jueves, 24 de octubre de 2013

Los nativos digitales: no es oro todo lo que reluce

Por fin leo algo sensato relativo a los jóvenes y la tecnología, después de tantos años aguantando a gurús, tecnochamanes e iluminados diversos juzgándonos a los que procedemos del siglo XX de viejos sin futuro ante la llegada de los nacidos en el mundo digital.

Pues es la propia Comisión Europea, en su documento Apertura de la educación: Docenciay aprendizaje innovadores para todos a través de nuevas tecnologías y recursoseducativos abiertos, la que reconoce que “a pesar de que las competencias digitales son esenciales para el empleo, los jóvenes actuales no saben utilizarlas de forma creativa y crítica.” Y añade que haber nacido en una era digital no es condición suficiente para ser competente en materia digital.

Para mí es suficiente desagravio que se me afirme que ningún pollo me da veinte vueltas profesionalmente solamente por el hecho de haberse criado con una Nintendo DS en vez de con el Fuerte Comansi, como hice yo. Y del nivel de cultura general que ostentan los hijos del siglo XXI ya hablaremos en otro momento…

En fin, hablando más en serio, los datos que arroja la UE sobre competencias digitales de los jóvenes son preocupantes: sólo el 30 % de los estudiantes de la UE pueden considerarse competentes en la materia y todavía un 28 % de los mismos prácticamente no tienen acceso a las TIC, ni en la escuela ni en su casa. Estamos hablando de una importante brecha digital.

La situación en la enseñanza europea también deja bastante que desear, a juzgar por las cifras que arroja el informe:
  • El 63 % de los niños de nueve años de edad no estudia en un centro bien equipado desde el punto de vista digital (es decir, que disponga de equipos adecuados, banda ancha rápida y alta conectividad).
  • Si bien el 70 % de los profesores de la UE reconoce la importancia de formarse en cómo enseñar y aprender con medios digitales, únicamente entre un 20 % y un 25 % de los alumnos tiene profesores que dominan y fomentan dichas tecnologías.
  • La mayoría de los profesores utilizan tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) principalmente para preparar sus clases, pero no tanto para trabajar con los alumnos durante las mismas.
  • El 50 % y el 80 % de los alumnos de la UE no utilizan nunca libros de texto digitales, software con ejercicios, podcasts, simulaciones ni juegos didácticos.
Es por ello que el documento de la Comisión Europea lanza el reto a los Estados miembros de llevar a cabo políticas educativas basadas en los entornos digitales de sistemas abiertos o recursos educativos abiertos (REA), como los llaman ellos.

En suma, realizan una serie de recomendaciones dirigidas a difundir el uso de los REA, como pueden ser:
  • Estimular políticas de acceso abierto a material didáctico financiado con fondos públicos.
  • Animar a los centros de educación y formación formal a que incluyan contenidos digitales, entre ellos REA, en el material didáctico recomendado para alumnos de todos los niveles educativos y fomentar la elaboración, incluso mediante contratación pública, de material didáctico de alta calidad cuyos derechos de autor pertenezcan a autoridades públicas.
Y por supuesto, promover la conectividad, sin al cual no hay cultura digital que valga:
  • Conectar todas las escuelas, a ser posible con conectividad de banda ancha en cada aula, modernizar sus equipos de TIC y desarrollar registros de aprendizaje accesibles y abiertos a escala nacional, utilizando Fondos Estructurales y de Inversión de aquí a 2020.
Las recomendaciones se complementan con sugerir la creación de incentivos a la innovación:
  • Animar a que las redes de profesores voluntarios, las comunidades digitales y los expertos en TIC pongan en marcha iniciativas (por ejemplo cursos de codificación o programas de divulgación en las escuelas) y crear, en cada sector educativo, premios para profesores que hagan un buen uso pedagógico de las TIC.
Políticas decididamente necesarias, pero que parecen algo tibias e insuficientes de cara a atajar el problema que plantean los datos de la UE.

jueves, 17 de octubre de 2013

La desigualdad destruye el capitalismo

No son pocos los indicios que parecen indicar que esta recesión conlleva un aumento brutal de la desigualdad en nuestras sociedades. Todo se ha hecho tan bien, tan elegantemente, que no nos damos cuenta que en la práctica lo que se ha hecho es salvar a un sistema financiero víctima de su propia irresponsabilidad y de sus prácticas fraudulentas, a costa de los derechos adquiridos por los ciudadanos con siglos de lucha social.

