domingo, 30 de octubre de 2011

Ideas para un mundo emergente: empatía, empoderamiento y redes


Hace un par de semanas tuvo lugar en Madrid en VI Encuentro EducaRed, un congreso de educación que es uno de los eventos clásicos de Fundación Telefónica desde hace más de diez años. Durante tres días, albergó ponencias, experiencias y talleres relacionados con la educación y la tecnología. No voy a realizar aquí un resumen de todo el encuentro, pero me gustaría destacar tres conceptos que afloraron en el pabellón de IFEMA donde tuvo lugar y que, más allá del campo de la enseñanza, me parece que podrían encajar en el funcionamiento del nuevo modelo de mundo que se está consolidando en la actualidad. Se trata de la empatía, del empoderamiento y de las redes del conocimiento.

La RAE define la empatía como “identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro”. La empatía fue el eje central de la conferencia de Bill Drayton, Premio Principe de Asturias de Cooperación Internacional 2011 y fundador de la organización Ashoka. Drayton defiende el desarrollo de la capacidad para cambiar la sociedad desde la escuela, formando ciudadanos corresponsables con el futuro de la humanidad; niños y niñas que sepan trabajar en grupo, sin herir a sus iguales. De ahí la necesidad de fomentar la empatía como motor del esfuerzo colectivo, la organización y el liderazgo. En palabras de este emprendedor socialla clave del éxito es contribuir al cambio, no sólo adaptarse al cambio".

Otro concepto que obtuvo un protagonismo notable dentro del VI Encuentro EducaRed fue el de “empoderamiento” (otro palabro de moda), que en el contexto educativo hace alusión a la acción de capacitar a los alumnos para que sean los protagonistas de su propio proceso de aprendizaje. En este sentido, el profesor de la Universidad de Newcastle Sugata Mitra defiende la habilidad de los niños y las niñas para progresar en el aprendizaje trabajando en grupo con la mínima ayuda de un profesor (Minimally Invasive Education), figura que en su modelo educativo se  transforma en un guía o mediador del conocimiento. Yo no llego tan lejos como Mitra en sugerir que se elimine el profesor, pero si creo que el alumno debe adoptar una actitud activa en su proceso de aprendizaje.

Finalmente, el experto del aprendizaje en la era digital George Siemens introdujo en el evento teorías relacionadas con las redes de aprendizaje y los ecosistemas de conocimiento. Partiendo de la premisa de que el conocimiento es una red, la forma de conocer las ideas y de conectarlas entre sí determina nuestro nivel de aprendizaje. Paralelamente, cómo estemos conectados condiciona la información que encontramos. A su juicio, los docentes deben enseñar a sus alumnos a crear y evaluar redes, pues, en sus propias palabras, “dar un dato y evaluar si el alumno lo recuerda no es valido en una sociedad que precisa crear conocimiento”.

Tres ideas cuando menos interesantes y dignas de discusión y debate.

miércoles, 12 de octubre de 2011

La revolución del bebop en jazz como ejemplo de innovación


Leyendo la biografía del trompetista Dizzy Gillespie, “To be or not to bop”, me he dado cuenta de lo que realmente supuso para la historia del jazz, y diría de la música en general, el proceso de innovación iniciado durante la década de los años cuarenta por un grupo de intérpretes jóvenes, que acabó en un estilo denominado bebop o simplemente bop. El bop supuso una ruptura determinante y sin vuelta atrás con el jazz tradicional que condicionó toda la música norteamericana de la segunda mitad del siglo XX.

