martes, 16 de noviembre de 2010

Bluesman on the road

Los bluesmen somos gente muy inquieta. Nunca nos quedamos demasiado tiempo en un mismo lugar; a veces por mero aburrimiento, otras porque nos acosa un sheriff mamón, o un barman acreedor de los excesos alcohólicos de una noche de desenfreno, o los piezas a los que debes dinero de una timba after-hours, o una mujer despechada, o sin ir más lejos, el marido de la anterior. El caso es que los bluesmen siempre estamos en la carretera, a menudo persiguiendo un sueño inexistente, una quimera, que se dice de forma culta.

Todo esto viene a cuento porque, después de un año y pico, dejo el Community Management y las estrategias en medios sociales, para dedicarme a otros menesteres. No voy a entrar en las circunstancias que han motivado el cambio; baste decir que ni es una decisión forzada, ni traumática.

Cuando empecé en esto en mayo de 2009 (parece que han pasado diez años) no tenía ni cuenta en Facebook, y ahora soy el orgulloso responsable de una estrategia en medios sociales que no se la salta ni Francisco Rivera Ordóñez. El resto del post es de autobombo, así que el que quiera puede dejar de leer en este punto. El caso es que, como nadie me va  a dar una palmadita en la espalda, tendré que felicitarme yo mismo por algo de lo que me siento satisfecho.

En la primavera de 2009, Fundación Telefónica no tenía presencia en medios sociales; en menos de un año y medio después somos referente, por lo menos en el ámbito de las fundaciones corporativas (y en relación con no pocas empresas), por nuestra andadura dentro de la llamada Web 2.0. Hablando en cifras, hemos pasado de 5.000 seguidores en Twitter y nos acercamos a los 20.000 en Facebook, entre todas las páginas que tenemos en dicha red. Hemos lanzado una plataforma de blogs a la que solamente hace sombra la de Obra Social CajaMadrid (que por cierto es buenísima), que ya alcanza los 400 visitantes  de media diaria, cifra nada desdeñable teniendo en cuenta que la lanzamos en abril. Dejo en marcha la segunda parte de la estrategia que consiste en establecer cabezas de puente en las redes Tuenti, LinkedIn y YouTube.

Por tanto, me voy con la sensación del deber cumplido: se me ordenó que había que posicionar a la Fundación Telefónica en las redes sociales, y dicho y hecho. Ahora la estrategia está en marcha y yo me retiro.

Pero los bluemen somos muy dados a dejar deudas y yo tengo una con la red Twitter. A pesar de que me he pasado un año difamando dicho medio desde este blog, tengo que reconocer que una vez que he comprendido su esencia me parece un servicio grandioso, principalmente por la oportunidad que te brinda de conocer a gente maravillosa, ampliando y enriqueciendo tu círculo de relaciones.


Voy a seguir presente en las redes, así que esto no es una despedida, y supongo que ATURDIDO Y CONFUSO seguirá en activo, aunque tengo varios proyectos paralelos que quiero lanzar. Pero como esto es un cambio de tendencia o un punto de inflexión, quiero deciros que gracias por estar ahí y que: KEEP ON ROCKIN´

lunes, 8 de noviembre de 2010

Cómo perder la Guerra del Rif en las redes sociales


La historia de la estrategia militar está llena de buenos ejemplos que, debidamente extrapolados, pueden ser aplicados en el marco de las decisiones estratégicas de las empresas. Asimismo, los errores y descalabros también pueden servirnos de orientación para evitar acciones que nos pueden llevar al fracaso. Como ejemplo de este último caso, se nos ocurre aplicar los errores tácticos que llevaron al ejército español a la derrota de Annual (1921) durante la Guerra del  Rif, para ilustrar qué no se debe hacer al posicionar una marca en los medios sociales.

Esta acción militar de triste recuerdo para la historia de España partió del intento del General Manuel Fernández Silvestre, Comandante General de Melilla, de acabar de una vez por todas con la revuelta de la población del Rif, entonces protectorado español en Marruecos, comandada por Abd el-Krim. Para ello, Silvestre partió de la ciudad costera de Melilla y se adentró tierra adentro con la intención de alcanzar, trazando una trayectoria circular en el mapa, la Bahía de Alhucemas, para apagar el foco más activo de la rebelión. A lo largo de su avance a lo largo de 130 km fue dejando pequeños destacamentos o blocaos, compuestos por pocos efectivos, y separados entre sí por 30 ó 40 km. Los blocaos estaban rodeados por tribus rifeñas armadas que, se suponía, eran fieles a la causa española. Sin ánimo de entrar en excesivos detalles, el desastre se produjo cuando Silvestre, posicionado en Annual con la intención de asaltar Alhucemas, fue derrotado  y perdió la plaza por una fuerza rifeña superior, y la línea de abastecimiento de los blocaos que había dejado a su espalda resulto arrasada por la tribus de las cabilas, que se pasaron a la causa de  Abd el-Krim.