En resumen, no vas a tener una asistencia sanitaria decente, ni una pensión aceptable cuando te jubiles, aunque lleves décadas pagando impuestos y las cotizaciones a la Seguridad Social, porque tu dinero se ha destinado a salvar los intereses de los accionistas de los bancos.

En un artículo publicado en septiembre, Paul Krugman reflexionaba sobre los plutócratas de EE.UU., magnates cuyas empresas han sido salvadas a costa del esfuerzo de todos, que encima se ofenden cuando se les pide que contribuyan, a través de la fiscalidad, a equilibrar, si quiera un poco, la desprotección de las clases más desfavorecidas.

Los ejemplos que ofrece Krugman son estremecedores del grado de egoísmo,  superioridad social y desprecio por los valores colectivos que manifiestan estos directivos, verdaderas hienas a todas luces.

American International Group (AIG) es una gestora de seguros que aprovechó vacíos legales para colocar deuda antes de la crisis ante la que no podía responder. Dado su tamaño, el Gobierno estadounidense tuvo que rescatarla para evitar un cataclismo del sistema financiero. Pues bien, intervenida como está por la Administración, AIG sigue pagando primas astronómicas a sus ejecutivos y, ante la indignación social que esto ha causado, Robert Benmosche, su consejero delegado, ha comparado la crítica de los ciudadanos y medios con los linchamientos en el sur de los EE.UU.

Otro ejemplo: el presidente de Blackstone Group, Stephen Schwarzman, considera una declaración de guerra (lo compara con la invasión nazi a Polonia en 1939) el que el Gobierno elimine la laguna legal que permite que los ejecutivos de la empresa solamente paguen el 15% de impuestos por gran parte de sus elevados ingresos.

El problema no es sólo que se acentúe la desigualdad en EE.UU. y Europa, lo realmente preocupante es que se justifique como algo lógico e inevitable. Las políticas económicas que se aplicaron en el mundo desarrollado desde 1945 contribuyeron a redistribuir la renta en los países (a través de los sistemas de protección social y del fortalecimiento de conceptos como la educación universal) y a empoderar, desde el punto de vista económico y político, a una creciente clase media.

El proceso actual tiende a destruir a esa clase media, como subraya Antón Costas en su artículo Que no nos digas que fue un sueño. A su juicio el aumento de la desigualdad es el problema más serio y peligroso al que nos enfrentamos en la actualidad.

Aparte de las connotaciones morales, la desigualdad es perniciosa para los sistemas económicos e incluso para el funcionamiento del propio capitalismo:

  1. La desigualdad convierte en volátiles e inestables las economías de mercado al reducir la capacidad de consumo de amplias clases sociales.
  2. Polariza la sociedad por clases sociales y por distintas expectativas de futuro dando lugar al malestar y a los conflictos sociales.
  3. Es una amenaza para la democracia al ser caldo de cultivo de movimientos populistas y totalitarios, que siempre movilizan con más fuerza cuanta más indignación hay. ¿No hemos aprendido la lección de la Alemania de los años 30?
  4. Finalmente, y esto entronca con el artículo de Krugman, afirma Costas que la desigualdad destruye la moral colectiva y los sentimientos éticos que garantizan el buen funcionamiento de una economía de mercado. Los ricos se sienten superiores al resto y adoptan la estrategia del todo vale, que evidentemente se filtra al resto de la sociedad.
¿Realmente queremos volver al capitalismo salvaje de la primera Revolución Industrial?

miércoles, 9 de octubre de 2013

De tener miedo de los chinos a temer por ellos

La frase del título la atribuye The Economist al Nobel de economía Paul Krugman en el artículo A bubble in pessimism. Expresa el temor de que un frenazo de la economía china pueda agravar la crisis de la economía mundial, estancando el crecimiento de las economías emergentes y de los sectores de nuestra economía que dependen de su bonanza, como las telecomunicaciones, las finanzas o las infraestructuras.

