lunes, 18 de diciembre de 2023

El auge de los medios digitales y la amenaza de la desinformación

 


El informe anual que publica el Reuters Institute for the Study of Journalism ofrece una panorámica sobre los cambios en los hábitos informativos de la población mundial. La edición de 2023 confirma la aceleración que ha tenido lugar en la tendencia hacia entornos informativos más digitales, móviles y dominados por las plataformas, especialmente desde la pandemia y la invasión de Ucrania. Con todo, la confianza en las noticias ha caído globalmente dos puntos porcentuales respecto del año pasado, después de haber crecido tras la emergencia sanitaria, de forma que solamente el 40% de la población encuestada de los distintos países afirma que confía la mayor parte de las veces en las noticias que recibe. En España ese porcentaje es notablemente inferior, y se sitúa en el 33%.

Nuestro país en concreto es del grupo donde más ha caído el interés por las noticias desde 2015, año en que el 85% de la ciudadanía reconocía tener mucho, hasta el escaso 51% de 2023. Solamente en Argentina se da una caída de tal magnitud -34 puntos porcentuales-, pues ha pasado de 77% a 43% en el periodo considerado. La proporción de la bajada suele ser más acentuada en naciones políticamente polarizadas, y dentro de ellas, entre los estratos más jóvenes de población.

En general, se observa una bajada del consumo de noticias en todos los mercados que contempla el estudio, lo que implica una tendencia decreciente continuada del acceso a medios tradicionales, como la televisión o la prensa escrita, cuyo lugar no es sustituido por completo por los medios online y las redes sociales. Los usuarios de internet consumen menos cantidad de noticias que antaño.

En España, en los últimos diez años ha descendido con fuerza el consumo de noticias vía televisión (del 72% de la población en 2013 al 56% en 2023) y prensa escrita (del 61% al 25%), y más ligeramente el consumo a través de internet (79% a 74%). En cambio, en ese periodo creció considerablemente la proporción de ciudadanía que se informa vía redes sociales, en concreto, del 28% al 50%. Por otro lado, el 41% de la población española comparte noticias por medios sociales, correo electrónico o mensajería instantánea.

Globalmente, el público se muestra escéptico respecto a los algoritmos de personalización de contenidos en base al comportamiento pasado del usuario: solamente un 30% de media considera que supone un buen método para acceder a las noticias. En España, el porcentaje se sitúa en torno al 36%. Esta burbuja informativa hace que la gente tenga miedo de perderse información relevante, en concreto, el 48% de los usuarios en todos los mercados estudiados se siente de esta manera.

El declive del interés por las noticias y la sustitución de los medios tradicionales por las redes sociales a la hora de informarse, aparte de constituir una amenaza para el presente y el futuro de la profesión y la práctica del periodismo, establecen un caldo de cultivo idóneo para que prolifere la desinformación. Una ciudadanía ajena a la información fiable sometida al rigor periodístico se convierte en susceptible de ser manipulada a través de bulos malintencionados.

La primera línea de defensa en la lucha frente a la desinformación es la propia ciudadanía de un país. De acuerdo con el Eurobarómetro, la población española es consciente del peligro que supone la desinformación: en 2022, el 82% lo considera un problema nacional (frente al 78% de la media europea), y la misma proporción lo percibe como una amenaza para la democracia (en la UE, el 81%). Sin embargo, solamente algo más de la mitad (57%) afirma poder identificar con facilidad una noticia falsa, siendo la media de los países el 65%. No deja de ser una contradicción el que, según la misma fuente, el 83% de los españoles afirma que se topa con frecuencia con fake news, a pesar de que pocos dicen reconocerlas.

martes, 28 de noviembre de 2023

La buena salud del videojuego español

 


El videojuego español presenta muy buenas perspectivas de evolución y es susceptible de convertirse en una fuente de ingresos y de empleo.  El informe anual de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI) destaca que en 2022 el sector superó los 2 000 millones de facturación, siendo una cifra que acerca a nuestro país a las que se manejan en Francia o Reino Unido. La facturación física asciende a 832 millones de euros, descendiendo respecto del año anterior, mientras que la facturación online crece hasta los 1 180 millones de euros, más de un 29% interanual de incremento. En conjunto el sector ha crecido un 12% en 2022.