El principal error estratégico del general Silvestre se puede resumir en intentar abarcar mucho en una acción sin medir su escasez de recursos para ello y en fiarse de un entorno desconocido. Algo así le sucede a numerosas empresas que quieren a toda costa posicionar sus marcas en redes sociales buscando resultados visibles y medibles a corto plazo. Repasemos la lista de errores:

  • Se establece una línea de abastecimiento débil con Melilla en un territorio excesivamente amplio: se desperdician los recursos, que concentrados podrían garantizar un avance más lento pero más seguro. Muchas organizaciones, en un intento de estar en todas partes, abren páginas y perfiles en todas las redes sociales sin ser conscientes de que no tienen recursos para explotar adecuadamente el posicionamiento en cada medio. Lo lógico es centrarnos en los pocos medios que más nos interesan, tras un análisis estratégico, y esforzarnos por crear comunidades activas en ellos en torno a nuestra marca.
  • Silvestre dio por sentado que las tribus armadas rifeñas, a las que había comprado, y que se extendían a lo largo de todo el territorio de avance de su ejército, le serían fieles, garantizando la seguridad de su retaguardia. Hay empresas que piensan que la marca en las redes sociales se vende sola, que basta con abrir una página en Facebook con tu logo y a las dos semanas tienes 10.000 fans. Al igual que los rifeños de Silvestre, el consumidor es muy voluble y en los medios sociales debe ser agasajado, se le debe escuchar y se le debe hacer partícipe y cómplice de nuestra marca. Nunca hay que dar por sentado que la gente nos quiere porque sí.
  • El ejército español estaba muy mal equipado para tamaña empresa; los soldados llevaban alpargatas en vez de botas, no iban debidamente protegidos del calor y del frío, estaban mal alimentados y el armamento que portaban dejaba mucho que desear. Una estrategia en medios sociales requiere recursos igualmente: tanto personas que se ocupen de generar comunidad mediante actuaciones regulares y constantes, como contenidos y aplicaciones que puedan atraer al público hacia nuestra empresa, hacerle volver una y otra vez a nuestros espacios en redes.
  • Finalmente, el ejército español hacía gala de una muy baja moral en la Guerra del Rif. La reclutación era forzosa en su mayoría y el enemigo les inspiraba un inmenso pavor (no sin razón). Su compromiso con la causa era mínimo. De la misma forma, la única forma de posicionar nuestra marca es mostrando nosotros mismos nuestro entusiasmo por ella e invitando al público a compartir dicho entusiasmo. Esto se consigue dialogando en las redes. Pero hay organizaciones que utilizan Twitter o Facebook como si fueran teletipos, lanzando titulares de notas de prensa a través de sistemas automáticos, que el usuario acaba considerando como spam.

martes, 2 de noviembre de 2010

The Real Me

La canción “The Real Me”, segundo corte de la opera rock Quadrophenia (1973) de The Who, plantea a ritmo frenético los problemas de identidad de Jimmy, un joven mod británico de los años sesenta, que es el protagonista del doble álbum conceptual y de la película resultante. En ella, Jimmy pregunta sin éxito a un médico, a su madre y a un predicador si pueden ver “su verdadero yo” (can you see the real me?), si pueden ayudarle a aclarar su percepción sobre sí mismo. Y al final de la película y del disco, a través de un acto catártico de transformación como es despeñar la motocicleta del "As de Oros" (su ídolo mod) desde un acantilado de Brighton, Jimmy renace renovado a la vida adulta.

Algo me dice que cierta catarsis necesaria ha comenzado a producirse en el microuniverso 2.0; que quizá después de un año y pico de creernos que somos alguien especial montando nuestras lambrettas vestidos con parcas y pantalones pitillo las cosas van a volver a la normalidad de la que nunca debieron salir. Me refiero a la desmitificación de los medios sociales y a sus títeres asociados como somos los Community Managers. Y me gustaría ilustrarlo con tres artículos recientes.