El pesimismo de Krugman no es del todo compartido por el autor del artículo, que observa un cambio de tendencia en el gigante asiático, aunque no necesariamente negativo.

Es cierto que desde hace algún tiempo China ha rebajado su poderosa tasa de crecimiento de dos dígitos de antaño a un “modesto” 7,5%. La tasa de inversión sigue alta, más del 48% del PIB, pero el ratio de endeudamiento de las familias, empresas y de la administración ha subido hasta un 200% del producto interior.

Lo que para unos es una evolución del modelo económico para Krugman es el fin del modelo de crecimiento chino. A su juicio, lo que ha quebrado es lo que Marx denominó el “ejército de reserva”, es decir, un exceso de población rural que fluye hacia las actividades industriales urbanas cuando resulta necesario para mantener los salarios bajos.

Se ha tratado de basar la competitividad en la explotación del trabajador, que el padre del marxismo denunció en el capitalismo de su época, y que sus discípulos chinos actuales aplican para garantizar la expansión económica del país, incurriendo en una más de sus contradicciones ideológicas.

Pero parece ser que este modelo no se sostiene y que cada vez es más difícil llevarse mano de obra del entorno rural sin que se produzcan tensiones salariales al alza allí. El retorno de la inversión de este modelo era alto, con mano de obra ilimitada  a precio de saldo, pero ahora  caerá porque los salarios deberán subir para convencer al trabajador para que acuda a la ciudad. La insuperable competitividad china no será la misma.

El nuevo modelo exige que la inversión se centre en aumentar la productividad del trabajador individual y la rentabilidad de la misma ya no será tan espectacular.

Ahora bien, el sistema político chino se ha beneficiado de los métodos inhumanos del capitalismo salvaje, la explotación extrema del trabajador, pero a la vez se salta las reglas del mercado que son inherentes a éste, y el Gobierno manipula los componentes de la demanda a su antojo.

Es por ello que el estado estimula la variable de la inversión (de forma directa o a través de las empresas intervenidas) cuando otros componentes de la demanda, como el consumo privado, se debilitan. Están tuneando la ecuación de la renta y la demanda (demanda=consumo+inversión+gasto público+exportaciones-importaciones) a su antojo.

Para Krugman es una situación insostenible: a su juicio, China está invirtiendo desmesuradamente en aumentar su capacidad productiva en vez de nutrir la demanda interna y externa para sus productos y servicios. Y ello reventará en algún momento.

Recordemos que parte del mundo que todavía no sufre la crisis, en especial América Latina, depende en gran medida de la evolución de la economía de países como China e India, entre otros. Un cataclismo de estos países de oriente puede producir un efecto  en cadena y sumirnos a todos en una situación aún más desesperada. Por eso dice Krugman que, más que tenerles miedo, ahora debemos temer por ellos (y por nosotros).

jueves, 3 de octubre de 2013

La carrera de la competitividad en Latinoamérica

La incertidumbre es la constante de este nuevo mundo que nace en este siglo que comienza. Habíamos apostado por una serie de economías emergentes como los nuevos poderes hegemónicos, entre los que se encontraban varios países de Latinoamérica. Pero las cosas no están tan claras después de todo: el cambio de estrategia económica china y la falta de pulso económico en EE.UU. y Europa ponen en duda incluso el escenario recién estrenado. Y una parte de los países de América Latina no parecen haber aprovechado los años de vacas gordas para establecer una posición competitiva en los mercados globales.

Algo de esto sugiere el informe The Global Competitiviness Report 2012-2013 de World Economic Forum, un trabajo que compara el nivel de competitividad de las distintas naciones. Entienden los autores por competitividad como “el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país”.

El índice de competitividad que elaboran, y que permite comparar unos países con otros, se basa en doce componentes que resumo a continuación:

  1. Instituciones: entorno legal y administrativo.
  2. Infraestructura: transportes y comunicaciones.
  3. Entorno macroeconómico: grado de estabilidad.
  4. Nivel de desarrollo de la educación primaria y la sanidad.
  5. Educación superior y formación.
  6. Eficiencia del mercado de bienes.
  7. Eficiencia del mercado laboral.
  8. Desarrollo del mercado financiero.
  9. Preparación tecnológica.
  10. Tamaño del mercado/capacidad exportadora.
  11. Grado de sofisticación de las prácticas de negocios.
  12.  Innovación.
En el epígrafe relativo a Latinoamérica, el informe detecta un frenazo en el desempeño económico de la región en términos globales y un estancamiento en el crecimiento de la competitividad.