Los videojugadores españoles superan los 18 millones de personas, y parece que los hombres tienden a jugar algo más que las mujeres, 53% frente al 47% del total. Por edades, el estrato de población que hace más uso de esta forma de ocio es la situada entre los 11y 14 años (84%), seguido del de 6 a 11 años (79%) y del de 15 a 24 años (71%). A medida que avanza la edad, menor es el porcentaje de personas que juegan, y a partir de los 35 años no supone ni la mitad del total. Por otro lado, en España se juega una media de 7,42 horas a la semana, menos que en países de nuestro entorno como Alemania (10,2), Reino Unido (9,6), Francia (7,9) o Italia (7,5). El dispositivo más utilizado para jugar es la consola, seguida del iPhone y del ordenador.

El Libro blanco del desarrollo español de videojuegos 2022 publicado por DEV establece que existen 605 estudios de videojuegos constituidos en nuestro país, un 34% más que en 2017; el número no ha dejado de crecer en ese periodo. La mitad de ellos se encuentran localizados en Madrid o Cataluña (un 25% en cada comunidad), y sigue en importancia Andalucía que alberga casi el 16% del total. La antigüedad media del 60% de los negocios es de cinco o más años, y una cuarta parte lleva más de diez años en activo, lo que da una idea de la estabilidad del sector. También se pone en evidencia que se trata de un sector atomizado, en el que predomina la microempresa, puesto que el 66% de las mismas tiene 10 o menos empleados, y, casi la mitad, menos de 5.

El empleo del sector no ha parado de crecer incluso con la crisis por medio, y, en 2022, se situaba en 9 893 trabajadores. Las previsiones apuntan a que alcance las 13 200 personas en 2025. No obstante, si a los empleados del sector se le suman los empleos indirectos que genera y aquellos trabajadores freelance, el volumen de ocupación supera la cifra de 14 600. En el aspecto de género, si bien sigue siendo una proporción baja, las mujeres ya suponen el 24% de los profesionales dedicados al videojuego, una cifra superior a la media europea (22%), pero inferior a países como Polonia (25%) o Serbia (30%).

El Libro blanco sobre este sector señala una serie de tendencias de futuro:

  • Los distintos ecosistemas se extienden y las plataformas se entrelazan gracias a las suscripciones y los servicios. Por ejemplo, Microsoft y Sony han adoptado el juego Fortnite.
  • La adopción por parte de Apple y Google de herramientas para proteger la privacidad de sus usuarios ha tenido un impacto inmediato en la industria del videojuego móvil, pues ya no resultará fácil acceder a las métricas y los resultados de las campañas.
  • La publicidad in-game se confirma como una nueva fuente de ingresos. Se trata de publicidad insertada dentro de los propios escenarios de los videojuegos.
  • El contenido generado por usuarios se ha expandido gracias a la popularización de los metaversos y juegos f2p (free-to-play).
  • La diversidad, igualdad e inclusión de minorías y colectivos poco representados siguen aumentando, aunque todavía queda un largo camino por delante por recorrer en este campo.
  • El uso de la inteligencia artificial genera un debate en el sector: para unos, puede afectar negativamente el trabajo realizado por humanos; para otros, supone una herramienta para impulsar las creaciones de los desarrolladores.

 

 

lunes, 6 de noviembre de 2023

El verdadero peligro de la inteligencia artificial generativa

 


Aunque parece un argumento de película de ciencia ficción, ya desde hace tiempo hay expertos avisando de que la inteligencia artificial se puede volver contra el ser humano. Hace unos años algunas figuras relevantes de la ciencia y la tecnología -como Bill Gates, Elon Musk o el mismísimo Stephen Hawking- alzaron su voz alertando sobre los peligros para la especie que traía consigo el grado de desarrollo actual de esta tecnología.

El último episodio de esta historia ha llegado de la mano de los productos basados en la inteligencia artificial generativa, especialmente aquellos de la empresa estadounidense Open.AI, como el software generador de imágenes Dall-e o el chatbox ChatGPT, cuya cuarta versión entró en funcionamiento en 2023 alcanzando un gran impacto social por su capacidad desplegada de generar conocimiento. Como es un sistema abierto, todo el mundo ha podido interactuar con ChatGPT4 y comprobar su habilidad para generar textos sobre cualquier tema sobre el que se le pregunte. De ahí el revuelo mediático.