En su blog MarcaPropia, Andrés Pérez Ortega nos remite a un texto que ha publicado hoy en Expansión.com, a través del cual expone su opinión  de que se exagera el poder de las redes como lanzadera de la imagen profesional (una constante en su blog). Si bien los medios sociales nos pueden ayudar a darnos a conocer profesionalmente, nunca pueden sustituir el prestigio que confiere el  hablar ante un auditorio o publicar un libro. Una persona supuestamente “influyente” en Twitter no es comparable con alguien que tenga un reconocido prestigio profesional fuera de Internet. Y dice una frase que yo siempre repito como un mantra, “se olvida que la red es un medio y no un fin”.

También en Expansión, el periodista Pascual Drake publicó la semana pasada el artículo “Que no me llames Community Manager”, planteando con humor cómo lo extendido y mal utilizado del término ha acabado por vaciarlo de contenido. ¿Qué es en suma un Community Manager? ¿Un relaciones públicas? ¿Un moderador de foros on line? ¿Un vendedor a través de Internet? ¿Qué? Se le ha creado a dicho perfil un aura sobrenatural que impide comprender la esencia de sus funciones en las organizaciones. El entusiasmo 2.0 ha derivado en la exaltación de la figura hasta llevarla a unos límites ridículos de mesianismo y carisma.

Finalmente, la propia Asociación Española de Representantes de Comunidad (AERCO), reflexionaba este último puente en su blog sobre la necesidad de dejar de hablar de Community Managers y empezar a hablar de Community Management, es decir, de dejar de lado las poses de figurín y centrarse en las competencias profesionales (ésta es mi lectura, ellos no son tan bruscos). Me parece un texto acertado, especialmente viniendo de donde viene.

¿Estaremos llegando al principio del fin de la tontería 2.0 para centrarnos en estudiar qué pueden hacer los medios sociales por nuestras organizaciones y empresas? Yo propongo que tiremos la moto por el barranco y evolucionemos hacia la normalidad.

martes, 26 de octubre de 2010

I have been here before

Esta entrada podría llevar como título alternativo “Yo ya fui Community Manager en otra vida, pero no me acordaba”. El utilizar el título de la obra de 1937 del dramaturgo británico J. B. Priestley, aparte de poner en evidencia que me interesa mucho más la literatura que los medios sociales, supone una forma de ilustrar la sensación esa de deja vu que experimentamos cuando tenemos la certeza de haber vivido ya una situación en concreto. En la obra, un grupo de personajes coincide en un lugar y todos acaban teniendo la certeza de que todo lo que les está ocurriendo ya les ha ocurrido en el pasado. Sin embargo, la tesis que defiende Priestley niega el determinismo de un tiempo circular, dejando un resquicio de esperanza y un papel activo a la voluntad humana. Según aventura uno de los personajes, el tiempo tiende a repetir los mismos hechos, pero está en nuestras manos el alterarlos para que las cosas no vuelvan a ocurrir exactamente de la misma forma. Sería una cadena de tiempo en forma de espiral: si queremos, cada círculo no será igual que el anterior.

¿Y por qué digo que yo ya he sido Community Manager, o un sucedáneo, en el pasado y que no había caído en ello? Pues porque en el año 2000 pusimos en marcha una ambiciosa plataforma on line para ofrecer servicios de Internet gratuitos a las ONG. Risolidaria se llamaba aquel ingenio y su fin último era constituir un espacio de relación, intercambio y aprendizaje mutuo entre las distintas organizaciones que poblaban aquel portal. En suma, era lo que ahora se conoce como comunidad virtual y yo su administrador/dinamizador, es decir, lo que en estos tiempos pomposamente se denomina Community Manager. El proyecto no llegó a funcionar bien nunca; tuvimos centenares de ONGs inscritas pero la participación y el uso de las herramientas puestas a su disposición nunca fue significativo. Hacia 2007 se tomó la decisión estratégica de acabar con su existencia y Risolidaria pasó a formar parte de la mitología de Fundación Telefónica, una historia que solamente los más viejos del lugar recordamos.

Al igual que los personajes de Priestley, una vez que ya sé que he vivido esta situación quiero analizar los fallos que cometimos entonces para intentar evitarlos ahora, de forma que el tiempo no se repita exactamente igual.

¿Cuáles fueron nuestros errores en la gestión de la comunidad virtual Risolidaria?