Centrándonos en países concretos, Chile (34 en el ranking mundial, por encima de España) y Panamá (40) exhiben los mejores valores del subcontinente. En el primer caso se valora especialmente la estabilidad institucional y macroeconómica chilena, el buen funcionamiento del mercado interno y la capacidad para competir en el mercado global. De Panamá se reconoce su esfuerzo por desarrollar sus infraestructuras de transportes y de redes, así como la rápida penetración tecnológica y las mejoras en la calidad del sistema educativo.

Algo más abajo en la lista de la competitividad mundial nos encontramos con Costa Rica (puesto 54), México (55) y Brasil (56). Costa Rica sigue mejorando, en parte por la evolución de la capacidad innovadora, y el informe destaca su sistema educativo y la apertura de los mercados, si bien señala la inseguridad, y el gasto público asociado para combatirla, como una debilidad.
De México se destacan la estabilidad macroeconómica, el sólido sistema financiero, y las posibilidades que ofrece el mercado interno, pero falla especialmente en temas como la corrupción y la inseguridad.

Sorprende que la gran promesa que es Brasil se encuentre tan abajo en el ranking, pero lo cierto es que el trabajo detecta obstáculos a la competitividad carioca relacionadas con el endurecimiento de la financiación, la falta de eficiencia de la Administración, la corrupción y la falta de confianza en la clase política. Además, considera insuficiente el nivel de desarrollo de las infraestructuras, del sistema educativo y de la apertura a la competencia internacional.

Perú se encuentra en el puesto 61 de la lista mundial y se reconocen sus avances en los últimos años, si bien se sugiere que el modelo que ha garantizado estas mejoras en la competitividad puede haberse agotado. Los esfuerzos que debe encarar esta nación de cara a continuar su progreso pasan por mejorar la eficiencia de la Administración, atajar la corrupción, ampliar las infraestructuras y  aumentar la calidad educativa y el nivel de capacitación de la mano de obra.

Colombia y Ecuador presentan las posiciones 69 y 71 respectivamente. La primera muestra unas condiciones macroecónomicas estables y positivas, pero muestra debilidades en términos institucionales y alto grado de corrupción, además el desarrollo de las infraestructuras es insuficiente. Se sugiere que una mejora en el sistema educativo puede contribuir a la diversificación d ela economía.

Ecuador por su parte ha subido 15 puestos desde el último informe, básicamente por sus esfuerzos en el campo de la calidad educativa, de la innovación y en el despliegue de infraestructuras.

En Centroamérica se reconoce la mejora de países como El Salvador (96) y Nicaragua (99), gracias en parte a su relativa capacidad innovadora.

Las grandes caídas del ranking las protagonizan Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela.

Uruguay pierde 11 puestos hasta el 85, principalmente por el deterioro de las condiciones macroeconómicas, la alta inflación y las dificultades para acceder a la financiación exterior entre otras razones.

Argentina por su parte cae del puesto 94 al 104, sobre todo por temas relacionados con la ineficiencia y el favoritismo del Gobierno, así como por el deterioro macroeconómico. Algo parecido pero en mayor escala muestra Venezuela, con una caída hasta el puesto 148, que a juicio de los autores del informe es debido a la profunda crisis institucional y económica que atraviesa.

viernes, 20 de septiembre de 2013

De cómo nos robaron el estado de bienestar

Cuando algunos comienzan a lanzar las campanas al vuelo identificando, o creyendo identificar, una tímida recuperación de la economía española conviene preguntarse qué queda del país que conocimos antes de la crisis y en qué medida las políticas de austeridad y recortes han destruido la España edificada en la transición, que perseguía fomentar la igualdad de oportunidades y la movilidad social, por lo menos como una voluntad colectiva.

Este ejercicio lo ha realizado en el diario El País el sociólogo de la Universidad Carlos III de Madrid José Antonio Gómez Yáñez, a través del artículo ¿Recuperación o un nuevo modelo social?