Durante la primera mitad de 2023, el sistema de Open.AI ha ocupado portadas y titulares, y ha generado una ola de temor a la inteligencia artificial generativa que ha recorrido el mundo. La inteligencia artificial generativa (IAG) es una rama de la inteligencia artificial que crea nuevos resultados -un texto, una imagen, un archivo de sonido- en base a los datos recibidos, a diferencia de los sistemas tradicionales centrados en el reconocimiento de patrones y en la elaboración de predicciones. La primera alarma relacionada con esta tecnología ha sonado en el terreno del empleo: ¿a cuántas profesiones puede desplazar este sistema? ¿qué competencias actualmente desempeñadas por humanos quedarán obsoletas? El segundo motivo de preocupación está relacionado con la maestría con la que los sistemas de IAG pueden crear contenidos falsos que parecen completamente reales. Suponen, por tanto, herramientas eficaces para crear desinformación, fake news y deep fakes.

Esta vez han sido los propios responsables del desarrollo de este tipo de algoritmos los que han anunciado que traerán consigo el apocalipsis. En una carta publicada el 30 de mayo, 350 ingenieros y ejecutivos de empresas tecnológicas –entre los que se encontraban Sam Altman (presidente ejecutivo de OpenAI), Demis Hassabis (Google DeepMind) y Dario Amodei (Anthropic), las compañías más punteras en este campo- han comparado la amenaza que supone para la humanidad la inteligencia artificial con una guerra nuclear o una pandemia. Para algunos tecnólogos -encabezados por Ray Kurzweil- en algún momento no muy lejano, la inteligencia artificial superará a la humana, y las propias máquinas serán capaces de crear máquinas mucho más inteligentes que las actuales. Es lo que se denomina la singularidad tecnológica.

La pregunta clave es ¿está realmente tan avanzado el grado de desarrollo de la inteligencia artificial? ¿Podemos hablar de inteligencia real o tan solo estamos ante herramientas estadísticas muy poderosas y sofisticadas?

A pesar de su indudable capacidad para crear contenidos, no parece que los modelos actuales de inteligencia artificial generativa vayan a desplazar por ahora a la inteligencia humana. Es verdad que determinadas habilidades que presentan pueden suponer una amenaza para algunas profesiones, pero por automatizables que resulten algunas tareas siempre deben llevar supervisión humana. Los algoritmos podrán redactar textos legales o periodísticos mucho más rápido que los abogados y los redactores, y, sin embargo, no tienen la capacidad para evaluar la validez de su producto, que debería ser revisado por un experto en el tema.

La supuesta creatividad de los modelos amplios de lenguaje también es algo más que cuestionable, dado que lo que suelen hacer es fundir en sus resultados a las consultas recibidas contenidos de distintas fuentes. En este sentido, Charlie Brooker, el creador de la popular serie de Netflix Black Mirror, realizó el curioso experimento de pedirle a ChatGPT que escribiese el guion de un nuevo capítulo. El resultado no pudo ser más decepcionante: el algoritmo había cogido las sinopsis de distintos capítulos y las había mezclado para escribir su trama.

El verdadero peligro de este tipo de inteligencia artificial es su utilización para crear bulos y mentiras para inundar los espacios públicos de desinformación que pueda manipular la opinión pública. El mal uso de la inteligencia artificial generativa por los propios humanos es la mayor amenaza que presenta en este momento para nosotros. Este es el aspecto que necesita de mayor legislación y control institucional. Incluso se ha llegado a sugerir que sería conveniente que cualquier contenido generado por inteligencia artificial lleve una marca de agua que indique al interlocutor que se está tratando con un chatbot.

La desinformación y el engaño que proliferan por los medios de comunicación y, especialmente, a través de las redes sociales supone una seria amenaza para la democracia. Michael Sandel, profesor de la Universidad de Harvard, entrevistado por la revista Telos, advierte del riesgo que supone que las generaciones que vienen pierdan interés por la línea que separa lo que es falso de lo que es real. En sus palabras: “este es el verdadero peligro, no solo que cada vez sea más difícil distinguir lo que es real de lo que es falso, sino que esa distinción deje de importarnos”. Controlar la utilización que se hace de los algoritmos generativos resulta crucial en este sentido.

