colombia. No parece en principio que los países con gobiernos excesivamente populistas, -como Venezuela, Argentina o Bolivia-, vayan a adquirir un papel equivalente al del primer grupo mencionado.

Por otra parte, los antiguos dirigentes de la economía mundial, como EE.UU., Europa y Japón, no parecen levantar cabeza y sus sistemas productivos funcionan a media marcha. En el caso de los países de la Unión Europea una contrarevolución ultraliberal dirigida desde los propios órganos de gobierno, ha destruido uno de los mayores orgullos tradicionales de la zona, el estado del bienestar.

Desde la perspectiva de los sectores productivos, después de décadas alabando el poder de alimentación del crecimiento económico del sector servicios, cada vez se alzan más voces reivindicando la reindustrialización de los países desarrollados, especialmente en EE.UU. Las plantas productivas que en su día se trasladaron a economías emergentes cada vez son menos competitivas vía costes y se aboga por su retorno a las metrópolis. Y esta industria se nutrirá de robots y de trabajadores altamente cualificados, y nunca más generará empleo de baja cualificación.

Otra tendencia preocupante es la sospecha cada vez más generalizada de que, aunque vivimos en una época de una alta tasa de innovación, ésta podría no estar teniendo lugar en aspectos verdaderamente relevantes de la economía. ¿Realmente los desarrollos informáticos en el campo de la electrónica de consumo o de Internet y las redes sociales son equiparables a innovaciones de otras épocas como el motor de explosión, la aplicación de la electricidad a la vida cotidiana o el descubrimiento de los materiales plásticos? Aquí lo dejo, pero ahondaré más en este tema el año que viene.

Volviendo al retablo de la economía internacional, hemos visto en 2013 como China ha cambiado la marcha, de un afán desmesurado por exportar e invertir en el extranjero, a empezar a alimentar una demanda interna y a invertir en infraestructuras en su propio territorio. Esto puede afectar seriamente a las economías del sur del continente americano cuyo crecimiento ha dependido en gran medida de la demanda china de materias primas y de su inversión exterior. Las altas tasas de crecimiento de estos países se han ralentizado y en 2014 veremos si es un repecho o si están entrando en desaceleración y estancamiento.

Luego están los enigmas como Rusia, otro gigante económico, pero con demasiados problemas de corrupción y falta de libertad como para apreciar qué está pasando realmente en su interior económico. Y África, un continente que solamente emite silencio a través del estrecho de Gibraltar, un actor al que nadie escucha y que parece que a nadie importa. ¿Será verdad que están ocurriendo cosas muy positivas en países como Kenia? La guerra que ha retornado recientemente a República Centroafricana parece indicar que no, que el continente negro sigue enterrado en sus mismos problemas de siempre: la pobreza, las sequías, las matanzas y el olvido...

Con todo y aunque solamente sea por tradición, quiero desear para todos un 2014 mejor que 2013. A fin de cuentas, la esperanza es lo único que se pierde.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Sobre la capacidad para atraer, retener y perder talento de España

La empresa de gestión de los recursos humanos Adecco ha creado un indicador que denomina Índice de Competitividad del Talento Global (GTCI en sus siglas en inglés), que pretende medir y comparar la capacidad de los países para atraer y retener el talento.

Esta métrica, que en la edición actual del estudio ha sido aplicada a 103 naciones, es construida por 48 variables que se agrupan en torno a seis pilares: Facilitadores, Captación, Crecimiento, Conservación, Trabajo y Formación Profesional y Conocimiento Global.

Pues bien, según el GTCI los países que lideran la atracción y retención de talento son Suiza, Singapur y Dinamarca. De hecho, solamente hay dos países no europeos entre los diez primeros puestos del ranking, el ya citado Singapur y los EE.UU.

España como os podéis imaginar no ocupa un puesto muy destacado en el palmarés, teniendo en cuenta que en la actualidad no sólo no atraemos talento foráneo sino que perdemos a muchos jóvenes bien cualificados. Estamos en la posición 35 de la lista con una puntuación seis puntos por debajo de la media del índice.