La clave para entender este proceso es que la recuperación de las macromagnitudes no devuelve a la economía al punto de partida, como en una recesión normal, sino que retrocede a niveles existentes años atrás, y lo que es más importante, presentando importantes cambios en la distribución de la renta y la riqueza, aumentado la desigualdad.

De hecho, cuando realmente comience el crecimiento éste no va  a mejorar la situación de amplias capas de la sociedad, las más débiles. Gran parte de aquellas circunstancias que intentaban corregir la desigualdad han desaparecido con la crisis, o bien han perdido peso dentro de las agendas de los poderes públicos o están en cuestión.

La “necesaria” flexibilización del mercado laboral supone desproteger al trabajador; el exceso de mano de obra desempleada garantiza la congelación e incluso la reducción de las retribuciones de los asalariados, y en cualquier caso la perdida de poder adquisitivo; los sistemas de protección social en lugar de reforzarse en los tiempos duros están siendo gradualmente desmontados.

El autor del artículo subraya el pesimismo actual de la población: el 51% piensa que dentro de seis meses estará igual que ahora y un 37% opina que estará peor. El modelo de “mejora intergeneracional”, en el que cada generación tienen un nivel de vida mejor que la anterior, se rompe: los jóvenes actuales van a vivir peor que sus padres. Y para colmo la corrupción generalizada y el distanciamiento de la clase política respecto de los problemas del ciudadano medio ha derivado en una desconfianza y una aversión hacia los poderes públicos y las instituciones nacionales.

Es un cambio de modelo económico, que ha cuajado en los últimos tres años, en el que porcentajes importantes de la población han adquirido una gran sensación de inseguridad en la que el futuro se muestra imprevisible y potencialmente peor que el presente. El fantasma de la perdida del empleo, del empobrecimiento, de una vejez casi indigente… cada vez adquiere mayor solidez.

Ante estas expectativas es lógico que el consumo interno se contraiga, que nadie se “arriesgue” a consumir, especialmente bienes como los automóviles o los inmuebles que implican endeudarse para el futuro, lo que está minando seriamente la posibilidad de iniciar una recuperación económica seria y fuerte.

Gómez Yáñez concluye:

“En suma, lo que perciben los ciudadanos es un cambio en los patrones de acumulación y distribución de los recursos. Una economía puede crecer de distintas maneras, pero esta recuperación supone la estabilización de un nuevo modelo de crecimiento en el que las fuerzas sociales se distribuyen de manera más desigual que hace cinco años en detrimento de la mayoría; tanto en el trabajo como en el consumo, en prestaciones sociales y en poder social”.

¿Realmente la derecha europea neoliberal quiere volver a la sociedad clasista tradicional? El Nobel de economía Paul Krugman afirma que sí en su blog, en concreto en el post del 17 de septiembre titulado No estés hastiada, Francia.

Relata Krugman como Francia ha llevado una política de austeridad fiscal mucho más intensa de la que debería haber aplicado de acuerdo con su situación económica. Ha hecho los deberes más allá de lo exigible, pero… en vez de recortar el gasto público ha aumentado los impuestos, eliminando su déficit primario estructural.

Y ¡oh, sorpresa! En vez de recibir felicitaciones y alabanzas desde la Comisión Europea es regañada con furia por el comisario Olli Rehn que afirma que la moderación fiscal debe provenir de recortes del gasto, no de aumento de ingresos. Se ha delatado y ha delatado todo el plan neoliberal al que hemos sido sometidos. Cedo la palabra a Krugman que lo explica mejor que yo:

Pero sin duda, la cuestión más importante aquí es que Rehn se ha quitado la careta. El tema no es la responsabilidad fiscal; nunca lo fue. La cuestión siempre ha sido exagerar los peligros de la deuda para desmantelar el Estado de bienestar. ¿Cómo se atreven los franceses a tomarse al pie de la letra las preocupaciones sobre el déficit, y por otro lado negarse a rehacer su sociedad siguiendo las líneas neoliberales?”   

