jueves, 25 de abril de 2013

La doctrina económica social en el Antiguo Testamento

A pesar de que el calvinismo, en el que basa su doctrina el capitalismo, hace un alarde de crueldad al ser traducido a una doctrina económica, justificando la acumulación de riqueza de unos pocos y condenando moralmente la pobreza de los desfavorecidos; existe una interpretación social de las Sagradas Escrituras, en concreto desde el judaísmo, que identifica en el Antiguo Testamento principios éticos destinados a promover el bien general de las personas.

He llegado a estas teorías a través del libro Primero la gente (Deusto, 2007), una obra a dos manos entre el Nobel de Economía Amartya Sen y  el experto en responsabilidad social corporativa Bernardo Kliksberg. Es este último autor el que dedica en el volumen un capítulo a analizar la visión social de la Biblia, desde su fe que coincide que es la hebrea.

A juicio de Kliksberg, los textos de la Tora (instrucción), base del judaísmo, no sólo centran su foco en cuestiones como la pobreza, la exclusión social, las desigualdades y las responsabilidades de la sociedad frente a estos temas; la preocupación se materializa en principios rectores y orientaciones de comportamiento al respecto muy precisas. Es decir, que no se puede hablar de unas vagas ideas bondadosas.

Son escritos de los que emana una profunda doctrina económica y social, que es canalizada por la Divinidad a través de figuras humanas, los profetas, que intentan llamar la atención del pueblo sobre los problemas sociales.

Kliksberg identifica las siguientes visiones de economía social en el Antiguo Testamento:

A. La idea de responsabilidad del uno por el otro

Básicamente, que cada uno debe velar por sus semejantes, expresado no como una opción recomendable, sino como mandato. Levítico (19:18): “y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No supone una forma especial de actuar, debe ser la manera cotidiana de vivir.

B. La pobreza debe ser erradicada

Coincidiendo con teorías del desarrollo actuales, el Antiguo Testamento afirma que la pobreza no es inevitable y que no forma parte del designio divino. El texto del Deuteronomio (15-4), “bien que no debe haber en medio de ti menesteroso alguno”, es interpretado por analistas como Yeshahahu Leibowicz,  no como una promesa divina, sino como una exigencia impuesta al ser humano. Debemos evitar que haya indigentes entre nosotros.

C. La dignidad del pobre debe ser preservada por todo los medios

Según la interpretación de Kliksberg,  el mensaje bíblico obliga a proteger a las figuras que encarnan la exclusión en la antigüedad, es decir, las viudas, los huérfanos, los extranjeros y los pobres, a grandes rasgos. La solidaridad con los semejantes es una obligación primordial.

D. Evitar las grandes desigualdades

La interpretación parte de la idea de que las grandes desigualdades han sido generadas por las sociedades, no están en los designios divinos.  Como indica Kliksberg, en el texto bíblico surge de forma poderosa la idea de que la tierra ha sido creada para compartirla, Levítico (25:23): “la tierra, pues, no podrá venderse a perpetuidad, porque mía es la tierra, pues vosotros sois extranjeros y forasteros para conmigo”.

E. La sociedad debe organizarse para combatir la pobreza

Se plantea en la Sagradas Escrituras un verdadero estado del bienestar: acción colectiva de comunidad frente a los problemas económicos y buen gobierno. Se plantean los cimientos de los sistemas fiscales, una primitiva legislación laboral, regulaciones del mercado, además de medidas asistenciales para los enfermos, los ancianos, la educación de los niños… Hasta el punto de afirmar: “ayudar al otro de modo tal que después no necesite ayuda, entrando en sociedad con él o dándole un préstamo”. Enseñar a pescar en vez de alimentar, vamos.