Analizando los resultados en función de los pilares de variables, España obtiene mejores resultados en Captación y en el de Crecimiento, mientras que flaquea en Trabajo y Formación Profesional y Facilitadores.

El epígrafe Captación mide aspectos como el grado de apertura al exterior y el grado de apertura interna a fenómenos externos, así como la movilidad social. Aquí destacamos en variables como la apertura interna a la diversidad, la tolerancia a la inmigración o en la cantidad de mujeres parlamentarias, como indicador de la movilidad de género.

Por su parte, Crecimiento, en el que también presentamos buenos resultados relativos, tiene en cuenta aspectos relacionados con la formación. En este apartado sobresalimos por la calidad de nuestras escuelas de negocios (es verdad que son de las mejores del mundo) y por la cantidad de población con estudios superiores.

Por otro lado, nuestras debilidades en el campo del Trabajo y Formación Profesional están en relación con el alto nivel de desempleo juvenil y con la relación entre paga y productividad laboral.

En el grupo de variables que engrosan Facilitadores nuestro país presenta problemas relacionados con la baja flexibilidad del mercado de trabajo.

Aparte de las citadas, destacamos positivamente en un par de variables más,  como en la densidad de médicos (puesto 8) y en la productividad laboral por empleado (puesto 17 del ranking).

martes, 17 de diciembre de 2013

Si al despertar de la pesadilla sigue aquí el monstruo de la crisis


Aquellos que nos criamos en las décadas de los 70 y 80 estábamos acostumbrados  a los ciclos cortos económicos: etapas de  entre 3 y 5 años de crecimiento seguidos de una crisis que abarcaba unos 2 o 3 años. Este patrón se cumplió más o menos entre 1973 y 2000. Después creímos entrar en un ciclo económico largo de bienestar, como el que conoció el mundo entre 1945 y 1970, pero en 2008 nuestro gozo cayó, no en un pozo, sino en una sima oceánica.

Siguiendo un esquema, digamos, como el de la crisis de principios de los 90, en que el hundimiento se produce en 1992 y el despegue de la economía regresa hacia 1995, tendríamos que haber salido del agujero, a grandes rasgos, en 2011, pero no fue así.

Ahora, finales del año 2013 nos anuncian los iluminados de la estadística y la econometría de siempre que ya se ve luz al final del túnel, que lo peor ha pasado y que a partir de ahora solamente podemos ir a mejor.

Pero hay una corriente de pensamiento que piensa que el estado de estancamiento económico podría ser la norma a partir de ahora, que la baja demanda y los altos índices de desempleo seguirán durante décadas. En suma, ¿y si el monstruo de la crisis sigue allí tras despertar de la pesadilla?

El origen de este temor procede de nuestro agorero habitual, el Nobel Paul Krugman, a través de su artículo ¿Una depresión permanente?, en el que básicamente plantea la distopía de que nuestro futuro será lo que estamos viviendo ahora mismo, sin un mayor nivel de prosperidad, cito:
“Pero ¿y si el mundo en el que vivimos desde hace cinco años fuese la nueva normalidad? ¿Y si las condiciones de cuasi depresión van camino de mantenerse, no uno o dos años más, sino décadas?”
Según esta tesis, estaríamos en una situación en la que la depresión económica es la norma con periodos esporádicos de pleno empleo separados entre sí.

La perspectiva keynesiana que avala las tesis de Krugman, y que asocia los ciclos económicos al comportamiento de la demanda, parte del hecho de que antes de 2007, a pesar de la gran burbuja inmobiliaria, no existían indicios de expansión económica que generasen una presión inflacionista. Es decir, que ni en los mejores momentos de la edad dorada la economía funcionaba a toda máquina.

Lo lógico en un periodo de bonanza económica es que la excesiva demanda de bienes y servicios supere a la oferta creando una tendencia generalizada hacia la subida de precios. Pero no…

Las razones aducidas por Krugman para justificar esta situación son el estancamiento demográfico y el endeudamiento de las familias. En general, cualquier factor que contraiga el gasto y fomente el ahorro, algo que en este momento resulta nefasto.