Para los que no estéis muy versados en la historia del jazz, solamente comentar que este género musical nació dentro de la comunidad afroamericana norteamericana a principios del siglo pasado y fue ganando popularidad entre toda la sociedad a lo largo de las siguientes décadas, hasta convertirse en los años treinta en música de baile también para los blancos. Fue la época de las big bands, como la de Glen Miller, que tuvieron su apogeo hasta el final de los cuarenta. Precisamente a principios de esta década una serie de músicos - liderados por Dizzy Gillespie y entre los que se encontraban nombres como el del saxofonista Charlie Parker, el pianista Thelonious Monk, el batería Kenny Clarke, el bajista Oscar Pettiford o la vocalista Sarah Vaughan, entre muchos otros-, iniciaron un cambio deliberado en la estructura del jazz tradicional, transformando la música de baile en algo mucho más avanzado y con un importante componente intelectual. Básicamente, la innovación se basó en la utilización de acordes raramente utilizados antes, en alterar las secuencias naturales de acordes creando sucesiones inéditas hasta el momento, y en introducir más notas por compás. En palabras del propio Gillespie:

“Es evidente que lo más importante de nuestra música era el estilo, el cómo pasabas de una nota a otra, cómo tocabas. Es lo más importante porque puedes tocar lo mismo y no tocarlo de la misma manera, y no estarás tocando bebop. Nuestra forma de frasear era especial. No sólo cambiamos la estructura armónica, también cambiábamos la rítmica.”

También es elocuente el testimonio sobre aquella época del gran trompetista Miles Davies:

“Nos íbamos a la calle 52 a escuchar a Diz [Dizzy Gillespie] y poner a prueba nuestro oído. Te colocabas de pie junto a la barra, tirabas una moneda y decías la nota que hacía al caer. Todo iba muy rápido y nosotros nos estábamos poniendo a prueba.”

La revolución del bop es un claro proceso de innovación de procesos y de producto; del proceso porque altera o modifica la forma de tocar jazz introduciendo nuevas sucesiones de acordes en las piezas; de producto, porque da lugar a nuevas canciones al interpretar los temas antiguos (de hecho, a muchas canciones tradicionales pasadas por el filtro del bebop les pusieron nombres nuevos porque el resultado era completamente distinto del original).

Se me ocurren los siguientes rasgos del bebop como proceso de innovación que pueden extraerse como ejemplo a seguir:

Elevado grado de  formación. A diferencia de sus predecesores que a menudo tocaban de oído, los intérpretes del nuevo jazz tenían una sólida formación musical y unos conocimientos técnicos muy trabajados. Muchos músicos nada más llegar a Nueva York se inscribían en clases de técnica musical para poder estar a la altura de las exigencias del jazz emergente. El innovador domina los conocimientos de su disciplina o actividad; la innovación no es tarea para advenedizos o improvisadores.

Maestría en la ejecución. Aparte de la formación, los instrumentistas de bop eran realmente buenos con sus respectivos instrumentos. Abundan los testimonios que describen la habilidad Gillespie y de Charlie Parker para introducir muchísimas más notas de las habituales en cada compás, demostrando un dominio notable de cada respectivo instrumento. Es el sonido característico del jazz moderno, que desconcierta al neófito, y que se basa en “racimos” de notas que parecen sobrar en la canción. El innovador debe ser muy bueno en lo que hace.

Espacio y tiempo. Generalmente todo proceso innovador está encorsetado en un espacio y un tiempo concretos en los que “ocurren” las cosas, llámese Silicon Valley o no. El bebop tuvo su origen en la Nueva York (en concreto en los clubes de la calle 52) de los años cuarenta porque en ese momento y en ese lugar coincidieron una serie de músicos que compartieron el interés común por tocar una música nueva (de hecho, ellos no le llamaban bebop al principio, sino “nuestra música” o “la nueva música”. Charlie Parker (Bird) no estuvo al principio en el meollo, pero apareció por Harlem hacia 1942 ó 1943, y se sumó a toda la corriente en marcha. Los focos de innovación atraen a los innovadores.