Por mi parte sólo me queda añadir VIVA LA FRANCE

jueves, 12 de septiembre de 2013

Tecnología educativa emergente que pronto veremos en el aula


La educación, al igual que cualquier otro ámbito social, sufre poco a poco la penetración del mundo digital. Al principio solamente los evangelistas de Internet defendían la presencia de la tecnología en el aula; hoy nos damos cuenta de que es un proceso inevitable y hasta lógico. ¿Acaso no se ha digitalizado la operativa bancaria y comercial? ¿No compramos, trabajamos y nos divertimos por Internet? ¿Por qué entonces no podemos utilizar las redes y las herramientas digitales para enseñar?

En este sentido Saint Xavier University de Chicago ha desarrollado una interesante infografía, que reproduzco al final del post, identificando seis tecnologías emergentes, o conceptos tecnológicos, que a juicio de los autores estarán presentes en las aulas en los próximos años.

De impacto más inmediato en los centros escolares, la infografía destaca los siguientes elementos:
  • Cloud computing. Trabajar on line, “en la nube”, en vez de en modo local en nuestro propio dispositivo. Presenta dos ventajas principalmente: que permite a docentes y alumnos colaborar y trabajar en grupo, y por otro lado, que al utilizar recursos compartidos en red supone un ahorro de recursos físicos (software y aplicaciones principalmente) y dinero.
  • Tecnología móvil. Cada vez se detectan más ventajas de trabajar con dispositivos móviles (tablets, smartphones…) en vez de con ordenadores tanto fijos como portátiles, pues son más baratos y necesitan menos infraestructura de apoyo.
  • Gaming. Utilizar el juego a través de aplicaciones web como un recurso educativo.
  • Contenido abierto. Existe una tendencia cada vez más fuerte de desarrollar contenidos abiertos para ponerlos a disposición de todos. Se trata de contenidos publicado bajo una licencia no restrictiva y bajo un formato que permita explícitamente su copia, distribución y modificación. Los colegios, y especialmente los docentes más geek, progresivamente apuestan por crear su propio contenido educativo y compartirlo libremente en las redes.
La infografía hace alusión también a dos factores adicionales que pueden empezar a estar presentes en la educación en un plazo algo más largo de cuatro o cinco años:
 
  • Analíticas de aprendizaje. Esta disciplina trata acerca de recoger huellas que los estudiantes van dejando y utilizar esas huellas para mejorar el aprendizaje. A medida que el aprendizaje avanza por las redes recogemos más huellas. Y esos inmensos volúmenes de datos pueden ser aprovechados, gracias a la analítica, para sintetizar en un cuadro de mando todas las medidas de un estudiante. Dejo enlazado aquí un post que escribí sobre el tema.
  • Entornos personales de aprendizaje. La tecnología nos permitirá crear una enseñanza específica para cada estudiante, adaptada a sus necesidades personales. La forma que este fenómeno adquirirá no está clara pero las posibilidades que ofrece se presentan como muy interesantes.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Siria: otra vez lo peor de nosotros mismos

En marzo de 2011 publiqué aquí el texto que sigue cuando los EE.UU., con la complicidad de los pelotas de siempre, comenzó a bombardear Libia. Ahora que están (estamos) a punto de derramar fuego sobre Siria recupero lo que escribí entonces. Sustitúyase Libia por Siria y Gadafi por El Asad y vale igual. "When we will ever learn?", que cantaba Pete Seeger...

 Hoy le he vuelto a echar mucho de menos cuando he bajado a comprar el periódico y me he enfrentado al titular que anunciaba que los aliados han bombardeado Libia. Estoy completamente de acuerdo en que hay que parar a la bestia esa que es Gadafi, pero no puedo dejar de tener la sensación de que como en otras guerras “necesarias” –aquel octubre en que empezaron a caer las bombas sobre Afganistán o cuando los misiles surcaban como bengalas el cielo nocturno de Bagdad-, hemos vuelto a fallar moralmente, hemos liberado de nuevo la barbarie, en suma, ha aflorado una vez más lo peor de nosotros mismos. 

Me siento orgulloso cuando militares españoles se traen a nuestro país a un niño afgano para operarle de una enfermedad que en su país le condenaría necesariamente a la muerte, pero me produce malestar y desasosiego leer que un F-18 “de los nuestros” ha destruido una columna de blindados libios. Lo siento, pero creo que otro mundo es posible.