F. El voluntariado es una obligación ética

Aparte de la acción del Estado, se considera necesaria una conducta individual solidaria en el día a día. El voluntariado debe ser una forma de vida; en el Talmud se considera que la “tzedaka”, la acción solidaria, es “igual en importancia que todos los otros mandamientos combinados. El mandato bíblico considera un grave error de omisión no actuar cuando se puede hacerlo.

martes, 16 de abril de 2013

Innovar en tiempos revueltos

Me encontraba buscando información en Google sobre las ideas del tecnólogo David Albury en relación con la educación del siglo XXI, cuando me topé con el resumen de una interesante exposición suya, que impartida en Australia, versaba sobre los principios de la innovación para el sector público en tiempos de recortes. En concreto es un post titulado Innovation in times of constraint cuyo contenido resumo a continuación.

En primer lugar, hace alusión al necesario equilibrio que debe observarse entre innovación, recortes y eficiencia. El efecto de las restricciones presupuestarias, la desinversión y el abandono de actividades, puede ser compensado a través de la innovación y de la eficiencia. A través de esta última se pueden obtener los mismos resultados con menos recursos, mientras que la innovación nos permite alcanzar mucho mejores resultados con una cantidad significativamente menor de recursos.

Las agencias y organismos del sector público suelen tender a mirarse el ombligo, por desgracia, pero la innovación en gran medida consiste en sacar la cabeza del caparazón y otear lo que están haciendo los demás: otros países, otro tipo de organizaciones, inspirarse en los mejores ejemplos.

Otro elemento importante es disponer de un modelo sistemático de innovación; no basta con la inspiración y la creatividad. Se trata de poder identificar las demandas de la sociedad e implementar las soluciones eficaces como parte de un proceso continuo.

David Albury identifica cuatro grandes tendencias que condicionan el presente y el futuro de la actividad pública:

  1. La presión de los retos a largo plazo, como pueden ser el envejecimiento de la población o el cambio climático.
  2. Los temas recurrentes sin visos de solución inmediata, problemas como el alcoholismo o la drogadicción en la sociedad.
  3. Demandas emergentes y crecientes de nuevos servicios públicos fruto de los cambios en las expectativas de los ciudadanos.   
  4. La crisis global como factor de constricción de la oferta de servicios públicos.

Atendiendo a esto último, las épocas de recortes pueden ser un importante estímulo para la innovación. La escasez de recursos debería espolear la imaginación para poder dar más con menos. Este principio constituye un reto para los poderes públicos que actualmente no cesan de quejarse y suprimir servicios sin más (bien es verdad que es algo que deseaban nuestros actuales gobernantes desde hace décadas, los ultraliberales del laissez-faire – qué bien les ha venido la crisis).

La innovación en el sector público debe basarse en una práctica común en la empresa privada, como es el desarrollo de simulaciones y prototipos, en este caso, de servicios. Albury nos aconseja huir de las experiencias piloto, que a su juicio parten del supuesto de que estás haciendo las cosas bien y que solamente debes afinar antes de lanzar el servicio. Por el contrario, el uso de prototipos implica que sabemos a dónde queremos llegar pero que también somos conscientes de que vamos a cometer muchos errores por el camino, camino que implica la realización de experimentos con grupos de interés y usuarios, hasta alcanzar los resultados esperados.

Este último punto es crucial dentro del proceso de innovación: la implicación de los beneficiarios o usuarios de los servicios en el diseño de los mismos. Tradicionalmente, la Administración Pública ha construido de forma unilateral la oferta de servicios al ciudadano, sin embargo, resulta relevante la idea de construir una comunidad de implicados en la oferta y la demanda de los mismos, que contribuya colectivamente en su mejora y optimización.

martes, 9 de abril de 2013

De cómo se hunden los europeos en la pobreza

En el sexto año oficial de crisis económica en Europa podemos comprobar como, al margen de lo violento de la recesión, las políticas impulsadas por la Comisión Europea y humedecidas con el isopo de Angela Merkel, alumna aventajada de esa otra iron maiden que fue Margaret Thatcher (que según los chistes de hoy en las redes sociales debe de estar privatizando el infierno), no sólo no nos sacan de los números rojos sino que están empobreciendo a las sociedades de las naciones europeas. Y lo dice Eurostat, la propia agencia estadística de la UE, en el informe Living standards falling in most Member States. Que se puede traducir como que los niveles de vida están cayendo en la mayoría de los Estados miembros.