La innovación es colectiva. La mayoría de los músicos se ganaba la vida en las bandas de swing de la ciudad tocando la música de baile convencional. El propio Gillespie estuvo tocando, entre otras, en la formación de Cab Calloway del Cotton Club (la relación entre ambos acabó cuando Dizzy le asestó un navajazo a Calloway, pero esa es otra historia). Pero la innovación se producía en las jam sessions de los locales after hours, en donde se juntaban los músicos a altas horas de la noche para improvisar juntos sin público o con un número escaso de espectadores de confianza. Se dice que Gillespie lideró la transición al bop, pero entiendo que sin todos los intérpretes que le siguieron, apoyaron y que tocaron con él, asumiendo la nueva música, su papel dentro de la historia del jazz no hubiese pasado de la de un mero pirado que hace cosas raras.

La ventaja competitiva de la innovación. Recordando al economista Schumpeter, me viene  a la memoria sus teorías sobre la ventaja competitiva que adquiere una empresa que comercializa un proceso o producto innovador, que dura hasta que es copiada por el resto de las empresas. Este principio se cumplió entre los bopers, dado que su nueva música llamó la atención de todo el mundillo del jazz y fueron profusamente contratados, tanto para demostrar su técnica en las bandas estándar, como para realizar arreglos de las canciones tradicionales y darles un aire bop. Cuenta Gillespie que en esa época hubiera ganado más dinero como arreglista de canciones de lo que ganó como intérprete, pero se dedicó a lo último.

 Olvidad el entorno institucional. Un innovador no puede confiar en el mecenazgo de las administraciones públicas u otros próceres; se tiene que asegurar la independencia operativa. En el caso del jazz el marco institucional no sólo no ayudaba sino que obstaculizaba el proceso de cambio: en los años cuarenta el Sindicato de Músicos vetaba y perseguía las jam sessions, que era donde los innovadores realmente evolucionaban como músicos, porque escapaban de las tasas y cuotas que aplicaban (¿alguien ha mencionado a la SGAE?).  Resulta patético que los mejores músicos del momento tuviesen que actuar como delincuentes escondiéndose para crear una nueva música.

Influencias externas de la innovación. Como decía Steven Johnson, los innovadores reciben muchas influencias externas a su disciplina que incorporan a sus procesos de cambio y mejora. En el caso que nos ocupa, el jazz se vio teñido de ritmos latinos, europeos y africanos, que nutrieron su evolución y lo enriquecieron. El paradigma de esto último es el propio Dizzy Gillespie cuya música recibió un soplo caribeño gracias a su amistad con el músico cubano Mario Bauzá.

martes, 4 de octubre de 2011

África y las naciones emergentes


El rompecabezas se ha desmontado y se está volviendo a formar, aunque de manera distinta. El nuevo mundo que está surgiendo en la actualidad difiere bastante, aún no percibiendo su dimensión completa en la actualidad, de aquel que heredamos de la Guerra Mundial y la postguerra fría. En concreto, el papel de las distintas naciones en el teatro del mundo cambia sustancialmente del escenario anterior y los denominados países emergentes liderados por China empiezan a cobrar un protagonismo decisivo, incluso como palancas de desarrollo de las áreas desfavorecidas del planeta.

Hace unas semanas recibí a dos técnicos franceses de la OCDE, en concreto del Development Centre,  que venían a proponer un acuerdo de colaboración con nosotros, y que me dejaron un montón de papeles e informes a modo de catálogo de la actividad de su institución. Entre todo el fajo he encontrado un informillo muy interesante sobre África y sus socios emergentes, que dibuja cómo las relaciones del continente negro no se centran ya exclusivamente con los países desarrollados, generalmente heredadas del pasado colonial, y cada vez más se escoran hacia distintos países emergentes. Países que hace dos décadas todavía podían considerarse como “subdesarrollados” se convierten en factores de estímulo de las economías de los países africanos.