 

 

lunes, 16 de octubre de 2023

La digitalización empresarial y el mercado de trabajo

 


El impacto de la digitalización en el mercado de trabajo es complejo de analizar. Un reciente informe del Foro Económico Mundial (Future of Jobs Report 2023. Insight report. May 2023) ha intentado arrojar algo de luz sobre este proceso, realizando una encuesta a empresas y empleadores de distintos países del mundo. El trabajo confirma la adopción de tecnología por las empresas como el factor principal de los cambios en el entorno laboral, si bien también subraya como otra causa importante la aplicación de los estándares medioambientales, sociales y de gobernanza en el seno de las organizaciones.

Hablando de digitalización corporativa, más del 80% de las empresas espera introducir en los próximos cinco años plataformas digitales y apps, herramientas para la formación de la plantilla, y sistemas de analítica de big data. En segundo orden de importancia, en torno a las tres cuartas partes de la muestra planea incorporar el internet de las cosas (IoT), cloud computing, sistemas de ciberseguridad, comercio electrónico, e inteligencia artificial.

El efecto neto sobre el empleo de la introducción de estas tecnologías se espera que, salvo contadas excepciones, sea positivo, es decir, que crearán más del que destruyan. Entre las que presentan un saldo más positivo se encuentran la analítica de big data, la tecnología para mitigar los efectos del cambio climático, las tecnologías para la gestión medioambiental, y la ciberseguridad y la criptografía. Solamente hay dos casos en los que el saldo neto es negativo, es decir, en los que parece que la destrucción de empleo va a superar su creación, que es en los robots humanoides y en los que no lo son, como la robótica industrial o los vehículos autónomos.

El ritmo de automatización de las tareas que se realizan en el seno de las organizaciones sigue creciendo, si bien a un ritmo más lento de lo esperado. Las previsiones al respecto realizadas en el informe pasado publicado en 2020, en pleno confinamiento, auguraban un mayor grado de automatización del que efectivamente ha tenido lugar. Con todo, las empresas consultadas estiman que el 34% de las tareas son realizadas por máquinas frente a un 66% de las llevadas a cabo por humanos, un 1% más que en la precedente. Para 2027, se espera que el porcentaje de automatización alcance el 42%.

El informe del Foro Económico Mundial también predice que el 44% de las habilidades troncales que presentan los trabajadores en la actualidad sufrirán disrupción en los próximos cinco años. Las empresas de la encuesta han identificado las habilidades que consideran actualmente más relevantes en sus empleados, siendo las diez primeras:

1.      Pensamiento analítico

2.     Pensamiento creativo

3.     Resiliencia, flexibilidad y agilidad

4.     Motivación

5.     Curiosidad y aprendizaje de por vida

6.     Alfabetización digital

7.      Credibilidad y detallismo

8.     Empatía y escucha activa

9.     Liderazgo e influencia social

10. Control de calidad

lunes, 2 de octubre de 2023

La vida digital de los españoles

 


Un año más la agencia We are social publica su informe digital sobre el uso de internet en el mundo, y, como en otras ocasiones, ha dedicado un análisis específico a nuestro país. Este trabajo se ha convertido en una herramienta muy interesante para medir la penetración digital desde distintos aspectos, porque, aunque su forma de medir los distintos indicadores puede diferir de otras fuentes, como, por ejemplo, las de la Unión Europea, la globalidad de la iniciativa hace que permita realizar comparaciones con otros países y con las medias mundiales.

Los datos ofrecidos para España, referidos a enero de este año, arrojan 58 millones de conexiones celulares -equivalentes al 122% de la población-, más de 45 millones de usuarios de internet -94,9% de la población-, y alrededor de 40 millones de usuarios activos de redes sociales, el 85,6% de la ciudadanía española. La proporción de conexiones móviles es algo menor que el área de referencia, Europa occidental, que presenta una media de 127% de la población, y menor que Europa del norte (133%) y Europa del este (147%). En cambio, la proporción de usuarios de internet es ligeramente superior a la media de Europa occidental (93,5%), y también la de usuarios de redes sociales (83,3%).

En relación con la posesión de dispositivos de conectividad, el 97,5% de la ciudadanía entre 16 y 64 años dispone de un teléfono móvil, y prácticamente son todos inteligentes, pues el 97,4% posee un smartphone. En cambio, solamente tres cuartas partes de la población dispone de ordenador -portátil o de sobremesa-, y poco menos de la mitad de tableta. Ambos porcentajes han bajado respecto del año anterior. Resulta preocupante este menor uso de ordenadores, pues para los usos más avanzados de internet -como la teleformación o el teletrabajo- el móvil es un dispositivo a todas luces insuficiente. Menos peso tienen las consolas de videojuegos, que solamente están en manos del 41% de la población, y los relojes inteligentes (43%). Y, desde luego, la tecnología que sigue sin cuajar es la relativa a la realidad virtual, pues únicamente el 5,1% de la ciudadanía tiene dispositivos para acceder a ella, si bien hay que subrayar que esta proporción ha crecido un 27% en un año.