No es una novedad si nos referimos a los “cerdos” de siempre, como nos llaman los europeos del norte a los españoles, griegos, irlandeses, portugueses, italianos, y supongo que ahora, chipiotras (bienvenidos al club de los pringaos). Lo que me extraña es el “most” del título. ¿La mayoría de los países de la UE están perdiendo nivel de vida, es decir, no sólo los pecadores del mea culpa? Qué raro que las políticas aplicadas no beneficien por lo menos a las naciones aplicadas con sus deberes económicos.

Los datos de Eurostat, aun publicados en este año, nos remiten a 2010, y expresan que en 15 de los países de la Unión Europea la población perdió nivel de  renta. Los que más sufrieron dicha caída fueron Bulgaria (6,6%), Letonia (6,1%) y, cómo no, España (5,8%).



Por supuesto, el estrato de población que ha sufrido la caída de poder adquisitivo con más fuerza ha sido el de los desempleados, excepto en Dinamarca, Reino Unido, Alemania, Francia, Finlandia, Chipre y Holanda, en donde los parados conocieron una evolución de su renta mejor que las personas empleadas entre 2009 y 2010.

Uno de los datos más alarmantes y que delata la gravedad de la situación que estamos viviendo es el del acceso de los europeos a los alimentos básicos. Según Eurostat, alrededor del 10% de los habitantes de la Unión Europea no puede permitirse alimentarse de pescado, carne o pollo, o una dieta vegetariana equivalente en nutrientes, cada dos días.

Por países, esta cifra era relativamente baja en España en 2011 (vete tú a saber dos años después), en torno al 3%, pero llegaba hasta el 29% en Hungría, el 38,8% en Letonia, y hasta el 50% en Bulgaria.

En fin, que creo que vamos en la dirección equivocada: una política fiscal procíclica en tiempos de crisis, la ausencia de política monetaria (de hecho es lo que se le reclama al Banco Central Europeo estos días: que actúe de una puñetera vez como la autoridad monetaria que es), y por supuesto, la eliminación de cualquier tipo de política de infraestructuras. Es lo que alababa hoy en el diario El país el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz: el combinar eficientemente estos tres vectores. Cuándo aprenderemos…

martes, 2 de abril de 2013

Playmobil, los muñequitos sonrientes surgidos de la crisis

Como no todo van a ser desgracias lo que contamos en este blog, hoy vamos a hablar de un juguete entrañable que a más de uno le traerá buenos recuerdos: los “clicks” de Playmobil. Muñecos siempre sonrientes, de diseño infantil y aparentemente simplón que llevan décadas liderando el mercado mundial del juguete, batiendo en buena lid a adversarios de éxito más coyuntural (quién se acuerda hoy en día de los Airgam Boys).

Lo curioso del universo Playmobil es que su origen está en otra crisis, la de principios de la década de los setenta. Pero vayamos por partes.

Como informa el blog PuroMarketing, la marca Playmobil es propiedad del grupo alemán Brandstäter, que fue fundado en 1876 por Andreas Brandstäter, y que inicialmente fabricaba artículos de decoración. Ya en el siglo XX orientaron la producción hacia objetos metálicos, como teléfonos y cajas registradoras, y no fue hasta la década de los 50 en que se iniciaron en la creación de juguetes de plástico, como por ejemplo, coches.

Con la subida vertiginosa del precio del petróleo desde 1973, el plástico se encareció sobremanera y Playmobil decidió fabricar vehículos de plástico más pequeños que acompañó de unos pequeños personajes humanoides. Habían nacido los “clicks”, como se les conoció en España, que fueron presentados en sociedad en el salón de Nuremberg en 1974. En nuestro país los distribuyó la firma juguetera Famosa y de ahí que en sus inicios se denominasen los “clics de Famobil”.

El éxito de Playmobil, que supongo que ya ha cosechado numerosos case studies en escuelas de negocios, es básicamente su simplicidad y adaptabilidad, es decir, que el mismo muñeco puede adaptarse a cualquier entorno (Edad Media, piratas, vaqueros…) sin ningún tipo de cambio en el diseño.