Él también lo creía así y se esforzaba por proclamarlo a los cuatro vientos aprovechando su fama, a través de mensajes directos y sencillos: dadle una oportunidad a la paz. Reconocía que a muchos les podía parecer una postura soñadora, pero también que él no era el único que pensaba así, que hay muchos otros que creen que hay otra forma de hacer las cosas y de vivir en la tierra que no impliquen la destrucción y la violencia.

The Beatles fue quizá el primer fenómeno global que demostró que a los habitantes de este planeta perdido en la periferia de la galaxia hay más cosas que nos unen de las que nos separan. Independientemente de que vivamos en Bogotá, San Francisco, Osaka, Nairobi o Salmeroncillos, todos sentimos una euforia espontánea y una sensación de bienestar al escuchar los acordes de “She Loves You”, aunque no entendamos la letra, que por otra parte es intrascendente. A todos nos une un mismo sentimiento a través de esa música.

Las redes sociales son otro factor de globalización de principios de este milenio. Las redes han permitido que las personas se conecten entre sí y que se comuniquen; han estrechado el mundo salvando distancias geográficas. A pesar de los hackers, piratas, pederastas, y estafadores diversos que los pueblan, los medios sociales son un paso positivo para la humanidad, pues se basan en los principios implícitos y no impuestos de Conversar, Compartir y Colaborar, que a su vez se pueden declinar en Empatizar, Ayudar y Construir. Nos permiten acercarnos a otras realidades y llegar a comprender a los demás, por lejos que vivan de nosotros. Y otra vez ponen en evidencia que no somos tan distintos, que todos compartimos los mismos sueños y aspiraciones, los mismos sentimientos.

A veces pienso que en muchos casos las redes sociales sacan lo mejor de nosotros quizá por su filosofía social (válgame la redundancia) que nos relaciona con otras personas. Por eso no entiendo cómo podemos estar construyendo dentro del mundo virtual y destruyendo fuera de él, si somos los mismos dentro que fuera. ¿A qué se deberá esa dicotomía tan Jekyll y Hyde?

Mi primera experiencia proto-2.0 tuvo lugar a finales de la década de los 90 cuando me inscribí en una lista de distribución, Raindogs, en torno a la figura y la obra del músico Tom Waits. Para el que no se acuerde, las listas de distribución eran sistemas de comunicación asíncrona en los que los usuarios que mandaban correos electrónicos que eran distribuidos automáticamente al resto de los miembros. Raindogs estaba integrada por mucha gente de EE.UU. y no poca de distintos países de Europa. También había japoneses y hasta un taxista australiano que nos divertía y enternecía a la par con sus anécdotas sobre sus noches “apatrullando” Melbourne. En mi caso, mi motivación principal para darme de alta era estar informado sobre lanzamientos discográficos y anécdotas de mi idolatrado Waits. Sin embargo, poco a poco la música fue quedando de lado y lo que primaba eran las conversaciones sobre las vidas de los miembros, nuestras vidas, y ¡oh sorpresa!, resulta que aparte de la música todos compartíamos innumerables cosas; nuestras existencias no eran tan distintas a pesar de lo distante (perdón por la aliteración).

Después de los atentados de las Torres Gemelas, a través de la lista, los que vivíamos fuera de Estados Unidos pudimos conocer de primera mano detalles de lo que estaba ocurriendo en el país, anécdotas que no aparecían en periódicos ni noticiarios, y lo que es más importante, pudimos compartir con nuestros amigos americanos su profundo dolor y desolación. Por desgracia los madrileños lo experimentamos en nuestras propias carnes unos años más tarde.

Hoy él de seguir vivo hubiera manifestado el mismo malestar que siento yo ante el nuevo triunfo de la barbarie. Probablemente hubiera aparecido en los medios de comunicación explicando que no nos tenemos que resignar ante la violencia, que no debemos aceptarla como un mal menor, que podemos construir un mundo distinto en el que haya sitio para todos. Una vez dijo, no recuerdo dónde, “por alguna razón que no comprendo la gente hace lo que yo digo. Bueno pues yo digo: PAZ”. Se puede decir más alto pero no más claro.

Joder, Lennon, no sabes cómo te echo hoy de menos.

 
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