El informe de We are social refleja por primera vez en 2023 una ligera caída anual en el tiempo que dedicamos a internet (5 horas y 45 minutos de media), una tendencia en consonancia con el resto del mundo, pero, en cambio, sube el empleado en consumo de televisión -tradicional y de internet-, de música en streaming, y en el uso de redes sociales. La subida interanual más significativa es la de tiempo dedicado a escuchar podcasts (14%), que a principios de 2023 se situó en 40 minutos de media. El 54,3% del tráfico web se realiza a través de smartphones, y el 43% mediante ordenadores de cualquier tipo.

Las búsquedas de información son la principal actividad que realizan en internet los españoles y las españolas (71% de los usuarios), seguidas de la consulta de las noticias de actualidad (61%), y del acceso a tutoriales para aprender a hacer cosas (60%). El 57% usa las redes para organizar viajes y vacaciones, y también para mantener el contacto con amistades y familiares. En el extremo opuesto, sólo el 36% usa el medio digital para realizar gestiones digitales y para formarse, siempre de acuerdo con los datos que maneja We are social.

Las webs más visitadas (entre septiembre y noviembre de 2022) son las de Google y YouTube, seguidas de la del diario deportivo Marca, Twitter y Porno.Hub. De las páginas españolas, destacan las de los diarios As (puesto 6), El Mundo (11), Sport (14), 20 Minutos (15), Mundo Deportivo (16) y El País (17).

Otras estadísticas curiosas de uso de internet son, por ejemplo, que más de una quinta parte de los cibernautas ya utiliza asistentes de voz, como Aura o Siri, para realizar búsquedas en la red, y que hasta el 43% hace uso cada semana de herramientas para la traducción de textos de y a otros idiomas.

En relación con los medios sociales, el 90,2% de los cibernautas accede a redes sociales, utiliza una media mensual de seis plataformas distintas, y les dedica 1 hora y 55 minutos diarios. Las principales motivaciones son mantener el contacto con amigos y familiares, ocupar el tiempo y leer nuevas historias. La plataforma más utilizada es WhatsApp (casi el 90% de los usuarios españoles de internet), seguida de Instagram (79,5%) y Facebook (72,5%).

En cuanto a las apps más descargadas por la ciudadanía, encabeza la lista la tienda de moda online Shein, seguida de Tik Tok y Telegram. El cuarto puesto lo ocupa el portal móvil de servicios financieros de Caixabank, y, tras WhatsApp e Instagram, aparece el programa Cl@ve de la Agencia Tributaria.

Las finanzas digitales también van calando cada vez más en España. El 97% de la población mayor de 15 años realizó un pago digital el pasado año, el 57,8% realizó una compra utilizando un teléfono móvil o internet, y el 53% usó un teléfono móvil o internet para transferir dinero. Sobre las formas de pago en el comercio minorista, el 30% de las transacciones se realizó por medio de monederos digitales, el 47% a través de tarjetas de crédito y débito, el 15% con transferencia bancaria, y solamente el 3% con efectivo.

Por otro lado, el 53,7% de los cibernautas ha comprado en internet semanalmente, el 19% ha adquirido alimentos, y casi el 15% ha comprado productos de segunda mano online. Los contenidos digitales más comprados mensualmente son los de vídeo a través de streaming, 38% de los usuarios de internet, seguidos de la música en streaming, que son adquiridos por el 21,8%. El streaming se perfila como el medio de consumo audiovisual preferido, puesto que el pago por descarga de archivos presenta porcentajes mucho más reducidos: 7,9% de internautas en el caso de las películas, y 8,9% en el de la música.