Podemos destacar entre los factores que han garantizado el liderazgo de este juguete a través de los años los siguientes:

  • Es un juguete positivo: a pesar de los roles que puedan asumir los Playmobil, siempre llevan el diseño naif y sonriente que les caracteriza, frente a otros juguetes posteriores que presentan un look más truculento y/o violento.
  • Tienen una articulación muy básica (movimientos muy limitados) y pocas piezas, lo que les aporta una mayor solidez y resistencia, especialmente de cara a su uso por niños más pequeños.
  • A pesar de lo elemental de la anatomía del muñeco, los accesorios y dispositivos que le acompañan son extremadamente elaborados, algo que enriquece el juguete en su conjunto.
  • Desde su origen en la primera mitad de los setenta, Playmobil no ha dejado de crear nuevos universos temáticos año tras año, situando a los muñequitos sonrientes en nuevos e innovadores escenarios, aportando nuevas construcciones y edificaciones para ellos, y comercializando vehículos cada vez más alucinantes. Este ritmo vertiginoso de innovación (AKA “no dormirse en los laureles”) es otro rasgo del sello de éxito de la casa.

Por supuesto, el universo Playmobil tiene innumerables fans entre los adultos. Existen coleccionistas que gastan importantes sumas en tener TODO lo que comercializa la empresa, y hasta cuentan en nuestro país con una asociación: Aesclick (Asociación Española de Coleccionistas de Playmobil).

Por cierto, existen más de 21.100 millones de “clicks” en el mundo, lo que supone tres veces más que la población humana.

jueves, 21 de marzo de 2013

No importa el tamaño sino lo que mides

Todos somos conscientes de la importancia de medir los resultados de las acciones que acometemos para comprobar su efectividad, aunque a menudo no lo hagamos o no lo hagamos correctamente. La métrica de be acompañar el lanzamiento de todo programa o proyecto, pues como reza el mantra de la calidad, “lo que no se puede medir no se puede mejorar”. Además, si no medimos resultados nunca sabremos si hemos alcanzado los objetivos que nos propusimos.

Bien, estamos de acuerdo en que hay que medir y que para ello hay que seleccionar indicadores, es decir, una serie de variables que nos ofrezcan una panorámica del grado de éxito de nuestras acciones. Y aquí muchas veces es donde fallamos: en la selección de los indicadores correctos.

Muchas veces las variables que estamos midiendo no están relacionadas con los objetivos que perseguimos. Véase un ejemplo que aparece en un artículo de Harvard Business Review. La organización DoSomething.org colgó un vídeo en la red YouTube en el que rostros conocidos de Internet pedían a los jóvenes la donación de equipamiento deportivo usado para ofrecérselo a chicos desfavorecidos. Los datos de vistas del spot no pudieron ser mejores, un millón y medio, lo que se puede considerar un éxito en términos de viralidad. Pero el número de equipos donados ascendió a ocho comprometidos, y finalmente cero realmente entregados. Eso fue un fracaso absoluto.

Todos los que estamos metidos en comunicación on line tendemos a confundir el fin con los medios, o en otras palabras, a perder de vista el objetivo, como en el ejemplo anterior. El indicador relevante del caso precedente es el número de equipos deportivos donados, las vistas del vídeo no son más que instrumentales. Los que dinamizamos contenidos en redes sociales a menudo nos emocionamos tanto con las grandes cifras que nos olvidamos de lo que realmente estamos persiguiendo, ya sea una venta, una descarga, un impacto en medios de comunicación…

Y lo peor es que con frecuencia no tenemos claro el objetivo perseguido, así que nos cuesta identificar el indicador correcto para medirlo. Volviendo al artículo de HBR, “En el mundo de los negocios, hablamos de la diferencia entre las métricas vanidosas y las métricas significativas. Las métricas vanidosas son como el diente de león-pero para la mayoría de nosotros son hierbajos, utilizando muchos recursos y no aportando nada al valor de tu propiedad. Las métricas vanidosas pueden incluir visitas mensuales a tu web, seguidores en Twitter, fans en Facebook e impresiones en medios. El asunto es: si estos números crecen, pueden impulsar las ventas de tu producto. ¿Pero puedes probarlo? Si es así, genial. Sigue midiendo. Si no, no tienen valor.”