  • Como el título de aquel disco de los New York Dolls, Too Much, Too Soon, pretendimos generar una oferta global y compleja de servicios dirigida a un público, el de las ONG de menor tamaño, que en aquel momento apenas se iniciaba en el mundo de Internet como usuarios muy básicos.
  • No fuimos capaces de crear una propuesta de valor que llegase a interesar y enganchar a nuestro público. Decidimos unilateralmente que lo que les ofrecíamos era lo que necesitaban, sin estudiarles ni consultarles, y que encima siendo gratis nos lo iban a quitar de las manos. Pues no.
  • Creamos un proyecto excesivamente complejo, difícil de transmitir; incluso a nosotros nos costaba que terceras personas entendiesen qué era y para qué servía Risolidaria. Nos limitábamos a enumerar todos los servicios disponibles, como si de una letanía se tratase, impidiendo que nuestro interlocutor se hiciese una idea clara y concisa del proyecto.
  • Fallamos igualmente en la dinamización, que resulto débil e insuficiente para generar una comunidad on line. Todavía no habíamos leído The ClueTrain Manifesto  ni otros textos sagrados del universo 2.0, y no sabíamos eso de que los mercados son conversaciones y que estás ahí para cotorrear con tus públicos. Deberíamos habernos metido de lleno como miembros de la comunidad en vez de actuar como el Primer Motor Inmóvil (To Theion), la idea de Dios que tenía Aristóteles, que pone en marcha el universo y luego se desentiende del mismo.
  • Finalmente, como último factor general del descalabro, tengo que reconocer que concebimos una plataforma de una excesiva complejidad técnica. Aplicamos un gestor de contenidos diseñado en exclusiva para nosotros, que aparte de fallar constantemente y no decir por qué, resultaba más complicado de manejar que la pantalla esa de las bolitas que utilizan en los tests psicotécnicos del carnet de conducir, que siempre se te salen fuera. Ahora se ha visto que los servicios y aplicaciones de mayor éxito y difusión suelen ser de lo más simple y sencillas de manejar por el usuario.

En fin, si a alguien le sirve de algo la experiencia de los batacazos ajenos, sentiré que esta entrada ha resultado productiva.

domingo, 17 de octubre de 2010

Entonando la voz en las redes con el profesor Higgins

Al igual que Eliza Doolittle, la protagonista de la obra de George Bernard Shaw, Pigmalión, y del musical cinematográfico de George Cukor, las organizaciones que quieran  estar en las redes deben afinar su voz, para hablarle a su público con propiedad. Es una parte fundamental de la estrategia en medios sociales el acertar con lo que decimos y cómo lo decimos, el saber articular y transmitir nuestros mensajes de forma que realmente transmitan la imagen que queremos que se tenga de nosotros, y a menudo los malos consejeros 2.0 nos desvían del buen camino. Nadie nos conoce mejor que nosotros mismos, y con frecuencia las agencias supuestamente especializadas en comunicación en medios sociales en las que confiamos aplican su, también supuesto, “talento friki”, en convertirnos en unos payasos graciosotes del universillo social, deformando radicalmente la imagen que queremos que se tenga de nosotros. El arranque en redes de Movistar la última primavera es un buen ejemplo (corregido, gracias a Dios) de lo anterior.

Una de las escenas más entrañables de My Fair Lady son los ejercicios de foniatría que realiza Henry Higgins con la vendedora de flores de arrabal Eliza Doolittle, con el objeto de hacerla pasar por una gran dama de la sociedad británica; la escena desemboca en el número musical “The Rain in Spain”, una de las escenas más recordadas de la película. En un sentido algo más figurado, la empresa que va a entrar en los medios sociales también debe afinar su voz, su acento y su mensaje para, por una parte, resultar creíble ante los internautas, y por otra, para asegurarse de que su “voz” refleja claramente la imagen que deben recibir sus grupos de interés.

Nuestra voz en los medios sociales es muy importante; es la personalidad y la imagen de marca que transmitimos, y está determinada por un análisis interno que debemos realizar, en clave de psicoanálisis, respondiendo a las siguientes preguntas:

  • ¿Quiénes somos? Cómo nos percibimos y queremos que se nos perciba.
  • ¿Qué hacemos y por qué lo hacemos? Sin tecnicismos y de forma que todo el mundo lo entienda, cuál es nuestra proposición de valor.
  • ¿Qué nos permite hacerlo? Sin caer en la prepotencia, qué recursos o posición adquirida nos legitima para ofrecer lo que ofrecemos.
  • ¿Por qué lo hacemos? Sí, todos buscamos hinchar la cuenta de resultados, pero aparte, qué valores, misión o principios nos llevan a hacer lo que hacemos.