Son unos datos que demuestran que la sociedad española es cada vez más digital y que nuestras vidas transcurren en mucha medida en internet.

lunes, 18 de septiembre de 2023

Tecnología contra la despoblación del mundo rural

 


La urbanización del mundo se ha acelerado, y Naciones Unidas calcula que el 55 % de la población global habita en ciudades, y vaticina además que en 2050 esta cifra superará las dos terceras partes. Y otro dato: es probable que en 2030 existan 43 megaciudades de más de 10 millones de habitantes. El modelo de ciudad heredado del siglo XX es difícilmente sostenible, y actualmente existen muchos problemas que dificultan la vida de los ciudadanos, que minan su calidad de vida o reducen su nivel de bienestar. El urbanismo de esta época está siendo replanteado en muchos países, y hay grandes ciudades -París es un paradigma en este sentido-, que están viendo cambiar su fisonomía en aras de un modelo más centrado en las personas.

La tecnología es un poderoso aliado para optimizar el funcionamiento urbano y su gestión, gracias a la posibilidad que ofrece de recoger cualquier tipo de dato en tiempo real, procesarlos en grandes cantidades y convertirlos en una herramienta de análisis para el apoyo de la toma de decisiones. En este sentido, el diseño y la configuración del espacio urbano del presente siglo, siga la orientación que siga, lleva a asociado indefectiblemente la aplicación de inteligencia; más tarde o más temprano todas las ciudades serán smart.

Ahora bien, en los últimos tiempos se han alzado voces denunciado lo limitado del concepto de smart city en relación con las necesidades reales del desarrollo regional. Es decir, el concebir la ciudad como una entidad en sí misma, aislada del territorio al que pertenece, supone una abstracción y una negación de la realidad geográfica, susceptible de abrir brechas entre el entorno urbano o rural, o ahondar las ya existentes. Es por ello, que muchos prefieren hablar de territorios inteligentes, en vez de ciudades inteligentes, como una forma de articular territorialmente las políticas de optimización de la gestión de comunidades basadas en la tecnología.

El concepto de territorio inteligente no es solo la extensión de la ciudad inteligente, sino también su opuesto. La digitalización de la urbe es susceptible de abrir brechas en los territorios, especialmente en las áreas rurales circundantes que carecen de los servicios y capacidades del medio urbano. Por lo tanto, el desarrollo de la smart city puede ampliar y profundizar los desequilibrios territoriales existentes.

En sentido amplio, se entiende por territorio inteligente aquel que hace uso de la tecnología de forma innovadora para mejorar el nivel de vida de la población y para impulsar la eficiencia y la competitividad de las operaciones y los servicios urbanos, garantizando que satisface las necesidades de las generaciones presentes y futuras, a la vez que respeta los aspectos culturales. En la práctica, se trata de redes integradas por núcleos poblacionales interconectados, pudiendo abarcar tanto zonas rurales como urbanas. De esta forma, se convierte en una herramienta para combatir los desequilibrios territoriales y articular adecuadamente la relación entre áreas urbanas y rurales, favoreciendo el desarrollo de estas últimas y frenando el proceso de despoblación.

Es importante señalar que un territorio inteligente no tiene por qué coincidir necesariamente con una unidad administrativa, es decir, no tiene por qué ser una comunidad autónoma, provincia, comarca u otras. Es por ello, que hay autores que proponen sustituir el término territorio inteligente por el de comunidad inteligente, para subrayar que la delimitación espacial de la iniciativa no está determinada por la organización territorial existente, sino por las personas que se van a beneficiar de un plan integral que lleva definidos unos objetivos a lograr, unas acciones a llevar a cabo para ello, y los medios necesarios para acometerlas.

Los territorios inteligentes contribuyen a la cohesión social y geográfica al promover el acceso igualitario de la población rural a los servicios. Por ejemplo, al permitir la gestión de líneas de transporte interurbano “bajo demanda” en lugar de “por defecto”, es decir, diseñando la ruta basada en la demanda real, optimizando los tiempos y costes a las necesidades concretas. Otra aplicación puede ser la gestión de la demanda de asistencia sanitaria ambulatoria en el ámbito rural mediante herramientas digitales que organizan eficientemente los desplazamientos del personal sanitario.