Cuando lo que hay detrás de una acción de comunicación on line no es la venta de un producto o servicio el tema se complica aún más, si cabe. Entonces es cuando nuestros objetivos empiezan a estar difusos y nuestros indicadores pueden medir lo que quieran, que no nos van a servir para nada.

A menudo el problema está en que no sabemos para qué hacemos las cosas (esto es harto frecuente cuando no tenemos una cuenta de resultados respirándonos en la nuca). Proyectos del tipo “crear una red social para generar conocimiento colectivo sobre el tema X” de entrada ya resultan peligrosos por definición. ¿Y cómo mediríamos el éxito? ¿El número de inscritos, aunque nadie aporte nada? ¿El número de comentarios, aunque no digan más que simplezas y majaderías? En estos casos, la principal cuestión es que el proyecto en sí no le sirve a nadie para nada; se ha llevado a cabo por motivos políticos o por una falta de visión.

Pero volviendo a los indicadores, una métrica eficiente debe ser consistente, barata y rápida de recolectar. Si no puedes medir los indicadores elegidos dentro de una misma semana y de forma gratuita, y no puedes asegurar que podrás hacerlo de forma recurrente, es que has elegido unos erróneos. Me viene a la mente (no diré nombres) el caso de una conocida empresa de retransmisiones de eventos vía Internet, cuya respuesta al pedírsele datos de audiencia es siempre “la herramienta de medición es demasiado complicada para sacarlos con frecuencia”. Majos, dedicaos a otra cosa.

En otro artículo de HBR, “Metrics Are Easy, Insight Is Hard”, el autor establece una serie de pasos para extraer conocimiento realmente valioso, para un negocio o una organización, de la analítica:

1. Recolectar. La buena calidad de la información, proceda de donde proceda, es la clave del proceso.
2. Conectar. Algunos datos solamente serán útiles como parte de indicadores agregados mientras que otros cobrarán sentido al ser relacionados a segmentos de mercado, colectivos y/o individuos.
3. Gestionar. Dado el volumen y la rapidez de la interacción social en Internet, la gestión de grandes cantidades de información requiere de técnicas especiales, algoritmos y soluciones de almacenamiento. Además, mientras que algunos datos pueden almacenarse, otros solamente tienen sentido en tiempo real.
4. Analizar y descubrir. Se trata de poner en valor esa información, de extraer resultados que realmente tengan un sentido para el proyecto o la organización.

Aprendamos pues a elegir lo que realmente debemos medir y a hacer un uso útil de la información recibida.

jueves, 14 de marzo de 2013

Los economistas serios contra la austeridad

Ha sido un artículo del diario El País que ha conocido una amplia difusión en distintos medios, no obstante me parece interesante reseñarlo aquí. Se trata de Olli Rehn: veredicto culpable de Luis Doncel que fue publicado el pasado 24 de febrero.

Básicamente el texto recoge la opinión de reputados economistas del ámbito internacional acerca de las políticas de austeridad que impone la Comisión Europea (aquí personificadas en la figura de Olli Rehn, el Comisario Europeo de Asuntos Económicos) a los Estados miembros, aun pudiendo comprobar que las medidas aplicadas aumentan el sufrimiento en las economías más dañadas, véase Italia, Grecia, Portugal o España, y las aleja del crecimiento y de la creación de empleo.

Las diez opiniones consultadas, entre las que destaca un Premio Nobel de Economía como Paul Krugman, coinciden en lo erróneo de partida de las medidas comunitarias y en la falta de resultados positivos apreciables. Extraigo del artículo las declaraciones efectuadas al respecto:

Paul de Grauwe, profesor de la London School of Economics:

“Nada de lo que está pasando me sorprende. Todo se podría haber predicho. Las autoridades comunitarias son los responsables de la recesión, ya que han empujado a todos los países al mismo tiempo a políticas de austeridad que refuerzan sus consecuencias negativas. La política macroeconómica de la Eurozona es un desastre”.