La respuesta a estas preguntas debería definir nuestra voz en los medios sociales; a través de este ejercicio de foniatría tenemos que empezar a afinar, para pasar a la segunda declinación, que nos sitúa en un segundo nivel de preguntas a respondernos:

  • ¿Cómo es nuestro producto o servicio (aburrido, divertido, commodity, exclusivo…)?
  • ¿Quién es mi cliente (adolescente, profesional, friki, elitista…)?
  • ¿Cuál es mi proposición de valor, qué ofrezco en las redes (información corporativa, ofertas y promociones, la posibilidad de que el público colabore…)?

Toda esta conjugación de  factores es el crisol del que debe salir la afinación de mi voz en las redes: puedo ser más desenfadado y bromista si vendo refrescos y me dirijo a los jovencillos, o grave, formal ,si lo que ofrezco es servicios post mortem (¡cualquiera se cachondea al mencionar a la Parca!).

Lo que resulta ridículo es la idea tan 2.0 de que la proximidad y la cercanía corporativa en las redes se tenga que traducir en un lenguaje chistoso y bromista, independientemente de la personalidad de la marca que habla. Estoy hasta las narices de escuchar a gente de las start-ups tecnológicas venderme como virtud corporativa “lo locos que estamos” (verídico). Anda ya, que esto es serio.

viernes, 1 de octubre de 2010

El gato y la estrategia



Tomo prestada de Guillermo de Haro, profesor del IE Business School, la idea de utilizar este pasaje de Lewis Carroll para ilustrar la importancia de definir una estrategia corporativa para operar en medios sociales.

Alicia llega a una encrucijada y se encuentra con el sonriente Gato de Chesire, al que pregunta:

--¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir?
--Esto depende en gran medida del sitio al que quieras llegar --dijo el Gato.
--No me importa mucho el sitio... --dijo Alicia.
--Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes --dijo el Gato.

Entraña una gran sabiduría la respuesta del minino guasón que podemos traducir dentro del ámbito 2.0: da igual lo que haga tu empresa en medios sociales si no tiene unos objetivos claros de lo que busca y una estrategia concreta para alcanzarlos. No tiene sentido meterte sin ton ni son en Twitter, Facebook o YouTube, como hacen numerosas organizaciones, sin haberte planteado qué esperas sacar de tu presencia en dichos medios y por qué estás allí.

Es por ello que considero que, a grandes rasgos, una compañía que esté planteando su desembarco en el universo 2.0 debería considerar los siguientes aspectos:

Fijar los objetivos de la estrategia. De acuerdo que nuestro fin último es inflar la cuenta de resultados de la empresa, tanto por medios directos o indirectos, pero hay que concretar un poco más. Nuestra presencia en medios sociales puede perseguir la venta directa, la comunicación corporativa y el posicionamiento de marca, el lanzamiento de un nuevo producto o servicio, recabar la opinión del cliente e incluso, desarrollar acciones basadas en el crowdsourcing, como está haciendo Vodafone en la actualidad, pidiéndole al público a través de Facebook que colabore en el diseño de una nueva carcasa para sus terminales. Cualquier objetivo o conjunto de los mismos es válido, pero debemos tener la meta perfectamente clara.

Focalizar la estrategia en un público concreto. Vale, viendo la penetración de las redes sociales a todos nos tienta dirigirnos al universo en su conjunto y conseguir un conocimiento exhaustivo de nuestra marca y/o producto, pero es preferible estudiar a quién tenemos que dirigirnos, quién puede estar interesado en nuestro mensaje (clientes, proveedores, prescriptores, expertos de nuestro sector…). Sería un poco idiota, por ejemplo, abrir una página de promoción de planes de jubilación en Tuenti. Resulta fundamental segmentar adecuadamente el público y adaptar nuestros mensajes a los distintos colectivos a los que queremos llegar.

Proposición de valor. Una vez que hemos definido los objetivos de la estrategia y que tenemos claro a qué público nos dirigimos, tenemos que planearnos qué contenidos vamos a ofrecer a través de los medios sociales que tengan valor para nuestros seguidores. En este sentido, podemos considerar el incluir ofertas especiales en las redes, información sobre nosotros, nuestros productos o nuestro sector de actividad, material multimedia, juegos y aplicaciones desarrolladas para nosotros… En suma, cualquier cosa que pueda despertar el interés del internauta y que le fidelice a nuestros espacios.