Joaquín Estefanía aporta en el artículo Después de la crisis, ¿qué? su particular explicación a este fenómeno de la raquítica demanda para el caso de España: desde 2006 los sucesivos gobiernos del PP y del PSOE han llevado a cabo unas políticas que han implicado un proceso de regresión en la distribución de la renta de nuestro país. De esta forma, hoy en día la riqueza se concentra en menos manos que hace veinte años.

La pérdida de poder adquisitivo de las familias españolas unida al terror a perder el empleo y las fuentes de ingresos, parecen asegurar que la demanda no crecerá en los próximos años, corroborando la tesis de estancamiento permanente de Krugman.

Nos queda para rato, creo yo. Y por mucho que los políticos enciendan la mecha de la pirotecnia triunfalista, como bien dice Estefanía:
“Los síntomas de que España está “ante el inicio de un ciclo de crecimiento”, recupera la confianza internacional y resalta “la cantidad de inversores que se dirigen a nuestro país”, como declaró el pasado viernes un representante del primer banco del país, no son compartidos por la ciudadanía, simplemente porque no los ven.”

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Tu próximo compañero de trabajo será un robot

Lo que no sabemos es si será capaz de tomar cañas contigo hablando de fútbol. En cualquier caso, es una de las tendencias detectadas por Gartner en su trabajo 2013 Hype Cycle for Emerging Technologies que vaticina la evolución de la relación entre los humanos y las máquinas.

En concreto, el informe detecta tres tendencias al respecto diferenciadas pero interrelacionadas :

Humanos “aumentados” por la tecnología, por ejemplo, a través de wearable computing.

Este aparatado trata de crear una fuerza de trabajo más capaz mediante el desarrollo de las cualidades físicas, cognitivas y emocionales humanas a través de la tecnología. Así descrito da un poco de miedo y recuerda a distopías del tipo Un mundo feliz de Huxley.

Las empresas interesadas en este particular deben fijarse, según Gartner, en tecnologías como:
  • Sensores bioacústicos.
  • Quantified self
  • Bioimpresión en 3D
  • Interfaces cerebro-ordenador
  • Aumentación humana
  • Traducción de diálogo
  • Neuronegocios
  • Interfaces portables
  • Realidad aumentada
  • Control de gestos
Máquinas reemplazando a humanos: ésta es muy vieja y ya la conocemos.

De hecho lleva en marcha desde la primera revolución industrial, aunque ahora la venden como algo en lo que “todo son ventajas”: maquinas que realizan trabajos peligrosos o extremadamente repetitivos.

Las tecnologías asociadas estarían relacionadas con temas como:
  • Representaciones volumétricas y holográficas
  • Vehículos autónomos
  • Robots móviles
  • Asistentes virtuales
Maquinas y humanos trabajando codo a codo (de ahí el chiste del título del post), como por ejemplo, un robot en un almacén ayudando a un trabajador humano a desplazar bultos.

Se trata de ingenios tecnológicos que apoyan el trabajo humano, como los vehículos autónomos, los robots móviles, los citados asistentes virtuales o las preguntas y respuestas en lenguaje natural.

El informe de Gartner incluye tres tendencias adicionales y sus correspondientes tecnologías asociadas:

Maquinas que entienden mejor a los humanos y su entorno. Algo aparentemente tan tonto como entender a fondo las decisiones de consumo y poder anticiparse a la demanda del consumidor, mediante tecnologías como las descritas en apartados anteriores que ayudan a que la máquina entienda e interprete el comportamiento y las reacciones humanas.

Humanos que entienden mejor a las máquinas. Progresivamente, el trabajador humano deberá confiar plenamente en los dispositivos tecnológicos aplicados a ayudarle en sus tareas. Aquí cobra importancia el M2M y el Internet de las Cosas.

Humanos y máquinas que se vuelven más inteligentes. Aspectos como el Big Data o el cloud computing aportarán herramientas para la toma de decisiones a los humanos y mejorarán la capacidad operativa y la inteligencia de las máquinas.
 
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