James Galbraith, profesor en la Escuela Lyndon B. Johnson de la Universidad de Texas:

“No soy optimista. Parece que el liderazgo de la Comisión funcione en una realidad alternativa, totalmente dependiente de los intereses a corto plazo de los bancos, distante e indiferente de las consecuencias de sus políticas y con unos pronunciamientos públicos propios de análisis de la situación muy torpe”.

Luis Garicano, catedrático en la London School of Economics:

“Bruselas es mucho más dogmática que el FMI. Es incomprensible lo poco que ha cambiado su discurso. En parte se explica porque no se fía de algunos países, que solo reforman bajo presión. Y en parte por motivos políticos: al norte no ha llegado la crisis y no es consciente de que hay países que se están ahogando. La Comisión menosprecia la probabilidad de accidentes serios”.

José Manuel González-Páramo, exconsejero del BCE y profesor del IESE:

“No hay un único responsable de la recesión, y en cierta manera los somos todos: los fundadores del euro, las instituciones financieras, los Gobiernos, los reguladores, los supervisores, etc. La Comisión ha tratado, no siempre con fortuna, de buscar una visión europea; y desde 2011 busca un papel mucho más activo. Sus propuestas para reconstruir los pilares del euro son avanzadas, y dan una visión de largo plazo”.

Paul Krugman, profesor universitario y premio Nobel de Economía:

“¿Cuál es la respuesta de Rehn a las desastrosas noticias que llegan de Europa? ¡Que tenemos que dejar de molestar con estos estudios económicos, porque están minando la confianza en la austeridad! Estos síntomas de desesperación son gratificantes. Por desgracia, esta gente ya ha hecho un daño tremendo y todavía tienen poder para seguir haciéndolo”.

Desmond Lachman, profesor de Georgetown:

“Los datos de crecimiento confirman que la economía europea se contrae más rápido de lo esperado. El panorama en España e Italia es aún más deprimente. La Comisión es responsable por su insistencia en un ajuste fiscal demasiado rápido. Ha sido muy lenta en extraer la conclusión que sí supo ver el FMI: la austeridad excesiva con el euro como camisa de fuerza es contraproducente”.

Jonathan Portes, director del Instituto de Investigación Económica y Social:

“Rehn lleva dos años prediciendo que gracias a las excelentes políticas de la Comisión y del BCE la recuperación es inminente. Ahora tiene una nueva táctica: atacar a los economistas que critican a la Comisión. La conclusión optimista es que admite que las justificaciones de la austeridad se están viniendo abajo. Y que los trabajos que demuestran esto quizás puedan impulsar políticas más sensatas. Esperemos que sea así”.

Dani Rodrik, profesor en Harvard de Política Económica Internacional:

“La Comisión se ha estado engañando a sí misma con la ilusión de que las reformas  estructurales que ha defendido pueden impulsar la economía en medio de una caída en picado de la actividad, que, por supuesto, se ha agravado por las medidas de austeridad que ha forzado. Los últimos datos publicados tan solo confirman esto. Europa necesita urgentemente una estrategia de crecimiento para reactivar la demanda”.

Guntram Wolff, director adjunto de Bruegel (éste es optimista):

“La Comisión ha estado sujeta a muchas restricciones. En Grecia, ha sido demasiado optimista, pero ha hecho un buen trabajo en Portugal. Se ha enfrentado a una situación económica y política muy difícil. Teniendo en cuenta todas las restricciones a las que está sometida, ha adoptado políticas adecuadas en general, tratando de encontrar un equilibrio entre consolidación fiscal y apoyo a la economía”.