Dinamización de la estrategia. Las preguntas que debemos responder en este apartado son:
  • ¿Quién va a interactuar con nuestros públicos? ¿Creamos una unidad de social media dentro de la empresa o subcontratamos a una agencia especializada? Este particular merecería un post entero de discusión y análisis.
  • ¿Qué grado de interactividad buscamos con el usuario de nuestros espacios? A lo mejor solamente nos interesa que reciba nuestra información o quizá queremos ir más lejos e involucrarle activamente en nuestras acciones.
  • ¿A través de qué medios vamos a interactuar? No debemos realizar un despliegue sin sentido en todas las redes, que luego va a resultar difícil de coordinar y gestionar; en función de nuestros públicos y de los contenidos debemos elegir los medios más adecuados. Por ejemplo, si vendemos refrescos, es lógico que nos centremos especialmente en el público juvenil que puebla Tuenti, pero si somos asesores financieros tendremos más probabilidades de conseguir seguidores con un grupo corporativo en LinkedIn.

Métrica. Por último, debemos ser capaces de medir todo lo que hacemos en social media, tanto cuantitativamente a través de estadísticas, para conocer el alcance de nuestras acciones, como cualitativamente, para conocer la opinión que tiene el público de nosotros.

martes, 7 de septiembre de 2010

¡Cuán equivocados estáis!

En la feria 2.0 todo se sale de madre y uno de los temas más manoseados y deformados es el relativo al perfil profesional del Community Manager. Lo que se supone que debería ser una figura clave para las relaciones de la empresa en los medios sociales es visto por la sociedad como una pose de moda, apta para ser desempeñada por cualquier pollo atolondrado que no sabe ir a hacer de vientre sin el Mac a cuestas.

Primero fueron los de Fanta, o Coca-Cola que viene siendo lo mismo, cuando este invierno lanzaron una campaña publicitaria para adolescentes con un concurso cuyos premios consistían en ir a San Francisco a aprender a ser: surfista (bien), DJ o pincha discos (vale) o Community Manager (¿?). Esto último, desde mi humilde punto de vista, es como si les ofrecen ser consultor SAP o analista de sistemas. Vaya premio surrealista…

Pero los de Fanta no están solos, no, la tontería se ha extendido como el polen en primavera, y prueba de ello es este anuncio de trabajo que me llegó en vacaciones y que reproduzco textualmente (hay que pinchar en la imagen si no se lee bien):



La traducción que se me ocurre del susodicho anuncio es que esta empresa pretende dejar su reputación digital en manos de un jovencito graciosote, cuyo único mérito es pasarse todo el santo día pegado a una pantalla, ya sea de ordenador o de sus equivalentes móviles. Francamente, no me parece serio y creo que supone infravalorar la profesión de Community Manager, y así se lo hice saber a la organización que me envío esto, que casualmente es adalid del Community Management en España. Y de la mención al PC y a Hotmail ni hablamos...

Creo que algunos confunden la supuesta “locura” que impera en las redes sociales (de hecho, no pocas start-ups a las que recibo vienen con esa actitud tan cargante como bagaje corporativo de negocio), con la posibilidades reales de utilizar esos medios sociales para la comunicación. Piensan igualmente que la creatividad debe ir indisolublemente unida a llevar la payasada por estandarte (qué guays y qué graciosos que somos). Nada más lejos de la realidad.

Sin pretender ser más listo que nadie ni sentar cátedra, creo que el Community Manager debe reunir una serie de conocimientos generales en áreas como:

  • Marketing: identificar necesidades del mercado como oportunidades de negocio para la empresa.
  • Comunicación: saber transmitir a los distintos públicos el mensaje corporativo.
  • Branding/gestión de marca: conocer y comunicar exactamente la imagen que queremos que se tenga de nosotros mismos.
  • TIC: dominar las herramientas de comunicación con nuestros públicos; prever el uso corporativo de nuevas tecnologías, servicios y aplicaciones.

Y además es su obligación moverse con absoluta soltura en:

  • El sector de actividad de la empresa u organización: terminología, lenguaje, público, principales actores, competencia, coyuntura, perspectivas de evolución.
  • La propia empresa u organización: filosofía corporativa, imagen y marca,  productos, programas, proyectos, personas.

Vamos, todo lo contrario que la imagen de tonto del cencerro que ha sido difundida a la sociedad, y lo que es peor, incluso dentro del propio sector tecnológico.


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