El informe citado identifica varios socios comerciales de África no pertenecientes a la OCDE, entre los que destacan en importancia China, Corea, Grasil, India y Turquía. El volumen de transacciones con los socios emergentes se ha incrementado del 23% en 2000 a 39% en 2009 de media, y en el caso de China se ha triplicado durante el citado periodo. En cuanto al peso de los distintos países emergentes en el comercio con África, China acapara el 38%, India el 14%, Corea y Brasil en torno al 7% respectivamente, y Turquía el 6,5%, a lo que hay que sumar la participación conjunta de otras naciones emergentes de menor peso específico individual. Por el momento, la Unión Europea y Estados Unidos siguen siendo las fuentes principales de inversión directa extranjera en él continente africano y de ayuda al desarrollo, pero la importancia de los flujos procedentes de los socios emergentes crece a gran velocidad.

Las relaciones de África con los países emergentes es complementaria con la tradicional llevada a cabo con las naciones desarrolladas, según el informe. Los emergentes, debido a su diversidad, ofrecen a los países africanos nuevas oportunidades de intercambio de bienes, tecnología y modelos de desarrollo. Además convierten los bienes de consumo de masas en accesibles para la incipiente clase media africana y ofrecen bienes de producción adaptados a las condiciones productivas de los países en desarrollo. Esto último tiene el potencial de ayudar a las empresas africanas a incrementar su productividad. Mientras que los países desarrollados se centran sobre todo en la ayuda al desarrollo dirigida a la reducción de la pobreza, la sanidad, educación y governanza, los países emergentes centran su intervención en la eliminación de cuellos de botella en las infraestructuras. Las exportaciones de manufacturas africanas se han doblado en los últimos diez años, en buena parte arrastradas por la demanda de los países emergentes.

¿Veremos en las próximas décadas un continente africano plenamente encauzado en la senda del desarrollo y adquiriendo protagonismo en un nuevo orden mundial? Quíen sabe…

jueves, 22 de septiembre de 2011

La Regla 10/20/30 de Guy Kawasaki


Si alguna vez habéis tenido algún puesto de trabajo en el que os dedicabais a recibir propuestas, del tipo que sean, para analizarlas y tomar una decisión de apoyo o financiación, habréis podido comprobar lo inútil que es la gente generalmente a la hora de explicar sus ideas y proyectos. A mí me ha pasado de recibir cartapacios inmensos llenos de papeles que, tras ser examinados, no me contaban con claridad lo que se me estaba pidiendo. Aparte del fracaso de la enseñanza en las competencias más básicas, es decir, la escritura y la ordenación de las ideas, queda muy claro que a menudo la gente es incapaz de transmitir aquello que quiere comunicar, y  esto es especialmente grave cuando se trata de solicitar ayudas o el compromiso de alguien para una determinada iniciativa. Otro tanto me ocurre cuando viene alguien en persona contarme una propuesta y me explica la naturaleza jurídica y los órganos de gobiernode su organización antes de contarme qué viene buscando.

Guy Kawasaki es uno de los gurús actuales en temas de marketing e innovación, y  este hombre se dedicaba a financiar proyectos a emprendedores. Acabó tan harto de que la gente le contase historias larguísimas sin explicar claramente su modelo de negocio que desarrolló un modelo de presentación de proyectos denominado Regla 10/20/30.  Este sistema es tan sencillo que se resume en tres principios:

  • Usar sólo 10 transparencias por presentación.
  • La presentación no debe durar más de 20 minutos.
  • El tamaño de la letra (font) debe ser de 30 puntos, para no introducir demasiado texto por slide. 
Diez transparencias porque según él un ser humano no puede retener más de 10 conceptos en una reunión. Los diez conceptos que un proyecto debe incluir son:
  1. Definición del Problema
  2. Tu solución
  3. Modelo de negocio
  4. Magia subyacente/tecnología
  5. Marketing y ventas
  6. Competencia
  7. Equipo
  8. Perspectivas e hitos
  9. Situación actual y cronograma
  10. Resumen y próximos pasos
Veinte minutos, porque la gente no tiene demasiado tiempo para escucharte, de hecho algunos llegan tarde y otros se van antes de que acabes, así que aunque tengas más tiempo para exponer, es mejor que te ciñas a los veinte minutos y que dediques el tiempo restante a preguntas y aclaraciones.