La tecnología digital tiene numerosas áreas de aplicación en el marco de la gestión municipal, siendo las más comunes la sostenibilidad medioambiental (control de emisiones y de ruido), la movilidad (optimización de los desplazamientos), la seguridad (vigilancia y prevención) y la prestación de servicios públicos (sanidad, educación y formación, atención al ciudadano). A pesar de lo heterogéneo de las acciones y proyectos que pueden integrar una estrategia smart, resulta recomendable contar con un plan integral que contemple conjuntamente y de forma articulada las principales dimensiones que hay que tener en cuenta: gobierno, movilidad, medioambiente, estilo de vida, ciudadanos y economía. Los distintos aspectos de la estrategia se pueden secuenciar en fases, pues no hace falta acometerlos de forma simultánea.


lunes, 4 de septiembre de 2023

Internet es la televisión del siglo XXI

 


El mercado audiovisual ha experimentado profundos cambios a lo largo de las últimas décadas. Los avances en la tecnología digital han introducido nuevos formatos para ofrecer contenidos, trastocando los modelos de negocio y abriendo la competencia a agentes procedentes de otros sectores de actividad y a compañías de muy reciente creación, que conviven con las empresas tradicionales de radiodifusión en un entorno con unas reglas muy distintas de las que conoció el siglo XX. Hoy en día van marcando el paso del sector globalmente nombres como Netflix, una antigua empresa de alquiler de vídeo, Amazon, un gigante del comercio electrónico y plataforma de sistemas informáticos, HBO, que nació como canal de televisión por cable, Apple TV, propiedad de una compañía de software, o Disney +, creada por una productora de cine infantil y juvenil.

Desde el punto de vista tecnológico, el mundo ha pasado de la televisión analógica (terrestre, por satélite o por cable), a la digital en sus múltiples formatos: televisión en abierto, televisión digital terrestre (TDT), por satélite, televisión por IP, servicios de vídeo bajo demanda OTT… Internet se ha convertido en un canal fundamental para ofrecer servicios audiovisuales, aprovechando la revolución que han conocido las telecomunicaciones en términos de ancho de banda (fibra óptica, 4G y 5G), que permiten el consumo en formato streaming. Se trata de una modalidad que se ha posicionado como la preferida a lo largo de la pasada década.

También desde la perspectiva de los modelos de negocio el momento actual presenta un variado espectro de opciones. La televisión en abierto sigue dependiendo de los ingresos publicitarios, pero a veces ofrece contenidos premium de pago (por ejemplo, en España están Mitele Plus de Mediaset y Atresplayer Premium de Atresmedia). Las operadoras de telecomunicaciones ofrecen televisión por IP como un plus de sus servicios de conectividad, y en ocasiones -como ocurre con Movistar+-, combinan la suscripción con la publicidad como formas de obtener ingresos. Las principales plataformas OTT (Over-The-Top), como Netflix y HBO, funcionan bajo el modelo SVOD (Suscription Video On Demand), es decir, basando el servicio en los pagos por suscripción sin incluir publicidad, si bien en el escenario actual se plantea que algunas de estas empresas comiencen a ofrecer en paralelo contenidos de forma gratuita o a una cuota menor, pero incluyendo anuncios. Tanto Netflix como Disney+ lanzaron su versión “básica con anuncios”, a finales de 2022 en EE.UU., y en el primer caso ya se ofrece en España, mientras que la de Disney llegará en noviembre de este año. En el caso de Amazon, su servicio de vídeo está ligado a la suscripción a su servicio Prime que garantiza la entrega rápida de las compras realizadas. En suma, hay casi tantos modelos como players.

La importancia que ha adquirido internet como canal de consumo de contenidos audiovisuales queda patente en el siguiente dato que ofrece IAB: en España, el 82% de los internautas de entre 16 y 75 años utiliza servicios de contenido audiovisual a través de internet para TV, independientemente del dispositivo de acceso. Se trata de una cifra de población que supera los 27 millones de usuarios. Como es de esperar, este comportamiento no es homogéneo entre la población de distintas edades, y son los jóvenes los que más uso hacen de la televisión conectada (87% de los menores de 30 años), y los mayores los que menos (77% de los mayores de 50).

Otro dato interesante que ofrece el informe de IAB es la relevancia que han adquirido las plataformas digitales -como Netflix, HBO o Atresplayer, por poner tres ejemplos-, puesto que el 87% de los usuarios consumen contenidos por ese medio. Los canales de TV a través de plataforma de televisión en APP (servicio de streaming o STB de operadora), como pueden ser Movistar+ o Orange TV, tienen una difusión mucho menor, dado que solo son utilizados por el 42% de los encuestados. Hay que advertir no obstante que estos últimos son servicios audiovisuales asociados generalmente a los paquetes integrados comercializados por las operadoras, que incluyen además conectividad fija y móvil, por lo que no están abiertos a cualquier usuario de internet como ocurre con las plataformas OTT.

 

 
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