Charles Wyplosz, profesor de Economía Internacional en el Graduate Institute de Ginebra

“No entiendo cómo alguien puede sorprenderse de los datos que estamos viendo. La austeridad crea recesión. La Comisión no reconocerá que esta política impide acabar con la depresión. Por eso elaboran previsiones políticamente correctas, sabiendo perfectamente que luego tendrán que sorprenderse cuando no se cumplan. Y en esas estamos”.

domingo, 3 de marzo de 2013

El consumo interno ni está ni se le espera

El modelo económico tradicional de España basado en el consumo interno como guía de la demanda y el crecimiento se ha ido a pique. La crisis y las políticas procíclicas, de decir que tienden a agravar la crisis en vez de intentar generar una respuesta económica en dirección contraria, han hundido las economías domésticas de las familias y han desintegrado su poder adquisitivo. En un país en donde la gente no compra y en el que las empresas en su gran mayoría venden al mercado interno, a éstas no les queda más remedio que desprenderse de personal y/o cerrar, acentuando el círculo vicioso de la depresión.

A diferencia de otras crisis pasadas, la actual no parece que vaya a resolverse en un plazo de tres o cuatro años, de hecho llevamos cinco años oficiales en recesión y todavía no parece haber tocado fondo. Algunos expertos predicen aún una larga travesía por el desierto. Hoy mismo aparece publicada en el diario El País una entrevista con Hans-Werner Sinn, presidente del IFO (Instituto económico alemán), en la que afirma que a nuestro país todavía le quedan diez años de crisis por delante (estos alemanes siempre dando ánimos). Y es que parece que esta vez sí que estamos ante un cambio de ciclo y de  modelo económico.

Ante esta perspectiva, todo indica que el consumo interno no se recuperará ni a corto ni a medio plazo, y que tendremos que confiar nuestro futuro crecimiento a otros componentes de la demanda. Pero el gasto público también se contrae en vez de aumentar y la inversión privada ni está ni se la espera, por lo que solamente podemos apostar por un modelo intensivamente exportador.

Para que exista una demanda interna basada en el consumo privado hace falta que la población disponga de poder adquisitivo o de capacidad de endeudamiento. Sin embargo, España se encuentra con una tasa de desempleo que supera un cuarto de la población activa, con una gran proporción de parados de larga duración que han agotado, o están a punto de hacerlo, las prestaciones al desempleo. Paralelamente, los servicios públicos esenciales están siendo desmantelados, basándose en un discurso liberal sobre austeridad, y dejando desprotegidos a los estratos más vulnerables de la ciudadanía. Y aquellos que todavía conservan su trabajo, y más o menos su nivel de ingresos anterior a la crisis, tienen tanta incertidumbre y tanto miedo a perderlo que contraen su nivel de gasto, en previsión de un futuro negro.

Se habla de que la clase media de algunos países desarrollados está perdiendo su nivel de vida y convergiendo con la clase media emergente de países en desarrollo, como por ejemplo Brasil. Es decir, que se está fraguando una nueva clase media mundial “más pobre” que la hemos conocido tradicionalmente. Muchos de los puestos de trabajo bien remunerados desempeñados por las clases medias que han sido arrasados por la crisis ya nunca volverán.

Las tendencias demográficas actúan igualmente en contra de la variable consumo: la franja de población con mayor propensión a consumir, aquellos que se encuentran entre los 25 y 50 años, sufrirá una contracción en los próximos años, tanto por el fin de las corrientes migratorias como por la entrada en la tercera edad de la generación del baby boom.

En cuanto a los miembros de la juventud actual, se juntan varias características que obstaculizan su figura como consumidores. Por una parte, la merma en los ingresos familiares y la dificultad para acceder al mercado de trabajo, aun a través de empleos escasamente remunerados. Pero además, es una generación de hábitos digitales, que ha sabido sustituir lo que antaño era consumo de ocio, como adquirir discos o ir al cine, por otras fórmulas equivalentes de carácter gratuito (legales o no) a través de las redes.

Al final va a resultar cierto lo que decía Marx, que la propia ansía de acumulación del capitalismo sería su propio verdugo. Habíamos creado un modelo socioeconómico que solamente se sostenía si todos consumíamos muchos más de lo que necesitábamos, aunque tuviésemos que endeudarnos para ello. Y el propio sistema se ha autofracturado, dejando fuera de juego a miles de consumidores necesarios para su funcionamiento. Pero todo esto nos ha enseñado una cosa buena que al capitalismo no beneficia nada: es posible vivir bien con muchísimo menos.
 
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