Tamaño de fuente de 30 puntos, para evitar que recargues de texto las presentaciones. No hay cosa más horrible que una transparencia repleta de texto en letra pequeña y que el ponente la lea de principio a fin. Eso aburre a los muertos.

No digo que haya que aplicar al pie de la letra los principios de Kawasaki, pero nos puede ayudar a ser un poco menos plastas, digo.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Escenarios de la crisis en 2008 o cómo todo lo que puede ir mal irá mal


En 2008 la consultora McKinsey publicó un artículo en la revista The McKinsey Quarterly esbozando el abanico de posibles escenarios a medio plazo de evolución de la crisis que entonces comenzaba. Todo el que haya leído alguna vez sobre dirección estratégica de empresas se habrá encontrado con la costumbre que tradicionalmente presenta esta empresa de reducir la realidad a modelos y matrices. Que conste que esto lo digo sin un ápice de ironía pues considero muy positiva la capacidad de explicar el funcionamiento de un sistema mediante gráficos sencillos que faciliten la toma de decisiones.

En el caso que nos ocupa, se tomaron en cuenta dos variables, el grado de profundidad de la recesión y la capacidad de recuperación de los mercados de crédito y capital, dando lugar a una figura como la que aparece a continuación, con cuatro situaciones posibles.




Los cuatro escenarios que surgieron del análisis son los siguientes:

Impulso global revitalizado

El cuadrante de arriba a la derecha era la previsión más optimista en la que la recesión se presentaba moderada y los mercados financieros se recuperaban rápidamente, convirtiéndose la crisis en poco más que un mal sueño. En esta situación:

  • Se produce una recesión moderada seguida de fuerte crecimiento económico.
  • Surge un nuevo y eficaz régimen regulador.
  • Se alcanzan ratios de préstamos/capital seguros que conducen a una reactivación del comercio y del volumen de préstamos.
  • El coste del capital se recupera a niveles históricos.
  • La globalización sigue su curso, las economías emergentes y en desarrollo siguen unidas.
  • Repunte de las actitudes positivas.

No hace falta decir que este escenario no ha tenido lugar.

Globalización estancada

El escenario que ocupa el cuadrante de abajo a la derecha se caracteriza por una recesión moderada pero sin recuperación temprana de los mercados financieros, y expondría la siguiente situación:

  • Recesión moderada durante uno o dos años seguida de un crecimiento económico lento.
  • El régimen de regulaciones sostiene el sistema pero supone un lastre para la economía.
  • Ratios de préstamos/capital casi seguros.
  • Significativamente alta implicación del gobierno en la asignación de créditos.
  • Costes de capital bastante más altos que antes de la crisis.
  • La globalización se estanca.
  • Las actitudes son más a la defensiva y nacionalistas.

Maltrecho pero resiliente

Un escenario donde los mercados de crédito y capital se recuperan pero en el que la recesión global es más profunda (cuadrante arriba a la izquierda). El modelo define las siguientes características:

  • Recesión prolongada de 18 meses o más.
  • Nuevo régimen de regulaciones más eficaz.
  • Recuperación generada por políticas fiscales y monetarias eficaces y liderada por determinadas zonas (China, Oriente Próximo, EE.UU….).
  • Se alcanzan ratios de préstamo/capital seguros que conducen a la reactivación del comercio y del volumen de préstamos.
  • Moderada recuperación del comercio y del flujo de capital.
  • Se recupera lentamente la globalización.
  • Repunte lento de las actitudes.

Prolongada congelación

Por desgracia, el peor escenario, el situado abajo y a la izquierda, es el más parecido (con matices) a la situación que estamos sufriendo tres años después de la creación del modelo de McKinsey.
  • La recesión dura más de cinco años, como en Japón en la década de los 90. En nuestro caso, aunque se ha producido crecimiento de la economía, éste es tímido e inestable y amenaza constantemente con volverse negativo.
  • Políticas reguladoras, fiscales y monetarias ineficaces. Este postulado también se cumple en la actualidad y habrá que ver que apuesta resulta más segura, si la de gastar e invertir de Obama o la de restricciones extremas de la UE.
  • Todas las zonas geográficas se estancan. Esto es válido para EE.UU. y la Eurozona, mientras que Australia, Canadá, América Latina, China y otras áreas capean la crisis con éxito.
  • Ratios de préstamos/capital a la defensiva, con flujos de crédito restringidos y operaciones en mercados sin liquidez. Esto parece una foto de este momento.
  • Mayor implicación del gobierno en la concesión de créditos.
  • Recuperación muy lenta del comercio y del flujo de capital.
  • Actitudes mucho más a la defensiva y nacionalistas. Y se podría añadir insolidarias de unos países europeos con otros con más problemas.

martes, 13 de septiembre de 2011

Europa, el calvinismo y el espiral del desastre


Leyendo el artículo de Paul Krugman en “El País” de hoy, “Un desastre impecable”, he empezado a entender muchas cosas, no tanto por los hechos y razonamientos que expone sobre la crisis (que los lleva repitiendo desde hace meses), sino por una expresión que utiliza, un matiz que puede parecer producto del estilo literario pero que no lo es. En concreto, y disertando sobre la falta de operatividad del Banco Central Europeo a la hora de salvar a los países más endeudados de la zona euro, dice lo siguiente:

“Pero el BCE se vio inmediatamente bajo la extrema presión de los moralizadores, que odian la idea de permitir que los países se libren del castigo por sus supuestos pecados fiscales.”

Dos palabras: pecados y castigo. Inmediatamente me ha venido a la mente “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” de Max Weber, donde se explica como el capitalismo es fruto de la moral protestante, y más en concreto del calvinismo, cuya visión determinista de la existencia defiende que aquellos que triunfan desde el punto de vista material es porque Dios así lo quiere, mientras que los que fracasan están recibiendo un castigo divino, por algo que han hecho o dejado de hacer. Es una religión profundamente austera que rechaza el lujo, la ostentación y que defiende el trabajo y el apego a lo material, frente, según Weber, los católicos que presentan una doctrina basada en el desapego terrenal y una búsqueda de espiritualidad. Dejo a continuación un par de citas del libro:

“Porque hay una pregunta que forzosamente tuvo que surgir en cada creyente empujando todos los demás intereses a un segundo plano: ¿He sido elegido yo? Y ¿cómo puedo yo estar seguro de esa elección? Para el propio Calvino esto no constituyó un problema. Se sentía “instrumento” y estaba seguro de su estado de gracia. Por consiguiente, para la pregunta de cómo el individuo podía estar seguro de su propia condición de elegido, sólo tenía una respuesta: que debemos conformarnos con el conocimiento de la decisión de Dios y con la confianza permanente en Cristo que otorga la fe verdadera.”

“El calvinista, tal como ocasionalmente se dice, “logra” su bienaventuranza por si mismo  – aún cuando lo correcto sería decir que obtiene la certeza de esa bienaventuranza por si mismo. Sin embargo, este logro no es una progresiva acumulación de acciones meritorias, tal como puede ser en el catolicismo, sino un sistemático auto-control, constantemente puesto ante la alternativa de ¿Elegido o Condenado?”

Y eso es lo que está pasando ahora mismo en Europa: los protestantes del norte no se deciden a ayudar a los estados más periféricos porque consideran que hemos “pecado”, que hemos derrochado y que no hemos cumplido con rigor la austeridad presupuestaria de la que ellos hacen gala (supuestamente). Y el nuevo dios mercado nos castiga. Sin embargo, señala Krugman, este castigo, según sus valores protestantes, es válido para Grecia y para nadie más. Subraya que España tenía superávit presupuestario y una deuda baja antes de 2008, “un historial fiscal impecable”, y su situación no es peor actualmente que la de, por ejemplo Gran Bretaña. Pero el déficit público nos obliga a emitir deuda, en un escenario de retirada de inversores, y tenemos que ofrecerla más cara para que alguien nos la compre. Pero al venderla más cara nuestro endeudamiento crece y nos metemos en un círculo vicioso, un espiral que puede conducir al desastre. Y sigue Paul Krugman, ¿qué haría un país con una divisa propia y el control de su política monetaria? Pues comprar su propia deuda con dinero recién creado. Pero ni Italia, ni España, ni Grecia tienen su propia moneda, y dependen de las decisiones del BCE, que por lo que se ve, en vez de actuar tiene ciertas dudas morales sobre si intentar rescatarnos o aliviar la situación, o dejar (postura defendida por Alemania) que nos quememos en nuestro propio infierno para purgar nuestros pecados de derroche. En suma, el dios mercado nos castiga por ineficientes; es una de los principios básicos del pensamiento neoliberal y de la ética protestante.

Así que en vez de una Europa unida que se ayuda y apoya mutuamente, los vecinos del norte prefieren castigar a los que lo están pasando peor, haciéndole el juego a los mercados internacionales de capitales, que se supone no se equivocan nunca porque son una deidad o ley natural. Qué pena de Tercios de Flandes.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Latinoamérica como gigante económico


Hoy he asistido al Foro de Responsabilidad Social Empresarial España-México (FORESME) y la charla inaugural de Enrique Iglesias, Secretario General Iberoamericano, ha confirmado ideas sobre Latinoamérica que yo aventuraba en este blog, en concreto en posts como La década prodigiosa de América Latina o Latinoamérica ¿esta vez sí?, a saber, que realmente el continente está empezando a iniciar la senda del desarrollo de una vez por todas, y que a lo largo de esta década varios de sus países pueden llegar a convertirse en ejes del esquema geoeconómico mundial.

Iglesias ha esbozado la situación actual de crisis pero destacando que la recesión no es homogénea; los malos resultados económicos no han afectado a países como Canadá o Australia, ni a zonas como Asia o América Latina, que muestran un comportamiento francamente positivo. En este último caso, las Américas, ha distinguido entre países que reciben “vientos del Pacífico”, es decir, aquellos que están orientando sus relaciones comerciales hacia China y que se benefician del vigor de dicha economía, y otros menos afortunados que están influidos por los “vientos del norte”, es decir, por EE.UU., y que se contagian del estancamiento de su vecino de arriba. Se trata de México y de todo Centroamérica en general.

En cualquier caso, Enrique Iglesias ha augurado que para el año 2020 podemos encontrarnos con una serie de países de Latinoamérica que habrán abandonado la etiqueta de “país en desarrollo” y que habrán entrado con pleno derecho en el grupo de estados ricos. Eso sí, a su juicio se tienen que dar una serie de condiciones para que el proceso no se trunque, a saber:

  1. Que la crisis, que hasta ahora capean con éxito, no les juegue una mala pasada y les devuelva al estancamiento.
  2. Que se sigan aplicando buenas políticas macroeconómicas. Según Iglesias, los equipos económicos de gobierno en América Latina son increíblemente buenos, entre otras cosas porque se han formado a base de resolver situaciones extremadamente difíciles y tienen un know-how al respecto excepcional.
  3. Que se fomente el ahorro y la inversión productiva, que en su opinión es aún insuficiente.
  4. Que se lleve a cabo una revolución en la educación, en la productividad empresarial (extremadamente baja, especialmente en la PYME) y en la innovación.

Yo solamente añadiría a la lista anterior que se promueva desde el Estado la distribución de la renta de forma que se genere una clase media predominante que, por un lado, constituya mano de obra muy cualificada para el sistema productivo, y por otro, una demanda de consumo interno de productos de alto valor añadido en los países.
 
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